lunes, 22 de junio de 2020






                                            

                                               JUEGO CON LA MUERTE


        Allí está, mírela, en el umbral de la puerta, ella me quiere llevar pero no voy a permitírselo, sería lo último que yo haría, aunque  me domine el sueño no se lo permitiré, a pesar de la edad que tengo puedo obedecer todavía  a mis instintos, a la fuerza bruta y el aplomo arrogante, que  jamás me han abandonado ni en las circunstancias más difíciles de mi existencia he podido poner en orden mi cuerpo pero  quiero encontrar como en otras  la orden liberadora, la que logre dominarla, la que la obligue  a dejarme quieto, he tomado las tazas de café, todas las necesarias para mantenerme firme y despierto. Quiero tener los dos ojos como platos para estar al pendiente, y no me queda de otra…aunque quisiera irme a casa ella vendría conmigo, si me lo acaba de confirmar, si hasta habla conmigo, lo que no me gusta de ella es que al terminar una frase lanza una escalofriante carcajada que me produce un feroz  miedo, pero no debo, no debo permitirme el tener miedo, sentirlo sería el fracaso rotundo de mi vida, es horrible su aspecto, un cadáver, y yo que pensaba cuando estaba joven que los cadáveres no hablaban, pues esta si habla
Yo no estoy loco, jamás lo he sido, ni tampoco estoy delirando, no tengo fiebre, estoy diciendo la verdad, así como ustedes me la están pidiendo asimismo se la estoy contando con pelos y señales.
Lo que me está ocurriendo es real, verídico, yo no quiero alarmar a las enfermeras ni mucho menos a los doctores, si ustedes tuvieran un pie dentro de mi zapato lo entenderían.
Pero nadie no lo quiere entender, todos me dicen que debo dormir porque de lo contrario me voy a debilitar a tal grado que puedan internarme en un manicomio muy famoso por cierto. Pero yo no les voy a dar ese gusto, tampoco se lo voy a consentir como tampoco consiento que este cadáver raro me lleve a donde pretende llevarme, primero muerto antes que aceptar semejante barbaridad de parte de ellos.
Yo cuento lo que en realidad a mí, solamente a mí me está aconteciendo, jamás había yo vivido una circunstancia como esta que no se la deseo ni a mi peor enemigo.
Pero lo más lamentable es que estoy solo, yo no tengo familia, mi esposa murió hace dos años, y de mis hijos que son tres no sé a estas alturas de mi vida donde puedan estar.
Pero tenerlos a mi lado no serviría de nada, porque el cadáver cada vez me está confirmando que solo o acompañado de que me va a llevar me va a llevar, así que no tengo escapatoria.
Quien iba a pensar que todo esto me iba a ocurrir a mí y solamente a mí.
Ella no duerme, digo ella porque sé que es una mujer, se mantiene sentada en un solo sitio y no hace más que observarme, mirando a todo aquel que se acerca a mi camilla, ya sea un familiar de un paciente al que precisamente tengo a mi lado, el médico  de guardia o las mismas enfermeras quienes amablemente están al pendiente de mi estado verificando atentamente la hoja clínica que permanece a los pies de mi cama.
       La noche había llegado, verdaderamente yo no quería que jamás se presentara, había demasiado frío en la habitación, como si el aire acondicionado estuviera encendido. El cielo oscuro, bien oscuro me mostraba ante el ventanal de transparente la cara perfecta de la luna con un  amarillento revuelto con un tono anaranjado, algo para mí majestuoso,  como me habría gustado contemplarla allá afuera. Pero ni modo, debo continuar haciéndolo ya que el accidente automovilístico reciente, muy reciente me dejó totalmente paralizado del cuello hasta los pies, muevo solamente  la cabeza, y así como la muevo perfectamente veo que el cadáver se ha levantado del sitio en donde siempre ha permanecido desde entonces, el silencio reinante me estaba consumiendo por dentro, declarándome varias preguntas que inútilmente no me atrevía a responder, esta  sordina no me gustaba para nada, algo estaba conspirando en contra de mí, y la momia tendría un papel importantísimo en esto.
Todo lo sospechado desde un principio era cierto, el cadáver o la momia o como se llame se le ocurrió la brillante idea de soplarme al oído diciéndome: Soy la muerte, qué tal.
Mi corazón se paralizó, aquello era aterrador, quise decir algo como decir cualquier cosa pero nada se me ocurrió, lanzar un grito para que quienes me oyeran vinieran en mi auxilio y encendieran la luz de la habitación que solamente la iluminaba un rayo débil de la diana señorial que ninguna nube por más avasallante que sea lograba vencerla.
Mucho tiempo tardé para recobrar la voz. La muerte como realmente es su nombre, cosa que yo antes no sabía  volvió a echarse en el mismo sitio en donde siempre ha estado, en un rincón cerca de la ventana.
Después de este horripilante episodio me mantendré más despierto, a un más todavía  que en las anteriores ocasiones y más tratándose de quien se trata que  no le daré ninguna tregua, ninguna cabida para que haga de mí lo que se le antoje.
Debo soportarlo todo, aunque no quiera…Pero cuánto durará todo esto, podré soportarlo, podre aguantar demasiadas noches de insomnio?  Dios mío creo que no. Si me ha de llevar no será ahora, no será cuando ella quiera sino cuando yo lo decida.  
Mi rostro se asemejará a la muerte, las ojeras llegarían hasta el mismísimo piso, y tendré las que debo tener  por los bordes de mis comisuras el tizne negro que es  imborrable, dejando huellas en si, como una mancha indeleble difícil de borrar.
       Las noches se suceden una tras otras con ciertas irregularidades, en algunas ocasiones la luz de la habitación se mantiene encendida, y en otras no, cuando la encienden se debe a que las enfermeras  deben en lo posible de echarle vistazos sucesivos a los pacientes, ya sea para administrarle una medicina o para inyectarle algún medicamento intravenoso, luego las luces son apagadas, se vuelven a encender como a las 3:00 de la mañana.
En otras no hay ninguna ronda por parte del personal médico. El silencio vuelve a reinar, ya la luna perdió su poderío ya que las nubes la mantienen sigilosamente oculta. Han sido ya varias noches que se mantiene prisionera, tanto así que la habitación siempre ha quedado totalmente a oscuras, el llanto de varias mujeres se deja escuchar, el sollozo proviene de la habitación de al lado, tal parece que ha muerto un paciente, ahora escucho pasos que marchan como si fueran perseguidos por un criminal invencible.
La muerte continúa allí, sentada como una gran señora de la alta sociedad, me observa muy detenidamente como descifrando cada uno de mis gestos con  mi actitud, pero no de mis pensamientos.  La muy atrevida me guiña un ojo llevándose la palma de una mano a la sien a guisa de saludo,  yo no sabía que la muerte también saludaba al incauto, o en este caso al  inocente, que no la ofendido ni tampoco agraviado para nada, comportándose de esta manera como se está comportando, para mí sobrepasó el límite, al pretender llevarme  a un lugar que en realidad desconozco, o pensándolo como debo pensarlo, que me contraiga a mí un ojo?…  a decir verdad me carcome de ira, llenándome de una  gran furia que me hace rabiar por un instante.         
       El hacha que ella mantiene firme en su mano derecha está completamente llena de sangre, ese líquido recurrente se destila cayendo gota a  gota por el piso. Y no sé cuál pudiera ser el motivo para que continúe manando, esto verdaderamente me descontrola a tal punto que me aterra sintiéndome inepto y sin fuerzas, pero debo conservarlo, no me puedo doblegarme, aunque no quiera tengo que mantener los ojos bien abiertos, la muy cínica se pasea tan campante por toda la habitación haciéndome las mil y una morisquetas,  no me quita  la vista de encima, su mirada me insulta, la odio por su modo de hacerlo. Por pretender meterme miedo, por sentirse la dueña y señora de la situación, de mi voluntad, mi voluntad que es mía completamente mía  y de nadie más, yo soy después de Dios el dueño de mi duración, él que tiene la potestad absoluta en mí…no quiero que me dejen solo, quiero escuchar la tos de alguien, el estornudo que antes solía oír. Si no los escucho me da la impresión que estoy solo en esta maldita habitación que ya comienzo a odiar, por la sencilla razón de que la muerte la tengo a un lado, que es a mí a quien quiere llevarse y no a ningún otro.
 Quizá si no me hubiera dicho nada a estas alturas yo no estaría alterado, nervioso como lo estoy, con el deseo perpetuo de poder dormirme, mis ojos quieren cerrarse así yo los someta a la fuerza para impedírselos, ellos quieren desobedecerme, empleando como juego el de mantenerme mareado, pido café y me lo traen en el acto, sin saber quien obedeció, si es mujer o no a la respuesta proferida, tomo  la infusión rápidamente, esperando la impugnación obedientemente, la de mantenerme activo y bien despierto. 
Otra vez de noche, la misma rutina con el mismo silencio que comienza a repugnarme, y la muerte allí echada en el suelo esperando a que  me duerma.
Quiero levantarme, quiero intentarlo, no importándome si me caigo o no  de la cama, para sentirme libre de estas cuatros paredes que me desagradan y no quiero mirar jamás, las noches aquí no son las mismas que yo conozco dentro de mi casa, aunque todas son oscuras, hay algo en ellas que las diferencia, quizá todo esto se deba a que estando en mi hogar puedo desplazarme al lugar que quiero estar, en cambio aquí estoy sin hacer nada, acostado como yo lo estoy  ahora cualquiera se aburre sintiéndome cada vez más  impotente, sin saber cuánto tiempo voy a permanecer aquí y en este estado.
 Mis movimientos torpes hicieron tambalear la cama, me sentía excitado con deseos de levantarme que uno más abrupto que los primeros hicieron que la cama callera de lado al piso, menos mal que no tenía ningún suero que cualquier enfermera me hubiera administrado, pero estaba de espalda a la muerte.
Y este simple hecho me llenaba de gozo, aunque fuera como un granito de mostaza.
Me duele el cuerpo, trato en lo posible de arrastrarme valiéndome de los codos, y es de esta forma que me doy cuenta que las extremidades inferiores no responde  incluyendo ambas piernas, a medida que voy avanzando diviso a pocos centímetros  unos pies, pero por más esfuerzos que hago en levantar la cara para ver de quien se trata no pude  alcanzar a verlo, ya que la oscuridad me lo impedía totalmente, el  susodicho avanza en la dirección que llevo tomada, mis  manos tropiezan con sus zapatos. Estaban helados, como recién sacados de un refrigerador, los cuales llevaban años metidos allí.
-De mí no vas a escapar. Afirmó riendo hasta más no poder,- nadie ha escapado de la muerte.
En mi desesperación grité desmedidamente, que mis alaridos  concibieron que entrara en razón, que me diera cuenta que todo lo que me había ocurrido se trataba de una simple si es que estaba dormido de una simple  pesadilla, pero yo no he dormido en todas estas noches, me he mantenido en guardia, como un centinela que está a la expectativa de lo que pueda o no ocurrir, para salvaguardar en este caso no la integridad física de los demás si no la mía propia.
 Ya era de mañana pude constatarlo  a través de una ventana de vidrio, además tenía a mi lado a la buena enfermera que siempre me ha cuidado en todo este tiempo, desde que estado aquí, ella está al pendiente de mis cosas y de lo que verdaderamente me hace falta,  estaba a mi lado muy preocupada, interesándose en lo que me había ocurrido.
-Señor Gilberto, qué me le está pasando?... Ha estado usted gritando fuertemente que tal parece que alguien ha estado persiguiéndolo, que aterrardor.
En realidad ni yo mismo le sé responder, no sé si estaba soñando o estaba despierto, lo único  que sí sé es que luchaba desaforadamente por levantarme de esta camilla y a penas lo pude lograr caigo al piso, pero lo más lamentable fue el haberme tropezado con ella, sus zapatos estaban demasiado fríos.
La enfermera más interesada.
Pero de quién me está hablando.
Quise decírselo, pero no dije absolutamente nada.
Simplemente sonreí.
Ella me mira sonriente como si estuviera diciéndome: ay señor Gilberto, usted y sus cosas… sí que es usted muy misterioso.
       Otra noche,  esta no era como las otras, la lluvia hacia sus estragos allá afuera, los arboles que observo desde acá de vez en vez se tambalean, el agua golpea las ventanas de vidrio rudamente, pero por más que ella pretenda estropearlo nunca podrá lograr su cometido ya que el material con que estaban diseñadas era de muy buena calidad. Los relámpagos el cielo los dejaba escapar de vez  en vez obligando a la tierra a inquietarse, el frio era demasiado para mi débil cuerpo, y echando un vistazo al rincón quedé muy sorprendido al no ver a la muerte allí, mi cuello no da para tanto, es decir  a otras direcciones que por más que  insista trasladando la mirada a otros espacios de la amplia habitación nunca lo podría  lograr, aunque empleara el esfuerzo más potente de mi humanidad, cada empeño es un dolor aterrante, eriza mis huesos y me produce vértigos. Pero debo seguir luchando para no dejarme vencer  e impedir de la una y mil formas de no caer en los brazos de la muerte, que hasta ahora no ha aparecido, sé que en algún momento hará acto de presencia, no sé si mi mente hace que se asome o no.   
La luminosidad de los relámpagos embriagaban de luz la  parte en donde yo me encuentro, sus reflejos  de un color azul enjuagado con el  vino tinto la adornaban increíblemente.
 Por otra parte me siento seguro estando en este lugar, resguardado, amparado, sabiendo que no me mojaría, pero a la vez estaba angustiado  por tener varias noches sin dormir.
Los ojos aunque alternándolos  por  mantenerlos abiertos completamente tratan en lo posible  de cerrarse, si pudiera moverme juro que lo haría,  me levantaría sentándome cerca de la ventana para de esta forma poder entretenerme en algo, observando la lluvia que ahora arrecia,  pasearía por los pasillos entablando conversaciones diversas con las diferentes enfermeras, obreras que se topen  a mi paso. Hojearía y leería revistas o un buen libro que alguien me prestara y sin ningún reparo, pero eso sí  con la recomendación consabida la que conozco y supongo que ustedes  también, y si no le ha pasado, pues se las voy a señalar para que la conozcan,  por si algún día les llega a pasar : al  terminarlo me lo devuelve por favor. Es lo justo, además a quién le gusta perder sus cosas que con tanto esfuerzo adquirió en la vida? A nadie, absolutamente a nadie, he allí el meollo de la cuestión. Así que apréndase de memoria este refrán, para que no caiga como incauto.
Reflexionando en esto cerré los ojos, rápidamente la muerte como una sombra me cubre completamente como si fuera una sabana arrastrándome  vertiginosamente a las afueras de la habitación, la camilla corría velozmente por los pasillos, en una forma que sorprendía, subiendo y  bajando los peldaños de las distintas escaleras del hospital,  de una manera ridícula y hasta graciosa, me sentía   como recién nacido  y al sentir que  estaba totalmente  mojado grito  de una forma aterradora que todos los demás pacientes de las otras habitaciones distante a la mía fueron despertados al igual que los que tengo a un lado.
Ya despierto me doy perfecta cuenta que no  salí de esta habitación, sea cual sea la causa de todos estos hechos el  de estar mojado sin haber salido en ningún momento de esta habitación me confunde, comienza a trastornarme, hasta tal punto que llego  hasta  pensar  cualquier hecho  que se me presente o me suceda, esto verdaderamente va a desequilibrar mi salud, pensando  que si prosigo con estos acontecimientos tal como están ocurriendo  que  solamente me atañe a mí,  la locura la poseo a la puerta.
Si no he salido de esta habitación, de esto estoy consciente por qué razón estoy mojado?
Las luces fueron encendidas, allá afuera todavía la lluvia hace de las suyas, la buena enfermera la que siente un cariño muy especial hacia a mí junto con otras dos que no había visto antes se me acercaron todas hechas un mar de nervios. Y al verme empapado se sorprendieron más, haciéndome las mil preguntas, por mi enfermedad ellas sabían que yo no podía levantarme de la cama por sí solo, y mucho menos acompañado. Entonces, cuál es la razón lógica, de este servidor él que esté  completamente mojado.
 Sea cual sea la razón, dijo la enfermera, la buena mujer, a la que yo le caía superbién.
Cual sea el motivo. Le dice a las otras dos,- debemos secarlo, buscarle una bata no vaya hacer que se nos enferme y sea peor la cosa.
       Las enfermeras me secaron tratándome como si yo realmente fuese un bebé. El trabajo a pesar de ser arduo fue terminado excelentemente, a pesar de la dureza de mi cuerpo.
       Los días sucedieron con la normalidad posible excepto que fui visitado por varios doctores, yo diría por todo el personal médico del hospital, fui acribillado por millares de preguntas, todas relacionadas al último acontecimiento, que yo mismo no podía aclarar.
Y cuando les dije que todo se debía a la muerte, que todavía sigue sentada en el rincón  haciéndome morisquetas  esperando que cierre los ojos para llevarme mientras no se lo permita seguirá haciéndome cosas extrañas para quedar como un estúpido y seguir  siendo la burla del que pueda escuchar mi aseveración insólita, descabellada.
Ellos comenzaron a reír al unísono.
Después del cuchicheo entre ellos mismos. Uno, el más viejo se me acerca diciéndome: tiene usted un pariente al que se le pueda llamar?
Le di el nombre y el número telefónico de mi compadre Alberto. A decir verdad no quería por nada del mundo molestarlo pero dadas las circunstancias a la cual estoy sometido no me quedó otra alternativa que ceder.
Ahora mismo le vamos a llamar. Y manténgase tranquilo, sereno, pero eso sí duerma, el dormir relajadamente le hará bien. Créame que su estado de salud a todos nos tiene preocupado… Duerma.
       La mañana transcurre  tranquilamente, ha  dejado de llover faltando pocos minutos para que llegara el mediodía trayendo de la mano el sol, un sol radiante como de playa, inicia la ardua labor de vaciar todo lo que la precipitación había dejado a su paso. Ya el ambiente comienza a sentirse caluroso, la humedad con la sensación del frio están desapareciendo,  y esto me reconforta, me hace sentir bien, la temperatura que ahora estoy concibiendo  me levanta el ánimo,  en otras ocasiones lo sentía, ahora no, sé que no lo abrigo, tal vez sea el cansancio, acompañado con  el insomnio que la situación que me está envolviendo me hace sentir  débil muy débil. El ánimo está lejos muy distante de mi.
       Mi compadre Alberto me trajo dos agradables sorpresas, la maravilla de ver a mis dos hijos quienes al verme se me acercaron, uno me abrazaba y el otro me tocaba ambos pies, este hecho me hizo trasladar a la época, que él siendo pequeño cuando quería pedirme algo, cuando yo me hacía el dormido, y él insistiendo, buscando las mil y una forma de despertarme, al ver que yo no obedecía, me pellizcaba los pies.
El compadre se disculpó por no haber venido antes, él que siempre estaba al pendiente de mi me dijo que siempre le estaba echando ojitos a mi casa, que fue él quien se puso en contacto con mis muchachos y les contó lo que a mí me había pasado, si yo no estuviera en el estado en que me encuentro jamás lo hubieran sabido. Pero le estoy agradecido porque los puedo ver, porque siento el contacto de su piel después de tantos años que los dejé de percibir, el primero me cuenta que al salir yo de aquí él estará más pendiente de mí, que aprovecharía mi ausencia en la casa para arreglarla, para arreglar algunos detalles en el piso, en las paredes y en el techo y que me compraría lo que me hiciera falta, el otro que me mandaría de vez en cuando dinero para sufragar mis necesidades, por lo tanto aplazaría su regreso al Canadá para ayudar al hermano con reparación de la vivienda.
       Estoy muy contento por mis dos hijos, Dios me ha hecho el milagro de volverlos a reunir trayéndoles a mi lado. Pero sí que han cambiado mis dos muchachos, su fisonomía es diferente, el tiempo lo cambia todo, hasta tienen bigotes…Lastima que esté postrado en esta camilla, que este en este lugar que ahora no lo siento mío, no me pertenece, al ver a mis hijos me siento más angustiado que nunca, porque deseo en estos momentos estar con ellos, aprovechar de su compañía, poder conversar con ellos de padre a hijo, ellos me prometieron venir mañana. Por mis hijos debo recuperarme lo más pronto posible y salir de este lugar yo no sé sí llamarlo infierno, pero la muerte la siento tan de cerca que ya no me la imagino en el rincón, su lugar preferido, por Dios como contarle a mis hijos lo de la muerte, no me parece lógico  que lo haga pronto, ya tendré tiempo para hacerlo, lo haré en casa pero no aquí.
No debo dormir, no debo hacerlo… sé que el mayor al verme siempre me miraba a la cara, pretendía  decirme algo pero no se atrevió, yo sé que quiso señalar  que el mal aspecto de mi rostro ya no era el mismo, sé que recientemente vio una foto mía, no sé cómo llegó hasta él  y quién se la pudo  enviar, ya tendremos el tiempo que sea necesario para que me cuente sobre este hecho, pero sé que al observarme hacia mentalmente la comparación de mi cara con la fotografía,    que estaba malgastado  con ojeras  con algunos rasgos que no eran los míos, eso solamente yo lo sabía y nadie más.
      Una noche más pero esta la siento diferente a  las otras, esta es como muy mía, como si estuviera durmiendo en mi propia cama, en mi propia casa, viendo perfectamente a la cocina que es mi punto de referencia, porque siempre la ventana la tengo a mis espaldas,   el aire me era muy agradable, y refrescante propicio para dejarse arrastrar y refugiarse en los brazos de Morfeo. Cosa que ahora no deseo, por mis hijos, por la valiosísima amistad que tengo con el compadre que siempre ha sido después de Dios el apoyo de mi vida, siendo mi amigo en las buenas y en las malas,
Aunque  reconozco que deseo romper el reto que tengo con la muerte, el de no dormirme porque luego ella me llevará consigo, no quiero permitirme ese lujo, nunca se lo permitiría, los ojos se me cierran  por si solos, los abro los cierro, y así continuo con este fastidioso juego,   y otra vez viene  el consabido proceso.
Hasta que no me quedó más remedio que cerrarlos por completo.

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