domingo, 28 de junio de 2020




Tu Divina Presencia.
      El mar desazonado agita las olas llevándolas a las rocas, estas amenazantes y con fuerza chocan contra las peñas, haciendo burbujear sus aguas verdosas.
      Tú…No sé de dónde saliste en este preciso momento, te detienes al verme, esto por supuesto te llama poderosamente la atención, al verme a altas horas de la tarde sentado en una de las rocas, en donde el mar palpita agitadamente sus energías.
Y con esa bella sonrisa de siempre tan agradable, observas el mar lánguidamente, y como por arte de magia la furia del mar se tranquiliza completamente. Por ahora puedo contemplar el océano en su vasta inmensidad, sin hallar algo anormal que lo desestabilice.
      Así eres Tú en mi vida, como la marejada serena que despeja mi espíritu cuando está inquieto armonizándolo en el hogar, lo inyectas de esa paz exquisita que engalana y realza el bienestar integral de nuestro organismo, en las buenas relaciones que se despiertan al rayar el alba, o cuando el astro rey lo ilumina esplendorosamente. Desalojando también todo insulto que pueda proferir los labios ajenos, que no son los míos al tropezarme en la calle con el individuo que me tiene sin ninguna razón, mala voluntad.
 Me das la prosperidad. ¡Qué bien! Y te lo agradezco, Tú sabes muy bien que te lo agradezco y más cuando el bolsillo de mi pantalón, o para ser exacto, cuando mi billetera sedienta exclama por más dinero.
 Eres mi lámpara en medio de la oscuridad, el timón que controla el velero en plena tempestad, después de acaecida, lo diriges a puerto seguro, en donde los pasajeros contentos por llegar al muelle,  exclaman: ¡Gracias Dios por salvarnos! ¡Gracias!
 Eres el comprimido perfecto que regenera mi musculo indispuesto.
 Mi psicólogo que controla mis nervios y reduce mis migrañas.
 El brebaje que me hace conciliar el sueño.
 El oxigeno que refina mi sangre actualizándola cada día.
      Mi escolta, El que me protege de la delincuencia cuando transito por la calle a altas horas de la noche.
      El conocimiento sin límites hace vislumbrar por siempre los versículos de Tu Santa Palabra que cada vez y sin error llevo a la práctica.
      El trepidar de la luz que se hace proyectar amenazador más allá de nuestras fronteras, combatiendo con asiduidad la guerra, para que la paz pueda reinar y prosperar cada día más en este país, tu país y en el mundo entero.


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