viernes, 26 de junio de 2020




                                                                              



RECUERDOS.


  Vivo a poca distancia de aquí, cuando no tengo que hacer, o mejor dicho, cuando todo lo tengo en orden no preocupo por nada. Vengo hasta acá, a contemplar el cielo, los árboles, las montañas, los niños columpiarse, esos carricitos que ve usted allí son divertidísimos, y qué niño dígame usted no es entretenido? Usted y yo lo fuimos, entretenidos como ellos. Se preguntara porque uso muletas porque me la está viendo en  todo el tiempo, se lo diré … No, no se disculpe por favor, la vista como la mía, o como la de todo de el mundo es curiosa, no se disculpe, ni que hubiera cometido un pecado que no se ha de perdonar, bueno, se lo voy a decir, las uso por la sencilla razón que sufro de artrosis, cuando llueve con gran intensidad,  o el clima amanece muy pero muy frío los huesos me duelen con mayor intensidad que me hacen  tambalear  cayendo atropelladamente en cualquier sitio, no importándome para nada las burlas o los que pueda hablarse de mí. Las personas han cambiando ultimadamente, pensando cosas que no son ciertas. Lo peor del caso es que no encuentro o no los hay  los buenos médicos en el  país tan progresista como este, que me haga sentir  como nuevo, como un carro recién salido de la agencia.
Como estamos nosotros, dos viejos que se ponen hablar de diferentes temas para alegrar un poco esta rutina que a diario nos absorbe y pretende mutilarnos recurrimos a estos momentos que son tan gratos, yo a usted no lo conozco, es la primera vez que lo veo por aquí, usted también estará pensando lo mismo que yo, pero me tomo el atrevimiento de contarle estas cosas porque sé que con ellas en nada yo lo estoy irrespetando, no lo estoy ofendiendo para nada como le dije antes, es la primera vez que lo veo por aquí y no sé cuál pueda ser la razón que su cara amable y simpática me inspira confianza.
Enviudé rápido, quiero decir que no gocé de tener la dicha suficiente el de tener a mi esposa a mi lado por mucho tiempo, como yo lo hubiera querido, sabe mi esposa me tenía mal acostumbrado, no permitía por nada del mundo que yo mismo después de llegar del trabajo  fuera  a la habitación nuestra a buscar mis pantuflas, no señor, no, era ella quien en seguida haciéndome sentar en el mueble me las traía, al volver  quitaba de mis pies los zapatos y me las colocaba. Pero la bendita costumbre desapareció  cuando salió por primera vez embarazada de Ernesto mi primer hijo quien acaba de cumplir 21 años. Es el mejor de mis dos hijos, El otro  nació a los dos años después… se llama Mario, y no es tan bueno como Ernesto que es a todo dar. Salió igualito a su madre.  Ambos viven en el Canadá. El primero está casado, el segundo aun se mantiene soltero pero no me ha ayudado en nada durante todo este tiempo. Ernesto tiene buenos sentimientos, pero para uno sea bueno o malo el hijo es y seguirá siendo excelente, aunque tenga malas mañas es y seguirá siendo un buen hijo, el tiempo lo determina todo en la vida si se acomoda o no, total que se puede hacer nada absolutamente. Cuánto extraño a Frígida así era como se llamaba mi esposa, bonito nombre el de mi esposa Frígida, así se llamaba,  mis labios se llenan de gloria cuando la nombro, pareciéndome que la tengo frente a mí invariablemente, cuando estoy en casa con mis recuerdos, la  menciono y la misma satisfacción no cambia tiene la misma sustancia, la misma  sazón desde siempre, desde que la tengo presente, desde cuando la conocí y supe que se llamaba Frígida, porque cuando se lo pregunté por primera vez me lo dijo, sin escatimar a quién se lo podía decir y sin ningún preámbulo. Fíjese que le he pedido siempre cuando me encuentro a solas conmigo mismo,  en esos arrebatos llenos de una  locura extrema que me traslade, que me lleve al sitio en donde ella se encuentra, que de mi parte no voy a tolerar en mí ninguna resistencia, que me  pondré suavecito, si es posible muy liviano para estar a su lado, pero aquí estoy contándole todo, pero  la parte más sublime y  encantadora de mi vida, la que yo más quiero, ya lo ve usted, lo puede palpar con sus propios ojos perspicaces, cualidad que le admiro, porque desde que comenzamos hablar usted me ha estudiado minuciosamente, que ya debe tener en sus manos un boceto de mi propia personalidad, y de mis gustos, condición que no trato de envidiarle para nada ni  en nada que yo no posea, porque no lo siento, se dice lo que se razona de lo contrario no se dice nada,  pero cada quien tiene su propio mérito, usted el suyo el que le acabo de mencionar y el mío que más tarde le diré cuál es… Volviendo a lo que le platicaba antes, mí esposa
 Frígida   no me obedece, está demasiada tozuda que  no quiere empujarme para estar su lado, no importándome el lugar en donde se encuentre, yo lo sabré disfrutar como ella  ricamente como quiero estarlo. Yo sé que usted quiere decirme algo pero tendrá usted oportunidad para opinar, lo que quiera decirme me servirá de gran ayuda, pero quiero desahogarme con alguien y ese alguien es usted. No sé por qué…Es así como lo pienso, más tarde le daré mi dirección para que gustosamente venga a mi humilde casa a tomar una taza de café o un chocolate, tomarlo a solas produce un dolor intenso, cuando miro con cierto nerviosismo las cuatro paredes y me levanto de la silla rápidamente, abro la puerta, respiro el aire de la tarde absorbiéndolo intensamente sí que es agradable, el aire que proviene de la llanura.
El frío me produce dolores en el cuerpo, y más en los dedos de las manos, aunque duermo en un colchón semiortopédico de nada me ha favorecido, se preguntará usted cómo hago para sobrevivir? Pues le diré que mi primer hijo me factura quincenalmente una mesada, aunque  es poco,  para mi es suficiente, y con la pensión que obtuve gracias a mi trabajo, porque aquí donde usted me ve yo fui un notable enfermero, muy caritativo, muy humano, muy dado a las personas, me gustaba y continuo ayudándolas, sé que tengo a dos hijos lejos de mí, y  socorriendo a otras necesitadas sé que mis hijos en otras tierras lejanas no han de pasar carestías.
Además esto es sabido desde años por toda la humanidad, recuerdo que mamá siempre nos lo decía: haz el bien sin mirar a quien. Son muy pocos quienes lo hacen, en fin uno tiene que marcar la diferencia.  En muchas ocasiones Ernesto ha querido por todos los medios que me vaya a vivir con él, pero no quiero, no persigo ser un estorbo, cuando se es viejo, como usted y como yo no debemos servir de obstáculos a nuestros críos, debemos permitirle su plena libertad, que se sientan a gusto con su nueva familia es decir su segunda familia, usted me entiende, claro que me entiende. Lo considero de esta manera por los gestos de su cara sé que me está dando la razón, claro que usted haría lo mismo. Por más comodidades que ellos puedan tener no debemos inmiscuirnos en sus cosas, ya que ellos pertenecen a otro mundo.
Dependemos de Dios y de nosotros mismos, lo que tenemos que hacer nos las hacemos nosotros mismos sin recurrir a nadie, pidiendo, exigiéndole a Dios que nuestras fuerzas nunca mermen, que continúen tal como están, con el mismo entusiasmo, poniéndole diversidad de colores a los movimientos que ejecutamos todos los días, porque todos los días son diferentes, cuánto no desearíamos que fueran iguales, sería lo máximo, yo creo que siendo así habría un equilibrio. Sé que usted con lo que yo le estoy diciendo no me ha entendido absolutamente, pero déjeme decirle que yo mismo me entiendo, cada persona se entiende a sí misma yo creo que hasta llegaría hablar con su propio cuerpo, lo mismo cuando se tiene una mascota, creo que eso llegaría ser hasta saludable, pienso yo… Y he allí el dilema, como lo dijo el poeta en una ocasión, si las opiniones fueran iguales el mundo se tornaría  aburrido a nuestra vista, aunque lo saludáramos de buena gana y sin hacerle ningún reproche nunca nos respondería.
Mi casa es muy chica, yo digo que es un cuchitril, pero durante estos años me ha servido de mucho, le agradezco a la vida por tenerlo, es de dos habitaciones, en una pieza duermo, veo televisión, una pequeña estufa, y los demás enseres que no quiero enumerar. La otra está  dividida por un tabique, el lavadero, cuerdas para tender la ropa, en la otra parte el retrete. Un pequeño trasfondo donde me siento a escudriñar el  periódico para enterarme de lo que al mundo le disgusta.
El patio aunque pequeño me ha servido de mucho,  Lo aprovecho  para meditar aunque sea para mirar el cielo y cómo  lo disfruto, también tengo unas plantitas, a mi esposa le agradaban tanto, cuando  visitábamos un lugar se empeñaba en que le trajera a casa una o dos matas, yo terminaba por comprárselas le traía dos o tres, ella me lo agradecía tanto, a veces cuando lo recuerdo se me nubla el corazón de tristeza. Y me dan ganas de llorar.
Vivíamos en otra casa, más cómoda, fue allí en donde nacieron y se criaron mis hijos, cuando murió mi esposa,  a los tres meses fue demolida mi vivienda por personeros del gobierno, según ellos por mi vivienda  pasaría una avenida, no señor, a mi no me pagaron nada, claro que hice mis diligencias pertinentes, hablé hasta con funcionarios de alta envergadura , hasta se ven por la tele hablando, prometiendo infinidades de cosas que hasta la larga siguen siendo promesas, un rosario con semillas muertas que contienen mentiras. Por eso es que todo lo vemos igualito, una sola línea que se mantiene recta, pero debemos ser agradecidos estemos como estemos, mientras se tenga vida hay que mantenerla para seguir sobreviviendo.
Y ya sabe cuando quiera charlar un rato toque a mi puerta, de alguna tontería hay que hablar, para entreteneros, para tomarnos un cafecito, o un chocolate o cualquier cosa, tiene lápiz y papel a la mano para notarle mi dirección, la agenda la dejé en casa, y es muy importante tenerla, cargarla siempre, por si se le presenta cualquier cosa, como ahora, también es importantísimo  cargar encima un lápiz para apuntar, pero si usted tiene las dos cosas a la vez que yo deje en casa, sepa usted que con esto me acaba de dar una lección y la voy a tomar en cuenta. El resto lo sabe usted.
Nosotros hablamos como periquitos y yo hasta el momento no me he presentado. Pero si el loro he sido soy yo, porque él que no ha parado de parlotear como una guacamaya agarrada por la cola soy yo. Usted por esa boca no ha dicho ni pío. Pero cuando usted me haga la visita quien va hablar será usted, no yo. Se lo prometo… le doy mi palabra. Déjeme presentarme: mi nombre es Julián…Julián Arismendi…Y usted…Cómo se llama?

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