domingo, 25 de octubre de 2020

 

 

                                                  

                                                         

                                                                       

 

         

      

LOS DÍAS FELICES.

 

      Papá le había comprado una casa a mamá, regalo que se lo hizo saber una mañana en donde los tres sentados a la mesa, cenábamos un rico y suculento pollo que papá había conseguido en un puesto de aves domésticas, ya horneado en la propia tienda de don Ramón.

       Al oír de labios de mi padre afirmando que le había conseguido una casa a mamá,  que en pocas horas la estaríamos ocupando no sé de dónde sacó ella  el impulso increíble que jamás yo había visto en los años que tengo conociéndola,  se levantó enseguida de la mesa y así pudo abrazar a papá.

Te adoro Gilberto. Es la mejor noticia que me has podido dar en todos estos años.

La necesitábamos, se la compré a un amigo mío.

¿Y por qué la vendió?

Por la sencilla razón que abandona el estado, y se marcha a los Estados Unidos, además el pobre en este país se sentía solo, toda su familia está en el norte, es por eso que me la vendió. ¿Satisfecha?

No le quedó de otra.

Tal parece que la noticia de la casa no te alegró mucho.

 Ay Gilberto, claro que estoy contentísima. Dijo acariciándole con una mano el rostro,- Claro que lo estoy y mucho. Además un regalo como ese no se lo dan a una todo el tiempo, que yo sepa.  Porque esta casa en donde estamos ahora no es nuestra, no es como vivir en lo suyo, que sea todo correcto sin ningún problema, con el documento a la mano  en donde consta que sea una  la dueña y de nadie más. Gracias querido.

Dejaron de hablar optando  por seguir cenando el pollo asado. Ambos se miraban de continuo, como un par de enamorados que momentos antes de sostener una plática se hicieron novios, en cada mirada una sonrisa demás. Aquello no estaba mal. Para mí era superdivertido.

       Mamá aquellos días estaba muy feliz, derrochando alegría hasta  por los poros, por más que tratara de ocultar tanta dicha, el júbilo insinuante se le estaba saliendo hasta por los orificios, los vecinos, dándose cuenta de todo aquello que le acontecía no tardaron para satisfacer por completo su curiosidad  en  preguntarle la causa de su complacencia.

Ella a todas les respondía muy serena.  A mí nada me sucede, estoy igualita como siempre, saben una cosa amigas mías la vida origina cambios, cambios que llegan para bien, y yo estoy  andando en esa onda. A ellas esta respuesta no le fue de mucha tranquilidad, por nada del mundo ese cuento usado varias veces por ella y por muchas ya conocidas no se lo tragarían, algo estaba pasando, aunque se reventaran por saberlo no iban a lograr de ella conociéndola como yo la conozco, calmar su indagación acompañada de una gran ansiedad, mamá no soltaba prenda tan fácilmente para que otros con cierto descaro pudieran observarla como se les diera la gana. La familia es la única que cuenta, y en las gratas sorpresas como Dios no las mandó la de ocupar una nueva casa. Solamente a los tres nos interesaba. no a otros, como estos vecinos que se andan metiendo en asuntos que no les corresponden. Como todo el mundo.

      Los días transcurrían en aquella época oportuna a cierta velocidad y todavía no nos habíamos mudado a la casa nueva, porque le faltaba innovar algunas reparaciones, yo no sabía si esta tardanza me hacía feliz o no, puesto que en este estado, tal como lo llama papá y otras amistades entre ellos deben estar dos o tres padres de mis amigos que son también los míos con los que juego.

Cuando papá se iba a trabajar a otro distrito precisamente al sur  por mucho tiempo como albañil, porque otra cosa no sabía hacer, yo aprovechaba al máximo su ausencia, la diversión con mis camaradas no paraba,  perduraba hasta tardes horas de la noche, lo que es bueno, todos vamos a la misma escuela porque es la única que hay en este sector. Algunos estudian conmigo, los demás en otros salones.

 Papá había hablado con un vecino, lo conocíamos desde hace años, se llamaba Felipe, tenía veinte años de edad, muy buena gente, le gustaba hacer favores  a cambio de nada, diciéndole que nos acompañara las noches que fueran necesarias, las que él por cuestiones de trabajo permanecería  fuera de casa, que después llegaría a un arreglo justo con él. Felipe a todo le decía sí.

En efecto nos acompañó el tiempo que fuera necesario. De esto hacía dos años y medio.

      Papá trabajaba día y noche cierta vez muy cerca de aquí, mamá le llevaba las tres raciones todos los días. En la labor lo ayudaba a parte de mamá dos compañeros suyos que eran sus  viejos amigos, no lo abandonarían por nada del mundo en este proyecto. Mis viejos amigos como decía él lo estimaban demasiado, cualquier cosa que hacía falta era entregada al día siguiente en sus manos.

Con esta ayuda desinteresada de por sí, vieron el sueño cumplido, la casa ya estaba subsanada, lista para ser habitada.

Mañana Dios mediante estrenaremos casa nueva.

Papá y mamá se abrazaron. Los viejos amigos vitoreaban de buena manera la faena ya cumplida. Contemplaban entusiasta la obra ya terminada.

    Llegó el esperado y ansiado día de marcharnos al nuevo hogar, allí permaneceríamos para toda la vida. Todas nuestras pertenencias las habíamos empacado con anterioridad, para ahorrarnos molestias, demoras en buscar cualquier cosa que nos faltara, no encontrando por supuesto lo que anhelada mente pudiera nos acarrearnos grandes complicaciones y más demoras de las que habíamos tenido. Pero no tuvimos ninguna complicación todo fue rápido.

Nuestras cosas fueron metidas en el camión de don Heriberto, otro vecino nuestro que le gustaba colaborar con el prójimo, por lo visto dejaríamos aquí buenas personas que gustaban hacer favores sin mediar dinero alguno porque para ellos la amistad era lo más grandioso que se podía tener en la vida, a parte de la familia.

 Mis amigos también fueron imprescindibles en aquellos momentos,  por lo visto no los vería más, también nos ayudaban en llevarlas a la  camioneta, los enseres, el no poderlos ver me llenaba de una insondable tristeza, toda una vida conociéndonos como nos conocemos como yo los conozco más que la palma de mi mano, jugando béisbol, al loco escondido, arrojando piedras a los despeñaderos, o  a grandes distancia y aquel que la lanzara lo más lejos posible resultaba  ser el ganador de la competencia,  trepándonos a las matas de naranjas, en haciendas  que nos prohibían según lo resaltaban los diferentes carteles que estaban plantados en cada hacienda como la intromisión de extraños. Engañando a los perros guardianes que custodiaban el lugar para luego salir victoriosos con el buen resultado en nuestras manos, las mochilas todas llenas, luego nos las  comíamos a  gusto, muy tranquilos  hablando de cualquier tontería que se nos cruzara por nuestras mentes.

En fin juegos que nunca olvidaré, porque siempre se conservaran en mi memoria, esté donde esté, siempre estarán en mi mente. Es difícil despedirse de sus amistades, a mí nunca me gustó el despedirme de alguien, ni mucho menos  en la parada del autobús, cuando nuestros familiares venían a visitarnos en épocas de vacaciones,  papá y mamá eran quienes los llevaban a la terminal, mis padres insistían que fuera yo quien los llevara, pero me negaba rotundamente, al verlos que todos ya estaban metidos en la camioneta me despedía con un saludo coordinado con mi brazo izquierdo, soy zurdo.

El ser zurdo para mí fue una virtual tragedia ya que la maestra cuando estaba muy entretenido copiando la clase del día se nos acercaba paseándose a nuestro lado como un pavo real presumiendo altivamente su vistoso plumaje, observándonos meticulosamente, al llegar a mi pupitre se detenía, me miraba con cierto reproche e indulgencia como buscando algún detalle que pudiera a la larga sentirme mal, o como si algo no le gustara de mí, me sorprendía mucho cuando la tomaba conmigo, como en aquel momento cuando me sorprendió con una regla ancha bien sólida propinándome dos golpes que después se formó en una notable hinchazón.

Claro que al llegar a casa les eché  el cuento a mis padres, ellos no dijeron nada  dándome como respuesta una mirada cargada de lastima ambos me acariciaron la cabeza, para que no siguiera hablando. Yo no los entendí, aquella situación por  incomoda que fuera no la  entendía.

Pero algo tenía que hacer, un invento que me proporcionara el buen resultado que yo esperaba y se realizó, cuando la veía venir hacia mi yo simuladamente me levantaba del pupitre yendo enseguida a la papelera, fingía que estaba sacándole punta al lápiz, esta situación la repetí varias veces, todas las posibles, para evitar cualquier regaño, o tropiezo, quería evitarme cualquier molestia y esto por supuesto me servía de escudo. La muy tonta siempre se lo creyó, impedí que siguiera golpeándome injustamente, solamente por su capricho, el gusto malversado, que yo escribiera con la mano derecha y no con la izquierda, aunque lo intentaba, no lo lograba, el escrito me salía torcido, ni yo mismo entendía mi propia letra.

 Cuando no encontré apoyo  en mis padres ni mucho menos en la dirección del plantel me daba por vencido y para desquitarme del peso que quería robarme la santa paz de mi alma, jugaba con mis amigos, ya entretenido podía alejar el mal rato que  propiciaba la fulana maestra todas las mañanas de lunes a viernes, siempre y cuando yo se lo permitía.

¿Aldo por qué siempre estás en la papelera sacándole  punta al lápiz? Me preguntó una vez cuando poco le faltaba para llegar a mi pupitre.

Por la sencilla razón: soy un pájaro carpintero que gusta comer la madera es su único alimento. ¿Qué le parece señorita?, ¿qué le parece?

Todos me miraron sorprendidísimos por la respuesta, yo no sentí miedo por si algo se le ocurriera hacerme,  me tenía harto, el coraje puede vencer el miedo.

¿Cuál fue mi sorpresa? Que la mujer comenzó a reír, reír y a carcajear. Luego todo el salón estallaba de risa, y a mí no me quedó más remedio que reír también.

       Ahora mis amigos me observaban ya dentro del camión con todos los bártulos  a mí alrededor, les miraba a las caras de vez en vez, el camión estaba estancado puesto que papá estaba conversando con un vecino.

Yo nunca me había imaginado que  ese momento que de por sí era triste y muy incomodo. Quise saltar para estar con ellos, para estar siempre con ellos, juntos muy juntos. Pero esto era imposible, ya que en este lugar donde nací y crecí ya no era mío. Comencé a maldecir el momento en que papá consiguió su nueva casa, porque estaré desde ahora en adelante íngrimo y solo sin tener a alguien con quien conversar, solamente tendría a mi propia sombra como aliada y esto por supuesto yo no lo quiero.

Papá se montó en la camioneta, vi a mis amigos despidiéndome con sus gritos, con sus manos en alto bien en alto agitándolas al viento como si pretendieran tocarlo o acariciarlo, sus caras detrás de una polvareda que la originaba el mismo camión con sus gritos fuertes como despidiendo al compañero que se va a la guerra que quizá no volverían a ver, la tolvanera por más gigante que fuera no haría callar  sus labios, quizá porque todos nosotros ya estábamos acostumbrados al polvo. Somos del polvo y en polvo nos convertiremos.

Sus caras ya nos las contemplo, se han perdido extraviándose de mi visión óptica. Quizá ellos continuarían allí parados en el mismo sitio extrañándome como yo también los extraños. Estarían Indecisos si entrar o no a sus hogares por si yo me arrepiento y bajo del camión yendo a reunirme con ellos. Pero esto aunque quisiera forjarlo no podría intentarlo debía seguir, estar al lado de mis padres.

El trayecto era largo y pedregoso, el camino tenía muchos baches, puesto que la camioneta daba tumbos, comenzaba a sentirme molesto con estos movimientos que en ocasiones me producían vértigos que jamás había sentido, la carretera estaba serpenteada de arbustos de cactus. El sol estaba fuerte, el cielo despejado no mostraba como en todas las ocasiones que se le quiere contemplar las nubes blancas, esponjosas, viendo en ellas las  figuras grotescas que tanto nos recrean, sirviéndonos al mismo tiempo de distracción.

Comenzamos nuestra ardua labor la de sacar del camión todos nuestros utensilios que eran lo más sagrado que nosotros teníamos, para no decir lo único, ya introducidos dentro de la casa, después que papá habló con el dueño del camión empezamos a ordenarlos, colocándolos en los sitios que eran indispensables.

Tardamos horas en hacerlo, pero la sala ya no era la de antes, la cocina, las dos habitaciones, todo era diferente, una vivienda pulcra y bien ordenada. Ya tendríamos tiempo para ordenar las plantas las cuales las manteníamos en porrones, algunas necesitaban estar en tierra de eso se encargaría papá más adelante o dejaría todo el trabajo para mí.

Papá hablaba con mamá diciéndole que mañana saldría bien temprano a trabajar, que gracias a Dios trabajo no le faltaba porque más adelante vendrían diversas  construcciones que se implantarían en diferentes complejos de la capital. Mi padre era un albañil profesional conocía todo el arte de la cimentación, desde arreglar una cañería como la de pegar una baldosa, y me insistía que yo debía estudiar para ser alguien en la vida, que a él no le importaba para nada la profesión que yo escogiera cuando fuera grande, que esa era su más inmensa ilusión, que todo padre más adelante desea que los hijos en la vida sean, cuando estén ya grandes unos verdaderos profesionales, él por nada del mundo crearía a un parasito que solo piensa en comer. Que Dios lo libre de eso.

Sus palabras, todo lo que decía estando en el vecindario cuando estábamos felices en la otra casa ahora ya no lo recuerdo, lo escuchaba muy animado estando en el patio, pero ya no repaso lo que yo en aquel momento estaba haciendo, a decir verdad ese  mensaje continuamente lo tuve en mente.

Habíamos cenado esa noche muy tarde quizá por estar distraídos en mover y quitar cosas. Todo era distinto a como estaba. Verdaderamente vivíamos dentro de un hogar autentico. Pensando que desde ahora en adelante seriamos una familia feliz como hay muchas en diferentes lugares del mundo.

       Fui inscrito inmediatamente, en esto no se perdió ni el más mínimo tiempo mamá al inscribirme en un colegio que para mí que estaba ya acostumbrado a los colegios pequeños, este para mí era demasiado grande muy distinto al que yo procedo. Las aulas eran amplias, con sobrada ventilación, los alumnos diferentes, no como mis amigos que eran más divertidos, elocuentes, riendo a cada rato, estos no, estos  eran medio serios, pero uno debe crear el ambiente para no sentirse aburrido como dice papá. Como decía mi gran amigo, al que comienzo extrañar, el gran Ricardo apodo que todos le inventamos.

Si… uno debe crear el ambiente. Lo repetí varias veces, para conservarlo en mi memoria para siempre.

   Cursaba el sexto grado de primaria y la maestra de grado cayó gravemente enferma, algunos afirmaban que tenía cáncer, otros decían que el mal que padecía era pulmonía, que de estas dos enfermedades la pobre no se escaparía. Las habladurías mal enfundadas que siempre reinan en cualquier parte del mundo y curiosamente en este instituto, difícil de creer porque aparte de que somos estudiantes, lo digo porque yo nunca me involucré en este tipo de conversaciones siempre lo consideraba de mal tono, aparte de ser vulgar de gentes mediocres que ignoran el tipo de personas que puedan tener a su alrededor, a veces erramos cuando tratamos de herir a alguien. Lo cierto fue que en varias ocasiones, las cuales fueron muchísimas, siempre oía hablar mal de la maestra Lucrecia, yo no fui participe en ninguno de ellos ni tampoco estaba o estuve de receptor escuchando atentamente lo que los demás profesores, bedeles o mis propios compañeros de grado divulgaban a diestra y siniestra de la pobre docente.

      A la semana siguiente hizo acto de presencia en nuestro salón la directora y un hombre joven, quizá tendría veintisiete a veintiocho años de edad, usaba gafas, de tez blanca vestía sencillamente un pantalón caqui, camisa verde color manzana, el color que a mi muy particularmente siempre me ha gustado. De continuo nos sonreía y esto lo hacía ser simpático y buena gente.

Sus clases eran concisas, amenas y divertidas, nadie se quedaba dormido, todos estábamos al pendiente del desarrollo de la clase, y más en historia veíamos los sucesos como en una película narrada y proyectada en una pantalla gigante, tal  cual como nos las contaba, la imagen del precursor al cual hacía referencia, luchaba con frenesí para libertarnos de las agresiones del oponente, imaginándonos con excelente detalle los lugares en donde se desenvolvían los acontecimientos, esto por supuesto nos alimentaba la imaginación extraordinariamente, no teníamos la necesidad digo yo, de estudiar para prepararnos para un examen de historia, porque al solo recordar la exposición ya era para nosotros un punto más en la materia,  él no se enroscaba como hay otros profesores, o como los tuve en tiempos anteriores, que exteriorizan y siguen exponiendo para llegar al final al grano, de esta manera se pierde mucho tiempo,  los temas ya vistos en años anteriores o son nuevos por conocer, eran exposiciones cortas, directas pero se entendían. Todos nosotros estábamos felices por ser él, el maestro a nuestro cargo, el responsable de conducirnos al final de la meta y si ningún obstáculo. Siempre nos repetía que su devoción era el preparar niños útiles a la patria, que su vocación la supo bien escoger que hasta el momento no se sentía frustrado porque en cada salón ningún alumno suyo pasaba por debajo de la mesa, siempre saltaban encima de ella yendo a parar al siguiente nivel el que realmente le correspondía  por derecho y esfuerzo propio.

Este maestro era particularmente encantador, oírlo hablar era como escuchar los consejos del abuelo Alberto, decía mamá que el abuelo leía mucho hasta tardes horas de la noche, a la mañana siguiente con el sol resplandeciente la luz intensa le rasgaba la cara, ella  le sorprendía al estar dormitando encima de la mesilla de mimbre.

A lo mejor este maestro es igual que mi abuelo, comerá muchos libros, por parte de mi viejo quizá sea  por la edad o por la gordura  que tiene, ha consumido muchísimos de diferentes tamaños y grosor, si es por  el maestro calculando su edad,  yo diría que ha escudriñado muy pocos, los que le faltan, pero no está obeso, pero de que lo va a lograr, caerán en sus manos muchos libros como los que han caídos en las de mi abuelo, de seguro que lo hará. Porque al hablar al igual que el viejo  nos deja una moraleja, los libros nos instruyen, despertando nuestra imaginación, desarrollando nuestro léxico. Se me olvidó  decirles que mi nuevo profesor se llamaba Gualberto. Yo al igual que mis compañeros nos la llevamos súper bien. Al mes supimos que vivía fuera de nuestro territorio sin embargo llegaba temprano al instituto. Cuando faltaba por alguna razón ya sea de salud o un imprevisto, nos daba la clase un interino, pero no era igual como el profesor Gualberto, ya todos estábamos acostumbrados a él.

Cuando nos aguardaba en el salón la alegría que todos experimentábamos para aquel entonces, era demasiado grande, ya que había faltado una semana por motivos ajenos a su voluntad. 

       Papá había conseguido trabajo fuera de nuestro entorno, viajaría al día siguiente, esa noche mi madre afanosa le arreglaba las maletas, al igual que unos panecillos con jamón y queso que guardaría  en un lugar seguro fuera del alcance de algún roedor, que gustara merodear en la oscuridad sintiéndose libre y a sus anchas, seguro al estar consciente de que nada ni nadie lo detendría al andar atrapándolo a la muerte, yo hasta el momento no había visto ninguno.

Esa noche los tres no dormimos, mi padre habló hasta por los codos, ni que fuera la primera vez o la última que se iba a otro sitio a trabajar. Diciéndome que cuidara de mamá, que no se me ocurriera otra cosa que hacer, si no el de cuidarla. Yo le respondía que estuviera tranquilo que nada malo nos pasaría estando él afuera.

El me lo dejaba bien claro, en aquel momento lo entendí muy bien, ya no contábamos con el vecino aquel que nos cuidaba siempre, cuando nos dejaba solos. Hasta el momento ningún agravante nos ocurrirá, en la vida hay que ser positivos, confiar en Dios primeramente y en la mente. Palabras ilustradas del maestro Gualberto. Y yo teniendo apenas doce años confiaba en Dios y en mi mente. Primeramente tener confianza en sí mismo para superar con estrategias los obstáculos que el día nos pueda deparar.

Papá con la duda por delante se intranquilizaba un poco, colocando en el camino tropiezos por adelantado. Mamá aconsejándolo le decía: eso no es así, tenemos que tener fe. Además el sol alumbra para todos. El tomaba el ejemplo por unos momentos, mostrándose alegre como si alguien le dijo en la calle te ganaste la lotería, ya en la tarde se presentaba un poquito amargado, mamá y yo ya estábamos acostumbradísimos con su doble personalidad.

Ella lo ignoraba,  él no se daba cuenta que mamá lo apartaba a un lado preguntándole otras cosas que  yo al verlo en ese estado salía de su entorno yendo a platicar o a  jugar con mis amigos que eran la segunda parte de mi vida. Eran ellos mi familia, mi amuleto mi protección, con ellos compartí las noches desoladas cuando no quería ver la luna asomándose por mi ventana, nunca lloré porque siempre que sentía las lagrimas rasgándome las comisuras de mis ojos fingía ser el macho o mejor dicho el villano de la película, las gotas que insistían salir las frenaba con mayor presión que desaparecían  para convertirse luego en una sonrisa medio forzada.

Pero en aquel momento sintiéndome íngrimo y solo, solamente con mis pensamientos, mis recuerdos lloré…lloré. Deslizando poco a poco a mis pies el personaje que quise tener, el de villano.

Mis amigos anteriores los extrañaba cada día más, si yo hubiera sido adivino hubiera permitido que el futuro, nuestro futuro el cobraría otro tinte, o le  hubiera pedido a Diosito que papá encontrará los obstáculos más difíciles que jamás ser humano hubiera  encontrado siendo la primera vez en la historia de la humanidad, que un hombre se atreve  por más que luchara con los tropiezos que eran de por sí embarazosos no permitiéndole  vencer de ninguna forma la parte contraria.  Finalmente el hombre está derrotado al no haber logrado comprar la casa, su nueva casa, el hogar de su esposa la del hijo y la de él. Si esto hubiera sucedido no estaríamos aquí, yo sería feliz.

A estas alturas estaría en compañía de mis amigos, como los extraño.

Mis pensamientos abarcaban todo terreno que gracias a Dios tocaron la imagen palpable del maestro Gualberto, rápidamente como algo mágico el valor, el entusiasmo de nuevo se presentaron a mi puerta, haciendo  desaparecer la tristeza que quiso alcanzarme.

       Fue muy lamentable la muerte de la maestra Roberta, fueron decretados dos días de duelo, dos días sin tener clases, papá se había marchado al sur a trabajar esa noche cuando los tres no dormimos, estaba muy contento, recordando siempre que debía cuidar a mamá, que yo era el hombrecito de la casa que me confería el derecho de estar atento a todo lo que pudiera acontecer durante su ausencia.

       Los días transcurrían muy lentamente, el sol brillaba iluminando fuertemente todo lo que estaba a mi alrededor, haciendo resplandecer más de lo habitual las cosas que solía ver siempre, como las hojas de los árboles antes yo las distinguía más verdes de lo que eran realmente, el pelo de mis compañeros anaranjado, o como la salsa de tomate, muy semejante a la que prepara mamá, el salón de clase más iluminado que de costumbre. Me friccioné los ojos y no sé cuál fue el motivo por el cual todo se transformó tal como se ve objetivamente, al  natural.

Me hice amigo de dos compañeros, Fernando y Sebastián, desayunábamos juntos cerca de la cantina,  pasábamos el tiempo jugando  béisbol, en un terreno abandonado que estaba cerca de la escuela, otros al vernos se habían unido al retozo y todos alababan mi forma de jugar diciéndome que yo tenía estilo.

No descuidaba a mamá como se lo prometí a  papá, mucho menos mis deberes escolares, estaba tan entusiasmado con mi estudio, a la rutina, la cual sentía agradable más que nunca, no solamente esto ocurría conmigo sino con todos, ya que el maestro era la sal que sazonaba la sopa dándole ese gusto exquisito.

Algunos compañeros decían que la maestra Roberta se les aparecía en los baños, en los corredores, o en el salón, o en la pieza amplia en donde se guardaban los trastos viejos. Un grupo de muchachos entre ellos las hembras también se les veía  agrupados mirando atentamente por una ventana que tenía un vidrio roto en donde se podía ver con claridad  el interior de la habitación, mostrando  a la vista los cachivaches, pupitres rotos que se podían muy bien reparar, envoltorios de mapas de todos los países, cuadros de los precursores de la independencia con sus doradas monturas, sillas destartaladas estas sí que no tenían reparación alguna, esferas, pizarrones y pare de contar, en fin todos aguardaban ansiosos la aparición de la maestra Roberta que de un momento a otro, según ellos debía aparecer.

Todavía existen personas tontas. Pero en qué cabeza cabe que la persona después de muerta en pleno siglo veintiuno resucita. Exclamó Raúl apostado a mi lado, ambos estábamos recostados a un muro comiéndonos vorazmente cada uno un emparedado de jamón y queso, estaban deliciosos, afirmando más a mi favor que cuando lo termináramos me regalaría otro, él era  mi mejor amigo hasta el momento,  obeso cien por ciento, con una panza de padre y señor mío, usaba gafas con montura de color negro, tenía la buena costumbre de reír cuando hablaba de sus propias cosas.

Decidimos abandonar el muro mientras comíamos la segunda ronda de emparedados, resolvimos por ahora sentarnos  en un amplio banco de madera, al amparo de un roble muy frondoso que por cierto nos servía de sombra ante la atrocidad del astro rey que había amanecido de mal humor.

¿Qué piensas hacer cuando seas grande? Me preguntó muy curioso.

Pues no sé…no me he puesto a pensar en eso.

Cuando sea grande quiero ser un astronauta.

¿Astronauta? Le pregunté muy incrédulo, como haciéndole ver el que no le había entendido muy bien, simule en parte para que después no dijera o pensara que yo era un ignorante más del montón, como esos quienes observaban la habitación, como si estuvieran viendo una película en pantalla grande, o que no sé el significado de ser astronauta no quería por nada del mundo aparentar o representar el papel de ridículo que ignoraba todo lo que pudiera ocurrir en el mundo o en su entorno.

Pienso marcharme al Norte a estudiar, me ha llamado la atención los astros, las constelaciones, los planetas quiero saber con detalles más profundos que hay más allá del cielo.

Qué cosa se te ocurren amigo. Yo por nada del mundo lo intentaría.

No son cosas, no son ocurrencias, es un misterio que pienso develar. Dijo mirándome directamente a los ojos con determinada decisión, por la cual sentí una gran envidia. Yo quiero dejar una huella en el mundo, no para que me aplaudan, firme autógrafos o rinda declaraciones a la prensa o lo que es trivial como los personajes famosos, celebridades que son destacadas, que dan entrevistas a la televisión…Yo particularmente no quiero eso, yo deseo  cumplir mi único sueño en la vida, es mi sueño, es para mí solo para mí, que sea mío y de nadie más  no tengo porque compartirlo con el mundo entero. Quiero esa satisfacción.

¿Te marchas a los Estados Unidos?.

Si, pienso terminar la secundaria, quiero por todos los cielos abandonar este sitio que nunca me ha agradado.

Es muy lamentable cuando se tiene amigos  de repente y  por causa de la vida se marchan a otras regiones a cumplir su sueño como bien dices, otros se casan,  olvidan el sitio en donde nacieron, pero hay algunos que se quedan y recuerdan los espacios frecuentados, agradables y tristes recuerdos, esos recuerdos juveniles difíciles de borrar.

Así es mi muy querido amigo, nosotros jamás nos olvidaremos porque mantendremos nuestra amistad que tanto ha significado a pesar de los pocos meses que tenemos conociéndonos, nuestra amistad se basara a través de la correspondencia epistolar. Nos escribiéremos mutuamente. Y quienquita que algún día te decidas a irte, cuenta con mi ayuda.

Gracias Raúl por tomarme en cuenta,  sabes qué…es la primera vez que un amigo me habla de la forma como tú lo estás haciendo, gracias Raúl tomaré en consideración tu propuesta.

Terminamos nuestros emparedados justo a tiempo en el momento que sonó la campanilla llamando alternativamente a las respectivas aulas.

      Papá había llegado del sur, estaba en la cocina conversando con mamá que al verme se contento llamándome enseguida justo cuando me disponía  entrar a mi habitación para cambiarme de ropa dejando los libros en la mesilla que estaba al lado de mi cama, Al oírlo me entusiasmé que la mochila la tiré en el suelo, me alargó los anchos brazos me abrazó, había extrañado yo ese estrujón que tenía tiempo que no me bordeaba.

Venga acá mi campeón… a ver ¿cómo te has comportado durante mi ausencia, bien o mal?

Mamá respondió por mí.  

Tu hijo se comportó muy bien, asumió tu papel tal y cual se lo exigiste.

Te traje un bonito regalo, ven para que lo veas, eso sí tienes que alimentarlo como si tú fueras su madre, está muy pichón todavía.

Yo estaba en parte angustiado y en otro temeroso, las sorpresas nunca me habían gustado.

¿Qué puede ser? me lo repetí dos veces. Al develar la sorpresa, o mejor dicho al levantar un harapo de color azul oscuro mis ojos no creían ver lo que estaba viendo era un loro, un pequeño loro con pocas plumas la cabeza la poseía como condorito semejante al de la tiras cómicas.         

 A decir verdad, el regalo o la maravilla recibida de manos de mi padre no me gustó, aunque no me complacía el detalle concedido de buen agrado para él, porque supuestamente me miraba sórdida mente mostrando los dientes más relucientes que nunca yo lo había tomado entre mis manos viéndole los ojos que los abría y los cerraba lentamente. Hizo hincapié al decirme que tenía que darle como alimento leche, si estaba renuente al no querer tomársela tenía que obligarlo a tomarlo de una u otra forma, que todo el progreso dependía de mí. Sea la forma cual fuera esto era precisamente un obstáculo para mí, por lo visto esto me restaría ver a mis amigos, conversar con ellos, y otras tantas cosas que se me pudieran de momento en adelante ocurrir. Bendito seas pajarito por hacerme colmar la paciencia, pero por qué no me regaló otra cosa, un libro por ejemplo, lápices, cuadernos, sino que se le ocurrió traerme esto. Si en otros viajes me los ha traído. (Lo coloqué sobre la cama) Un loro, una miniatura, ahora tendré que hacer el papel de madre, bonito papel…en otro regreso del sur posiblemente  me traerá una rata, una serpiente. (Enfadado) o qué sé yo un oso. Quizá un oso, tal vez un oso.

       Un mes más tarde yo me estaba encariñando con el pajarito, mamá le había puesto por nombre panchito por ser pequeño súper divertido, al menos aunque otro no lo viera lo veía de esa manera, lo que yo pensaba del animal era mi incumbencia, no importándome las opiniones de los demás, como la de la vecina Carmen que al verlo ya pronostico como astrologa que panchito no se iba a criar, mamá nada le respondió ni yo tampoco, era su palabra con nuestra manera de pensar, allá nosotros si lo dejábamos morir, cosa que nunca lo íbamos a permitir, además mamá proviene de una  de una familia de granjeros y montañeses, colaboraba con los partos de las yeguas, ordeñaba las vacas, en fin todas las labores que se  desarrollan en una granja.

Aldo no te preocupes por panchito entre tú y yo lo seguiremos cuidando como lo hemos venido haciendo. Yo sé que todo niño tiene derecho a jugar, a divertirse con sus otros conocidos, sé cuidar muy bien de  los animales, es como otra profesión para mí, una más que he tenido en la vida. Ve a jugar con tus amigos  para que se te quite esa cara de tristeza que tienes.

       Papá se había marchado nuevamente, esta vez no pude despedirme de él porque me encontraba en la escuela, al llegar le pregunté a mamá por él, informándome que se había caminado al sur esta vez terminaría el trabajo que había dejado a medias por falta de materiales, al mediodía lo llamo desde la puerta de la casa don Ramón el dueño del abasto diciéndole que dentro de siete minutos lo llamarían del sur a papá, salió corriendo detrás de don Ramón, atareada como estaba, atendiendo las labores de la cocina metiendo las ropas que iba a llevarse al sur, corriendo como loca sin saber qué hacer. Esto me lo contó cuando almorzaba una suculenta sopa, a mí me encantaba la sopa que ella preparaba, con abundante verdura y una consabida carne. A panchito también le gusto la sopa pellizcaba la sopa lentamente, lo más gracioso que pude ver en él fue el hecho de mirarme mientras comía, sus ojos en fracciones de segundo observaban mi rostro que estaba embebecido en el, luego la depositaba en la carne, y así sucesivamente.

Sé que me estoy encariñando con este noble y adorable pajarito, sé que el cariño es reciproco porque a medida que avanzaban los días panchito creció de una manera asombrosa, quizá este desarrollo respondía a las buenas atenciones que mamá le brindaba, por supuesto que la mía también contaba, ya que estaba a la par, ambas a la misma altura. Ni una más ni una menos.

En donde yo estaba el también estaba, o debajo del mueble en donde estaba sentado, cerca de mis pies cuando estaba echado en la cama descansando, el pájaro se dejaba venir pavoneándose colocándose rápidamente en algún lado de mi axila, lo acariciaba, lo cubría con la sabana siempre dejándole el pico hacia afuera para que pudiera respirar. Cuando me sorprendía la mañana quedándome dormido me mordía una oreja para que yo me levantara en el acto de la cama para no llegar tarde al colegio.

Yo no sé cómo pudo aprender tanto,  yo no le había enseñado absolutamente nada.

Lo cierto que me despedía a la verja de la casa, mamá siempre estaba pendiente de él no apartándole la mirada ni un segundo, al verme desaparecer de su vista agarraba a panchito, ya estaba  grande colocándolo en la palma de una mano, poniéndolo en el espaldar de una silla de madera pancho se quedaba quieto observando a mamá con las labores domésticas.

El día estaba frio bien frio con una llovizna pertinaz que estaba dispuesta a nunca acabar. Yo llegué empapado a casa, ella al verme corrió a mi habitación trayéndome una toalla y frotándome el cuerpo con frenesí me obligó a meterme al baño enseguida.

       Al llegar del colegio panchito aguardaba mi espera montado en un montículo que estaba casi cerca de la puerta la que sirve de acceso a la verga, lo agarraba en una mano y paradito en mi dedo índice como todo un general lo llevaba a la cocina poniéndolo encima de la mesa, panchito comía de mi plato, mis padres nunca se oponían a esta sinvergüenza costumbre, llamémosle así por parte de panchito. Creo que era un  miembro más en nuestra familia, más que una mascota, era por el momento mi mejor y gran amigo.

Una vez lo llevé a clase metido en mi alforja siempre al pendiente de él y de la mochila, cualquiera que me viera  diría que yo sufría de un tic nervioso. Raúl se había encariñado con el pidiéndome casi a ruego que se lo regalara.

A todas estas insistencias yo le respondía: no puedo papá me lo trajo del sur, si quieres uno hablo con él, ya  para cuando vuelva tendrás uno igual a este. Toda la mañana Raúl junto con mis otros compañeros jugaron con pancho sin que el maestro Gualberto se diera cuenta.

En tres oportunidades viajo conmigo camino a la escuela, los días transcurrían sin que yo me diera cuenta, en esos días me divertía con mis amigos jugando béisbol, saltando la cuerda, jugando al loco escondido, a caminar por los rieles del tren, parándonos en parajes a observar los sitios más hermosos que jamás mis ojos habían visto, se veían a lo lejos los techos de las casas de las personas pudientes, las fabricas cuyo penacho de humo era arrojado al aire por la torres de cementos de las mismas los airones eran profundos y en gran cantidad.

A mí particularmente no me gustaría vivir en ese sitio mira las cantidades de humo que arrojan esas fábricas, todas esas personas estarán enfermas de los pulmones, allí deben vivir niños como en toda comunidad. Había dicho sin poder creérmelo, o masticarlo de buena gana…¡Qué barbaridad!

Si ellos nunca se han mortificado. Me respondió Raúl,- menos lo haremos nosotros, ellos allá son felices, además tienen dinero hasta para lanzarlo a manos llenas al aire. Nosotros somos los que nada tenemos.

Así que andando dejen de hablar como mariquitas. Terció otro.

Caminamos nuevamente por en medio de los rieles hasta llegar a unas minas cubiertas por la misma tierra que con el tiempo se acumuló a las entradas de las mismas.

De pronto escuchamos a lo lejos el silbido del tren que venía aproximándose a gran velocidad, lo verificamos porque rápidamente nos agachábamos poniendo nuestras orejas en los rieles.

Nos estremecimos, es decir nos movimos rápidamente y enloquecidos como si alguien nos echara el guante, ya que la locomotora pasó tan cerca de nosotros que todos nos estremecimos, después de haber saboreado el trago agridulce de nuestras vidas nos reíamos de nosotros mismos mirándonos  las caras.

Para la próxima tendremos más cuidado al transitar por aquí, hoy tuvimos a punto de perecer, y eso por los momentos no está, ni estará en nuestras mentes, bien lejos con eso.

Todos teníamos la vista puesta en el rostro de Raúl.

Nuestras vidas valen más que este lugar… Será mejor que nos vayamos, pronto que va anochecer, las bombillas alumbran deficiente mente, claro, si es que no queremos tener problemas. Todos asentimos con la cabeza dándole la razón, que los cuatros ya comenzábamos a caminar nuevamente pero en retroceso, por el centro de los rieles Juan y Orlando nunca se tomaban las cosas en serio cuando se les hablaba en serio, para ellos todo era una sana y santa diversión ya que detrás de nosotros marchaban dando saltos haciendo todo tipo de juego que solo los dos con sus burlas podían divertirse.

       Llegué a casa cansado, nadie me dijo nada, ni papá que había llegado, al verme me abrazó dándome tres libros. Los tomé llevándomelos enseguida a mi habitación comencé a verlos, uno se llamaba las Aventuras de Dick Turpin, el otro El Jorobado de Nuestra Señora de París.

En las vacaciones tendré el tiempo suficiente para leer los tres.

Por ahora ocuparé mi tiempo en pancho ya que en toda la tarde lo he tenido olvidado. Además me inquietaba el no verlo en la cocina, que era su lugar favorito, empecé a llamarlo, a buscarlo por todas partes de la habitación en la cocina en la sala en la parte trasera de la casa, en el baño en fin ya no encontraba área en donde hallarlo pero el alma volvió a estar en mi cuerpo cuando papá venía a mi encuentro mostrándome con una sonrisa de oreja a oreja a panchito bien plantado en la mano recalcándole: ten más cuidado con él un descuido mas de tu parte y lo pierdes.        

Me lo entregó poniéndomelo en el índice de mi mano.

Gracias papá tendré más cuidado.

Los dos entramos a la casa.

Papá volvió a marcharse al sur, aquella  vez si me había despedido de él, pero aquella fecha no me hizo ninguna advertencia, esto hizo que yo lo extrañara muchísimo, pero no me importó tuve que asimilarlo repetidas veces, en intervalos se nos olvidan las cosas de tanto repetirlas o machacarlas todo el tiempo, hasta en esto debemos tener cuidado, el apuro siempre trae consecuencias, la de dejar cualquier cosa que más adelante nos puede hacer gran falta. Papá siempre fue impaciente, apurado y disconforme, impaciente porque pretendía que las cosas iban a llegar rápidas en el mismo día, no sabiendo que todo lleva su tiempo aunque uno no lo quiera, hay cosas que se dan y hay otras que no lamentablemente. Apurado,  siempre caminaba de un sitio a otro más cuando en una ocasión recluyeron a mamá en el hospital, era tanto así que el médico de turno al no verlo por ninguna parte hablaba de inmediato con la enfermera, esta enseguida lo llamaba por su nombre y apellido, el susodicho según me contó en una ocasión mamá, estaba sentado junto a la puerta principal del dispensario leyendo el periódico. O cuando se marchaba al sur temblaba de los nervios caminando de aquí para allá como si los autobuses  dejaran de viajar cubriendo la ruta  al sur  en el terminal de pasajeros. Sé  por boca de mamá que cuando se aproximaba la fecha de su partida, la enfermedad de los nervios, él se la contagiaba. Disconforme quería tener más, más, gastando en un tiempo malbaratando en aumento. El dinero es para gastarlo, para eso es el dinero, pero no en cosas superfluas, hay que saber ahorrar porque nunca se sabe que nos puede ocurrir al día siguiente, se nos presenta una eventualidad funesta, Dios nos cuide y nos proteja, no podemos correr al vecino que nos preste lo que nos hace falta. Claro que uno no debe conformarse con ver la vida que pasa y pasa  mirándonos a las caras, sonreímos y volvemos hacer los mismos, hay que aspirar pero no derrochar, porque hoy estamos arriba, ya mañana estamos abajo. Piénsalo viejo yo todo lo que te estoy diciendo no es por hablar, ni mucho menos para que te sientas mal es por tu bien por el mío, yo estoy conforme por lo poco que me has dado, por tener un hijo tuyo y mío, esta casa que es muy cómoda está a mi gusto, te lo digo de corazón, por tenerte a ti que es el regalo más preciado que me ha dado Dios. Tendremos más cosas mucho más de lo que tenemos pero eso sí, siempre y cuando dependamos de la voluntad de Dios, verdad que sí, verdad que sí tesoro mío, aspirar es bueno, pero abarcar más de la cuenta no, eso no está bien porque sin querer tropezamos cayendo en la avaricia. Y él que es avaricioso en la vida nunca le puede ir bien, quizá al principio pero algo te ha de ocurrir en el transitar del camino.

Mamá abrazó a papá a medio cuerpo, él estaba sentado en una silla.

Claro que sí mi viejita linda.

Logré casi escucharlo, ya que su voz sobresalió  por entre la blusa de mamá, su sonido era  como un murmullo que se negaba a morir.

       La noche había llegado sin previo aviso, con ella un feroz invierno que hacía sus estragos allá afuera, los arboles danzaban bajo el cobijo del aguacero logré ver el espectáculo  a través de mi ventana.

Pancho dormía conmigo estaba muy bien abrigado, a poca distancia de mi mano izquierda, tenía mucho cuidado al moverme, no quería por nada del mundo hacerle daño, no me lo perdonaría nunca.

       El sol alumbraba la habitación por completo, iluminando todos los espacios de la habitación que cualquier cosa que pudiera muy bien esconderse de mi vista la vería sorprendiéndola en el acto. O   en algún rincón debajo de la mesa, o de los  sillones, eran dos los  que yo poseía, uno  estaba ubicado ante una mesilla la cual me permitía el estar sentado cómodamente  estudiando la clase del día, la otra estaba puesta cerca del escaparate,  para buscar cualquier cosa  que me haría falta, como los zapatos por ejemplo que estaban  ordenados encima del aparador  o cualquier otro objeto que con urgencia necesitaba a la hora de utilizarlo.

       Después de haber cumplido con mi aseo personal tomé a panchito en mi dedo índice llevándomelo  a la cocina, enseguida lo puse sobre el comedor y juntos comenzamos a desayunar, mamá también comía de su plato mirándonos de vez en vez mostrando una sonrisa que para mí era un exquisito deleite con solo contemplarla muy disimuladamente.

Cuídamelo mamá.

A ver hijo y…¿ qué otra persona hay  después de mí en esta casa que me ayude a cuidarlo?

 De mi parte no se escuchó ni una sola palabra.

 Y en son de juego.

 Ves no me respondes en nada, eso quiere decir que no hay ninguna otra persona viviendo con nosotros, tu padre está en el sur trabajando, tú te vas a la escuela yo quedo en esta casa sola, así que hijo mío solamente yo. Nadie más que yo para cuidarlo.

 Y al verme un poco serio.

Me estoy jugando contigo nada más, porque  eres aparte de tu padre  la única razón de mi vida y en algo tengo en que divertirme, ¿o no?  Para no pensar en cosas malas  más cuando tu padre no está…  anda,  camina, ve a vestirte que no quiero que llegues tarde a clase.

       Salí corriendo a mi habitación, pensando mucho en lo que acababa de afirmar, su comportamiento su  manera de comportarse me resultaba incomodo, el hecho que me  presentara una exposición ridícula por lo que dije.

Bueno Aldo. (Hablé para sí mismo)  apúrate o llegaras por primera vez tarde al colegio. Lo que estas pensando es natural, todos los padres del mundo se juegan con bromas, es más hasta con juegos más pesados. ¿Qué te pasa Aldo, no parecen cosas tuyas?

A decir verdad si mis padres lo llegan hacer conmigo me sentiría extraño, muy extraño…no quiero que esto ocurra nunca, porque yo no sé sí llegue a permitírselos.

       El mediodía se nos había presentado muy caluroso, el cielo no mostraba como el mes pasado ninguna nube que pudiera muy bien observarse, el intenso azul me hacia trasportar al mar, viéndome también echado sobre una planicie dormido, como drogado al no pensar en nada ni en nadie, que hermoso es el cielo, nos distrae, nos hace sentir cómodos consigo mismo, al menos así lo pienso yo.

Pero nunca creí que ese mediodía me traería la peor desgracia de mi vida, llegando casi cerca de la casa no veía a panchito por ninguna parte, ni en la verga, tan tremenda fue mi desesperación que aligere el paso más de lo acostumbrado, al entrar en la cocina veo a mamá a papá sentados ante el comedor con las manos tomadas, sus miradas eran demasiadas afligidas, sus caras estaban totalmente desencajadas.

¿Qué les ocurre? ¿Por qué  están tan tristes? Dónde está  pancho que  no lo veo.

Comienzo a buscarlo por todas partes, debajo de la mesa, iba a salir de la cocina para dirigirme  a mi habitación pero papá me lo impidió levantándose de la silla tomándome por un hombro.

No sigas buscándolo hijo pancho no está. Me dijo.

Cómo qué no está. Respondí molesto,- en alguna parte debe estar, papá ayúdame a encontrarlo.

No hijo no insista no está.

Mamá fue más directa que papá al decirme la verdad, evitando más evasivas por parte de papá.

El gato de la señora Silvia lo mató, el estaba como siempre paradito en el montículo, el animal lo sorprendió por detrás, ya cuando me di cuenta no pude hacer nada.

Mi mente estaba en blanco, quedé  mudo por completo sintiendo un inmenso dolor que me entumecía todo el cuerpo. Salí  de la cocina como un autómata echándole llave a mi habitación.

Y comencé a llorar como un estúpido, esa noche no pude dormir pensando en pancho, cavilando en mi mejor amigo que había muerto, en el mejor amigo que tuve a los doce años.

Era la primera vez que en mi  vida el rencor me comía  por dentro, empecé a rumiar una venganza: pancho muerto fallecido gato. Juro que mañana  asesino a ese animal.  

       Después de asearme entré en la cocina más calmado, no tomando en cuenta lo que ocurrió ayer, pero aun me sentía desagradablemente mal, más estando en la cocina, me parecía ver a pancho sobre el comedor esperando al igual que yo el desayuno,  papá ya estaba comiendo, mamá fritaba algo en la sartén, el olor que despedía era agradable.

¿Cómo dormiste? Preguntó papá remojando el pan en su taza de café, luego se lo llevó a la boca masticándolo con infinito placer.

Bien. Mentí, si no lo ha notado es porque no tengo ojeras, mucho mejor para mí. Así que no tendría que dar explicación ninguna.

Mamá se me acercó sacando de la sartén los huevos fritos con la tocineta  cayendo sobre mi plato, me había acercado los panes que estaban en una cestita plástica de color amarillo, luego el vaso con leche, el vaso con leche de todos los días.

Mamá se había sentado cerca de papá, supuse que ya desayunó puesto que no quitaba la mirada sobre mí, sonreía al verme comer con sobradas ganas.

Las explicaciones, lo que yo no pretendía no se hizo esperar  por parte de mamá.

Anoche te toque la puerta varias veces para que bajaras a cenar…o te hiciste el sordo o te quedaste dormido.

Me quede dormido. Mentí de nuevo. Aligeré mi desayuno tan rápido  que ya no quedo nada en el plato.

Lo de pancho…

La interrumpí.

Perdóname mamá pero debo irme enseguida luego hablamos.

Los besé a los dos muy cariñosamente en la frente como lo hacía todas las veces que iba a salir.

Nos vemos luego.

Le conté a Raúl y a otros lo que le aconteció al pobre pancho, estando todos de acuerdo que se había de hacer justicia inmediatamente, que no debíamos dejar esto para después convenimos que a la hora de la salida iríamos por el animal.

Yo no podía concentrarme en la clase, el maestro Gualberto no me quitaba su mirada, pensaba en la venganza, en que estaría mal si la llevara a cabo, ensañarse con un animal agrediéndole con piedras era el estilo de un verdadero psicópata, matar por placer, por sentirse a gusto, es como tomarse una píldora para luego sentirse bien, y yo no soy así, mi educación no es esa. Yo no soy un vagabundo…No me importa que Raúl y su patota me griten gallina, ¿pero quién carajo me dijo que le dijera lo de pancho? Solamente a mí se me ocurrió, que imbécil he sido.

El maestro se me acercó y con la punta de la regla me rozo el hombro.

Felipe ¿qué te pasa? Más atención a la clase sí… (A los demás) continuemos.

Tenía por mi propio bien  simular como buen actor mi contrariedad, el hecho de darle muerte a un animal es un acto criminal más en la manera como lo estaba ideando, matarlo a pedradas sin tener compasión alguna, quemarlo o echarlo a un pozo séptico, me sentía desagradablemente mal que para aliviar si es que podía lograrlo me cambiaba insistentemente de lugar, es decir adoptaba las mil maneras de estar sentado cómodamente en mi pupitre pero no lo concebía. Hasta que tuve una idea. Agarré mi mochila metiendo la libreta el libro y los demás materiales dentro. Me levanté en el momento preciso que finalizó.

Profesor quiero irme a casa, no me siento bien…Me concede el permiso.

El maestro no se me acercó para nada, gracias a Dios, desde el pizarrón me comentó: está bien vete, no sé pero desde que entraste te has comportado de una manera extraña, yo te veo mal, y sintiéndote así no puedes asimilar la clase, vete, mañana estarás mejor.

La idea resultó fantástica, mejor no pudo haber sido.

A medida que me iba acercando a la puerta de salida se me había ocurrido mirar a Raúl, él confundido me observaba como diciéndome: ¿qué te pasa, y ahora qué?… ¿vamos a matar el gato?

Dejé de darle una ojeada, apurando el paso salí del salón sin mirar atrás  anhelando en aquel momento llegar a casa lo más pronto que fuera, sin ser sorprendido por el timbre, dando la señal de la salida a todos mis compañeros, y verle la cara a Raúl a sus tres compañeros encarándose conmigo al reprocharme la razón del por qué no íbamos ya a linchar al animal, que el hombre por ser hombre tiene que tener palabra, que el miedo es propio de los cobardes y de las mujeres delicadas e indecisas, que ellos al proponerle la idea quedaron de matar al felino, estuvieron encantados, pues no, eso no puede ser no se va a ejecutar, yo desisto, no quiero hacerle daño, es pecado, y no quiero tener cargos de conciencia de ninguna índole, me sentiría mal, tanto de lo que estoy, además lo sentiría igual o peor al ver otros gatos pasear a mi alrededor, recordándome insistentemente  que yo maté a uno, siendo el verdadero el causante de la defunción  del gato de la vecina.

       Estando ya dentro de mi habitación me quité los zapatos desprendiéndome de ellos los lancé  no importándome para nada el sitio en donde pudieron caer. El cansancio me dominaba por completo como si estuviera anestesiado, me acosté cerrando los ojos enseguida.

Mamá me contó que fue a la habitación, no me llamó, para no alarmarme pero me dijo que estaba roncando con infinito placer, en realidad yo no sé cómo es eso, porque nunca he dormido acompañado para darme cuenta como ronca el otro, jamás he llamado a alguien que esté en la misma situación. Cuando me case si es que me caso sabré en definitiva como es eso. Por lo tanto estaré de acuerdo con lo que expresa mamá.

       Ese día no fui a la escuela, ella no me pidió explicación alguna, del por qué no quería ir.

Ese día tampoco salí de mi habitación solo deseaba estar echado en la cama.

Cómo extraño a pancho. Los animales en sí tienen el poder de distraer de alguna manera a los seres humanos, su compañía es más confortable y agradable, sincera hasta más que un amigo, el amigo nos da consejos, nos brinda confianza, en algunos casos la ayuda incondicional, pero cuando sabemos de una segunda, tercera o cuarta persona que nos ha traicionado nos sentimos dolidos o hasta resentidos que nos prometemos no confiar en nadie más, repitiéndonos concienzudamente que amigos no hay, que solamente existen los conocidos, en cambio el animal está contigo siempre, sabe por instinto la hora que llegas a casa, está en el lugar en donde tú estás, en todos los espacios, no te habla pero te sirve de consuelo.

 Como pancho, mi querido pancho, papá quiso traerme de vuelta otro pájaro para reemplazarlo, me negué rotundamente diciéndole que no quería ninguno ni que se pareciera, que no quería encariñarme con ningún otro.    

Quiero estar solo es decir no persigo otra mascota así como estoy estaré bien de ahora en adelante, a pancho lo olvidaré, no del todo, lo recordaré como cosa del pasado. Cómo todas las cosas que se recuerdan y por alguna circunstancia se pierde, pero no surten el efecto que antes originaron con en el dolor, el sufrimiento queda sepultado con el tiempo.

       Al salir de clase junto con tres compañeros, Raúl venía silbando detrás de nosotros junto con sus acompañantes que nunca lo abandonan ni a sol ni a la sombra como se dice vulgarmente. Me llamó por mi nombre en voz alta cosa que me saca de quicio.

Yo no le demostré ningún miedo, porque mis ex compañeros del barrio de donde provengo me enseñaron a no tenerlo como no lo adquiero no lo demuestro ni mucho menos lo recojo.

Al acercárseme habló sobre lo del gato, le dije que eso ya estaba olvidado, que no quería hacerlo porque no me daba la gana, no estaba acostumbrado a encarnizarme con animales, pero si mi irritaba las personas que por alguna razón injusta me molestan, y ahí sí que se me van los tiempos adiós Felipe que no te conozco, y actúo como un monstruo llevándome a quien sea por delante. No importándome para nada el problema que pueda acarrearme. Pero con un animal nunca, así que olvidemos lo del animal y conversemos de otra cosa… ¿Te parece? 

Raúl sin decirme nada miró a sus tres compañeros, luego echaron los cuatro a andar delante de nosotros.

       Llegó rápidamente el mes que daba por sentado la culminación de nuestro año escolar, yo particularmente estaba un poco triste porque ya no vería mis compañeros, estábamos satisfechos con la buena labor del maestro Gualberto, que jamás nuestras mentes lo abandonarían para recordarlo. Los momentos agradables no son eternos.

La primavera hizo resplandecer con más ahínco todos los contornos del condado, los arboles estaban asombrosamente coloridos, el aire limpio fresco rozaba nuestras caras con agradable deleite, las montañas mostraban su verdadera clorofila, como si invitaran a los habitantes a acampar sobre ellas, o para deleitarse con un rico picnic ya preparado de antemano.

       El día jueves llegó y con él  el gran día de nuestra graduación de   los tres salones de sexto grado en el salón múltiple, donde se dio  inicio al acto protocolar, con la entrega de diplomas junto con sus respectivos certificados, palabras dadas por parte del director,  todo era brillante con  los colores de los diferentes adornos que se disponían a todo lo largo del techo llamando  la atención de parte nuestra, de los visitantes, guirnaldas bien elaboradas por manos expertas de madres representantes que colaboraban en cada evento que el plantel realizaba, (sin su colaboración como supe después de labios de Cecilia compañera de grado), este acto sería insípido, nunca llegaría a ser como lo estábamos viendo, un suceso con categoría y mucho estilo. Las mesas estaban abarrotadas de emparedados, frutas tropicales, panecillos ensaladas ya servidas en platos de cartón y con sus respectivos cubiertos colocados a un lado de cada uno, tizana, refrescos un pastel gigantesco nada más y nada menos que de seis pisos, el maestro junto con el resto de los profesores sentados en sillas de hierro, bien pintadas por cierto platicaban muy divertidamente, tomaban vino, tal parece que la conversación giraba a nuestro entorno ya que no nos quitaban la vista de encima. Al fondo se escuchaba la música de los Beatles y todos como si una varita mágica nos controlara el cuerpo al comenzar a bailar al son de la música. El maestro también se animó tomando a una colega suya, ambos danzaban alegremente en el centro de la pista. El maestro rumbeaba extraordinariamente bien. Mis padres junto con los demás se fueron después del acto de entrega de los recaudos sosteniendo que la fiesta era para nosotros y por lo tanto debíamos disfrutarla, además algunos eran granjeros, otros rancheros y debían estar pendientes de lo suyo, los míos querían estar en casa, papá viendo televisión con la cerveza a un lado, mamá en la cocina como siempre limpiando la estufa, trapeando el piso y otras cosas que toda mujer de casa suele hacer.

       Después de haber terminado la música dando inicio a otra algunos continuaban bailando, otros exceptuándome a mí nos acercábamos a la gran mesa a  des gustar de las exquisiteces que sorprendían nuestras miradas con verdadero placer, Raúl se me había acercado dándome una cariñosa palmadita en uno de mis hombros.

 Dentro de cuatro días me marcho a Oregón a continuar mi secundaria alternándolo con la música. Dijo alegremente.

¿Vas a estudiar música? Pregunté un poco sorprendido.

Si…O mejor dicho el piano…Aldo si algún día decides irte de aquí hazlo, no te detengas, en este pueblo nada se hace, mira a tu padre, viaja siempre al sur a trabajar en la construcción, este villa es de granjeros…. Como buen amigo yo te aconsejo que logres definir claramente tu futuro, porque para después es demasiado tarde y no tendrás la oportunidad de escapar, piénsalo bien, tienes el tiempo necesario para deliberar.

Quiero ser periodista o escritor. Respondí tajantemente.

Un rayo de alegría inundó la cara de Raúl.

Entonces comienza desde ya a visualizar con todo tu empuje esos dos sueños…Mi tigre todo en la vida se puede, lo único que se requiere es que le eches ganas.

Raúl había sacado del bolsillo de su pantalón color mostaza una nota que enseguida abriéndome la mano me la había colocado en la palma de mi mano.

Toma, esta es mi dirección en donde voy a estar, si quieres salir de este lugar abandonado a la buena de Dios, búscame y lábrate una profesión.

Hojee la nota y llevándomela al bolsillo de mi pantalón le di las gracias.

Nos abrazamos, comenzamos a bromear con los demás, a bailar la música, a comer y otras cosas más.

Raúl al día siguiente había venido a casa, mamá lo atendió de maravilla, esta naturaleza quizá de parte de mis abuelos quienes siendo muy humildes, le inculcaron desde pequeña, que debía ser cordial, respetuosa, tratando  excelentemente a los demás caía muy bien con sobrada franqueza no de manera superficial como una aureola  en ella. Ganándose de inmediato el respeto el cariño de quienes la conocían. Mi amigo quedó súper encantado con ella, más que todo vino a despedirse porque mañana para venir para acá el tiempo se le agotaría, insistió que le escribiera, que por nada del mundo se me fuera a olvidar.

Yo le prometí  que lo iba hacer. También me informó que había hablado con sus parientes en Oregón estos ya estaban de acuerdo en aceptarme sí algún día estaba decidido en marcharme. Mamá había escuchado toda la conversación, Raúl tenía de por sí una mala costumbre hablar en alto volumen que todo el planeta se entera.

Ella lo atendió muy bien, a Raúl le encantó las ricas galletas que mamá preparaba, y se lamentó mucho el no habernos visitado antes, por las delicias que acababa de comer, de haberlo sabido nos visitaría con mucha frecuencia, él se lo contó a ella, mamá se reía diciéndole que las visitas eran por las galletas y no por nosotros, Raúl se sonrojaba al escucharla.

No le creas ni una palabra lo dice en son de juego.

Ya para despedirse, porque hay que estar delante del tiempo y no detrás como lo dice él, se despidió de mí y de mamá, al haber desaparecido de nuestra vista cerramos la puerta.

       Para irme a Oregón me faltan nada más y nada menos que cinco años, mucho tiempo, en ese tiempo pueden ocurrir muchas cosas, no quiero cambiar de opinión en cuanto a lo que me gusta, papá por nada del mundo me permitiría ir a trabajar con él al sur, él desea lo mejor para mi, una buena profesión. Él fue quien me sugestionó el amor a la lectura porque en cada viaje que hacia me traía libros, enciclopedias, novelas juveniles, de aventuras, cuentos de animales o de cualquier cosa, y esto por supuesto me hizo desarrollar la imaginación, hasta tal punto que tengo escritos varios relatos metidos en algún rincón del escaparate, esperando el tiempo para poder publicarlos en alguna revista. Esperaré pacientemente que transcurran sin ninguna intranquilidad para marcharme del condado.

De mi parte ver llegar los cinco  años que me trasladaran al futuro, el futuro que ya comienzo a visualizar en mi mente.

   

 

       El tiempo corrió velozmente, para ser exacto era el año 1.970, tenía diecisiete  años ya cumplidos, había culminado mi secundaria satisfactoriamente, lo que más me causaba risa es el hecho de haber abrazado a mi madre esa mañana varias veces, papá nada decía solamente estaba  rumiando a mi entender algo en su pensamiento  ya que la vista la disfrutaba en un helecho que estaba creciendo al tiempo que fumaba de su pipa.

       Ella y papá me rodearon con sus brazos deseándome suerte en la carrera que iba a emprender desde ahora en adelante la de ser periodista, luego vendría por añadidura la de escritor.

Les escribiré muy  a menudo, en vacaciones estaré de vuelta se los prometo. Como también prometí escribir un relato dedicado a pancho, mi querido y fiel amigo. Jamás te olvidaré, siempre estarás vigente en mi recuerdo.

Un carro estaba a mi espera estacionado en la verja, después de tanto tiempo la misma verja  me hizo recordar a pancho cuando se apostaba impaciente a la espera de mi  regreso de la escuela.

Ya sentado en el asiento trasero, inquieto y con un dejo de tristeza  veo a mis padres agitando las manos a guisa de saludo, yo también hago lo mismo al asomarme por la ventanilla donde una lágrima me la borro el viento, comienzo  agitar mis manos ávidamente.

A medida que avanza el carro por la  extensa y ancha carretera, vuelvo a mirar hacia atrás, la casa, la empalizada recién pintada por papá.

Mis padres habían desaparecido de mi vista.

       Desde hoy comienza una nueva etapa en mi vida. Estoy feliz, yo diría que mucho, porque voy a buscar mis sueños, un sueño que haré convertir en una bonita realidad… y en otro país. 

    

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