LA MONJA MALÉVOLA
Yo no hecho nada, se lo juro por Dios
hermana Emilia. Fue Julio quien comenzó a molestarme con la bendita esterilla,
es mi estera, y de nadie más, me la regaló mi tío que en paz descanse, pregúntele a mis compañeros ellos le darán la
misma versión que le estoy dando ahora.
De
nada valió mi insistencia, la madre Emilia era más terca que una mula al
empujarme con fuerza casi a rastra a la habitación de castigo, era la primera vez
que estaba en este lugar, aunque siempre
oí hablar a muchos quienes también estuvieron aquí, que en este sitio sufrieron
las mil penurias y que nunca la habían
pasado bien.
Vamos
a ver cómo me irá a mí.
Estarás
aquí por una semana. Dijo categóricamente poseyendo demasiada intranquilidad,
jugando con movimientos nerviosos con el manojo de llaves ya no sabía qué hacer
con ellas, lo cierto fue que este movimiento me indisciplinada, dándome a la
vez demasiada rabia por no saber qué hacer. Sus dedos larguiruchos me parecieron
idénticos a la de una bruja malvada que entusiasmada revolvía un suculento caldo en una enorme cazuela, ¿estaría
yo metido en la sopa? No deseo por nada de este mundo servirle de sustento a la
perversa mujer, devorándome por todos lados hasta hacerme desaparecer, ni mucho
menos servirle de postre.
Es
mucho tiempo. Julio es quien debería estar aquí, y no yo. Claro como él es un niño de papá y mamá, y él le cae a
usted muy bien, y muy considerado por usted.
A
ver Esteban qué quieres decir con eso, no le eches más leña al fuego que te
puedes quemar, cada cosa que me digas la
usaré en tu contra.
¿Por
qué me trata mal? Yo a usted no le hecho ningún daño, es usted una déspota, una falsa, con esto que desea hacerme, me consta que se está burlando de Dios, no parece
una verdadera religiosa devota, usted toma el nombre del Creador en vano
señora. Es el propio Satanás en persona que quiere perjudicarme.
Insolente,
cómo te atreves a insultarme de esta manera. Gritó.
Me
atrevo porque a las personas perversas como usted hay que ponerlas en su sitio
y en el acto, sin perder tiempo, y no
dejar para después lo que se tenga decir, porque aceptarlo sería peor. Para qué
esperar para después.
Quiso
levantarme la mano para abofetearme,
pero yo fui más veloz que ella al
apartarme de su alcance.
Ella
gemía de la rabia.
Maldito
y mil veces maldito, estarás encerrado dos semanas… Engendro del diablo.
Dio la espalda cerrando la puerta, girando con
furia la llave en la cerradura, dándole dos vueltas para percatarse que estaba
bien afianzada y así yo no escaparía del
infierno que me esperaba en esta tétrica habitación, oscura, lúgubre, e
insípida.
Ni
que me fuera a ir a esta hora, si no
tengo salida, vieja de los mil demonios. Dije para mis adentros,- amargada eso
es lo que eres, una vieja amargada y decrepita.
Las horas iban avanzando despacio,
aunque no sabía exactamente la duración hice un cálculo frío, las tres de la
tarde, en efecto serían más o menos las tres de la tarde, porque don Ramón
estaba en el jardín con su escoba y su bolsa de plástico lo podía ver
perfectamente a través de la ventana de cristal que tengo a mi alcance,
transparente y muy limpia, en donde podía verlo perfectamente allá afuera, recogiendo las hojas secas de los árboles
frondosos que se desparramaban en el patio delantero. Quienes lo sembraron, a
lo mejor recibieron ordenes de la bruja, apuntándoles que debían regarlos y cuidarlos todos los
días que para eso estaban trabajando allí, y debían cumplir a toda cabalidad con
el trabajo que les encomendó el ministerio, para ello recibían mensualmente a
cabalidad su correspondiente pago mensualmente. ¿Pensará la monja malévola que estarían haciendo algo provechoso para el
disfrute de las personas que gustan sentarse a platicar, o pasarla muy bien al permanecer debajo de
ellos? en realidad a mi no me gusta la siembra de este tipo de setos porque
arrojan cierta plaga que produce picazón y lo más lamentable es que yo sufro de
urticaria. La piel se me pone roja y se me hincha la cara, para calmar la
piquiña tengo que tomarme rápidamente un antialérgico. Además esos árboles por
donde se miren, de noche parecen fantasmas gigantes, que con sus garras asustan a quienes los miran por un rato. Fantasmas
noctámbulos diría yo.
Mi
vista aunque no lo pretenda, insiste en observar este tétrico lugar, las cuatro
paredes están con cascaras que caen sin ser desprendidas por mano alguna al
piso, quizá la humedad las tienen en mal estado, el olor a encierro es
prolongado y perturbador esto me hace sentir mal, más deficiente de lo que
puedo estar. Estornudando a cada momento.
En
un rincón está una mesa destartalada y
sobre ella una ponchera que en años anteriores era de color blanco, ahora luce
una coloración pálida, una jarra de cristal llena de agua, quizá estaría sucia
y contaminada. Otra ventana con un
cristal traslucido, en donde podía apreciar perfectamente la parte trasera de
este miserable recinto, a un lado la gran avenida, podía evaluar afinadamente
el sonido vehicular a estas horas de la tarde.
Y
a esta hora mi estomago comienza a arderme un poco, no he comido nada en todo
la mañana, ni siquiera una galleta que generalmente nos dan a la primera hora
del día con una taza de chocolate bien caliente. La vieja bruja y miserable no
se ha dignado a traerme un plato de comida. Y como si Dios mismo acabara de
escuchar mi suplica, gesto que le
agradezco, cosa que sé que es cierto porque a pesar de que tengo ocho años de
edad soy un buen creyente, la mala mujer acaba de entrar a la habitación con
una bandeja en la mano, se agachó,
colocándomela en donde yo estaba sentado, a un lado de mi pierna izquierda,
como si yo fuera un miserable perro que produce lastima solo al verlo.
Ahí
tienes, para que no digas después que soy mala. Se levantó mirándome fijamente
a los ojos.
Yo
no contesté, la ignoré por completo. Y esto por supuesto que le dolió mucho. Lo
pude notar y sin mirarla.
Así
como entró salió, con los dos movimientos perversos que ya conocía cerró la
puerta, que no quiero seguir recordando, con lo que me
alcance por vivir.
Ya
estando completamente solo, me dedique a comer, dos mulos de pollo, y bien
horneado, arroz blanco muy suelto como a mí me gusta, así es como lo prepara
mamá, la ensalada me supo a gloria, un
buen pedazo de pan, y un vaso con jugo de mora. No está demasiado mal. No
importándome si tenía veneno o no. El hambre que tengo es demasiado perversa
como para ponerme a dudar si lo ingiero.
Las
voces altisonantes de mis compañeros se
escuchan con estruendo por el pasillo, ahora es
que me doy cuenta que ninguno de ellos
se ha acercado hasta ahora a mi puerta para decirme: Cómo me siento, si
tengo calor, que broma Reynaldo tú no tuviste la culpa en nada, eres inocente,
perdóname por no haber hablado, pero comprende la situación, yo no quiero
perjudicarme.
Llegó
lo que nunca quise que llegara, la noche la bendita o maldita noche.
Todo
estaba a oscuras, accioné insistentemente con intentos fallidos el interruptor
de la luz, y no había electricidad en la habitación, mientras que las otras aéreas
del recinto estaban completamente iluminadas. La vieja bruja no asomó la cara
durante la oscuridad, no me trajo ni siquiera una esterilla, una almohada, una
cobija, como me hacían falta, no quiero pasar la noche sentado en este piso que
estoy sintiendo húmedo. Ya me duelen las asentaderas, tengo que levantarme,
yendo a la ventana comienzo a mirar la luna que me sonríe, y no sé cuál pudiera
ser su motivo, quien majestuosa se siente la dueña y señora de la gran sombra,
las nubes que están a su alrededor le rinden pleitesía, parecen burbujas
espumantes muy parecidas al café con leche que don Pedro suele degustar en sus
momentos de ocio, don Pedro era como mi papá, me quería mucho, yo era su
adoración era el dueño de la casa en donde trabajaba mi mamá, él me llamaba el
Perico, solía sentarme en sus piernas cuando veía muy entretenidamente un
partido de béisbol.
El
televisor era blanco y negro, su marca telefunken, un buen televisor por
cierto, siempre cuando veíamos la tele, me daba a tomar de su cerveza y yo me
bajaba de sus piernas completamente
mareado.
El
Perico está borracho. Vengan para que lo vean. Decía desternillándose de la risa.
Que
agradable recuerdo, al menos tengo una persona adorable que me quiere de
verdad. Lástima que ya no esté con nosotros. Pero su recuerdo y su agradable
compañía siempre estarán conmigo.
No
puedo conciliar el sueño, en esta posición como estoy, dormir es imposible,
resulta incómodo.
Como a la una de la mañana una sombra
entró en la habitación, al abrirse la puerta una corriente de aire traspasó mi
cuerpo. Era el aire perturbador y escalofriante que Diciembre trae consigo.
La sombra está a un lado de mí, comienza a
golpearme por todas partes del cuerpo, más en la parte abdominal, comienzo a
gritar, a gemir para que alguien
despierte y venga a ayudarme, Zacarías por Dios oye mis gritos, que alguien
venga a auxiliarme, pero nadie viene a socorrerme, la sombra me toma en vilo y me arroja al piso,
lanzo un grito atronador, la sombra sale corriendo de la habitación.
Por
qué tiene que pasarme esto a mí, yo a nadie le hago mal para merecerme esto,
como me duele el estómago, quiero vomitar.
Los rayos del sol me despertaron, junto
con el canto matinal de los pájaros que vuelan de rama en rama con gozo y
entusiasmo que me produce cierta envidia.
El cuerpo me dolía una barbaridad,
sentía un malestar horrible en el cuello, los hombros, los huesos los sentía
como si pasaran por una procesa dora y lo hubiesen convertido en polvo.
Pero
quién pudo haber sido, la malvada o el ignominioso que no tiene perdón de Dios.
Zacarías ven, te necesito amigo mío ven, ven.
Al mediodía para gloria de Dios se abre la puerta era Zacarías, me alegre
tanto al verle que me puse de pie en el acto pero con el malestar haciendo de
las suyas indespiadadamente.
Venía
con la bandeja de plata y el almuerzo encima de ella, colocó la bandeja con
sumo cuidado en la mesa, y no como la vieja hechicera que ayer me colocó la
comida en el suelo, mi buen amigo Zacarías, era más respetable, más humano y eso
que no es religioso.
Zacarías
me mira cuando comienzo a caminar con dificultad y más al arrugar la cara, él
me saca la camisa con delicadeza. Y queda estupefacto, impresionado por los
cardenales que tenía en las diferentes partes del cuerpo mucho más pronunciadas
en las costillas.
Le
conté lo que me había pasado mientras todo me lo devoraba rápidamente, sin
dejar nada en el plato.
No
te preocupes amigo, yo voy ayudarte. Me he ganado la confianza de la hermana
Emilia, te voy a conseguir un cincel y un martillo.
Se
acercó a la ventana, inspeccionándola como todo un experto.
Alejándose
ya de la ventana dándome la cara al fin…. Tendrás que trabajar arduamente
Continuó, sin hacer el menos ruido posible lograrás estar fuera de este lugar
siempre y cuando actúes con verdadera prudencia. Te veré después, cuídate.
Lloré
hasta más no poder, todas mis pertenecías habían sido confiscada por la vieja
hechicera.
Como
lamento no tener mi diario. Lo único que quiero es salir, largarme de este
lugar, verme lejos. Gracias a Dios que Zacarías va a ayudarme pronto estaré a
cien millas de aquí. Que fue la hora en la que sentí el hambre como un taladro.
Me acerqué a la ventana y veo a todos mis compañeros jugar en el patio. La
vieja hechicera estaba hablando muy entusiasta con el jardinero de vez en
cuando miraban a la ventana y ellos reían hasta más no poder. Sabía que
estarían tramando algo nuevo en contra mía, esto por supuesto me hizo sentir
muy mal. Que tuve que salir rápidamente de la ventana. Juro vengarme, por Dios
que lo juro, algo tengo que hacer y pronto, no voy a permitir que se me siga
humillando, tengo el suficiente coraje para luchar con la resistencia, como el
hombre que riña con furia contra la nieve que persiste que no lo deja avanzar,
se siente vencedor cuando planta con orgullo la bandera de su nación en el
pináculo de la montaña. Sé que le costó gran esfuerzo conseguirlo, estrategias
que alguna vez fueron fallidas, pero la fe coronó la batalla por hacer un
segundo intento y fue acompañado por la gloria de Dios.
Yo tengo que ser como ese hombre del montículo
que venció todas las dificultades adversas. Que yo conserve ese ánimo. Amen,
que así sea.
Pero
el desanimó valientemente me ganó tomándome por sorpresa al ver a la vieja
hechicera entrar con una bolsa plástica de color negro, la vació con furia y de
ella salieron toda clase de insectos habidos y por haber. Sapos, ciempiés,
hormigas, cucarachas, lagartijas, arácnidos, ratones, y pare de contar.
Dios,
esto era lo que me faltaba, el jardinero y la vieja hechicera estaban en complicidad
para hacerme todo esto.
Dios
que yo aguante, debo soportarlo, de lo contrario estaré perdido.
Supe
convivir felizmente con los animales, Zacarías desapareció por completo de mi
vista, tengo cuatro días aproximadamente que no lo veo, tan fácil se olvido de
mí.
Me siento sumamente mal, no he tenido la
dicha, el privilegio de estar debajo de la regadera ya llevo cuatro días sin
ducharme, sin sentir la barra del jabón en mi cuerpo, el cabello lo siento
duro, áspero y hediondo a sudor, el aseo personal es una regla fundamental en
la vida de cualquier persona, que al descuidarnos lo suficiente acarrea enfermarnos,
las manos las tengo sucias. Es horrible como me siento, creo que voy a parar en
loco.
De
nuevo otra noche más.
La puerta se abre y la misma corriente
de aire vuelve a penetrar dentro de la habitación, y con ella nuevamente la
sombra, esta corre detrás de mí, yo la esquivo en varias oportunidades pero
esta es más fuerte que yo más gigante, cerca de la ventana me toma de un brazo
retorciéndomelo sin ninguna conmiseración, esto me hace perder el equilibrio
que caigo de bruces en el suelo, vuelvo a gemir con lamentos muy pronunciados,
y vuelve como la vez anterior a darme patadas por todo el cuerpo como si yo
fuera un vulgar delincuente, Me agarra
con mucha fuerza por los hombros
haciéndome levantar, vuelve a tomarme en vilo, dándome vueltas y más vueltas,
girando en redondo, para arrojarme nuevamente en el piso, sale corriendo
cerrando la puerta, apenas escuché el tintinear de las llaves en la parte de
afuera.
Ahora
sí que me duele el cuerpo, más que la primera vez.
El sol
resplandeciente con su luminosidad
vuelve aparecer ardiente y festivo bañando con su claridad imponente la habitación, el corretear de mis
compañeros bien temprano por el largo y
espacioso pasillo me hizo recordar la alegría, el espíritu festivo de la
navidad hoy se respira en este maldito recinto lleno de crueldad, inespiadado
de una madre perversa y malévola que se hace llamar Emilia la felicidad, la
maldita felicidad para mí, ella para mí dejó de ser la buena madre superiora,
aquella que me inspiraba respeto, el modelo de persona a seguir, ahora la detesto
y la maldigo por ser mala y calculadora. Jamás pensé que una monja se
comportara de una manera incorrecta, que en el día era la santa sor Emilia
digna de ser elogiada por ser abnegada y milagrosa, y en las noches la vieja
bruja que con su depravación comete las aberraciones insólitas que persona
alguna pudiera ejecutar.
Oigo
los villancicos, el afinar del cuatro, y la voz altisonante de mi amigo
Zacarías, que por alguna razón adversa a su voluntad, yo lo pienso así, se
olvidó para siempre de mí, algo le pasa a mi amigo, o a lo mejor no ha podido
conseguirme el martillo y el cincel como me lo había prometido.
Escucho
la canción de los Beatles, luego la de los Hollies no es una carga es mi
hermano, ese es Zacarías quien tiene la radio a millón, menos mal que se la
lleva muy bien con la vieja hechicera, pero yo continuo entretenido jugando con
mis nuevos amigos.
La
vieja bruja acaba de entrar yo la ignoro por completo, los ángeles vestidos de
demonios no se toman en cuenta para nada. Se extrañó al máximo, y esto me contentó al verme jugar con los
insectos riendo hasta más no poder cuando las arañas peludas trepaban como
camiones por todo el brazo, dos ranas alborotadas estaban en mi regazo, con las
bocas abiertas.
Acaso
no te dan miedo.
Como
no oye ninguna respuesta de mi parte sino que prosigo jugando con mis animales.
Continúa hablando hasta por los codos.
Maldita mujer como te odio.
Te
debería dar miedo jugar con esos bichos feos.
No
le respondo absolutamente nada, la ignorancia está ganando el terreno que me
merezco, que ella misma se ha ganado, tanto así que no le dio otra salida que marcharse.
Como
a las nueve de la mañana se abre la puerta, y la alegría vuelve a visitar mi
corazón, Zacarías me trajo el desayuno en la misma bandeja, colocándola
nuevamente en la mesa destartalada, al verme jugar con esos bichos feos como lo
acaba de afirmar la vieja bruja.
De
dónde sacaste todos esos animales raros. No te dan miedo ¡qué asco!.
Me
levanté gritando por los dolores que mi movimiento brusco me originó.
Me
los trajo como obsequio de navidad la vieja hechicera.
No
puedo creerte. Gesticuló incrédulo.
Pues
fíjate que si, aunque no lo creas ella me los trajo en una bolsa oscura. Además
cuándo y cómo salgo de esta habitación, encerrado como puedes apreciar, para
estar afuera, encontrarlos, tomarlos y traerlos tenerlos aquí como me estás
viendo, por favor Sebastián no parecen cosas tuyas. Yo no sé qué hacer, si continuo de esta manera o no sin poder hacer nada al
respecto, voy a parar en un manicomio.
Pues
no vas a ir a un manicomio ni de visita, ni de asomado porque tú no estás loco.
Este más cuerdo que yo. Nunca me imagine que sor Emilia fuera mala, ¡qué
perversidad, por Dios qué perversidad!
Saca
en aquel instante lo que yo anhelaba fervientemente. El martillo, un gran
martillo y muy pesado por cierto. Y el cincel.
Lo
abracé, esto me produjo más dolor.
Gracias
Zacarías, esto no tendré como pagártelo
Con
un rico y suculento almuerzo, claro cuando estés en casa. Un pavo doradito
recién sacado del horno no estaría mal y más en esta fecha, la más deliciosa
del año. Me voy, no puedo estar más tiempo aquí dentro, no quiero perder la
confianza que me tiene la vieja hechicera como tú la llamas, le encaja bien con
su manera de ser.
Lo
abracé fuertemente.
De
nuevo mil gracias, ay amigo si no fuera por ti… El dolor se hizo más perpetuo.
Esto
te pasa por estar con la abrazadera, estate quieto.
Pon
la música de los Beatles para mí, solo exclusivamente para mí, pero eso si a
todo volumen, que se oiga hasta Pekín. Esto hay que celebrarlo.
Dalo
por hecho.
Salió
y me cumplió, la música de los Beatles se dejaba escuchar a toda fuerza,
llegaba hasta aquí con claridad muy nítida mente, me parece mentira que aquel
momento fuera para mí de dicha y felicidad tal como se lo había dicho a mi
amigo Zacarías.
Llegó de nuevo la noche, la luna
majestuosa con su claridad dorada iluminaba perfectamente la habitación, que
todo lo veo con la claridad posible, la constelación
de estrellas en lo alto nos hacia recordar que estábamos en Diciembre el mes
más feliz de muchos cristianos en el mundo.
La
sombra de nuevo acaba de entrar. Esta vez no harás conmigo lo que se te pueda
antojar, juro que te declararé la guerra, esta oportunidad no la voy a
despreciar, solo esperaré pacientemente que te acerques, te atacaré con el
martillo, ya lo tenía a la mano, desde hacia tiempo, esperando ansiosamente el
momento para salir al exterior, libre como el viento, solamente rogaba a Dios
que la puerta se mantuviera abierta como otras veces, con lo que se me acaba de
imaginar, estoy hecho.
La
sombra se viene acercando, me toma por un brazo y es aquí donde yo actuó
golpeándolo a diestra y siniestra con el martillo. Estaba como loco, haciéndole
pagar con la misma crueldad como me la hizo restregar sin culpa alguna en todo
mi lacerado cuerpo, y recordando los malos momentos la amargura tomó terreno apoderándose
de mí, convirtiéndome en un animal feroz difícil de domesticar. Al fin pude derribarlo, al fin soy el dueño
absoluto de la situación. De esta bendita situación.
Y sin perder más tiempo viéndolo como se
agarraba el estomago, dándole patadas y más patadas por el pecho y por donde
cayera, y con el dolor a cuesta salgo como un condenado al exterior, cerrando
la puerta con llave, la vieja hechicera lloraba, gritaba pidiendo auxilio, pero
yo corría desesperadamente gimiendo de dolor por el esfuerzo al cual me he
sometido, por el largo y espacioso pasillo, repitiéndome una y mil veces. Tengo
que salir de aquí, tengo que ganar tiempo, el suficiente para estar lejos de
aquí, para encontrarme fuera, lejos bien lejos de aquí antes
que todos despierten, y la buena situación reinante estaba a mi favor había que
aprovecharla al máximo, no quiero estar de nuevo en esa maldita y abominable
habitación. Primero muerto antes que volver. Prometo que saldré airoso de esta
situación. Soy el hombre de la montaña que venció la nieve .
Abro con mucho esfuerzo la puerta de
hierro, una mano me toma por un hombro, desesperado reacciono con el martillo
golpeándolo directamente a la cabeza, el jardinero cae al suelo.
Rata
cobarde te voy a matar, y comienzo a golpearlo por todo el cuerpo, dos manos me
toman por los hombros arrebatándome el martillo.
Era
Zacarías quien me consolaba.
Ya
no aguanto este lugar, me va a volver loco.
Te
voy ayudar a escapar por aquí.
Abrió
la puerta de salida.
Estando
fuera los dos, solamente los dos nos abrazamos.
Suerte.
Cerró la puerta, y a medida que avanzaba despacio ya que un movimiento brusco
me hacia estremecer. Veía cada vez más lejos, más distante el maldito y asesino
recinto.
Ya estoy viendo mi casa, con adornos
navideños, luces de diferentes matices proliferan en el frente, por la orilla
del techo, en las ventanas, en los cuatro pilares, y a un lado el
resplandeciente y hermoso árbol de navidad, muy gigantesco por cierto, mi papá
que es un experto en estos menesteres se votó con galanura.
Toco
el timbre de la puerta insistentemente.
Y
al verme mis padres me desplomo.
Los rayos del sol tocaron mi cara y
estos lograron despertarme. En ese preciso momento mis padres entraron
sigilosamente a mi habitación.
Que
delicioso y agradable es ver tu habitación, produce esa sensación de bienestar
y de paz espiritual, verse rodeado de sus propios libros, de los aviones, de
los helicópteros que cuelgan del techo, todo limpio, pulcro, las sabanas
oliendo a detergente armonizado, con un olor a fresa muy agradable, almohadas
bien centradas, que justamente te hacen sentir muy cómodo al colocar tu cabeza,
los afiches de los Beatles. Cada uno pareciera que me estuviera saludando con
una sonrisa dándome el saludo que corresponde al individuo que no veían en
años.
Ahora
jovencito quiero que me expliques qué ocurre, ¿qué significa esos moretones que
tienes en el cuerpo?. Papá le acercó una silla a mamá, esta se sentó enseguida
cerca de mi lecho. El tomó una y se sentó rápidamente al lado de mamá.
Habla
hijo, ¿cuéntanos?. ¿Qué pasa?
Le
conté con pelos y señales todo lo que me sucedió en ese maldito lugar, a medida
que narraba mi historia los rostros de mis padres cada vez se alteraban más de
lo debido.
Esto
hay que denunciarlo de inmediato.
Yo
llamaré al doctor Ferrer, para que te examine, me dijo mi madre acariciándome
el cabello.
El
doctor llegó más rápido de lo pensado, me auscultó con su consabido
estetoscopio pidiéndome que tomara y botara el aire. Me tocó el estomago
dándome golpecitos suaves, esto me hacía producir más dolor en todo el cuerpo,
y al ver los moretones se sorprendió tanto que verdaderamente sintió lastima de
mí.
En horas de la tarde llegaron las
autoridades al instituto llevándose detenida a la vieja bruja, y al jardinero,
según papá le echarían ocho años de prisión, los titulares de los periódicos
referían el hecho que hasta parecía mi nombre.
La
justicia de Dios es perfecta a veces llega rápido, a veces es lenta pero de que
llega, llega, haciéndose presente en el tiempo perfecto, el que Él juzga
conveniente.
Esa misma tarde llegó Zacarías. Papá y
mamá lo recibieron con todos los honores que se merece, colmándolo de atenciones
por lo bien que se había portado conmigo, un agradecimiento que jamás podré
borrarlo, ni ellos tampoco, si no fuera por Zacarías tal vez estaría dentro de
esa maldita habitación, con la vieja hechicera disfrazándose en las noches para
continuar metiéndome miedo y haciendo de las suyas inventando estrategias, para
verme parar en demente y así borrar todo lo acontecido en el instinto en donde
ella fungía como directora, para verse libre de sospechas, alegando que las monjas eran servidoras de
Dios y de la humanidad entera, que su habito la hacía más piadosa y humilde,
que ella si tenía vocación para ser la novia de Dios.
Al
no recordar nada, se sentiría libre de pecado, de remordimientos de conciencia.
Miserable mujer, la justicia de este país te
echó el guante, junto con tu compañero. Son unos demonios. Hijos de Lucifer.
Papá, mamá y yo cenábamos el pavo
navideño. Zacarías estaba feliz echándole diente a un buen pedazo, yo estaba
muy contento al tenerlo en casa, más al ver un sorprendente pastel de
manzana justo en el centro de la mesa,
mis padres lo consideraban un héroe.
Ya en la tarde en el jardín escuchábamos
con todo el volumen posible que manaba de la radio portátil, uno de los temas más famosos de los Beatles…
Mi favorito.
Papá
le insistió a mi amigo que se quedará el tiempo que considerara prudente, que
era calificado como un miembro más de la familia, y que su compañía era
agradable, además de haber hecho lo que valientemente hizo por mí, no había en
el mundo la recompensa, el obsequio que él pudiera darle para compensar ese
mérito, que tanto mamá y él consideraban, Zacarías agradeció de buena manera el gesto,
alegando que no era para tanto lo que hizo por mí, que éramos amigos inseparables,
que juntos habíamos formado una alianza, poco común en hermanos, que él daba la vida por mí, porque me
consideraba mi consanguíneo, a todas estas, Zacarías asintió con una sonrisa de oreja a oreja la proposición de papá. Pero por nada del
mundo dejaba la carne de pavo en paz, se veía
que estaba famélico, echándole más
diente del necesario, y esto por supuesto me producía una risa interna que no podía disimular al máximo.