sábado, 27 de junio de 2020




Padre Nuestro.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire en el mar, en todos los rincones del infinito universo, de cualquier corazón que me estima o me hiere, en las lágrimas de aquel niño que no encuentra sosiego a las respuestas necesarias para poder solucionar el acertijo que ha de presentarse a su paso. Con la confianza que el chico ha depositado en ti el problema ya está resuelto, por la ayuda de Aquel que todo lo puede.
      En la fe arrolladora, asidua del moribundo que se niega a morir, clamando sin cesar con la mirada extraviada, que Dios está con él y nada malo le ha de suceder.
      En la oscuridad reinante, en donde un par de manos toca frenéticamente las piedras rugosas de un muro que es alargado, tal parece que no tiene fin, estas manos buscan afanosamente y con delirio lo terminante que puede divisarse a lo lejos, como un puntico luminoso que está allá al comienzo del pasillo, pronto saldrá ya, airoso, henchido de alegría por haber encontrado la salida que aflora en cualquier circunstancia.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
En las copas de los árboles, en la luna cuando se posa detrás de ellos, haciéndonos recordar las fantasías que se narra en un cuento divertido que nos relataban nuestros abuelos cuando no podíamos reconciliar el sueño.
      En los alimentos que cada día nos nutren, calmándonos de energía para saltar, correr y gritar de alegría.
      En las medicinas que nos dan la fuerza, la templanza para continuar con la vida.
      Por los que sufren esperando el anhelado consuelo que llegará de lo alto en el momento menos pensado.
      En los hambrientos que serán por La Santa Palabra saciados., sustentado por ese poder para seguir adelante.
      Por los que deambulan sin rumbo fijo tomando como alternativa cualquier sitio, cualquier escondrijo mal oliente que puede servirle de vivienda. Ellos aguardan con la debida fe, que su petición será atendida en la brevedad posible, ya que los requisitos exigidos ya están introducidos en el ente gubernamental.
      En las lágrimas de aquel cristiano que acaba de perder al ser más querido, aquella que le dio la vida, al igual que yo, pero tenemos la convicción que en fracciones de segundo ellas están entretenidas  gozándose en la Presencia Divina de Nuestro Señor Jesucristo.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
En los que perdieron o han extraviado todo por los torrenciales aguaceros, poseen la esperanza, que sus pertenencias tarde o temprano volverán hacer suyas, siendo colocadas en su santo lugar.
      A los que se afanan por una causa justa y acertada, acordes con tu ideal, la imitación.
      A todos aquellos que han colocado sus cargas a tus pies.
      A los que confían y seguirán continuamente apegados a ti.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
Estas en cada uno de nosotros tomándonos de las manos, estamos muy agarrados con la confianza que nunca nos soltaras.
      Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
En el agraciado, en el guapo, en la persona más mono jamás vista, en el bello, la cosa más linda, en el delicado, en el feo, en el desagradable y detestable, en el despreciable y déspota…Prepotente.
Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
      Hoy te doy las gracias por hacerte presente en cada mirada, en cada ceño fruncido, en cada labio altivo, en los que puedan escucharme, en los que no escuchan, gracias, gracias porque eres imparcial. Recordándonos  en todo tiempo que somos obra e imagen tuya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario