sábado, 1 de agosto de 2020

 

 

    

     

 

 

                                           PERDIDO… PERO TERCO.

 

      Por más que trato de averiguar, buscar insistentemente la dirección exacta de mí casa,  no doy con  ella, y no conforme con mi esfuerzo que hasta entonces me  ha sido en vano, comienzo a  interrogar a cualquier transeúnte  que se cruce a mi paso: Señorita, sabe usted en dónde me encuentro?...Cómo que no lo sabe por Dios… no me diga eso joven. …Y tú… si tú…ven acá por favor, por favor…Por favor… ¿sabes el sitio en donde tú y yo nos encontramos en este momento? 

Y al ver la cara del chico, le pregunto de otra forma, para que pueda entenderme. ¿Cómo se llama este lugar?

El pueblo de Santa Lucia. Contesta rápido.

Santa Lucia…Santa Lucia, repito y repito y vuelvo a repetir  este bendito  nombre no lo reconozco como tampoco registro en mi retentiva  este lugar.

      Quiero estar en mi casa, sé que tengo una casa, de esto no me queda duda alguna, pero en dónde, ¿en dónde carajo está? Anhelo estar en mi cuarto para descansar, reposar los huesos que ya comienzan a dolerme.

La edad no se siente, pero si los malestares que producen los años, el tiempo no perdona a nadie en balde, nos pasa factura y sin derecho a protestar, cuando se tiene las  primaveras que yo tengo, 96 por ciento, el cuerpo se va encorvando como la rama que pende de un árbol rozando el suelo, igual sucede con los sentidos que se van confundiendo con la realidad, haciéndonos creer que vemos cosas que no existen o ya no existieron, y menudeamos como loros los mismos hechos y hasta hacemos fastidiar a los que nos escuchan y nos enojamos cuando nos dicen que hablamos más de la cuenta  coreando lo mismo, que ese cuento se los referimos tantas otras veces.

      La memoria me está fallando, no me enojo, lo admito porque no recuerdo en donde carajo está mi casa, no sé por qué razón todo lo que me está sucediendo me está produciendo una débil sonrisa.

Ahora me dirijo a la plaza y busco con la mirada un banco y encuentro uno debajo de un frondoso alelí, me encantan los alelíes.

Esto me produce una verdadera alegría un cierto bienestar que hace fortalecer mi espíritu, ya que me proporciona una abundante sombra que me hace sentir a gusto.

Desde este sitio puedo divisar perfectamente las fachadas de las viviendas, algunas están pintadas de blanco, un blanco que lo tiñó el tiempo, llenándolo de lodo, con una estéril suciedad, que el tiempo les otorgó indiscutiblemente. O fue el descuido insensato de sus propios dueños los que no renovaron el matiz por falta de dinero,  para con esta manera estar a la par con las que continúan bordeando el borde la acera derecha. Otras poseen el color verde, rosadas, azules y así sucesivamente, hasta se ven con la luz del sol muy escandalosas que hasta cansa la vista de tanto mirarlas.

      Las calles transitadas de gente, algunas conversan plácidamente, otras apostadas en las esquinas viendo en una pared una lamina, una gran lamina que rasguñando con la mirada buscan  algo  que yo desde mi sitio no logro captar qué puede ser para tenerlos ansiosos y desesperados. Otras pedaleando sus bicicletas.

Personas que cargan sobre sus hombros la comida del día.

 

      No sé el día ni la fecha de hoy…Si estoy cerca o lejos de mi hogar, aunque no sé tampoco la hora, si es tarde o temprano veo el cielo muy detenidamente, con un sol desafiante que con su enojo  no me dice nada, y como no me responde dejo de contemplarle, para mirar rápidamente el suelo y descubro la sombra del alelí, que me sirve de amparo y deduzco que todavía es temprano, ahora no me atrevo a preguntarle por la hora a cualquier persona que camine justamente cerca en donde estoy sentado, quizá por el temor de que me conteste lo mismo.

      Comienzo a impacientarme, tengo hambre, no recuerdo el motivo que me hizo salir de mi casa con tanta urgencia, por más que trato y trato de adivinarlo no lo retengo. No veo ningún rostro conocido, alguien quien me despierte la memoria, alguien que me haga recordar quién soy. 

      Es la primera vez que estoy en esta plaza, así lo concibo o quizá alguna vez  lo estuve, sentado como hasta ahora charlando consigo mismo, o en pie conversando entretenidamente de cualquier situación que a todos nos importe con algún amigo o con alguien que acabo de conocer… ¿Estaré cerca de mi casa? Nada… absolutamente nada recuerdo.  

      Quiero irme a casa, necesito estar en este mismo momento dentro de ella. Sintiéndome seguro y a mis anchas.

      Estoy inseguro, algo me está molestando y no lo puedo remediar, el sentirme mal, palabras de alguien que yo no recuerdo, no sé exactamente quien me lo comentó, pero me lo dijo, los huesos chocan entre sí con el correr de los años. ¿Quién me lo dijo? No sé, no sé, no sé…

      Me siento como una gelatina, o puede ser el hambre que ya comienza a sentirse  desgarrándome el estomago.

Esto si lo evoco, ¿por qué no se me ha olvidado? Claro, pienso yo que puede ser… Porque lo siento, lo siento.

En otras oportunidades lo he experimentado sintiendo vértigos continuos, que no deseo abrigar,  no quiero que alguno se dé cuenta de mi horrible situación y llame a una ambulancia, o tal vez sea lo mejor para mí, ya que mi familia daría con mi paradero, saldría por la televisión local, por la radio, y mis deseos se cumplirían estando al fin en mi casa.

      No quiero que nadie me auxilie y mucho menos que sientan lastima de mí, aspiro valerme por mi mismo, no pretendo ser el miserable que despierta la  compasión en todos quienes lo miran deambular por las calles facinerosas, o me encuentre un lazarillo  llevándome  de la mano de un lado para otro. No dando con el sitio exacto.

      A alguien le preguntaré el verdadero nombre de esta pequeña plaza, este mismo calificativo me guiara hasta llegar a mi propia casa, mi casa, el refugio de donde no debí salir jamás en la vida.

Al fin…después de un  titubeo contante me levanto del banco de cemento, pasa un joven con uniforme, al juzgar por su apariencia sé de antemano que es un estudiante.

Mijo cómo se llama esta plaza. Sabes una cosa…Te lo pregunto porque estoy perdido y no doy con la dirección exacta de mi casa, mi casa, ya comienzo a sentirme mal. ¿Cómo se llama esta plaza? Por favor... Tú me lo puedes decir... Por caridad muchacho… ¿Cómo se llama esta plaza?


No hay comentarios:

Publicar un comentario