JUEGO CON LA MUERTE
Allí está, mírela, en el umbral de la
puerta, ella me quiere llevar pero no voy a permitírselo, sería lo último que
yo haría, aunque me domine el sueño no
se lo permitiré, a pesar de la edad que tengo puedo obedecer todavía a mis instintos, a la fuerza bruta y el aplomo
arrogante, que jamás me han abandonado
ni en las circunstancias más difíciles de mi existencia he podido poner en
orden mi cuerpo pero quiero encontrar
como en otras la orden liberadora, la
que logre dominarla, la que la obligue a
dejarme quieto, he tomado las tazas de café, todas las necesarias para mantenerme
firme y despierto. Quiero tener los dos ojos como platos para estar al
pendiente, y no me queda de otra…aunque quisiera irme a casa ella vendría
conmigo, si me lo acaba de confirmar, si hasta habla conmigo, lo que no me
gusta de ella es que al terminar una frase lanza una escalofriante carcajada
que me produce un feroz miedo, pero no
debo, no debo permitirme el tener miedo, sentirlo sería el fracaso rotundo de
mi vida, es horrible su aspecto, un cadáver, y yo que pensaba cuando estaba
joven que los cadáveres no hablaban, pues esta si habla
Yo
no estoy loco, jamás lo he sido, ni tampoco estoy delirando, no tengo fiebre,
estoy diciendo la verdad, así como ustedes me la están pidiendo asimismo se la
estoy contando con pelos y señales.
Lo
que me está ocurriendo es real, verídico, yo no quiero alarmar a las enfermeras
ni mucho menos a los doctores, si ustedes tuvieran un pie dentro de mi zapato
lo entenderían.
Pero
nadie no lo quiere entender, todos me dicen que debo dormir porque de lo
contrario me voy a debilitar a tal grado que puedan internarme en un manicomio
muy famoso por cierto. Pero yo no les voy a dar ese gusto, tampoco se lo voy a
consentir como tampoco consiento que este cadáver raro me lleve a donde
pretende llevarme, primero muerto antes que aceptar semejante barbaridad de
parte de ellos.
Yo
cuento lo que en realidad a mí, solamente a mí me está aconteciendo, jamás
había yo vivido una circunstancia como esta que no se la deseo ni a mi peor
enemigo.
Pero
lo más lamentable es que estoy solo, yo no tengo familia, mi esposa murió hace
dos años, y de mis hijos que son tres no sé a estas alturas de mi vida donde
puedan estar.
Pero
tenerlos a mi lado no serviría de nada, porque el cadáver cada vez me está
confirmando que solo o acompañado de que me va a llevar me va a llevar, así que
no tengo escapatoria.
Quien
iba a pensar que todo esto me iba a ocurrir a mí y solamente a mí.
Ella
no duerme, digo ella porque sé que es una mujer, se mantiene sentada en un solo
sitio y no hace más que observarme, mirando a todo aquel que se acerca a mi
camilla, ya sea un familiar de un paciente al que precisamente tengo a mi lado,
el médico de guardia o las mismas
enfermeras quienes amablemente están al pendiente de mi estado verificando
atentamente la hoja clínica que permanece a los pies de mi cama.
La noche había llegado, verdaderamente
yo no quería que jamás se presentara, había demasiado frío en la habitación,
como si el aire acondicionado estuviera encendido. El cielo oscuro, bien oscuro
me mostraba ante el ventanal de transparente la cara perfecta de la luna con
un amarillento revuelto con un tono
anaranjado, algo para mí majestuoso,
como me habría gustado contemplarla allá afuera. Pero ni modo, debo
continuar haciéndolo ya que el accidente automovilístico reciente, muy reciente
me dejó totalmente paralizado del cuello hasta los pies, muevo solamente la cabeza, y así como la muevo perfectamente
veo que el cadáver se ha levantado del sitio en donde siempre ha permanecido
desde entonces, el silencio reinante me estaba consumiendo por dentro,
declarándome varias preguntas que inútilmente no me atrevía a responder,
esta sordina no me gustaba para nada,
algo estaba conspirando en contra de mí, y la momia tendría un papel
importantísimo en esto.
Todo
lo sospechado desde un principio era cierto, el cadáver o la momia o como se
llame se le ocurrió la brillante idea de soplarme al oído diciéndome: Soy la
muerte, qué tal.
Mi
corazón se paralizó, aquello era aterrador, quise decir algo como decir cualquier
cosa pero nada se me ocurrió, lanzar un grito para que quienes me oyeran
vinieran en mi auxilio y encendieran la luz de la habitación que solamente la
iluminaba un rayo débil de la diana señorial que ninguna nube por más
avasallante que sea lograba vencerla.
Mucho
tiempo tardé para recobrar la voz. La muerte como realmente es su nombre, cosa
que yo antes no sabía volvió a echarse
en el mismo sitio en donde siempre ha estado, en un rincón cerca de la ventana.
Después
de este horripilante episodio me mantendré más despierto, a un más todavía que en las anteriores ocasiones y más
tratándose de quien se trata que no le
daré ninguna tregua, ninguna cabida para que haga de mí lo que se le antoje.
Debo
soportarlo todo, aunque no quiera…Pero cuánto durará todo esto, podré
soportarlo, podre aguantar demasiadas noches de insomnio? Dios mío creo que no. Si me ha de llevar no
será ahora, no será cuando ella quiera sino cuando yo lo decida.
Mi
rostro se asemejará a la muerte, las ojeras llegarían hasta el mismísimo piso,
y tendré las que debo tener por los
bordes de mis comisuras el tizne negro que es
imborrable, dejando huellas en si, como una mancha indeleble difícil de
borrar.
Las noches se suceden una tras otras con
ciertas irregularidades, en algunas ocasiones la luz de la habitación se
mantiene encendida, y en otras no, cuando la encienden se debe a que las enfermeras deben en lo posible de echarle vistazos
sucesivos a los pacientes, ya sea para administrarle una medicina o para
inyectarle algún medicamento intravenoso, luego las luces son apagadas, se
vuelven a encender como a las 3:00 de la mañana.
En
otras no hay ninguna ronda por parte del personal médico. El silencio vuelve a
reinar, ya la luna perdió su poderío ya que las nubes la mantienen
sigilosamente oculta. Han sido ya varias noches que se mantiene prisionera,
tanto así que la habitación siempre ha quedado totalmente a oscuras, el llanto
de varias mujeres se deja escuchar, el sollozo proviene de la habitación de al
lado, tal parece que ha muerto un paciente, ahora escucho pasos que marchan
como si fueran perseguidos por un criminal invencible.
La
muerte continúa allí, sentada como una gran señora de la alta sociedad, me
observa muy detenidamente como descifrando cada uno de mis gestos con mi actitud, pero no de mis pensamientos. La muy atrevida me guiña un ojo llevándose la
palma de una mano a la sien a guisa de saludo, yo no sabía que la muerte también saludaba al
incauto, o en este caso al inocente, que
no la ofendido ni tampoco agraviado para nada, comportándose de esta manera
como se está comportando, para mí sobrepasó el límite, al pretender llevarme a un lugar que en realidad desconozco, o
pensándolo como debo pensarlo, que me contraiga a mí un ojo?… a decir verdad me carcome de ira, llenándome
de una gran furia que me hace rabiar por
un instante.
El hacha que ella mantiene firme en su
mano derecha está completamente llena de sangre, ese líquido recurrente se
destila cayendo gota a gota por el piso.
Y no sé cuál pudiera ser el motivo para que continúe manando, esto
verdaderamente me descontrola a tal punto que me aterra sintiéndome inepto y
sin fuerzas, pero debo conservarlo, no me puedo doblegarme, aunque no quiera
tengo que mantener los ojos bien abiertos, la muy cínica se pasea tan campante
por toda la habitación haciéndome las mil y una morisquetas, no me quita la vista de encima, su mirada me insulta, la
odio por su modo de hacerlo. Por pretender meterme miedo, por sentirse la dueña
y señora de la situación, de mi voluntad, mi voluntad que es mía completamente
mía y de nadie más, yo soy después de
Dios el dueño de mi duración, él que tiene la potestad absoluta en mí…no quiero
que me dejen solo, quiero escuchar la tos de alguien, el estornudo que antes
solía oír. Si no los escucho me da la impresión que estoy solo en esta maldita
habitación que ya comienzo a odiar, por la sencilla razón de que la muerte la
tengo a un lado, que es a mí a quien quiere llevarse y no a ningún otro.
Quizá si no me hubiera dicho nada a estas
alturas yo no estaría alterado, nervioso como lo estoy, con el deseo perpetuo
de poder dormirme, mis ojos quieren cerrarse así yo los someta a la fuerza para
impedírselos, ellos quieren desobedecerme, empleando como juego el de
mantenerme mareado, pido café y me lo traen en el acto, sin saber quien
obedeció, si es mujer o no a la respuesta proferida, tomo la infusión rápidamente, esperando la
impugnación obedientemente, la de mantenerme activo y bien despierto.
Otra
vez de noche, la misma rutina con el mismo silencio que comienza a repugnarme,
y la muerte allí echada en el suelo esperando a que me duerma.
Quiero
levantarme, quiero intentarlo, no importándome si me caigo o no de la cama, para sentirme libre de estas
cuatros paredes que me desagradan y no quiero mirar jamás, las noches aquí no
son las mismas que yo conozco dentro de mi casa, aunque todas son oscuras, hay
algo en ellas que las diferencia, quizá todo esto se deba a que estando en mi
hogar puedo desplazarme al lugar que quiero estar, en cambio aquí estoy sin
hacer nada, acostado como yo lo estoy
ahora cualquiera se aburre sintiéndome cada vez más impotente, sin saber cuánto tiempo voy a
permanecer aquí y en este estado.
Mis movimientos torpes hicieron tambalear la
cama, me sentía excitado con deseos de levantarme que uno más abrupto que los
primeros hicieron que la cama callera de lado al piso, menos mal que no tenía
ningún suero que cualquier enfermera me hubiera administrado, pero estaba de
espalda a la muerte.
Y
este simple hecho me llenaba de gozo, aunque fuera como un granito de mostaza.
Me
duele el cuerpo, trato en lo posible de arrastrarme valiéndome de los codos, y
es de esta forma que me doy cuenta que las extremidades inferiores no
responde incluyendo ambas piernas, a
medida que voy avanzando diviso a pocos centímetros unos pies, pero por más esfuerzos que hago en
levantar la cara para ver de quien se trata no pude alcanzar a verlo, ya que la oscuridad me lo impedía
totalmente, el susodicho avanza en la
dirección que llevo tomada, mis manos
tropiezan con sus zapatos. Estaban helados, como recién sacados de un
refrigerador, los cuales llevaban años metidos allí.
-De
mí no vas a escapar. Afirmó riendo hasta más no poder,- nadie ha escapado de la
muerte.
En
mi desesperación grité desmedidamente, que mis alaridos concibieron que entrara en razón, que me
diera cuenta que todo lo que me había ocurrido se trataba de una simple si es
que estaba dormido de una simple pesadilla, pero yo no he dormido en todas
estas noches, me he mantenido en guardia, como un centinela que está a la
expectativa de lo que pueda o no ocurrir, para salvaguardar en este caso no la
integridad física de los demás si no la mía propia.
Ya era de mañana pude constatarlo a través de una ventana de vidrio, además
tenía a mi lado a la buena enfermera que siempre me ha cuidado en todo este
tiempo, desde que estado aquí, ella está al pendiente de mis cosas y de lo que
verdaderamente me hace falta, estaba a
mi lado muy preocupada, interesándose en lo que me había ocurrido.
-Señor
Gilberto, qué me le está pasando?... Ha estado usted gritando fuertemente que
tal parece que alguien ha estado persiguiéndolo, que aterrardor.
En
realidad ni yo mismo le sé responder, no sé si estaba soñando o estaba
despierto, lo único que sí sé es que
luchaba desaforadamente por levantarme de esta camilla y a penas lo pude lograr
caigo al piso, pero lo más lamentable fue el haberme tropezado con ella, sus
zapatos estaban demasiado fríos.
La
enfermera más interesada.
Pero
de quién me está hablando.
Quise
decírselo, pero no dije absolutamente nada.
Simplemente
sonreí.
Ella
me mira sonriente como si estuviera diciéndome: ay señor Gilberto, usted y sus
cosas… sí que es usted muy misterioso.
Otra noche, esta no era como las otras, la lluvia hacia
sus estragos allá afuera, los arboles que observo desde acá de vez en vez se
tambalean, el agua golpea las ventanas de vidrio rudamente, pero por más que
ella pretenda estropearlo nunca podrá lograr su cometido ya que el material con
que estaban diseñadas era de muy buena calidad. Los relámpagos el cielo los
dejaba escapar de vez en vez obligando a
la tierra a inquietarse, el frio era demasiado para mi débil cuerpo, y echando
un vistazo al rincón quedé muy sorprendido al no ver a la muerte allí, mi
cuello no da para tanto, es decir a
otras direcciones que por más que insista
trasladando la mirada a otros espacios de la amplia habitación nunca lo
podría lograr, aunque empleara el
esfuerzo más potente de mi humanidad, cada empeño es un dolor aterrante, eriza
mis huesos y me produce vértigos. Pero debo seguir luchando para no dejarme
vencer e impedir de la una y mil formas
de no caer en los brazos de la muerte, que hasta ahora no ha aparecido, sé que
en algún momento hará acto de presencia, no sé si mi mente hace que se asome o
no.
La
luminosidad de los relámpagos embriagaban de luz la parte en donde yo me encuentro, sus reflejos de un color azul enjuagado con el vino tinto la adornaban increíblemente.
Por otra parte me siento seguro estando en
este lugar, resguardado, amparado, sabiendo que no me mojaría, pero a la vez
estaba angustiado por tener varias
noches sin dormir.
Los
ojos aunque alternándolos por mantenerlos abiertos completamente tratan en
lo posible de cerrarse, si pudiera
moverme juro que lo haría, me levantaría
sentándome cerca de la ventana para de esta forma poder entretenerme en algo,
observando la lluvia que ahora arrecia, pasearía por los pasillos entablando
conversaciones diversas con las diferentes enfermeras, obreras que se topen a mi paso. Hojearía y leería revistas o un
buen libro que alguien me prestara y sin ningún reparo, pero eso sí con la recomendación consabida la que conozco
y supongo que ustedes también, y si no
le ha pasado, pues se las voy a señalar para que la conozcan, por si algún día les llega a pasar : al terminarlo me lo devuelve por favor. Es lo
justo, además a quién le gusta perder sus cosas que con tanto esfuerzo adquirió
en la vida? A nadie, absolutamente a nadie, he allí el meollo de la cuestión.
Así que apréndase de memoria este refrán, para que no caiga como incauto.
Reflexionando
en esto cerré los ojos, rápidamente la muerte como una sombra me cubre
completamente como si fuera una sabana arrastrándome vertiginosamente a las afueras de la
habitación, la camilla corría velozmente por los pasillos, en una forma que
sorprendía, subiendo y bajando los
peldaños de las distintas escaleras del hospital, de una manera ridícula y hasta graciosa, me
sentía como recién nacido y al sentir que estaba totalmente mojado grito
de una forma aterradora que todos los demás pacientes de las otras
habitaciones distante a la mía fueron despertados al igual que los que tengo a
un lado.
Ya
despierto me doy perfecta cuenta que no salí de esta habitación, sea cual sea la causa
de todos estos hechos el de estar mojado
sin haber salido en ningún momento de esta habitación me confunde, comienza a
trastornarme, hasta tal punto que llego
hasta pensar cualquier hecho que se me presente o me suceda, esto
verdaderamente va a desequilibrar mi salud, pensando que si prosigo con estos acontecimientos tal
como están ocurriendo que solamente me atañe a mí, la locura la poseo a la puerta.
Si
no he salido de esta habitación, de esto estoy consciente por qué razón estoy
mojado?
Las
luces fueron encendidas, allá afuera todavía la lluvia hace de las suyas, la
buena enfermera la que siente un cariño muy especial hacia a mí junto con otras
dos que no había visto antes se me acercaron todas hechas un mar de nervios. Y
al verme empapado se sorprendieron más, haciéndome las mil preguntas, por mi
enfermedad ellas sabían que yo no podía levantarme de la cama por sí solo, y
mucho menos acompañado. Entonces, cuál es la razón lógica, de este servidor él
que esté completamente mojado.
Sea cual sea la razón, dijo la enfermera, la
buena mujer, a la que yo le caía superbién.
Cual
sea el motivo. Le dice a las otras dos,- debemos secarlo, buscarle una bata no
vaya hacer que se nos enferme y sea peor la cosa.
Las enfermeras me secaron tratándome como
si yo realmente fuese un bebé. El trabajo a pesar de ser arduo fue terminado
excelentemente, a pesar de la dureza de mi cuerpo.
Los días sucedieron con la normalidad
posible excepto que fui visitado por varios doctores, yo diría por todo el
personal médico del hospital, fui acribillado por millares de preguntas, todas
relacionadas al último acontecimiento, que yo mismo no podía aclarar.
Y
cuando les dije que todo se debía a la muerte, que todavía sigue sentada en el
rincón haciéndome morisquetas esperando que cierre los ojos para llevarme
mientras no se lo permita seguirá haciéndome cosas extrañas para quedar como un
estúpido y seguir siendo la burla del
que pueda escuchar mi aseveración insólita, descabellada.
Ellos
comenzaron a reír al unísono.
Después
del cuchicheo entre ellos mismos. Uno, el más viejo se me acerca diciéndome:
tiene usted un pariente al que se le pueda llamar?
Le
di el nombre y el número telefónico de mi compadre Alberto. A decir verdad no
quería por nada del mundo molestarlo pero dadas las circunstancias a la cual
estoy sometido no me quedó otra alternativa que ceder.
Ahora
mismo le vamos a llamar. Y manténgase tranquilo, sereno, pero eso sí duerma, el
dormir relajadamente le hará bien. Créame que su estado de salud a todos nos
tiene preocupado… Duerma.
La mañana transcurre tranquilamente, ha dejado de llover faltando pocos minutos para
que llegara el mediodía trayendo de la mano el sol, un sol radiante como de
playa, inicia la ardua labor de vaciar todo lo que la precipitación había
dejado a su paso. Ya el ambiente comienza a sentirse caluroso, la humedad con
la sensación del frio están desapareciendo, y esto me reconforta, me hace sentir bien, la
temperatura que ahora estoy concibiendo me levanta el ánimo, en otras ocasiones lo sentía, ahora no, sé
que no lo abrigo, tal vez sea el cansancio, acompañado con el insomnio que la situación que me está
envolviendo me hace sentir débil muy
débil. El ánimo está lejos muy distante de mi.
Mi compadre Alberto me trajo dos
agradables sorpresas, la maravilla de ver a mis dos hijos quienes al verme se
me acercaron, uno me abrazaba y el otro me tocaba ambos pies, este hecho me
hizo trasladar a la época, que él siendo pequeño cuando quería pedirme algo,
cuando yo me hacía el dormido, y él insistiendo, buscando las mil y una forma
de despertarme, al ver que yo no obedecía, me pellizcaba los pies.
El
compadre se disculpó por no haber venido antes, él que siempre estaba al
pendiente de mi me dijo que siempre le estaba echando ojitos a mi casa, que fue
él quien se puso en contacto con mis muchachos y les contó lo que a mí me había
pasado, si yo no estuviera en el estado en que me encuentro jamás lo hubieran
sabido. Pero le estoy agradecido porque los puedo ver, porque siento el
contacto de su piel después de tantos años que los dejé de percibir, el primero
me cuenta que al salir yo de aquí él estará más pendiente de mí, que
aprovecharía mi ausencia en la casa para arreglarla, para arreglar algunos
detalles en el piso, en las paredes y en el techo y que me compraría lo que me
hiciera falta, el otro que me mandaría de vez en cuando dinero para sufragar
mis necesidades, por lo tanto aplazaría su regreso al Canadá para ayudar al
hermano con reparación de la vivienda.
Estoy muy contento por mis dos hijos,
Dios me ha hecho el milagro de volverlos a reunir trayéndoles a mi lado. Pero
sí que han cambiado mis dos muchachos, su fisonomía es diferente, el tiempo lo
cambia todo, hasta tienen bigotes…Lastima que esté postrado en esta camilla,
que este en este lugar que ahora no lo siento mío, no me pertenece, al ver a
mis hijos me siento más angustiado que nunca, porque deseo en estos momentos
estar con ellos, aprovechar de su compañía, poder conversar con ellos de padre a
hijo, ellos me prometieron venir mañana. Por mis hijos debo recuperarme lo más
pronto posible y salir de este lugar yo no sé sí llamarlo infierno, pero la
muerte la siento tan de cerca que ya no me la imagino en el rincón, su lugar
preferido, por Dios como contarle a mis hijos lo de la muerte, no me parece
lógico que lo haga pronto, ya tendré
tiempo para hacerlo, lo haré en casa pero no aquí.
No
debo dormir, no debo hacerlo… sé que el mayor al verme siempre me miraba a la
cara, pretendía decirme algo pero no se
atrevió, yo sé que quiso señalar que el
mal aspecto de mi rostro ya no era el mismo, sé que recientemente vio una foto
mía, no sé cómo llegó hasta él y quién
se la pudo enviar, ya tendremos el
tiempo que sea necesario para que me cuente sobre este hecho, pero sé que al
observarme hacia mentalmente la comparación de mi cara con la fotografía, que
estaba malgastado con ojeras con algunos rasgos que no eran los míos, eso
solamente yo lo sabía y nadie más.
Una noche más pero esta la siento
diferente a las otras, esta es como muy
mía, como si estuviera durmiendo en mi propia cama, en mi propia casa, viendo
perfectamente a la cocina que es mi punto de referencia, porque siempre la
ventana la tengo a mis espaldas, el aire me era muy agradable, y refrescante
propicio para dejarse arrastrar y refugiarse en los brazos de Morfeo. Cosa que
ahora no deseo, por mis hijos, por la valiosísima amistad que tengo con el
compadre que siempre ha sido después de Dios el apoyo de mi vida, siendo mi
amigo en las buenas y en las malas,
Aunque
reconozco que deseo romper el reto que
tengo con la muerte, el de no dormirme porque luego ella me llevará consigo, no
quiero permitirme ese lujo, nunca se lo permitiría, los ojos se me cierran por si solos, los abro los cierro, y así
continuo con este fastidioso juego, y
otra vez viene el consabido proceso.
Hasta
que no me quedó más remedio que cerrarlos por completo.
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