Padre
Nuestro.
Padre Nuestro que estás en los cielos, en
el aire en el mar, en todos los rincones del infinito universo, de cualquier
corazón que me estima o me hiere, en las lágrimas de aquel niño que no
encuentra sosiego a las respuestas necesarias para poder solucionar el acertijo
que ha de presentarse a su paso. Con la confianza que el chico ha depositado en
ti el problema ya está resuelto, por la ayuda de Aquel que todo lo puede.
En la fe arrolladora, asidua del
moribundo que se niega a morir, clamando sin cesar con la mirada extraviada,
que Dios está con él y nada malo le ha de suceder.
En la oscuridad reinante, en donde un par
de manos toca frenéticamente las piedras rugosas de un muro que es alargado,
tal parece que no tiene fin, estas manos buscan afanosamente y con delirio lo
terminante que puede divisarse a lo lejos, como un puntico luminoso que está
allá al comienzo del pasillo, pronto saldrá ya, airoso, henchido de alegría por
haber encontrado la salida que aflora en cualquier circunstancia.
Padre Nuestro que estás en los cielos, en el aire, en el mar.
En las copas de los árboles,
en la luna cuando se posa detrás de ellos, haciéndonos recordar las fantasías que
se narra en un cuento divertido que nos relataban nuestros abuelos cuando no podíamos
reconciliar el sueño.
En los alimentos que cada día nos nutren,
calmándonos de energía para saltar, correr y gritar de alegría.
En las medicinas que nos dan la fuerza,
la templanza para continuar con la vida.
Por los que sufren esperando el anhelado
consuelo que llegará de lo alto en el momento menos pensado.
En los hambrientos que serán por La Santa
Palabra saciados., sustentado por ese poder para seguir adelante.
Por los que deambulan sin rumbo fijo
tomando como alternativa cualquier sitio, cualquier escondrijo mal oliente que
puede servirle de vivienda. Ellos aguardan con la debida fe, que su petición
será atendida en la brevedad posible, ya que los requisitos exigidos ya están
introducidos en el ente gubernamental.
En las lágrimas de aquel cristiano que
acaba de perder al ser más querido, aquella que le dio la vida, al igual que
yo, pero tenemos la convicción que en fracciones de segundo ellas están entretenidas
gozándose en la Presencia Divina de
Nuestro Señor Jesucristo.
Padre Nuestro que estás en los cielos, en
el aire, en el mar.
En los que perdieron o han
extraviado todo por los torrenciales aguaceros, poseen la esperanza, que sus
pertenencias tarde o temprano volverán hacer suyas, siendo colocadas en su
santo lugar.
A los que se afanan por una causa justa y
acertada, acordes con tu ideal, la imitación.
A todos aquellos que han colocado sus
cargas a tus pies.
A los que confían y seguirán
continuamente apegados a ti.
Padre Nuestro que estás en los cielos, en
el aire, en el mar.
Estas en cada uno de
nosotros tomándonos de las manos, estamos muy agarrados con la confianza que
nunca nos soltaras.
Padre Nuestro que estás en los cielos, en
el aire, en el mar.
En el agraciado, en el
guapo, en la persona más mono jamás vista, en el bello, la cosa más linda, en
el delicado, en el feo, en el desagradable y detestable, en el despreciable y déspota…Prepotente.
Padre Nuestro que estás en
los cielos, en el aire, en el mar.
Hoy te doy las gracias por hacerte
presente en cada mirada, en cada ceño fruncido, en cada labio altivo, en los
que puedan escucharme, en los que no escuchan, gracias, gracias porque eres
imparcial. Recordándonos en todo tiempo
que somos obra e imagen tuya.
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