RECUERDOS.
Vivo
a poca distancia de aquí, cuando no tengo que hacer, o mejor dicho, cuando todo
lo tengo en orden no preocupo por nada. Vengo hasta acá, a contemplar el cielo,
los árboles, las montañas, los niños columpiarse, esos carricitos que ve usted
allí son divertidísimos, y qué niño dígame usted no es entretenido? Usted y yo
lo fuimos, entretenidos como ellos. Se preguntara porque uso muletas porque me
la está viendo en todo el tiempo, se lo
diré … No, no se disculpe por favor, la vista como la mía, o como la de todo de
el mundo es curiosa, no se disculpe, ni que hubiera cometido un pecado que no
se ha de perdonar, bueno, se lo voy a decir, las uso por la sencilla razón que
sufro de artrosis, cuando llueve con gran intensidad, o el clima amanece muy pero muy frío los
huesos me duelen con mayor intensidad que me hacen tambalear cayendo atropelladamente en cualquier sitio,
no importándome para nada las burlas o los que pueda hablarse de mí. Las
personas han cambiando ultimadamente, pensando cosas que no son ciertas. Lo
peor del caso es que no encuentro o no los hay los buenos médicos en el país tan progresista como este, que me haga
sentir como nuevo, como un carro recién salido
de la agencia.
Como
estamos nosotros, dos viejos que se ponen hablar de diferentes temas para
alegrar un poco esta rutina que a diario nos absorbe y pretende mutilarnos
recurrimos a estos momentos que son tan gratos, yo a usted no lo conozco, es la
primera vez que lo veo por aquí, usted también estará pensando lo mismo que yo,
pero me tomo el atrevimiento de contarle estas cosas porque sé que con ellas en
nada yo lo estoy irrespetando, no lo estoy ofendiendo para nada como le dije
antes, es la primera vez que lo veo por aquí y no sé cuál pueda ser la razón
que su cara amable y simpática me inspira confianza.
Enviudé
rápido, quiero decir que no gocé de tener la dicha suficiente el de tener a mi
esposa a mi lado por mucho tiempo, como yo lo hubiera querido, sabe mi esposa
me tenía mal acostumbrado, no permitía por nada del mundo que yo mismo después
de llegar del trabajo fuera a la habitación nuestra a buscar mis
pantuflas, no señor, no, era ella quien en seguida haciéndome sentar en el
mueble me las traía, al volver quitaba
de mis pies los zapatos y me las colocaba. Pero la bendita costumbre
desapareció cuando salió por primera vez
embarazada de Ernesto mi primer hijo quien acaba de cumplir 21 años. Es el
mejor de mis dos hijos, El otro nació a
los dos años después… se llama Mario, y no es tan bueno como Ernesto que es a
todo dar. Salió igualito a su madre. Ambos viven en el Canadá. El primero está
casado, el segundo aun se mantiene soltero pero no me ha ayudado en nada
durante todo este tiempo. Ernesto tiene buenos sentimientos, pero para uno sea
bueno o malo el hijo es y seguirá siendo excelente, aunque tenga malas mañas es
y seguirá siendo un buen hijo, el tiempo lo determina todo en la vida si se acomoda
o no, total que se puede hacer nada absolutamente. Cuánto extraño a Frígida así
era como se llamaba mi esposa, bonito nombre el de mi esposa Frígida, así se
llamaba, mis labios se llenan de gloria
cuando la nombro, pareciéndome que la tengo frente a mí invariablemente, cuando
estoy en casa con mis recuerdos, la menciono y la misma satisfacción no cambia tiene
la misma sustancia, la misma sazón desde
siempre, desde que la tengo presente, desde cuando la conocí y supe que se
llamaba Frígida, porque cuando se lo pregunté por primera vez me lo dijo, sin
escatimar a quién se lo podía decir y sin ningún preámbulo. Fíjese que le he
pedido siempre cuando me encuentro a solas conmigo mismo, en esos arrebatos llenos de una locura extrema que me traslade, que me lleve
al sitio en donde ella se encuentra, que de mi parte no voy a tolerar en mí
ninguna resistencia, que me pondré
suavecito, si es posible muy liviano para estar a su lado, pero aquí estoy
contándole todo, pero la parte más
sublime y encantadora de mi vida, la que
yo más quiero, ya lo ve usted, lo puede palpar con sus propios ojos
perspicaces, cualidad que le admiro, porque desde que comenzamos hablar usted
me ha estudiado minuciosamente, que ya debe tener en sus manos un boceto de mi
propia personalidad, y de mis gustos, condición que no trato de envidiarle para
nada ni en nada que yo no posea, porque
no lo siento, se dice lo que se razona de lo contrario no se dice nada, pero cada quien tiene su propio mérito, usted
el suyo el que le acabo de mencionar y el mío que más tarde le diré cuál es…
Volviendo a lo que le platicaba antes, mí esposa
Frígida no me
obedece, está demasiada tozuda que no
quiere empujarme para estar su lado, no importándome el lugar en donde se
encuentre, yo lo sabré disfrutar como ella
ricamente como quiero estarlo. Yo sé que usted quiere decirme algo pero
tendrá usted oportunidad para opinar, lo que quiera decirme me servirá de gran
ayuda, pero quiero desahogarme con alguien y ese alguien es usted. No sé por
qué…Es así como lo pienso, más tarde le daré mi dirección para que gustosamente
venga a mi humilde casa a tomar una taza de café o un chocolate, tomarlo a
solas produce un dolor intenso, cuando miro con cierto nerviosismo las cuatro
paredes y me levanto de la silla rápidamente, abro la puerta, respiro el aire
de la tarde absorbiéndolo intensamente sí que es agradable, el aire que
proviene de la llanura.
El
frío me produce dolores en el cuerpo, y más en los dedos de las manos, aunque
duermo en un colchón semiortopédico de nada me ha favorecido, se preguntará
usted cómo hago para sobrevivir? Pues le diré que mi primer hijo me factura quincenalmente
una mesada, aunque es poco, para mi es suficiente, y con la pensión que
obtuve gracias a mi trabajo, porque aquí donde usted me ve yo fui un notable
enfermero, muy caritativo, muy humano, muy dado a las personas, me gustaba y
continuo ayudándolas, sé que tengo a dos hijos lejos de mí, y socorriendo a otras necesitadas sé que mis
hijos en otras tierras lejanas no han de pasar carestías.
Además
esto es sabido desde años por toda la humanidad, recuerdo que mamá siempre nos
lo decía: haz el bien sin mirar a quien. Son muy pocos quienes lo hacen, en fin
uno tiene que marcar la diferencia. En
muchas ocasiones Ernesto ha querido por todos los medios que me vaya a vivir
con él, pero no quiero, no persigo ser un estorbo, cuando se es viejo, como
usted y como yo no debemos servir de obstáculos a nuestros críos, debemos
permitirle su plena libertad, que se sientan a gusto con su nueva familia es
decir su segunda familia, usted me entiende, claro que me entiende. Lo
considero de esta manera por los gestos de su cara sé que me está dando la
razón, claro que usted haría lo mismo. Por más comodidades que ellos puedan
tener no debemos inmiscuirnos en sus cosas, ya que ellos pertenecen a otro
mundo.
Dependemos
de Dios y de nosotros mismos, lo que tenemos que hacer nos las hacemos nosotros
mismos sin recurrir a nadie, pidiendo, exigiéndole a Dios que nuestras fuerzas
nunca mermen, que continúen tal como están, con el mismo entusiasmo, poniéndole
diversidad de colores a los movimientos que ejecutamos todos los días, porque
todos los días son diferentes, cuánto no desearíamos que fueran iguales, sería
lo máximo, yo creo que siendo así habría un equilibrio. Sé que usted con lo que
yo le estoy diciendo no me ha entendido absolutamente, pero déjeme decirle que
yo mismo me entiendo, cada persona se entiende a sí misma yo creo que hasta
llegaría hablar con su propio cuerpo, lo mismo cuando se tiene una mascota,
creo que eso llegaría ser hasta saludable, pienso yo… Y he allí el dilema, como
lo dijo el poeta en una ocasión, si las opiniones fueran iguales el mundo se
tornaría aburrido a nuestra vista,
aunque lo saludáramos de buena gana y sin hacerle ningún reproche nunca nos
respondería.
Mi
casa es muy chica, yo digo que es un cuchitril, pero durante estos años me ha
servido de mucho, le agradezco a la vida por tenerlo, es de dos habitaciones,
en una pieza duermo, veo televisión, una pequeña estufa, y los demás enseres que
no quiero enumerar. La otra está dividida por un tabique, el lavadero, cuerdas
para tender la ropa, en la otra parte el retrete. Un pequeño trasfondo donde me
siento a escudriñar el periódico para
enterarme de lo que al mundo le disgusta.
El
patio aunque pequeño me ha servido de mucho, Lo aprovecho para meditar aunque sea para mirar el cielo y
cómo lo disfruto, también tengo unas
plantitas, a mi esposa le agradaban tanto, cuando visitábamos un lugar se empeñaba en que le trajera
a casa una o dos matas, yo terminaba por comprárselas le traía dos o tres, ella
me lo agradecía tanto, a veces cuando lo recuerdo se me nubla el corazón de
tristeza. Y me dan ganas de llorar.
Vivíamos
en otra casa, más cómoda, fue allí en donde nacieron y se criaron mis hijos,
cuando murió mi esposa, a los tres meses
fue demolida mi vivienda por personeros del gobierno, según ellos por mi vivienda pasaría una avenida, no señor, a mi no me
pagaron nada, claro que hice mis diligencias pertinentes, hablé hasta con
funcionarios de alta envergadura , hasta se ven por la tele hablando,
prometiendo infinidades de cosas que hasta la larga siguen siendo promesas, un
rosario con semillas muertas que contienen mentiras. Por eso es que todo lo
vemos igualito, una sola línea que se mantiene recta, pero debemos ser
agradecidos estemos como estemos, mientras se tenga vida hay que mantenerla
para seguir sobreviviendo.
Y
ya sabe cuando quiera charlar un rato toque a mi puerta, de alguna tontería hay
que hablar, para entreteneros, para tomarnos un cafecito, o un chocolate o
cualquier cosa, tiene lápiz y papel a la mano para notarle mi dirección, la
agenda la dejé en casa, y es muy importante tenerla, cargarla siempre, por si
se le presenta cualquier cosa, como ahora, también es importantísimo cargar encima un lápiz para apuntar, pero si
usted tiene las dos cosas a la vez que yo deje en casa, sepa usted que con esto
me acaba de dar una lección y la voy a tomar en cuenta. El resto lo sabe usted.
Nosotros
hablamos como periquitos y yo hasta el momento no me he presentado. Pero si el
loro he sido soy yo, porque él que no ha parado de parlotear como una guacamaya
agarrada por la cola soy yo. Usted por esa boca no ha dicho ni pío. Pero cuando
usted me haga la visita quien va hablar será usted, no yo. Se lo prometo… le
doy mi palabra. Déjeme presentarme: mi nombre es Julián…Julián Arismendi…Y
usted…Cómo se llama?
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