domingo, 28 de junio de 2020




Tu Divina Presencia.
      El mar desazonado agita las olas llevándolas a las rocas, estas amenazantes y con fuerza chocan contra las peñas, haciendo burbujear sus aguas verdosas.
      Tú…No sé de dónde saliste en este preciso momento, te detienes al verme, esto por supuesto te llama poderosamente la atención, al verme a altas horas de la tarde sentado en una de las rocas, en donde el mar palpita agitadamente sus energías.
Y con esa bella sonrisa de siempre tan agradable, observas el mar lánguidamente, y como por arte de magia la furia del mar se tranquiliza completamente. Por ahora puedo contemplar el océano en su vasta inmensidad, sin hallar algo anormal que lo desestabilice.
      Así eres Tú en mi vida, como la marejada serena que despeja mi espíritu cuando está inquieto armonizándolo en el hogar, lo inyectas de esa paz exquisita que engalana y realza el bienestar integral de nuestro organismo, en las buenas relaciones que se despiertan al rayar el alba, o cuando el astro rey lo ilumina esplendorosamente. Desalojando también todo insulto que pueda proferir los labios ajenos, que no son los míos al tropezarme en la calle con el individuo que me tiene sin ninguna razón, mala voluntad.
 Me das la prosperidad. ¡Qué bien! Y te lo agradezco, Tú sabes muy bien que te lo agradezco y más cuando el bolsillo de mi pantalón, o para ser exacto, cuando mi billetera sedienta exclama por más dinero.
 Eres mi lámpara en medio de la oscuridad, el timón que controla el velero en plena tempestad, después de acaecida, lo diriges a puerto seguro, en donde los pasajeros contentos por llegar al muelle,  exclaman: ¡Gracias Dios por salvarnos! ¡Gracias!
 Eres el comprimido perfecto que regenera mi musculo indispuesto.
 Mi psicólogo que controla mis nervios y reduce mis migrañas.
 El brebaje que me hace conciliar el sueño.
 El oxigeno que refina mi sangre actualizándola cada día.
      Mi escolta, El que me protege de la delincuencia cuando transito por la calle a altas horas de la noche.
      El conocimiento sin límites hace vislumbrar por siempre los versículos de Tu Santa Palabra que cada vez y sin error llevo a la práctica.
      El trepidar de la luz que se hace proyectar amenazador más allá de nuestras fronteras, combatiendo con asiduidad la guerra, para que la paz pueda reinar y prosperar cada día más en este país, tu país y en el mundo entero.


sábado, 27 de junio de 2020




Padre Nuestro.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire en el mar, en todos los rincones del infinito universo, de cualquier corazón que me estima o me hiere, en las lágrimas de aquel niño que no encuentra sosiego a las respuestas necesarias para poder solucionar el acertijo que ha de presentarse a su paso. Con la confianza que el chico ha depositado en ti el problema ya está resuelto, por la ayuda de Aquel que todo lo puede.
      En la fe arrolladora, asidua del moribundo que se niega a morir, clamando sin cesar con la mirada extraviada, que Dios está con él y nada malo le ha de suceder.
      En la oscuridad reinante, en donde un par de manos toca frenéticamente las piedras rugosas de un muro que es alargado, tal parece que no tiene fin, estas manos buscan afanosamente y con delirio lo terminante que puede divisarse a lo lejos, como un puntico luminoso que está allá al comienzo del pasillo, pronto saldrá ya, airoso, henchido de alegría por haber encontrado la salida que aflora en cualquier circunstancia.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
En las copas de los árboles, en la luna cuando se posa detrás de ellos, haciéndonos recordar las fantasías que se narra en un cuento divertido que nos relataban nuestros abuelos cuando no podíamos reconciliar el sueño.
      En los alimentos que cada día nos nutren, calmándonos de energía para saltar, correr y gritar de alegría.
      En las medicinas que nos dan la fuerza, la templanza para continuar con la vida.
      Por los que sufren esperando el anhelado consuelo que llegará de lo alto en el momento menos pensado.
      En los hambrientos que serán por La Santa Palabra saciados., sustentado por ese poder para seguir adelante.
      Por los que deambulan sin rumbo fijo tomando como alternativa cualquier sitio, cualquier escondrijo mal oliente que puede servirle de vivienda. Ellos aguardan con la debida fe, que su petición será atendida en la brevedad posible, ya que los requisitos exigidos ya están introducidos en el ente gubernamental.
      En las lágrimas de aquel cristiano que acaba de perder al ser más querido, aquella que le dio la vida, al igual que yo, pero tenemos la convicción que en fracciones de segundo ellas están entretenidas  gozándose en la Presencia Divina de Nuestro Señor Jesucristo.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
En los que perdieron o han extraviado todo por los torrenciales aguaceros, poseen la esperanza, que sus pertenencias tarde o temprano volverán hacer suyas, siendo colocadas en su santo lugar.
      A los que se afanan por una causa justa y acertada, acordes con tu ideal, la imitación.
      A todos aquellos que han colocado sus cargas a tus pies.
      A los que confían y seguirán continuamente apegados a ti.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
Estas en cada uno de nosotros tomándonos de las manos, estamos muy agarrados con la confianza que nunca nos soltaras.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
En el agraciado, en el guapo, en la persona más mono jamás vista, en el bello, la cosa más linda, en el delicado, en el feo, en el desagradable y detestable, en el despreciable y déspota…Prepotente.
Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
      Hoy te doy las gracias por hacerte presente en cada mirada, en cada ceño fruncido, en cada labio altivo, en los que puedan escucharme, en los que no escuchan, gracias, gracias porque eres imparcial. Recordándonos  en todo tiempo que somos obra e imagen tuya.

viernes, 26 de junio de 2020




                                                                              



RECUERDOS.


  Vivo a poca distancia de aquí, cuando no tengo que hacer, o mejor dicho, cuando todo lo tengo en orden no preocupo por nada. Vengo hasta acá, a contemplar el cielo, los árboles, las montañas, los niños columpiarse, esos carricitos que ve usted allí son divertidísimos, y qué niño dígame usted no es entretenido? Usted y yo lo fuimos, entretenidos como ellos. Se preguntara porque uso muletas porque me la está viendo en  todo el tiempo, se lo diré … No, no se disculpe por favor, la vista como la mía, o como la de todo de el mundo es curiosa, no se disculpe, ni que hubiera cometido un pecado que no se ha de perdonar, bueno, se lo voy a decir, las uso por la sencilla razón que sufro de artrosis, cuando llueve con gran intensidad,  o el clima amanece muy pero muy frío los huesos me duelen con mayor intensidad que me hacen  tambalear  cayendo atropelladamente en cualquier sitio, no importándome para nada las burlas o los que pueda hablarse de mí. Las personas han cambiando ultimadamente, pensando cosas que no son ciertas. Lo peor del caso es que no encuentro o no los hay  los buenos médicos en el  país tan progresista como este, que me haga sentir  como nuevo, como un carro recién salido de la agencia.
Como estamos nosotros, dos viejos que se ponen hablar de diferentes temas para alegrar un poco esta rutina que a diario nos absorbe y pretende mutilarnos recurrimos a estos momentos que son tan gratos, yo a usted no lo conozco, es la primera vez que lo veo por aquí, usted también estará pensando lo mismo que yo, pero me tomo el atrevimiento de contarle estas cosas porque sé que con ellas en nada yo lo estoy irrespetando, no lo estoy ofendiendo para nada como le dije antes, es la primera vez que lo veo por aquí y no sé cuál pueda ser la razón que su cara amable y simpática me inspira confianza.
Enviudé rápido, quiero decir que no gocé de tener la dicha suficiente el de tener a mi esposa a mi lado por mucho tiempo, como yo lo hubiera querido, sabe mi esposa me tenía mal acostumbrado, no permitía por nada del mundo que yo mismo después de llegar del trabajo  fuera  a la habitación nuestra a buscar mis pantuflas, no señor, no, era ella quien en seguida haciéndome sentar en el mueble me las traía, al volver  quitaba de mis pies los zapatos y me las colocaba. Pero la bendita costumbre desapareció  cuando salió por primera vez embarazada de Ernesto mi primer hijo quien acaba de cumplir 21 años. Es el mejor de mis dos hijos, El otro  nació a los dos años después… se llama Mario, y no es tan bueno como Ernesto que es a todo dar. Salió igualito a su madre.  Ambos viven en el Canadá. El primero está casado, el segundo aun se mantiene soltero pero no me ha ayudado en nada durante todo este tiempo. Ernesto tiene buenos sentimientos, pero para uno sea bueno o malo el hijo es y seguirá siendo excelente, aunque tenga malas mañas es y seguirá siendo un buen hijo, el tiempo lo determina todo en la vida si se acomoda o no, total que se puede hacer nada absolutamente. Cuánto extraño a Frígida así era como se llamaba mi esposa, bonito nombre el de mi esposa Frígida, así se llamaba,  mis labios se llenan de gloria cuando la nombro, pareciéndome que la tengo frente a mí invariablemente, cuando estoy en casa con mis recuerdos, la  menciono y la misma satisfacción no cambia tiene la misma sustancia, la misma  sazón desde siempre, desde que la tengo presente, desde cuando la conocí y supe que se llamaba Frígida, porque cuando se lo pregunté por primera vez me lo dijo, sin escatimar a quién se lo podía decir y sin ningún preámbulo. Fíjese que le he pedido siempre cuando me encuentro a solas conmigo mismo,  en esos arrebatos llenos de una  locura extrema que me traslade, que me lleve al sitio en donde ella se encuentra, que de mi parte no voy a tolerar en mí ninguna resistencia, que me  pondré suavecito, si es posible muy liviano para estar a su lado, pero aquí estoy contándole todo, pero  la parte más sublime y  encantadora de mi vida, la que yo más quiero, ya lo ve usted, lo puede palpar con sus propios ojos perspicaces, cualidad que le admiro, porque desde que comenzamos hablar usted me ha estudiado minuciosamente, que ya debe tener en sus manos un boceto de mi propia personalidad, y de mis gustos, condición que no trato de envidiarle para nada ni  en nada que yo no posea, porque no lo siento, se dice lo que se razona de lo contrario no se dice nada,  pero cada quien tiene su propio mérito, usted el suyo el que le acabo de mencionar y el mío que más tarde le diré cuál es… Volviendo a lo que le platicaba antes, mí esposa
 Frígida   no me obedece, está demasiada tozuda que  no quiere empujarme para estar su lado, no importándome el lugar en donde se encuentre, yo lo sabré disfrutar como ella  ricamente como quiero estarlo. Yo sé que usted quiere decirme algo pero tendrá usted oportunidad para opinar, lo que quiera decirme me servirá de gran ayuda, pero quiero desahogarme con alguien y ese alguien es usted. No sé por qué…Es así como lo pienso, más tarde le daré mi dirección para que gustosamente venga a mi humilde casa a tomar una taza de café o un chocolate, tomarlo a solas produce un dolor intenso, cuando miro con cierto nerviosismo las cuatro paredes y me levanto de la silla rápidamente, abro la puerta, respiro el aire de la tarde absorbiéndolo intensamente sí que es agradable, el aire que proviene de la llanura.
El frío me produce dolores en el cuerpo, y más en los dedos de las manos, aunque duermo en un colchón semiortopédico de nada me ha favorecido, se preguntará usted cómo hago para sobrevivir? Pues le diré que mi primer hijo me factura quincenalmente una mesada, aunque  es poco,  para mi es suficiente, y con la pensión que obtuve gracias a mi trabajo, porque aquí donde usted me ve yo fui un notable enfermero, muy caritativo, muy humano, muy dado a las personas, me gustaba y continuo ayudándolas, sé que tengo a dos hijos lejos de mí, y  socorriendo a otras necesitadas sé que mis hijos en otras tierras lejanas no han de pasar carestías.
Además esto es sabido desde años por toda la humanidad, recuerdo que mamá siempre nos lo decía: haz el bien sin mirar a quien. Son muy pocos quienes lo hacen, en fin uno tiene que marcar la diferencia.  En muchas ocasiones Ernesto ha querido por todos los medios que me vaya a vivir con él, pero no quiero, no persigo ser un estorbo, cuando se es viejo, como usted y como yo no debemos servir de obstáculos a nuestros críos, debemos permitirle su plena libertad, que se sientan a gusto con su nueva familia es decir su segunda familia, usted me entiende, claro que me entiende. Lo considero de esta manera por los gestos de su cara sé que me está dando la razón, claro que usted haría lo mismo. Por más comodidades que ellos puedan tener no debemos inmiscuirnos en sus cosas, ya que ellos pertenecen a otro mundo.
Dependemos de Dios y de nosotros mismos, lo que tenemos que hacer nos las hacemos nosotros mismos sin recurrir a nadie, pidiendo, exigiéndole a Dios que nuestras fuerzas nunca mermen, que continúen tal como están, con el mismo entusiasmo, poniéndole diversidad de colores a los movimientos que ejecutamos todos los días, porque todos los días son diferentes, cuánto no desearíamos que fueran iguales, sería lo máximo, yo creo que siendo así habría un equilibrio. Sé que usted con lo que yo le estoy diciendo no me ha entendido absolutamente, pero déjeme decirle que yo mismo me entiendo, cada persona se entiende a sí misma yo creo que hasta llegaría hablar con su propio cuerpo, lo mismo cuando se tiene una mascota, creo que eso llegaría ser hasta saludable, pienso yo… Y he allí el dilema, como lo dijo el poeta en una ocasión, si las opiniones fueran iguales el mundo se tornaría  aburrido a nuestra vista, aunque lo saludáramos de buena gana y sin hacerle ningún reproche nunca nos respondería.
Mi casa es muy chica, yo digo que es un cuchitril, pero durante estos años me ha servido de mucho, le agradezco a la vida por tenerlo, es de dos habitaciones, en una pieza duermo, veo televisión, una pequeña estufa, y los demás enseres que no quiero enumerar. La otra está  dividida por un tabique, el lavadero, cuerdas para tender la ropa, en la otra parte el retrete. Un pequeño trasfondo donde me siento a escudriñar el  periódico para enterarme de lo que al mundo le disgusta.
El patio aunque pequeño me ha servido de mucho,  Lo aprovecho  para meditar aunque sea para mirar el cielo y cómo  lo disfruto, también tengo unas plantitas, a mi esposa le agradaban tanto, cuando  visitábamos un lugar se empeñaba en que le trajera a casa una o dos matas, yo terminaba por comprárselas le traía dos o tres, ella me lo agradecía tanto, a veces cuando lo recuerdo se me nubla el corazón de tristeza. Y me dan ganas de llorar.
Vivíamos en otra casa, más cómoda, fue allí en donde nacieron y se criaron mis hijos, cuando murió mi esposa,  a los tres meses fue demolida mi vivienda por personeros del gobierno, según ellos por mi vivienda  pasaría una avenida, no señor, a mi no me pagaron nada, claro que hice mis diligencias pertinentes, hablé hasta con funcionarios de alta envergadura , hasta se ven por la tele hablando, prometiendo infinidades de cosas que hasta la larga siguen siendo promesas, un rosario con semillas muertas que contienen mentiras. Por eso es que todo lo vemos igualito, una sola línea que se mantiene recta, pero debemos ser agradecidos estemos como estemos, mientras se tenga vida hay que mantenerla para seguir sobreviviendo.
Y ya sabe cuando quiera charlar un rato toque a mi puerta, de alguna tontería hay que hablar, para entreteneros, para tomarnos un cafecito, o un chocolate o cualquier cosa, tiene lápiz y papel a la mano para notarle mi dirección, la agenda la dejé en casa, y es muy importante tenerla, cargarla siempre, por si se le presenta cualquier cosa, como ahora, también es importantísimo  cargar encima un lápiz para apuntar, pero si usted tiene las dos cosas a la vez que yo deje en casa, sepa usted que con esto me acaba de dar una lección y la voy a tomar en cuenta. El resto lo sabe usted.
Nosotros hablamos como periquitos y yo hasta el momento no me he presentado. Pero si el loro he sido soy yo, porque él que no ha parado de parlotear como una guacamaya agarrada por la cola soy yo. Usted por esa boca no ha dicho ni pío. Pero cuando usted me haga la visita quien va hablar será usted, no yo. Se lo prometo… le doy mi palabra. Déjeme presentarme: mi nombre es Julián…Julián Arismendi…Y usted…Cómo se llama?

jueves, 25 de junio de 2020




Hoy Te doy las Gracias.

      Hoy te doy las gracias por este panorama brillante que contemplo a través de la ventana que todavía mantengo entre abierta.
Por el aire fresco que percibo, por el aroma del café que está a punto de ser colado.
Por los alimentos que consumiremos.
Por las oportunidades que hoy están abiertas y están siendo ya reservadas para mí.
Por mi vida, por la tuya, por  las de mis vecinos y la de mi familia.
Por las aves que con su vuelo adornan el hermoso cielo. Alegrando la faena diaria. Con sus cantos alegran los campos.
Por mi salud y por las de todos mis coterráneos.
Por tus éxitos y por los míos.
Por la protección que me das, y al necesitar de tú ayuda urgentemente colaboras conmigo sintiéndome agradecido.
Me ayudas constantemente dándome tu rico  amparo, con tu defensa puedo transitar libremente, pero con la debida precaución, que sé que debo  tener siempre,  para poder recorrer los sitios apetecibles que son de mi agrado.
La oración está conmigo en el día y más durante la noche. Bendita sea tu gracia, tu gentileza, tu poderío, nunca dejaré de repetirme lo gloriosa y bienaventurada que es tu magnifica presencia.
Al contemplar el infinito cielo que está sumamente oscuro, con mi mirada incauta, observo las estrellas las veo llover intactas cuando penetro en mi habitación, casi rozando mi piel.
El aire fresco, tempranero me inquieta, es en ese preciso momento que suelo pronunciar tu nombre dándote las infinitas gracias, y más cuando pellizco mi piel  puedo afirmar con todo el ímpetu, el que sea posible que hoy, precisamente hoy amanecí con vida , quiero alabarte, adorarte, rendirme a tus pies. Si humillarme a tus pies, sé que es la mejor forma para adorarte y alabarte.
 Sé que no debemos afanarnos por el alimento de hoy, hoy nos vas a proveer, saciaremos nuestros estómagos nos adelantaremos a mi voluntad, porque me lo permites, por darme la plena confianza, la certeza, y la gran seguridad.
Agradecido estoy de ti, por lo que tengo, por mis cosas, que han formado desde hace años la gran parte de mi vida, gracias  por lo que soy, por lo que tengo y no tengo,  por mi edad, por los años que me has permitido habitar y ser participe en esta tierra bendita, velar, que agradable es velar en todo momento para recordarte a cada minuto.
Perdóname Jehová, sé que he pecado contra ti, en palabras, en esas virtuales ideas pecaminosas que se tejen a diario en mi mente, por las malas intenciones que a veces están arraigadas en mi corazón, hasta ahora aun permanecen.
Sé que esto es un proceso que requiere de tiempo, un proceso del cual también debo participar ya que me está lastimando, por fe sé que también me vas ayudar a arrastrar esta carga  cuyo peso es fuerte, yo de por sí no lo puedo soportar, tiraré de la parte delantera y tú lo harás por la parte trasera.
Ayúdame de los que quieren hacerme daño, escóndeme detrás de ti, envía ángeles del tercer cielo para que caminen constantemente a mi lado, no, no quiero que me abandonen, a donde vaya ellos andarán conmigo. Líbrame de la maldad, de las personas cizañeras, de los asesinos, de la delincuencia, y lo que es más importante, bendice mi hogar, mi familia, mi trabajo.
Bendito eres y para siempre.
Me refugio bajo tu amparo.       

miércoles, 24 de junio de 2020




Doña Elisa y sus perros.

      Doña Elisa es una señora cariñosa, que saluda al que conoce en años y al que no sabe  calzar muchos puntos.
Siempre con una sonrisa en la cara, se deja conducir con cierto glamours por la calle, muy agradable por cierto, como decían por allí. Con su cara en alto, y la educación siempre por delante, como la frescura de la hierbabuena que se ventea al primer contacto que se tiene con la persona en cuestión con la que se está dispuesta a dialogar, es tremendamente encantadora, esta señora quizá en un tiempo fue una mujer adinerada, piensan algunos, o pensándolo bien, pudo haber sido de una la familia quien en algún tiempo poseyó del dinero a manos llenas, muy distinguida, y de la alta sociedad.
      Lo cierto es que doña Elisa vivía sola. Estos eran los comentarios de los entrometidos que nunca faltan en los pueblos, o en cualquier lugar o en las grandes ciudades de los países del mundo, como los chismosos que están al pendiente de los que hablan las demás personas para más adelante enredarlos metiéndolos en una bola de nieve que rueda y rueda sin alguien quien pueda detenerla y de nunca acabar. En un lugar así por más que nos guste se puede vivir manejando la total ignorancia de lo contrario la desesperación acometería junto con la locura. La ignorancia es la bendita cualidad  que doña Elisa conocía desde hace años y que empleaba a diario.
 De doña Elisa se dice que nadie la visita, como si les importara tanto la situación de la señora,¿ cómo no le llevan un mercado dejándoselo a la puerta de su casa? Que no tiene marido, ¡Qué barbaridad! Así son las gentes, no la quieren ver sola en cualquier sitio, sea en la plaza, o en lugar que ella de desee estar a su gran gusto, pues en este caso presentenle  un novio, pero eso sí estén siempre al pendiente que el romance se mantenga fluido cada día, que se mantenga con el mismo equilibrio, para que de esta manera no se rompa el hechizo y salgan de la iglesia como marido y mujer. Esto es lo primordial, este es el gran favor que pueden hacerle a la señora si no quieren verla sola, como la guayabera. Aunque ella a decir verdad, no lo necesita.
      Pero doña Elisa es diferente, es decir otra persona, una persona instruida con los altos preceptos de la urbanidad, de gustos refinados, una devoradora de libros, acostumbrada a la tertulias, de las cuales sacaba buen provecho de su interlocutor, acostumbrada a los viajes por Europa y Sudamérica, a dormir en sábanas limpias y de famosas marcas, en fin toda una gran dama de la alta sociedad. Pero la vida a veces no juega sucio, lanzándonos como pelota de ping pong a cualquier espacio de la mesa de juego, sus padres murieron en un accidente aéreo, todo fue producto del mal tiempo , como lo supo ella después de boca de un tío quien empleando artimañas él muy condenado, mala gente, profanó las cuentas bancarias de sus padres, hectáreas de terrenos en los cuales se construirían más adelante conjuntos residenciales de alta envergadura, reses a granel, en fin todo lo que el malvado pudiera echarle mano, y como era la única hija, ella no sabía lo que el rufián hacia meticulosamente a sus espaldas.
Cuando estaba siendo desalojada de su hermosa casa, casa que habían construido sus padre, por ser un afamado arquitecto, de mucho renombre para aquel entonces, ella lloró a mares, no quería por nada salir de aquel recinto que le pertenecía por derecho, agarrándose endiabladamente, del pasamano de la escalera, que ella esgrimía, tanta era la fuerza, la gallardía, que no había manera como separarla de la robusta madera. El tío tuvo que buscar a un empleado más para poder lograr su cometido, y así, la muchacha fue arrancada hostilmente de la madera, cargada como un lio de ropa sucia que pronto sería lavada, echada afuera como un  perro, ver cerrarse la puerta ante su mirada triste y lánguida, quedó allí sentada por largas horas, sin otro vestido que ponerse, sin sus pertenencias. No quiso tocar la puerta, no quiso suplicar que le permitieran la entrada para buscar en la que era su habitación, porque ya no era suya aunque sean tres vestidos, no quiso hacerlo.
Al fin se levantó limpiándose una débil mancha de lodo que estaba en la parte delantera de su vestido color rosa, al verla casi opaca, un poco visible se levantó mirando por última vez la que antes era su casa.
En ciertas ocasiones revivía con intensidad aquellos desagradables recuerdos, ya fuese en la cocina preparando la comida del día, o en el baño fregándose la espalda para meterse de nuevo en la ducha, o precisamente cuando miraba a través de la ventana abierta al mismo grupo de niños, que todas las tardes en las calles jugaban a la pelota. Suspiraba como si le estuviera faltando el aire a los pulmones.
Las tardes eran sumamente tristes y lánguidas, con el viento retozón allá afuera correteando con algunas hojas que eran levantadas sin oponer resistencia a los bordes de la acera.
Ella a estas alturas de la vida, tendría su compañero, aquel hombre que la adoraba, que solía traerle al salir de su trabajo cualquier chuchería que encontraba en algún kiosco, los catorce de febrero la sacaba, aunque ella se resistiera, cualquier  invento posible, las mil y una formas  para no hacerlo Gerardo le suplicaba, hasta se le ponía de rodillas, pidiéndole como se le pide a Dios por cualquier milagro, para no perder la gracia de la que estaban acostumbrados, en esta fecha donde Cupido celebraba gustosamente las peticiones humildes y viendo a los enamorados sonriendo, profesando amor mutuo por qué razón no lo iba a ayudar.
Gerardo nunca pudo darle un hijo, por más intentos posibles a pesar de recurrir  a la ciencia médica, tomando las hierbas medicinales,  todas las que fueran necesarias para poder concebir,  con la ayuda de algunos expertos en la materia mandándole por estricto cumplimiento las medicinas a tomar, no obtuvo lamentablemente ningún resultado positivo.
El pobre hombre lloraba desconsoladamente en algún rincón oculto para no ser sorprendido por su mujer, quien por esos días estaba vigilante, curiosa a tal extremo que le  preguntaba cosas que en vez de responderle, le producían una irremediable tristeza.
_No te atormentes mi vida, le decía ella recostando la cabeza de su marido gustosamente y con infinito agrado en su pecho, _Si no lo tenemos que más da. Continuó,_ Nuestro amor no se va acabar por eso. Somos felices. Y seguiremos estándolo hasta que nuestra estadía llegue a feliz término. 
_Estas a tiempo en buscarte a otro, uno que en verdad te responda como Dios manda.
_No Gerardo, no. Siempre estaremos juntos, dos viejitos que se les va a ver juntos siempre, en cualquier lugar residirán, cuando mueran partirán al cielo tomados de la mano.
Los dos se abrazaron.   
El pobre hombre lloraba más aun.
A veces el tiempo es malvado con nosotros, quizá sea por descuido propio, por no tomar las precauciones necesarias el no acudir al médico a tiempo cuando sentimos un dolor, que nos comienza a pinchar cualquier área de nuestro cuerpo. Gerardo soportaba el pequeño dolor que provenía de la parte lumbar, no quería por nada del mundo mortificar a su mujer, no pretendía martirizarla, eso no, nunca se repetía las veces que la veía en la cocina, aquellos caldos de gallina, que eran para él de gran sustento, estos consomés le sabían a gloria, y por qué no decirlo si a él se le antoja decirlo. Levantan a un muerto. Cuando se lo dijo a doña Elisa se destornilló de risa, diciéndole: Ay tú y tus cosas. De verdad que no tienes remedio.
_¿Qué te pasa viejo? Le dijo en una ocasión preocupada,_ últimamente te veo  raro, ya no eres él mismo de antes. ¿Te sientes cansado? Deberías ir al médico, mira que una nunca sabe.
_Ay mujer como dices tú, ay y tus cosas, pues fíjate que yo no tengo nada. Me siento cansado nada más, además hoy es sábado mujer, uno necesita del descanso, para agarrar fuerza las que nos ayudan a ocuparnos en la semana entrante. Además yo no soy un jovenzuelo que salta cuando se le antoja.
Doña Elisa, reflexiva y asintiendo afirmativamente con la cabeza.
_Ay viejo tienes toda la razón. Perdóname. Ya habrán más sábados, domingos que veremos, para salir a tomar aire puro aunque sea para sentarnos en la grama de la plaza, a ti te gusta ver a los niños jugar y a mí también.
Ella sin perder tiempo se acobijó al lado de su esposo.
      Al día siguiente Doña Elisa se había levantado más temprano de lo acostumbrado, el desayuno ya estaba preparado sobre la mesa.
Llamando repetidas veces a su marido, animándolo a que se levantara a cepillarse, lavarse la cara, y otras cosas más, al ver que del lecho no se movía, optó por un bendito gesto, acariciarle con primor sus plateados cabellos, al ver que para nada reaccionaba, se alarmó, y no era para menos, Alonso estaba frío, como un tempano de hielo, si como un tempano de hielo.
Lloró desconsoladamente, Alonso estaba muerto, y lo más triste no supo a la hora que murió, a pesar de haber dormido a su lado no lo supo.
Su tormento no tenía límite, no lo tendría puesto que su Alonso era todo para ella, y así en ese estado salió a la funeraria hizo todos los tramites, todos los que fueran necesarios para la incineración, al mediodía le entregaron las cenizas en un llamativo envase, el cual colocó y todavía conserva sobre la cómoda.
Siempre que recordaba a su adorable e entrañable esposo  se sentía triste y no era para menos, todos los momentos compartidos esa ayuda mutua, el arreglo del jardín, el ir de compras, ambos eran muy caseros, ninguno gustaba salir fuera de casa, al solo pensar la ausencia de meses o varias, dos o tres semana les causaba pánico, ya que no estaban acostumbrados a confiarles el hogar a cualquier persona conocida o no, Alonso era desconfiado, siempre lo había sido. Tantos eran los recuerdos que ella evocó aquella tarde húmeda,  en donde la lluvia fue la única culpable de haber revivido aquellos remembranzas tristes, que hacen golpear los sentimientos más recónditos. Que ninguna distracción mientras permanezca a la vista no puede desalojarse, cuando se quiere de verdad.
Entró en el cuarto, sentándose al borde de la cama, la misma cama en donde ellos fueron los seres más felices, hablando de lo que hicieron en el trajinar del día, o simplemente no dormían viendo entretenidos por la tele una película de Pedro Infante, los dos estaban enamorados de este famoso actor. Decían que como él no había otro. Hasta en las paredes de su habitación había diferentes afiches del popular actor.  Debajo de la cama sacó un baúl desteñido por la acumulación del tiempo. Alcanzó un albún, hojeándolo cuidadosamente, observando melancólicamente las fotografías donde estaban juntos, las fotografías a pesar del tiempo transcurrido se han mantenido en perfecto estado. Fueron muchos los suspiros exhalados, soplos acompañados de lágrimas y profunda tristeza. Volvió a meter el baúl debajo de la cama.         _Contrólate mujer. Se dijo,_ Mi Alonso me dará las fuerzas, la fortaleza que me ayudará a aliviar esta aflicción. Con tu ayuda seguiré adelante. Y salió llorando amargamente de la habitación.
Doña Elisa no tuvo más marido, en una oportunidad le prometió al envase en donde se encontraban los restos del difunto que otro hombre no ocuparía el lugar que a él solamente le correspondía en esta casa. Nunca recibiría a otro hombre igual o distinto a él, nunca. Así muriera sumergida en la soledad. Su familia le dio la espalda, no siendo tomada en cuenta para nada. Todos fueron unos interesados, aspirando tener dinero en donde no lo había. Como fue despojada de vilmente de todo, Doña Elisa ya no figuraba en la lista de las personas que en antaño pertenecía a la alta y distinguida sociedad. Esto también le dolía, y más al haber encontrado a Alonso, un hombre que le había hecho feliz en todo momento. Satisfaciéndole en todos sus caprichos, adulador cuando su mujer estaba enojado, buscando todos los medios, los que le fueran posible para contentarla, y lo lograba haciéndola reir.
Superó así todas las desavenencias, valientemente soportó la soledad, conviviendo con ella misma como hasta ahora, haciendo las cosas por si solas, nunca le pidió ayuda a terceros, eso nunca, nunca gustó desde que era una adolescente ser dependiente.
Mientras tanto iba a misa todos los domingos, quizá para esquivar por momentos su brutal encierro, esto le sirvió de mucho, porque gracias a Dios reconoció con agradecimiento haber conocido en la misma iglesia a una buena muchacha humilde que siempre tenía por costumbre sentarse a su lado, encontrándola sentada cuando Doña Elisa llegaba un poquito retrasada. La buena muchacha le reservaba el puesto, colocando en el sitio reservado un libro, diciéndole a todo aquel que le preguntaba si el asiento estaba ocupado. Ella enseguida le respondía enseguida que sí, que estaba ocupado.
Doña Elisa en ciertas ocasiones también lo había hecho. Por lo visto ambas se ayudaban mutuamente.
La muchacha en cuestión se llamaba Miriam, una joven de veintiséis años, era huérfana de padre y madre, vivía con una tía amarga acida como el limón. Quien a veces la maltrataba verbalmente y hasta la golpeaba  dándole cabezazos contra la pared. Doña Elisa cuando oyó el relato de la muchacha quedó muy conmovida gimoteando en su almohada, alterada por el relato de la chica. Llegando a la conclusión que la llevaría a vivir con ella desde ya a su casa.
      Al día siguiente, un sábado con un sol llamativo y exagerado en los tonos, que bañaba el entorno con un color tornasolado, pero  que gustó enormemente  Doña Elisa, tomó la decisión, después de meditarlo repetidas veces,  decirle a la joven que se viniera a vivir con ella, no creyendo que fuera una vulgar ladrona con malas mañas, al fin pudo convencerla.
      El domingo Doña Elisa le dijo a la muchacha que desde ahora viviría con ella. Después de misa se la llevó a su casa, dándole para dormir la habitación de Alonso.
Transcurrieron los días y Doña Elisa se encariñaba más con Miriam llegándola a querer como si fuera su propia hija, la hija que nunca tuvo y quiso tener. La muchacha  trabajaba como ayudante de una peluquería en un local situado en el centro de la ciudad, se levantaba muy de mañana todos los días, preparaba el desayuno, algunas labores que eran tan imprescindibles en el hogar también las realizaba, como el de trapear el piso de la casa, recoger la basura, limpiar la vajilla, cubiertos todo absolutamente todo estaba higiénico e impecable.
_Bendito sea Dios junto con todos sus ángeles te levantaste temprano para hacer esto._ Le decía Doña Elisa al haberse levantado y al observar la excelencia de su casa. Además de ayudar con los gastos de la casa. Continuaba diciendo,_ Tienes que hacerme esto. No faltaba más muchacha.
_Ay abuela. Déjeme hacerlo. Créame que para mí es un gran placer ayudarla, además estando todo limpio evitamos la intromisión de los invasores.
Al darse cuenta Miriam que Doña Elisa no sabía lo que la muchacha le insinuaba, con eso de evitamos la intromisión de los invasores, le aclaro.
_Me refiero a los animalitos rastreros que son todo un asco, los ratones debemos evitarlos. Chiripas y pare de contar. Así que métase en el baño a cepillarse, y aprovechemos el desayuno que está calientito.
Doña Elisa salió enseguida dirigiéndose rápidamente al baño, en pocos minutos salió, ambas mujeres sentadas a la mesa desayunaban.
Cuando Miriam los días libres, un viernes o un sábado salía con Doña Elisa al centro de la ciudad, al mercado, o  recorrer los centros comerciales, comían helados sentadas debajo de unos arbustos, se entretenían, observando en las vidrieras la ropa en exhibición.
Un jueves Miriam le comunicó a Doña Elisa antes de ir al trabajo que el sábado ambas irían a la playa. Doña Elisa se quedó de una pieza. ¿Ella ir a la playa?, ¡Qué barbaridad!
_No tiene nada de malo, la playa es para todos, para toda persona que quiera visitarla, no hay ninguna prohibición que nos la impida, si no quiere bañarse no lo haga, solo la invito para que usted se distraiga. Vayamos. Todo ya lo tengo comprado para que comamos como Dios manda, no vamos a pasar todo el día mirando el mar, lo conocemos bien. Además el domingo tenemos que ir a la iglesia.
Doña Elisa aceptó con una sonrisa.
_Está bien. Te acepto la invitación.
      Una mañana Miriam se levantó con un fuerte dolor en el pecho, y sin dar los buenos días a Doña Elisa se metió en seguida en el baño, cálculos que para la buena mujer era extraño, porque la muchacha era veloz en todo, Doña Elisa se encontraba en la cocina fregando la vajilla, el desayuno estaba sobre la mesa, listo para ser digerido.
_Buenos días Doña Elisa, veo que ya usted todo lo tiene servido, hoy me he levantado con un dolorcito en el pecho, pero yo no me inquieto por eso. Deben ser los gases, desde pequeña los he tenido como usted no tiene idea.
_ Pero sería bueno que fueras al médico. Dijo Doña Elisa invitándola a tomar asiento, mientras ella se sentaba al frente de ella.
Ambas comían plácidamente.
Miriam le echó un vistazo a la ventana que se mantenía abierta, contemplando el horizonte por unos momentos deduciendo que era temprano todavía.
Al terminar la muchacha le plantó un beso a la buena mujer en la frente, diciéndole que hoy llegaría temprano. Que juntas se sentarían a ver la tele, que compraría, al salir del trabajo palomitas de maíz. Para llevar más cómodas las situaciones que pudieran originarse en la trama de la telenovela, programa que tenía boquiabierta a Doña Elisa, contándole a Miriam siempre los pormenores de la trama.
Pero la sombra volvió hacerse presente a la puerta del hogar, igual como ocurrió con su amado y querido esposo.
Cuando recibió la trágica noticia de una compañera de trabajo, quien desesperadamente tocaba a la puerta, informándole a Doña Elisa que a Miriam la sacaron de la peluquería al hospital, la pobre murió de un infarto.
Doña Elisa quedó de una sola pieza, sintiendo que las piernas se les desvanecían, que el piso en donde estaba plantada, un hoyo se abriría, arrastrándola sin ninguna conmiseración hacia abajo, engulléndola para siempre, el aliento le falló, quiso atraparlo en el aire, pero este vilmente se desvaneció, las paredes de la casa se tornaron oscuras y el ambiente desconocido, como si fuera la primera vez que las observaba.
La muchacha le dijo también que el sepelio se llevaría a efecto en el cementerio adyacente al centro de la ciudad, ella no iría, por nada del mundo lo haría, la muchacha se despidió y ella cabizbaja no supo lo que le respondió, otro dolor profundo al menos calibrado que el primero, pero dolía, se sentó sollozando al borde del sofá gritando, con aquellos alaridos que enervaban a cualquiera, no importándole quien pudiera escucharla, cuando se tiene un padecimiento como el que ella tiene no se escatima ningún temor de ser escuchado o no, se desahoga, es lo ideal para desenmarañar el ramalazo que golpea y golpea sin ninguna conmiseración. Esto lo entendía perfectamente.
Se hizo tantas preguntas que su mente embotada no le daba por lo menos ninguna respuesta. ¿Y ahora qué?, ¿Qué viene?  Me he quedado sola, estoy sola en el mundo, prácticamente sola, desde que murieron mis padres he cargado con esa señal, Mi Alonso, te extraño, y ahora Miriam, una buena muchacha que cada día llenaba los espacios los que me dejó mi pobre viejo, llenándolos de dulzura,  con su grata compañía.
Comienza a observar las paredes de la casa, el techo, la lámpara colgante que pende de una viga, las puertas, las ventanas. Todo le era extraño, insípido, difícilmente para ser digerido. Ahora comienza a desconocer su propia casa.
_No, yo no podré vivir en esta casa, no continuaré viviendo aquí. Esta casa se me está haciendo grande. Mañana iré al periódico para ponerla en venta. Si en venta. No quiero vivir sola. No puedo.¡ Por Dios no puedo!
      Al día siguiente se levantó temprano, esa vez no preparó el desayuno la falta de Miriam, su gran ausencia, borró el ánimo, además en estas circunstancias el denuedo se debilita.
Una débil llovizna comenzaba hacer estragos, esto no hizo mella en lo que estaba decidida, salir, salir,  y colocándose un albornoz plástico con cofia, color verde aceituna, salió.
      La venta se dio satisfactoriamente, a los dos días Doña Elisa abandonaba su humilde morada para habitar una más pequeña en el centro de la ciudad.
Poco a poco supo acomodar sus bártulos dentro de la pequeña  casa, las pequeñas unidades que eran livianas las supo ubicar en el lugar considerado y más conveniente, lo más pesado los dos hombres quienes le habían hecho la respectiva mudanza, la ayudaron a ponerlas con su supervisión estricta, en el espacio requerido, que más tarde juzgó conveniente.
Sintiéndose agradablemente satisfecha se acostó en el diván, contemplando con devoción infinita el espacio, que desde ya sería su nuevo hogar.
Si estuviera Alonso junto conmigo también estaría satisfecho como yo por este mi buen logro, o Miriam, ya estoy viendo su agradable carita sonriéndome, diciéndome que todo está bonito.
Se levanta decidiendo entretenerse, con algo que le despertara, sacándola de los malos recuerdos que la hacían sentirse desagradablemente mal.
Salió al patio a respirar aire puro, observó el terreno amplio, las diversas plantas que requerían prontamente ayuda, como los rosales que eran de por si esbeltos y llamativos, los duraznos, los arbustos, las palmeras, todo necesitaba de un acomodo exhaustivo.
_Bueno no tengo más que decir, _Esto requiere de una limpieza integra la cual me va a distraer por varios días, quizás semanas, está bien. Elisa con esto te distraerás al máximo.
Los días transcurrieron a la velocidad que otros no ambicionarían, quizá para no permitir entrar en años, viendo que la vida se les escapaba sin remedio, sin hallar qué hacer para lograr evitarlo.
Doña Elisa poco a poco fue limpiando el terreno por partes, trasplantando, sacando las hierbas de los tallos, las hojas secas de los rosales, los desperdicios como las hojas secas eran introducidas por esas manos morenas, surcadas de venas y un poco agrietadas, en bolsas plásticas pero muy resistentes de buena calidad.
Más adelante le pagaría a alguien para que sacara las bolsas ya repletas de basura a la calle, el aseo urbano, como se le conoce en esta ciudad se la llevaría.
A los meses el jardín estaba prolífero, digno de admirar.
Todas las tardes ella se sienta gustosamente a la sombra de un árbol de níspero a bordar, tarea que le encantó desde hace ya algún tiempo. Sí que la entretenía mucho, no dándose cuenta del tiempo, sonreía al ver que esto fue aparte de Alonso, lo que verdaderamente le llamó la atención en la vida, la llenaba de un gran estimulo, el cual manoseaba su espíritu y su alma, dándose de por si una gran satisfacción, la cual por más que se quiera jamás se puede medir.
      Algunas veces Doña Elisa empleaba su tiempo mirando embelesada mente a través de la ventana de la sala a los muchachos que a diario jugaban en la calle cualquier travesura que les fuera divertida, ella le causaba risa, sus gritos se dejaban escuchar hasta el patio, siempre sintió un gran gusto por los muchachos, una delectación incomparable, quizá porque nunca pudo tener hijos.  Pero se resignó a no tenerlos, en la vida hay que desistir a todo, a lo que Dios disponga, solamente debemos manejarnos a su voluntad divina.
Vio debajo de un arbusto a un perro lanoso y de muy corta edad echado debajo de un arbusto al otro lado de la acera, todo el tiempo que ella contemplaba el juego de los muchachos por la ventana veía al perro echado, según sus cálculos el pobre animalito no tendría dueño, porque para estar todo este lapso echado en el mismo lugar le daba la impresión de no tenerlo.
La lluvia se hizo presente un día, al verlo echado en el mismo lugar no escatimó ningún esfuerzo  para salir a buscarlo de inmediato, al tenerlo en sus brazos lo secó frenéticamente con un abrigo de lana. Buscándole acomodo en un rincón acogedor, en la misma sala, lo alimentó. El pobre animalito tenía hambre ya que se lo había tomado todo.
      Se hizo cargo del perro. Cada vez que tenía la oportunidad, o mejor dicho cuando recibía de su pensión dinero extra le compraba al animal alimento en demasía. Ella le daba las gracias  a Dios por haberlo recogido después del bordado, Nerón este fue el nombre que le escogió, y se lo puso por nombre. Nerón la hacía divertir lo suficiente.
Luego adoptó a otros cinco, en total eran seis los que ya gozaban de su protección. Ella fue intensamente feliz, con sus perros.       
Ahora en el presente, porque lo acontecido anteriormente pertenece al pasado quedó atrás, lo que puedan hablar los vecinos por tenerlos le importa un bledo. Ella está demasiada acostumbrada a convivir con esta clase de personas, soportando los eventuales comentarios e inoportunos que provienen de terceros.  

lunes, 22 de junio de 2020




Encantamiento Celestial
      Rosaura…Mujer encantadora, tu sonrisa es tan agradable, que a cualquiera le fascina como yo. Subyugante, delicada como el manantial, o como la misma miel dulcísima que atrae a las abejas hasta la más repulsiva.
Te la pasas todo el santo día mirándote y requetemirándote en el espejito de mano, al menos todas las que he visto siempre lo hacen, para mantenerse bellas, o apetecible como la fruta, lo que sí es bien consabido es que lo mantienes oculto en tu bolso de cuero ya pasadito de moda, pero a ti te gusta y eso es lo que importa, no importándote la opinión de los demás, si algún intrépido lo llegara a  advertir porque esta clase de personas es la que más abunda en el mundo
 Además temes como si fuera poco perder el espejito de mano, este accesorio es para ti lo más fundamental para tu vida, ya que te saca de apuros, te da la plena de verte bien o no, al quedar satisfecha de la labor efectuada, que ha sido excelente como todas las veces que lo haces, lo cierras, en ese esplendido estuche de color vino tinto que lo envuelve, no sabes a ciencia cierta quién te lo regalo.
Le sonríes a la gente, como diciéndoles: Estoy bien porque me siento viva. Como todas las veces te repites, como decretando hoy todo saldrá a pedir de boca, lo repites tantas veces que ya es para ti como si rezaras el Padre de nuestro, ya te lo sabes hasta de memoria.
Te peinas…Eso es importantísimo, tanto para el hombre como para la mujer, nunca debemos salir a la calle con el cabello revuelto, eso nunca nos lo debemos permitir, de veras que no. Está bien, está muy bien que lo hagas como lo estás haciendo ahora en la camioneta, te lo apruebo de veras que lo apruebo, pero esta vez no sacaste el espejito de mano. Y tratas en lo posible de hacerlo mejor.
Perfecto ha quedado perfecto. Formidable. Te ha quedado increíble. ¡Qué lindo te ha quedado el pequeño moño!
Sales del vehículo…Tu caminar es perfecto, armonioso, rítmico, esbelto, como el  águila que vuela a los rincones de este bello y exuberante planeta.
Oye Rosaura…Ahora te digo otra cosa…A ver a ver… ¡Ahh…Ya sé!, ¿todavía vives con ese zángano, el bueno para nada, monstruo decrépito, que te maltrata?  Qué te golpea todas las veces que se le antoja, ¿juega contigo al gato y al ratón?, ¿a las escondidas? Para luego el muy perro, cuando estás debajo de la cama, el muy canalla te agarra por los talones, te arrastra como si fueras un saco de papas, y tú Rosaura, que eres la perfecta Casandra, Doña Bárbara, Doña Bárbara por sí no lo sabías ella era enérgica, no se dejaba de nadie. Eres María, Aurora, no dices ni haces nada para defenderte y más para detenerlo. Deberías denunciarlo con las autoridades competentes.
Eres Medea, la Flor de Durazno. Sinvergüenza. Ese se cree el macho, el charro de la película, el engreído ese, pero que se estará creyendo el imbécil que llega a la cantina a saciarse de tequila y después da un grito de júbilo… ¡Ayayayaiii!
Caray…A buena honra para servirle a su merced.
El pecho de paloma. Quién lo diría, se cree el muy idiota la última gota del desierto. Pánfilas si le pega a las mujeres. El muy maricón pues.
Claro que le pega, está clarito, hay un corrillo que vuela por aquí y que mientan: aquel que le pega a las mujeres es del otro bando, por si usted no lo sabía, pues ya está enterado, pues ni modo, que se le puede hacer. Pues no sé vaya usted a saberlo.
Jacobo…Jacobino…Pues que nombrecito más chulo se gasta su merced, ni que fueras tan bonito, porque déjame decirte que lindo no eres, tu madre no te echó de sus brazos cuando te pario en el hospital, o en la clínica que se yo en donde fue que te tajo al mundo, además no me interesa, no me interesa para nada, porque simplemente era su hijo, de seguro no lo hizo la pobrecita por eso, simplemente por eso, ahí está el detalle. Está clarito como el agua y quien la vea turbia pues vaya al oftalmólogo ver todo revuelto esto de por sí resultaría un fastidio para el susodicho quien no sé quien pudiera ser, pero así son las cosas lamentablemente, verlo todo revuelto, sin ton ni son es toda una calamidad.
Pero el Jacobino  ese, no es en realidad Pablo el de Virginia. ¿Efraín? ¿Santos Luzardo? No es, no es el protagonista de la comedia que está más revuelta que un quilo de estopa, es por decir algo su merced, qué otra cosa puedo decir pues, esta, se me salio y punto.
Pero el Jacobino no es el de la televisión, pobre hombre sí que da lástima. Débil. Con su barriguda porque traga más que un cerdo. No tiene voz ni voto en los tribunales.
Cállese. Dice el juez dando un fuerte golpe con el mazo sobre el escritorio.
No diga nada, nada en absoluto. Todo está en su contra. Afirmativo. ¡Ahórquenlo! No lo quiero ver…¡Llévenselo!. ¡Sáquelo de mi vista ya, por favor!. Si hasta parece un ratón.
Pero el roedor, de esta sátira golpea, muele a palos a Dulcinea del toboso, le tuerce el cuello, si se lo tuerce, le da de patadas, en el estómago, por los cuatro costados y hasta por el ombligo, Por Dios ese hombre está loco. Rosaura te ha pegado en el sexo. Demonio…Mil veces demonio. Patán…Bruto, ¡energúmenoooo!  Vil pecador.
Rosaura haz caído en lo más bajo como un Ícaro. Te ha arrojado escalera abajo, que monstruosidad.
Estas en la parte inferior con el rostro bañado en sangre, color purpura. ¡Qué espanta!... ¡Qué hiela!
Te cerró la puerta con llave, no puedes abrirla.
El águila está herida. Pero pronto cambiará de plumaje.
¿En dónde?... ¿Dime?... ¿En dónde vas a pasar la noche?
No sé…De momento no sé…Déjeme sobreponerme. Luego se lo diré.
Cómo pudiste te levantaste.
El edificio está completamente silencioso, la brisa está quieta, como también están los árboles.
Observas que los escalones de la escalera se mantienen limpios, pulcros, policromados.
Ernestina es la aseadora.
Esta mujer es mala. Mírala allí. Viene pavoneándose. Como pavo. Con el manojo de llaves que tintinea. Al dar ella la vuelta un pasito para atrás por favor. Es de la Billo´s Caracas Boys. Tengo la camisa rota. Ahí que la vaca vieja está…En la vaca vieja. Arriba mi vaquita que te traigo dulce pa´comer.
No te importó para nada el tiempo…La lluvia. Ni la tempestad hasta pudiste pescar un resfriado y nadie lo supo.
El cine Lido… ¡Qué chévere!  De lolast! Cantinflas. La Tongo lele.
La flaca Vitola. A mover el esqueleto Vitola. Desayuna los huesos Vitola. La mujer que es como la Coca-Cola.
La sala de espectáculos la demolieron, la han demolido. ¡Qué angustia me corroe! Construyeron un Centro Comercial. Holgazanes. Temerarios de la gran nada. La luna cubrió las nubes.
      Ya no es la taza de café con leche que solía preparar don Pedro. Mi viejo complaciente, que en paz descanse, cuando a mí en primera persona, omnisciente. A Ana Cecilia y a mí nos sentaba, uno en cada pierna, piernas gustosas, confortables.
Las agita y yo bien sentado como el jinete.
Tengo un primo que se llama Carlos, por cariño le llamamos Carlitos…Él quiso ser Presidente de la República, no estudió… ¡Qué vaina!
Don Pedro era usted mi abuelo, siempre lo consideré así. Usted y yo mirábamos de continuo la pantalla, no del cine Lido, la del televisor, sí la del televisor, un aparato de los años cincuenta. Me daba a tomar cerveza.
Pasaste a mi lado, con cruel indiferencia, tus ojos ni siquiera voltearon hacia mí. ¡Ay Pedro Infante como me gusta esta canción!
Lo cierto es que Ernestina pasó a tu lado. No te miró. Tú quisiste pedirle ayuda, para qué, dime para qué se la ibas a pedir sí bien sabes que esa mala mujer de malos sentimientos a nadie en este mundo  le ha brindado una ayuda. Ella es mala. Siempre has sido mala.
Sales del edificio como un relámpago.
Todo se te ha ido, tienes las manos vacías, el corazón te palpita, y sientes que la sangre no es tu sangre, que tus movimientos y tu voluntad alguien te los arrebató. Todo se lo llevó una fuerte brisa. Todo pasará y te sentirás como nadie más. ¡Qué canción tremenda!  
Pero vuelves hacer la mujer de antes la damisela. Madame Bobary. Juan Salvador Gaviota. Que vuela majestuosa con sus alas despejadas  sin temor ante la mirada cruel del malvado cazador quien desea darle muerte.
Andar garboso, firme, ingenioso, maravilloso, hombros alzados. Mirada recta. Oblicua, firme, altiva. Llegas al lugar que tú pensaste, del ambiente, por supuesto. Los vigilantes como ya te conocen te dejan pasar sin ningún problema. Respondes gentilmente a los saludos, se abren seguidamente las dos puertas batientes. Pasas, observas a los hombres besándose con otros hombres. Otros fuman, cigarrillos Camel, claro los que están actualmente de moda. (La cajetilla tiene el camello y detrás una palmera)
Rosaura, ay Rosaura, tus brazos rodean el cuello de hombre con el que estas bailando, ya te manosea el cuerpo, y te ha dado un apretón en una nalga…Tú eres Alba, estas bailando changa. Qué música averna, profana, barátra, tártara. Eres Camila.
Giras…Giras como el balón brillante que pende del techo. Ahora suena El Lago de los Cisnes, Madame Butherflay, Beethoven, Mozart, la marcha nupcial, Galileo, Galileo. Hasta Richard Claydermann, pianos, violines, saxofones, bajos, platillos, bambalinas, escenarios, bastidores, biombos, proscenios, palcos. Se escucha la ovación.
      Aplausos efervescentes, los guantes de terciopelo. ¡Qué bonitos!, ¡sí que son encantadores!, peinados esbeltos, joyas, pendientes, una lámpara de araña…Te sigo amando…Excelencia pura de verdad, verdad. Increíble sí que es increíble. Amor eterno e inolvidable. Tarde o temprano, todavía es temprano si no lo supiera yo. Aunque tú te hayas ido te volverá la sombra. Voy a beber, ¿para que una viene a estos sitios?  Para tomar y divertirse, hasta  solazar el cuerpo. O hasta que termine la canción, son simplemente estupideces que tú solamente te la crees…Entre copa y copa se acaba mi vida. Brillantes melodías pero nostálgicas que hacen doler el corazón. Cada vez que las escucho gimo y sin perder oportunidad lloro.
Rosaura…La luna y el velero una novela que leí hace tiempo.
El agua que haz de beber déjala correr. Llorando. Como Rosa. La rosa salvaje, es una novela mexicana que me gustó.
Damián se va a su mesa respectiva. Toma coñac, Jaihalay. Leche de burra.
Damián que lavativa es esa? ¿Qué es eso? ¡Ajá! Vengan pa’ que lo vean. El batazo de la suerte. El show de Renny es mucho mejor. 
Tome leche. Y el animador como no hay ningún otro que lo supere daba un silbido enérgico de macho. Un silbido de macho un silbido de júbilo.
      El ser humano tiene por derecho propio sus propios defectos. Sus brillantes y rutilantes cualidades. Rosaura…Los Barmans no quieren sustentar su suerte.
      No son tus pastores, líbrate Rosaura. Se lo voy a decir a mamá lo que tú me hiciste. Se lo voy a contar.
      Ay Rosaurita. No me deje sólo que me está esperando el fulano ese que mienta el silbón. Jacobo yo te conozco como la diestra de mi mano.
      Rosaura pero qué haces ensalzas a Jacobo. Lo engrandeces como un dios. Lo pules, lo vuelves a pulir, lo exaltas, lo conviertes en filósofo. El hombre tropieza dos veces. La propia naturaleza lo convierte en polígrafo.
      La nena dice que es una gran mentira. La embustera es ella. La nena. Pareces una nena.
      Rosaura tú fuiste en vida como Dolores del Río. María Félix. Libertad La Marque. Señor es con usted. Cómprame una violeta. ¿Toma mate? Ah dice que no, usted disculpe. Carlos Gardel. Tangos insuperables  a todo dar. Exquisitos. Puerto Rico. Vitola. La flaca Vitola, Lola Beltrán, Lucha Villa y por qué no, La insustituible Esmeralda con Lupita Ferrer. Magnifica y extraordinaria.