Tu
Divina Presencia.
El mar desazonado agita las olas
llevándolas a las rocas, estas amenazantes y con fuerza chocan contra las
peñas, haciendo burbujear sus aguas verdosas.
Tú…No sé de dónde saliste en este preciso
momento, te detienes al verme, esto por supuesto te llama poderosamente la
atención, al verme a altas horas de la tarde sentado en una de las rocas, en
donde el mar palpita agitadamente sus energías.
Y con esa bella sonrisa de
siempre tan agradable, observas el mar lánguidamente, y como por arte de magia
la furia del mar se tranquiliza completamente. Por ahora puedo contemplar el
océano en su vasta inmensidad, sin hallar algo anormal que lo desestabilice.
Así
eres Tú en mi vida, como la marejada serena que despeja mi espíritu cuando está
inquieto armonizándolo en el hogar, lo inyectas de esa paz exquisita que
engalana y realza el bienestar integral de nuestro organismo, en las buenas
relaciones que se despiertan al rayar el alba, o cuando el astro rey lo ilumina
esplendorosamente. Desalojando también todo insulto que pueda proferir los
labios ajenos, que no son los míos al tropezarme en la calle con el individuo
que me tiene sin ninguna razón, mala voluntad.
Me das la prosperidad. ¡Qué bien! Y te lo
agradezco, Tú sabes muy bien que te lo agradezco y más cuando el bolsillo de mi
pantalón, o para ser exacto, cuando mi billetera sedienta exclama por más
dinero.
Eres mi lámpara en medio de la oscuridad, el
timón que controla el velero en plena tempestad, después de acaecida, lo
diriges a puerto seguro, en donde los pasajeros contentos por llegar al muelle, exclaman: ¡Gracias Dios por salvarnos! ¡Gracias!
Eres el comprimido perfecto que regenera mi
musculo indispuesto.
Mi psicólogo que controla mis nervios y reduce
mis migrañas.
El brebaje que me hace conciliar el sueño.
El oxigeno que refina mi sangre actualizándola
cada día.
Mi escolta, El que me protege de la
delincuencia cuando transito por la calle a altas horas de la noche.
El conocimiento sin límites hace
vislumbrar por siempre los versículos de Tu Santa Palabra que cada vez y sin
error llevo a la práctica.
El trepidar de la luz que se hace
proyectar amenazador más allá de nuestras fronteras, combatiendo con asiduidad
la guerra, para que la paz pueda reinar y prosperar cada día más en este país,
tu país y en el mundo entero.
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