lunes, 13 de abril de 2020








LAS COMADRES



       Qué cosas tiene la vida, ay la vida…Como decía mi abuelita,  algunas veces te da muy buenas sorpresas, maravillas que tú has de recordar por siempre y más cuando te sientes triste, otras nos da unos jalones de orejas que para que te cuento…Yo verdaderamente no sé definirla, si estuviéramos al pendiente de los pasos que frecuentamos dar a diario no nos meteríamos en graves problemas, pero quién?… A ver, quien va estar al pendiente de eso?, ni los grandes maestros de la historia lo hicieron, menos nosotros. Solamente Cristo, él estuvo al pendiente, porque vino con un propósito a la tierra y usted saben a qué vino.
Pobre comadre Julia le mataron anoche a su hijo Rogelio, la policía fue quien lo mató, por santo no fue, el muchacho trajinaba en malos pasos, hay que ver lo que son las madres a veces traen al mundo un bojote de diantres y no están ni siquiera al pendiente de ellos, pero es que la comadre se suda el lomo para mantener la casa, pero sus hijos  son unos tarajallos con pelos en todos lados que por sí solos se las pueden arreglar. Pero ellos nada hacen para cambiarle el juego a la vida.  La Julia está sumamente descuidadita, greñuda, las telas de sus ropas desteñidas, por el tanto aceite que pone a calentar en la sartén porque trabaja en un restauran del centro, sus uñas están maltratadas como si se la pasara todo este  tiempo escarbando la tierra  para sembrar árboles imaginarios que nunca por más que los plante, nunca germinarán por no tener la clorofila. Y eso que yo le he dado con la lengua habla que te habla y ella como si nada, no quiere entrar en razón, yo he buscado por todos los medios posibles de hacerle entender lo que es correcto y nada que reacciona. La pobrecita irá a caer en un hospital si continúa así. Y todavía está bonita la muy condenada. Si no fuera pobre como yo, y como todos los que habitamos en este polvoriento barrio ella sería un hada, lo pienso porque es la mera verdad y no hay otra. Cada vez que la veo trato de disimular mi tristeza, yo la oigo hablar y hablar de su fulano trabajo, que hoy le fue requetebién, me alegro por eso, ella sabe que yo envidiosa no soy Dios me libre, pero  me contento por todo lo bueno que le pueda pasar, otras veces viene casi preocupada, ella todo me lo cuenta, me dice que le fue más o menos y a mí como soy muy sentimental como la Dolores del Rio, se me asoma una chispita de lagrima en cada ojo, le agarro las manos le doy unos toquecitos como solemos hacer las buenas comadres para que le venga el ánimo en donde no lo tenga, le digo:  comadre no se achicopale,  que mañana le va ir mucho mejor que hoy se lo dice la vieja Filomena. Ella se va muy confiada y reída. Al día siguiente viene muy temprano a decirme que le fue fenomenal, y las dos saltamos como chiquitas con muñecas nuevas. Que de cosas, ahora me vuelve la tristeza a corromperme el corazón repitiéndome la misma palabra, la misma pregunta que me hago cada vez que pienso en ella: la Julia debería ahorrar el dinerito sobrante, ese que le queda en el bolsillo en vez de malgastarlos con los buenos para nada  y meterlo en el banco, para que le gane intereses, se puede mudar a otro barrio mejor. Se compra una casa modesta y adiós a las penas posibles y las que puedan llegar de improviso. Porque si no te agarran por los pies te toman por la cabeza. Así no más.
Fui al entierro de su hijo, llovió hasta más no poder con un viento  de padre y señor nuestro que para que le cuento, con truenos que daban desconfianza. Don Pancho decía con ese vozarrón peculiar de gran tenor que siempre ha tenido, ay Dios, Dios mío, ha dicho que  el fallecido era un buen muchacho, que muchos podían decir lo contrario pero en su Andalucía querida y añorada por siempre otro cantar se corría,  hinchado, orondo como pavo real expresaba  el muy charlatán que cuando enterraban a alguien en pleno invierno esa alma se la llevaba el mismísimo  Dios  por ser buena. Yo lo miré largo rato, con cierto recelo diciéndome para mis adentros que eso no era posible, que un asesino, un  ladrón como Rogelio no entraba en el cielo ni a balazos, así rezara el rosario al derecho y al revés. Era pecador hasta por los cuatro costados. Todos sabíamos que era una sabandija, un Juanito alimaña que con su comportamiento malévolo le dio mala vida a la comadre Julia y a todo el mundo, menos mal que nunca se atrevió a decirme algo, porque era capaz de voltearle el hocico para el otro lado, quizá nunca lo hizo por ser su madrina de bautismo. Por él ella ha  estado así, un poco medio chiflada la pobre.  Aquí la única santa es y seguirá siendo la comadre Julia. Ella es la que va entrar derechito al cielo, pero  un criminal que mata gente no puede ser bueno en la vida y mucho menos en el Reino Celestial, caray como va hacer eso posible, si tiene el alma dañada por el pecado, como la semilla diabólica que germina y brota contaminando a las otras  todos los días … A otra inocente con ese hueso  que no sea yo,  ese cuento no me lo trago porque  por vieja conozco la vida,  no sé si por la mitad o  muy completa.
Comadre hoy viniste muy contenta, como que me quieres decir algo pero no te atreves a expresarlo… Ay comadre usted si tiene cosa…Como le va a usted dar pena decirme lo que me quiere decir, lo que tiene atravesado en la garganta y no puede expulsarlo, lo agradable, o lo desagradable, lo que sea, échele afuera no más y entonces para que diantre somos las comadres para ayudarnos, para apoyarnos y contarnos nuestras cosas así sean sinverguenzada pues la contamos.
 Comadre Julia soy toda  oídos. Eche para fuera pues. ¡Comadre y ese anillo tan bonito que carga, ay comadre si hasta parece de compromiso. No me diga que usted!
Me alegro comadrita, Tomasino es un hombre bueno, cabal, aunque muy chapado a la antigua, lo dicen las malas lenguas pero yo no creo que sea cierto, el hombre es responsable en todo, muy  responsable. Comadre usted se ganó el cielo. Ahora la que está alegre soy yo, ya era hora que usted le diera el sí a ese pobre hombre que con tanto afán supo soportar su demora, ay comadrita, pero su felicidad llegó, y yo me alegro por ello. Y que conste que yo no salto de alegría como una cabra loca, porque alguien que me pueda ver el brinco que pego puede decir por ahí a los cuatro vientos, que esta vieja hoy amaneció requetemona. Pero lo suyo es otra cosa, otra dimensión, usted si puede saltar como una cabra loca pues porque se lo merece y punto. 
A las gentes no le haga caso, si una se porta mal hablan, si una se porta bien también parlamentan, y quién las entiende, pues yo creo que nadie, lo mejor es moverse bajo la voluntad del mismísimo Dios y hacer lo que a Él le plazca  y punto, dejando que conversen lo que se les dé la gana, además las gentes por ser gentes siempre hablan lo que es y lo que no es, usted no debe prestarle atención si alguna vez oye hablar mal de Tomasino o de usted misma hágase la sorda, no le pare,  si lo hacen es por pura envidia, usted sabe como yo que lo que hay a nuestro alrededor son en su mayoría  personas resentidas chusmas sin escrúpulos. Lo que importa es la felicidad, su despreocupación y la de ambos. Que critiquen si antier enterró al hijo y hoy precisamente hoy  sale tomada de la mano de un nuevo pretendiente de su casa rumbo a la prefectura para casarse, pues que lo hagan hasta por los codos, no faltaba más si hasta en las mejores urbanizaciones murmuran, pero esta no es un complejo residencial,  aquí es peor la cosa porque es un barrio de mala muerte, en una ranchería populosa, y con el cerro de frente como un dios que nos vigila día y noche. Como un energúmeno que nos desafía proclamando a toda capa que nos va asesinar por invasores.  
       Y así lo hizo la comadrita, se casó por el civil como toda una gran señora, ahora ella no vive en medio nuestro, porque se fue lejos bien lejos con Tomasino a estar en una de las mejores zonas de la ciudad, en un modesto departamento, los otros muchachos, los holgazanes quedaron solos, bien hecho, quién sabe cómo se las arreglaran ni me interesa, porque esos diantres no se preocupan por nada ni por nadie. Esos pobres diablos sin la comadre no valdrán nada. Quién los manda a portarse  mal en la vida y con la comadre, ella que es un panal de miel, pero bien hecho, bien hecho, no me produce ni siquiera un sentimiento de dolor, por ser malos, gracias Diosito que se casó y con Tomasino se ganó la lotería cobrándola todos los días, y que sea feliz con el hombre más bueno de este barrio, ahora por lo visto va a respirar mejor, aire puro, porque allá no va a respirar el aire contaminado que se respira aquí,  ella bien que se lo merece. Por ser buena hija y buena madre  colaboradora al cien por ciento y servicial como el pañuelo que entra y sale de casa, limpiando el sudor de la frente de cualquiera que lo necesite.
 Te voy a echar de menos comadrita, pero algún día que no sea uno de esta semana, te voy a visitar, así como para caerte de sorpresota. Como me gustan a mí, dar sorpresas sin avisar porque si lo decimos no son sorpresas.  Yo te quiero como si fueras una hija más. Te extrañaré por siempre… Pues sí ya me estás haciendo falta condenada… Yo no quiero llorar porque berrear es para las muchachas  que suspiran por un enamorado, yo no estoy para echar flores, estoy vieja para esa gracia ridícula y torpe. No voy a esperar más, mañana que es día jueves te voy a visitar, porque te extraño comadrita, fíjate que ya comienzas hacerme falta, además Tomasino no se va a enojar por verme de nuevo. Y menos estando en su casa. Esto le pasa a una por encariñarse con las personas y más cuando una tiene la familia requetelejos. Pero de que me hace falta la condenada me hace… Y mucho.    


sábado, 11 de abril de 2020



LA VIRGEN DE PALO
     

        A Gisela una niña de apenas ocho años acaban de internarla en un colegio de monjas, el padre no dejaba de demostrar su entusiasmo y satisfacción al  haber convertido este intento en una bonita realidad. La madre y el padre estaban felices por su hija, ya que la niña cambiaria su modo de pensar, de hablar y lo que es más importante la manera de comportarse ante los extraños que regularmente entran y salen por esta casa.
Su padre don Eusebio, era un afamado abogado de mucho renombre, cualquier caso tomado o asignado y estando en sus propias manos era de gran halago para el cliente, si  la solución no la vislumbraba por ningún sitio, en el acto lo declaraba: Perdone amigo este proceso no tiene tramitación alguna. Delo por perdido. Así de simple, de simple era don Eusebio quien  poseía su despacho en un anexo en su propio hogar, así lograba vigilar a sus cinco hijos, estar más al pendiente de ellos, y estar más cómodo, a sus anchas y sintiéndose a gusto. No hay trabajo en donde uno se sienta a gusto, mucho más, que en su propia casa.
 Aunque era muy criticado por sus adversarios, una cuerda de envidiosos y chismosos que no falta por doquier o en cualquier lugar posible donde pueda definirse, la conferenciaban con mal gusto y desatino , tejida con premura  hasta por los cueros, pero él con el temple que se gasta, que se renueva cada día, no le prestaba ningún interés por mal intencionada que pudiera ser. Allá ellos que se pudran en sus propios pensamientos, total yo con mi vida y ellos con la suya. Decía cuando alguien le comentaba cualquier chisme que estaba  de vuelta a su residencia, o simplemente en la propia calle.
       A la semana siguiente Gisela  de arrastras agarrada de la mano del padre quien la obligaba  avanzar un paso más a la par, tomando cualquier forma para lograr el avance, no tenía el ánimo suficiente ni la más mínima disposición  de continuar marchando.
No me puedes obligar papá en algo que no quiero. No deseo estudiar en ese colegio de monjas,  ellas son malas. Decía Gisela incomoda, al ver que ninguna sugerencia posible era tomada en cuenta por el padre. Y es allí en donde se puso a pensar por un rato, mientras el padre la llevaba casi a empujones, que a los niños, a su edad los adultos no se dejan convencer por nada, ni con lágrimas, cuando ellos deliberadamente no aceptan estar en donde ellos no quieren estar.
      El colegio estaba cerca de su casa, él no tendría de ahora en adelante ningún inconveniente para llevarla o recogerla todas las veces que fueran convenientes, esto es lo bueno de trabajar por su propia cuenta, no dependiendo de ningún jefe, quien pudiera más adelante reclamarle lo tarde que pudiera llegar al despacho, la idea de buscárselas en casa, teniendo su propia oficina dentro, fue una idea acertada y muy considerada de parte de su esposa Virginia. Precisamente anoche  los dos habían concretado las semanas que llevarían a Gisela  al colegio quedando estipuladas de la siguiente manera. Un lapso  lo haría su esposa y el otro la recogería  él. Y así viceversa. Los dos quedaron conformes.
Esa misma noche Gisela se la pasó llorando abrazando  a su muñeca de trapo, le había puesto por nombre Juliana en honor a su abuela materna quien desde el cielo la observaba con intenso cariño. A quien adoró y sigue extrañando. A pesar del poco tiempo que lleva estando muerta.
Ella quiso llevársela al colegio pero el padre se lo impidió diciéndole:
Al colegio no se va a jugar con muñecas, se visita para aprender, cultivarse en cosas buenas que sean de provecho para el futuro que más adelante te ayudarán a crecer intelectualmente, para que seas  alguien en la vida.
Como tú papá?. Dijo mirándolo directamente a los ojos.
Si como yo…O más bien mucho mejor que yo. Más adelante te lo explicaré mejor. Así que apura el paso que ya vamos a estar sobre la hora hoy pequeña es tu primer día de clase. No estas contenta?
Ella no respondió.
      La mañana era fresca, con un viento imprudente que rasgaba y desprendía  de los árboles las hojas secas que retozando jugaban en los pies de los transeúntes que deambulaban por allí.
Gisela miraba la casona alta, teñida de un color crema, de paredes limpias, con puertas anchas y ventanas del mismo tamaño, el jardín pulcro, bien cuidado por un anciano quien con un rastrillo en mano baldeaba afanosamente el terreno abundante de helechos, dalias, amapolas, crisantemos y azucenas, esto en realidad era un encantador jardín. No cabía duda que la limpieza y la buena ornamentación florecía tanto en la parte de adentro como en las afueras de este prestigioso recinto. Según el padre de Gisela en esta casa de estudio han pasado grandes líderes, grandes políticos, artistas y grandes personalidades de todos los ámbitos. Hombres y mujeres que han llevado a este país al progreso y al  bienestar inminente.    
Esto también lo había recalcado la madre superiora, a los padres y representantes de los alumnos quienes en el momento de entrar con sus hijos al instituto fueron llevados gentilmente junto con los mimos a un gran teatro que estaba situado en el patio, padres acompañados de sus respectivos hijos escuchaban atentamente la perorata de la monja directora.
Gisela sin que nadie se diera cuenta inclusive de su padre, a la religiosa le sacaba la lengua desafiadamente. Esto me va aburrir espantosamente. Pensaba machacándolo interiormente, se sentiría infeliz, y no quería sentirlo  Los culpables eran sus padres, ellos y nadie más.Cómo no me entienden?  Se decía así misma con reserva y sin ser escuchada, y mucho menos por su padre quien estaba casi pegado a ella. Al terminar el pequeño discurso pero fastidioso para Gisela, la niña por si sola buscó su referida aula. Sin pedirle la ayuda a su padre, a quien creía el único culpable de estar en un colegio que no era de su completo agrado.
El tiempo corría a su disposición con una velocidad increíble, hubo un determinado espacio en donde la madre y el padre cumplieron con normalidad el trato que ambos habían fijado, el de llevar a la niña cada uno en la semana que correspondía.
Los otros tres niños que tenían mayores que Gisela, Eduardo, Felipe y Simón,  fueron sacados de inmediato de su centro de estudios, siendo incorporado a la ligera al de Gisela, esto les permitió a los padres la tranquilidad, evitándole la molestia  en buscar a la hija, como lo estaban haciendo, desde ahora en adelante sería conducida a la escuela por sus propios hermanos.
       Las monjas en las referentes clases recalcaban el respeto que se le debía tener a la madre de Dios la virgen María, Gisela se preguntaba infinidades de veces, por qué hay tantas vírgenes llamadas María y  a estas  les ponen un sin fin de nombres, si solamente hay una. No lo comprendo, no lo puedo adivinar. Y si les hago esta pregunta a estas reverendas estúpidas dirán que soy un demonio. Es mejor estar callada y sin ánimos de ofender a nadie. Pero Gisela no se aguantó las ganas al comunicárselo a una compañera llamada Jacinta, quien creía que ser su amiga, pero Jacinta sin perder tiempo se lo comentó a otras compañeras, está a su vez se encargaron  de convertirlo en chisme el cual rodó como la bola de nieve extendiéndose como,  pólvora e inundando toda la institución, llegando prontamente a oídos de todas las monjas y muy exclusivamente a la madre superiora. Esta no perdiendo tiempo fue al salón hecha una fiera para investigar el asunto. Dio los buenos días, y acercándosele  a Gisela le hizo la pregunta ya conocida por todas. Ella tomándolo con mucha tranquilidad suspiró y mirándola directa a los ojos replicó:
Lo que dije no es motivo de alarma, pienso yo, es mi manera de pensar.
Se te respeta. Lo que no me agrada es que lo estés divulgando a los cuatro vientos y menos en este sitio sagrado. A la virgen se le respeta como a nuestro señor Jesucristo.     
Eso lo sé yo. Dijo la niña tajante.
Entonces porque andas comentando impertinencias que no vienen al caso diciendo que hay muchas vírgenes, que la madre de Jesús son muchas y no una sola. Para mí esto es abominación, una falta de respeto que yo no voy a tolerar. Ahora mismo me voy a comunicar con tus padres a ver qué opinan ellos de todo esto.
Sin decir otra cosa la religiosa salió del aula.
        En la noche Gisela fue reprendida sin  derecho a ver la televisión, ni mucho menos cenar en el comedor junto a sus padres y hermanos, su comida fue llevada enseguida a su habitación.
       Los días se sucedieron tranquilamente. El verde puro se dejaba ver por todas partes, los pájaros por cualquier lugar, con su trinar melodioso alegraban todas las mañanas, se les veía por doquier, en las ramas de los árboles, en la grama de la plaza, o en el extenso patio del colegio, Gisela los contemplaba con verdadera delectación a través de la ventana de vidrio la cual estaba abierta, de vez en vez a medida que iba escribiendo en su cuaderno les echaba un vistazo por si tomaban  vuelo.Evitaba por todos los medios ser sorprendida por la profesora quien muy entusiasta dictaba la clase.
       Llegó el mes de mayo, el  mes de la virgen María, todos los niños estaban muy enloquecidos por la visita de la imagen bendita, que hoy  lunes sería sacada de la iglesia San Juan para ser llevada al colegio, algunas alumnas ayudaban frenéticamente a las monjas acondicionando el altar, este estaba ubicado en el salón principal específicamente a la entrada del instituto.  Muchos ramos de flores sumergidos en diferentes búcaros de desiguales tamaños…La imagen fue traída y colocada en el centro del altar. A simple vista todo se veía perfectamente bien. Mucha imaginación y abundante creatividad.  
Ese lunes no hubo clase, pero todo el alumnado debía estar presentes, no había excusa para no estarlo como lo había insistido la madre superiora  con antelación. Gisela de mala gana estaba allí oyendo la misa oficiada por un sacerdote gordinflón, el individuo en cuestión parecía ser buena gente porque a medida que pronunciaba una palabra sonreía. No como las monjas que desatendieron tener esta bonita cualidad que podría enternecer a  quien la observara  o escuchara .
Ya finalizada la misa Gisela junto con sus hermanos abandonaron el colegio.
El día miércoles de la misma semana, Gisela abandonó por unos segundos su salón de clase. En el pasillo todos los alumnos esparcidos por todas partes platicaban, algunos en pie recostados en las paredes, otros sentados, pero todo lo hacían con el orden y el debido respeto que se merece esta casa de estudios.
Gisela siendo desapercibida aprovechó el momento en caminar por el largo pasillo sin ser vista. Este conducía directamente al salón grande en donde estaba la bendita imagen. Al entrar se llevó la sorpresa de encontrar a tres amigas suyas. Quienes a simple vista estaban rezándole a la madre de Dios. Estas al verla formaron una pequeña algarabía. Jerga que fue arrastrada escuchándose con estruendo, llegando a los propios oídos de tres monjas que merodeaban muy  cerca de allí. Estas a sabiendas que la maraña procedía del salón en donde estaba la imagen apuraron el paso. Mientras tanto Gisela haciendo alarde de su presuntuosa imaginación dijo a sus amigas.
Pues amigas como les venía diciendo para mí (refiriéndose a la Santa Madre)  algo debe tener para que este paradita así como está derecha. Y lo vamos averiguar. Qué les parece?
Qué cosas se te ocurren Gisela cómo lo vas  averiguar. Intervino una alumna toda confundida, al no saber lo que Gisela se proponía hacer.
No me vas a decir que le vas a subir la vestimenta…O sí?. Contestó otra aterrorizada,- Estas chiflada además de loca, yo no me voy a quedar para verlo.( Disponiéndose a salir) allá ustedes y su conciencia, nos vemos en el salón de clase. La muchacha espantada salió corriendo. Dejando a las dos compañeras al lado de la temible Gisela y su intento descabellado debe ver lo que no es permitido averiguar, por ser un sacrilegio, una monstruosidad para la iglesia católica.
Las hermanas llegaron. Las tres observaban detalladamente a las tres muchachas, las religiosas estaban semicultas al borde de una pared. Gisela no perdiendo más tiempo le levantó la parte delantera del vestido a la imagen, las dos muchachas se sorprendieron al ver el palo sosteniendo a la bondadosa y venerable.
Y entonces chicas...Qué opinan?
Las dos quedaron atónitas sin hallar respuesta que pudiera ser considerada en el acto..
Pero qué fue lo que hiciste ángel perverso. Dijo llegando en feroz carrera una revenda corriendo para ponerle fin a este intento patético. Las otras dos atemorizadas salieron corriendo del sitio. Como almas llevadas al mismísimo infierno.
Las dos prioras rodearon a Gisela, mientras la otra la zarandeaba con fuerza por los hombros.
Eres el mismísimo demonio, desde este momento te me vas del colegio y para siempre quedas expulsada.
A medida que la superiora hablaba el forcejeo hacia la niña era cada vez  más intenso, esto le incomodaba a Gisela malhumorándola, más de lo debido, no soportándole otro desagravio más, no tuvo otra opción el levantarle con la mano la toga que llevaba puesta arrancándosela de la cabeza la cual había caído al suelo. Una de las monjas la agarró del piso.
Usted es el demonio convertido en mujer. Déjeme en paz yo me voy por mi propia cuenta. La madre gemía por la humillación que acababa de recibir y más de una niña malcriada que según ella no estaba en sus propios cabales. Lamentándose por lo que había ocurrido. La superiora quedó despeinada. Las otras dos le ayudaron a colocarle la toga en la cabeza.
        Gisela fue expulsada del colegio religioso, en vista del abominable suceso ocurrido, el padre no escatimó esfuerzo en inscribir en un instituto público a la hija,   comprometiéndose con el director  hacerse  responsable de la conducta de su retoño.
Hoy Gisela está ya adulta dirige un taller de modas donde le va espectacularmente bien, tiene tres hijos una hembra  con su mismo nombre. Quizá sea igual o peor que ella por haberle colocado su misma identificación, cosa que no sabrá sino hasta que crezca y el tiempo se lo defina.
 Los otros dos varones son muy tranquilos al igual que su esposo un arquitecto de mucho renombre.
El padre de Gisela murió, su madre sigue viviendo en la misma comunidad, vive con un hijo, el segundo, junto a su esposa y su adorable pequeño.
A veces en la vida cometemos errores, culpas que pueden herir o molestar a otros sin darnos cuenta… Solamente nos ponemos en paz pidiéndole perdón a Dios, y así podremos en breve caminar en la vida con fructífera tranquilidad y armonía. En fin esto forma parte de nuestra infancia.     

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viernes, 10 de abril de 2020


                                              AGRADECIDA DE DIOS.


                                                                              
       Estoy sola en esta habitación, la oscuridad reina por doquier, no sé cuánto tiempo estaré aquí, todo depende de lo bien que pueda estar para que me den de alta lo más pronto posible. Mis hijos piensan que yo no sé lo que tengo, lo que poseo es aterrante, pero me lleno de fe y confianza,  y le pido a Dios insistentemente que me de las fuerzas necesarias para superar todo esto, sé que debo luchar por mis nietos, quiero verlos crecer, a penas son unos niños que no tienen conciencia de nada, que solamente saben decir papá y mamá. Desde que me dijeron que tenía cáncer, que el tumor a medida que avanzaban los años iba creciendo, sentía que la vida paulatinamente se iba apagando poco a poco. Al principio me sentí mal por no hallar qué hacer, pero los ángeles ayudadores siempre están por todas partes, en donde Dios pueda colocarlos, y yo corrí con la gracia de encontrar a uno, que digo a una, mi amiga Rosaura, ella me ha dado todo el aliento del universo, estando al pendiente de mí, llamándome por teléfono en cada momento por si necesito algo. Es como si fuera mi madre, aunque es menor que yo. Mis hijos se han portado también conmigo, llenándome de atenciones, trayéndome esto o aquello . No me quiero morir por la sencilla razón de que no he hecho el trabajo completo en mi vida. Sé que algo me falta, cada quien en este mundo conoce su vida y sabe si ha hecho algo considerable en su fructífera o desgraciada existencia. No soy la primera ni la última.
Sé que en estos casos las personas cuando pasan por lo que yo estoy atravesando recurren al suicidio, yo no lo permitiré, no me lo permito ante la ley de Dios porque soy una devota que cree y confía en El.
       Mis suplicas fueron escuchadas por El que todo lo puede, salí del hospital un día jueves, en casa fui recibida con bombos y platillos por mis hijos y mis nietos quienes me aguardaban en casa para hacerme una pequeña celebración de bienvenida. Aquello fue tan bonito para mí que nunca pude olvidar el hecho de que mis nietos al verme saltaran de alegría  corriendo por el jardín para encontrarse con su querida abuelita, como solían decirme cuando venían a casa y con los brazos abiertos me abrazaban como el oso, todos en tropel y al mismo tiempo. Que uno de mis hijos tuvo que gritarles para que me dejaran en paz y poder continuar con mi paso resuelto hasta la puerta de entrada ayudada por mi hijo  menor Julián el menor . Que se estaba tomando muy en serio el rol de lazarillo.
Déjalos que jueguen conmigo eso los hace sentirse felices como yo con solo verlos me hacen sentir bien.
       Cada día me sentía muy bien. Las terapias me eran muy favorables, mi cabeza la mantenía  completamente cubierta por una pañoleta de vistosos colores. Tanto en casa como cuando iba a realizarme las benditas irradiaciones. Aunque me producían fuertes dolores, debía por mi propio bien soportarlas pacientemente.
       Los días transcurrían velozmente como el viento y con ello las fuerzas acompañadas de la buena disposición se manteniendo a la par de mi organismo, los exámenes rutinarios que se han de practicar en estos casos estamparon resultados satisfactorios. Cada día estaba yo muy agradecida de Dios por la ayuda que me estaba prestando. Tenía conciencia que cuando una es agradecida de todo lo que se tiene, la confianza plena en el Soberano, y la seguridad en sí misma, Dios siempre está vigilante y socorriendo.
       El mantenerme en casa activa al pendiente con la ayuda de Rosaura,  en   todas las necesidades que todo hogar requiere a cada momento, me hacia olvidar de mi malestar, y esto según el médico era bueno y satisfactorio ya que me hacía elevar las defensas. Los dolores de cabeza se aliviaron, dormía perfectamente bien y sin ningún sobresalto. Mis hijos me visitaban diariamente, dejando a sus esposas en casa para vigilarme y ayudarme. Rosaura al ver que estaban a mi lado venía con poca frecuencia, según ella no quería inmiscuirse en nada que pudiera importunar la ayuda que ellos me brindaban por ser mi familia y que por derecho le correspondía, quería no obstaculizar las buenas intenciones que pudieran tener para conmigo, y más que venían desde lejos, la privacidad para con la familia es y seguirá siendo bendecida, afirmaba ella, cada vez que  la llamaba  por teléfono.
        Los niños hacían poco ruido, ellos estaban consientes de que debían obrar en silencio, eran muy considerados, esto me permitió pensar que sus padres habían hablado con antelación de mi situación, y se lo agradezco ya que el bullicio me molestaba un poco.
Mi salud según el médico estaba favorablemente excelente, y esto me llenaba de una gran placidez, mis oraciones estaban siendo oídas llegando directamente al cielo. Todas las tardes mi hijo menor me acompañaba al culto, nos sentábamos al lado de Rosaura quienes atentas escuchábamos el sermón del pastor, quien nos decía que debíamos ser agradecidos en la vida, que habíamos de hacer el bien sin importarnos quien recibía el favor.
       Diciembre llegó de una forma inesperada, y con el mi onomástico cumpleaños, mi marido Alberto llegó esta mañana de la Argentina para celebrar con nosotros las navidades, llevaba ya tres años trabajando en una compañía naviera, los primeros días fueron muy difíciles para mí, ya que no estaba a mi lado, lo extrañaba tanto, que muchas veces en medio de la oscuridad rozaba con mi mano el lado en donde él dormía. Y al no encontrarlo me daba perfecta cuenta que no estaba conmigo, que estaba fuera del alcance de mi brazo y de mi mano, lejos bien lejos de mi persona. Muchas veces quiso que fuera yo a la Argentina a pasar unos días con él, yo estaba entusiasmada con la idea de aceptar su proposición, pasar unos días con él. Pero la debilidad producida por mi enfermedad no me lo permitió.
Pero a Dios gracias esto pertenece al pasado, ahora me siento fuerte muy fuerte, con los deseos intensos de seguir viviendo por mi esposo, mis hijos y sobre todo mis nietos a quien quiero tanto. Me siento feliz y muy dichosa al verlos todos reunidos a mi alrededor, llenándome de mimos, arrumacos, nunca me sentí tan querida como ahora.
Ver el árbol de navidad me llena de ánimo, la grandeza por haber cumplido un año más de vida. Me siento como un héroe por haber derrotado las ligaduras que quieren por todos los medios postrarme en un lecho que siempre esquivo y no quiero permitírmelo, porque no me veo, ni siquiera en una cinta cinematográfica. Mis hijos elogiaban lo bien que me veía con aquel vestido vino tinto que a su padre me trajo esta vez del sur. El collar de perlas que me obsequió mi hijo mayor, junto con el par de sarcillos, Alberto afirmaba que me quedaba espléndidamente bien. Toda una hermosura!
Me siento bien, cada día conforme y mucho mejor.
Alberto y yo bailamos una melodía que solíamos zapatear cuando éramos  apenas unos adolescentes.
Era agradable ver a mis hijos y mis nietos reír de gozo al vernos danzar.
Ya en la noche brindábamos por un año más.
       La noche grisácea  con la luna en el centro nos invitó a salir haciéndonos sentar obligados por su candor en la grama, ambos alzamos nuestros cuellos para contemplar las estrellas que titilaban con mucha frecuencia, haciéndonos evocar momentos agradables, minutos pasados que jamás no podrán volver porque franquearon ya, y lo que avanza jamás regresa.
Cada casa del condado estaba adornada con luces de colores, aquello era sorprendente, alucinante, verse rodeado con muchas agudezas de diferentes colores. Allí sentados como dos enamorados nos acariciábamos y nos besábamos. Alberto estaba aguardando el momento para decirme que el próximo año trabajaría aquí en Venezuela, que había expuesto a la directiva de la empresa la necesidad de estar con su familia, ya que tenía ya demasiado tiempo, el tiempo suficiente fuera de casa y de su país, también había expuesto mi delicada enfermedad. Su manifestación sería tomada en cuenta, ya que Alberto era un eficiente trabajador, le ponía corazón a todo lo que se proponía. Raras veces se enfermaba, era de complexión fuerte, animada en todo, nunca se quejaba. La noticia de tenerlo de vuelta a casa, y cerca de mí me alegró mucho.
Una pertinaz lluvia nos hizo levantar de la grama, que tuvimos que levantarnos rápidamente y entrar a la casa.
Ya en nuestra habitación nos frotábamos con nuestras toallas el cuerpo, para evitar un resfriado.
       El médico me informó en presencia de mi esposo estando en su oficina, al revisar unos papeles, quizá serían los exámenes que momentos antes su enfermera le hizo llegar al entrar, y al cerrar la puerta la mujer, me expuso satisfactoriamente con cara sonriente que el tumor había desaparecido por completo. Yo me levanté del asiento y abrace a mi esposo demasiada contenta. Dándole las gracias al doctor me hizo hincapié al  señalarme que debía estar controlándome cada mes si era necesario, que no debía por ningún motivo descuidarme. Nunca yo me desatendí, al contrario tomé las medidas necesarias para hacerle frente como toda una guerrera a esta temible enfermedad.
Menos mal que el tumor cancerígeno se detectó a tiempo.
       Esa tarde fría fui a la iglesia para darle las gracias al que todo lo puede, nuestro señor Jesucristo. De regreso mi hijo menor y yo vimos a Rosaura un poco extraña sin saber qué hacer en la parada del bus. A sus pies estaba una maleta muy abultada, le pregunté curiosamente por el embalaje.
Amiga, mi hermana me acaba de echar de su casa y todo por culpa de su marido, el desgraciado tomó su dinero para tragárselo en aguardiente, al no hallarlo, el condenado le dijo que fui yo quien lo había tomado, que me había visto con sus propios ojos cuando los había cogido. Pero lo que me da muchísima tristeza es dejar mi empleo, tener que regresar a mi pueblo. 
En donde llevas como tú lo has dicho mucho tiempo y lo que te falta, que serán muchos, porque eres joven, y tienes una vida por delante… Le dije tomándole las manos cariñosamente,- pues mi amiga del alma, usted no se me va a ninguna parte, usted se viene ahora mismo conmigo a mi casa que desde hoy será la suya hasta que usted lo disponga.
En serio? Preguntó con divertida alegría.
Es en serio. Cuándo yo me he jugado contigo. Y en un caso como este jamás se debe hacer.
Ella se quedó muda con cara divertida.
Nunca. Le contesté. (A mi hijo),- Juan ayuda con la maleta. Este obedeció rápidamente.
Los tres cruzamos la vía con demasiada prisa llegando al instante al vehículo aparcado en un paraje. Juan se me parecía más y más a Alberto, siempre atento y obediente como su padre cumpliendo a cabalidad y sin protestas las ordenes que yo solía  mandarle. Juan era quien estaba al volante.
       Al llegar a casa se la presenté a mi marido, cada vez que yo me comunicaba con él por vía telefónica siempre le hablaba de ella.
       Los meses corrieron a toda prisa, y con ellos llegó el esperado día de la graduación de mi hijo menor Alfonso. La ceremonia de graduación se llevó a cabo en el teatro de la misma universidad donde cursaba sus estudios, un anfiteatro muy espacioso. El arreglo ornamental había quedado de maravilla, todo absolutamente todo, había quedado  bien dispuesto para la conmemoración.
Mi hijo se veía absolutamente satisfecho irradiando la alegría que jamás había visto en él, tal como si fuese una antorcha brillante en medio de la obscuridad. Alberto y yo también estábamos satisfechos al saber que nuestros seis hijos eran unos profesionales. Para recordar tan agradable ocasión los tres muy juntitos nos habíamos sacado varias fotos. Las cuales más adelante, Alberto y yo disfrutábamos juntos al observarlas en el álbum familiar.
       Rosaura nos trajo para sorpresa nuestra, un joven, para decirnos más adelante que era un pretendiente, en cierta ocasión cuando me ayudaba en deshuesar un pollo en la cocina me dio una noticia que me hizo sentir bien. Me dijo que eran novios, que se gustaban desde el primer día en que se vieron. Y aunque esto me huele a novela de folletín, le recalqué que estuviera segura de lo que estaba haciendo. Que no se fuera de la primera, porque un resbalón puede traer consecuencias graves. Pero la cosa no quedaba allí, Rosaura había llegado muy lejos, el muchacho la llevó a su casa para que conociera a sus padres, estos quedaron contentos con la muchacha.
La relación amorosa duró cuatro años, cuatro años en donde había discusiones, tristezas y alegrías. Alberto y yo nada decíamos al respecto ya que nosotros también habíamos pasado por esto.
       El día de la boda llegó. Y esto me hizo pensar que en la vida todo ocurre de prisa. A los dos días, Rosaura e Iván, nos abandonaron, yéndose al otro lado del condado. Aunque siempre estaba al pendiente de mí, cosa que le agradezco lo suficiente, yo le decía en son de gracia que cuando saliera embarazada de su primer hijo yo quedaría en el último peldaño de la escalera, Rosaura inquieta y nerviosa respondía alegando, que no, que ni siquiera yo pensara en eso, que nunca ocurriría porque yo era después de su madre muerta, la segunda mamá que Dios le había regalado. Rosaura era huérfana de padre y madre. Su mamá falleció de pulmonía cuando ella contaba apenas con siete años, luego su padre murió en un accidente de carro. Fue criada a golpes por su hermana mayor quien la maltrató haciéndole la vida de cuadritos.
Pobre hija mía, pobre Rosaura, siempre al pendiente de mí que para no dejarme sola, tuvo que trasladarse una vez más a casa a vivir para siempre junto a nosotros y con su esposo. Ya que la casa en donde ellos habitaban tuvo que ser demolida para convertirla en una plaza pública.
       Rosaura y su esposo ocupan la parte de arriba, mientras que Alberto y yo habitamos en la parte de abajo.
Somos una familia feliz.


                                                                           

domingo, 5 de abril de 2020



                                                                           
                                                            DESCARADA HASTA LOS PIES.

       

           Usted de nuevo, vaya, ya esto se está pasando de la raya, créame que  para mí no es ninguna sorpresa verla plantada a mi puerta.
Le he dicho, que estoy  cansada de decirle que entre su marido y yo no hay nada,  nada de nada, expiró, murió, ya no existe. Le queda claro como el agua, o todavía está revuelta, porque déjeme decirle señora mía que si está turbia ya es harina de otro costal, ya no es por la parte mía, otra se la está ensuciando y muy feo.
Búsquela y a mí me deja en paz de una vez por todas. Yo estuve muy enamorada de él como usted no se lo imagina, tanto que me pintó pajaritos en el aire, como una estúpida  le creí, en esos pájaros que encontré en mi mente, un pequeño espacio, en ese espacio yo volaba con ellos, montada sobre ellos, jugaba con ellos, me entusiasmaban tanto que los acariciaba, contemplándolos con cierta inocencia infantil, por supuesto  esto me agradaba infinitamente, y  llenaba mi espíritu.
El nunca me dijo que era casado. Créame señora, que le estoy diciendo la verdad, y no se lo juro porque lamentablemente no tengo por quien jurarlo, además no meto a Dios en este asunto, porque a Él no le agrandan estas cosas.
Yo no soy una ladrona de hombres señora respéteme que yo hasta el momento no le he faltado, él me engañó si quiere pregunte por ahí quién soy yo, ande, camine por el vecindario y le darán buenas referencias de mi persona.
Lo malo es que me sigue buscando, diciéndome que volvamos a estar juntos, que ya ha hablado con usted para que le dé el divorcio. Sabe cómo me enteré que era casado? ya le echo el cuento,  en una ocasión entró al baño a ducharse y dejó su pantalón en el respaldo de una silla, y como yo soy una curiosa por los cuatro pelos, y los cuatro costados tomé la prenda muy apresurada,  la angustia me estaba matando por si me descubría  en el acto vergonzoso, que  cualquier hombre lo disgusta al pelo, y más con lo  que estaba cometiendo usted dirá. Y cuál fue la sorpresota señora mía, que justamente cuando lo agarre, de unos de sus bolsillos cayó al piso un anillo de bodas  igual como el que tiene usted en el dedo de su mano izquierda. ¿Qué le parece?
Cuando salió del baño secándose con  la toalla,  mi toalla, porque en todo este tiempo ni siquiera se compró una, le pregunté que si era casado, le mostré en sus narices el anillo, y el muy descarado me respondió que no, que no era casado, Pero yo insistía, usted sabe como somos  las mujeres, me inventó miles de historias que no quiero contar porque me hiere. Perdóneme pero usted tiene más derecho en él porque es su esposa, su verdadera esposa  con papel sellado y testigos demás.
En cambio yo, yo simplemente soy la otra, la que está sentada sentada con cara de idiota en segunda fila...Pero hay algo que yo quiero decirle, tengo al igual que usted sentimientos, los mismos sentimientos que tiene usted cuando verdaderamente se quiere a un hombre.
Yo quiero a su marido señora, o mejor dicho para que suene mejor al oído con música e instrumentos,  a su marido lo adoro, a pesar que me haya mentido.
Soy una vulgar tonta. Pero en el corazón no mandamos, si no que son otras las personas quienes mandan, las que se posesionan del corazón de una, como lo hizo su marido con el mío
Discúlpeme pero a veces hay que hablar con la verdad por delante, a sabiendas que la otra persona pueda resultar  herida como usted y con todo el derecho del mundo y más con lo que le estoy diciendo no es para menos.
EL me ofreció matrimonio,un casamiento bonito, con invitados, luna de miel con un viaje por el mar Caribe, le suena espectacular...Y a quién no? yo pensaba en es futura unión, como una jovencita, como todas las jóvenes de el mundo que se quieren casar a temprana edad. 
En el viaje que ambos haríamos, en mi enlace que sería una gran celebración,  como usted pudo haberlo tenido, que de seguro votó la casa por la ventana...Figúrese,  me sentía como una reina. Y más con el vestido de novia...Qué reina ni ocho cuartos... una princesa, una verdadera princesa! 
Él fue quien me propuso matrimonio,  Yo ni siquiera se lo había pedido.
Cuando quedaba ingrima y sola en esta casa que él mismo me construyó sin usted saberlo, su compañía me hacía gran falta. 
Ahora comprendo claramente que los viajes que hacia al interior del país era para pasarla con usted. Tanto a  usted como a mi nos engañó.
La envidio señora, pero con una envidia sana, porque aunque usted no lo crea también existen envidias sanas. Creo yo que no le hacen daño a nadie...Usted que opina?...Esta bien... No diga nada. Estamos hablando de algo serio que nos involucra a las dos.
Cuando llegaba de regreso de sus  viajes inventados, cualquier cosa traía consigo, algo sencillo pero de sumo placer muy conquistable por cierto, pero que a mí me fascinada, me enloquecía hasta el borde escociéndome de alegría. 
Sabía lo que a mi me gustaba, lo que me hacía saltar, llenándome de gran júbilo, cambiándolo todo, hasta la manera de ver las cosas tal como son en realidad.
Como puede ver él  me conocía muy bien. Ahora  me busca insistentemente, implorándome que vuelva, viene todas las noches a tocarme la puerta, créame señora que  he intentado  por todos los medios acabar con esta relación, que no es buena, ni para usted ni para mi,  le insisto que no quiero verlo jamás, me duele mirarlo, así, triste, compungido y más implorandome que sea su mujer, a veces lo he visto llorar desde la ventana que siempre mantengo abierta, me hago  la fuerte y no sé hasta que tiempo podré soportarlo.
Me hace gran falta, verlo corretear por todas las habitaciones en busca de algo que le he pedido con afán que me encuentre. 
Cuando me ayuda a cocinar el estofado que a él tanto le gusta condimentándolos juntos, cuando adornamos el árbol de navidad que hace dos años me compró, cuando veíamos  en la televisión cualquier película divertida, que nos hacía  reír  comiendo palomitas de maíz hasta decir basta.
Señora, yo a su marido lo adoro, yo sé que usted no me entiende.Pero nos amamos y yo simplemente no sé qué hacer.

Sí señora usted tiene toda la razón, su marido no puede tener dos mujeres a la vez, yo la entiendo, sé que usted, como se lo dije al principio, es la esposa, la legitima... Él supo envolverme muy fácilmente en esta  maraña, donde caí redondita enamorándome, pero qué más puedo decirle, nada que  no sea mi culpa, se lo vuelvo a decir que conste que no fue mi culpa. Lo demás ya usted lo sabe de sobra.
Sí él deja de fastidiarme le prometo que lo dejaré en paz, ahora si ocurre lo contrario reanudo la  relación, gústele o no. 

         


































   . .             
   
  

 CONVERSACIONES CON UNA NIÑA MALA.                                 

    Algún día vas a saber lo que es bueno muchacha, lamentaras todo lo que haces por los momentos, ser malcriada es el mérito más bochornoso que persona alguna puede tener, qué confundidos están las que son como tú. Se creen que por tener ese confundido decoro,  el poder absoluto de llevarse por las crismas al que consigan por delante. Esas jovencitas como tú lo que dan es lastima, una verdadera lástima, porque son tentadas por el mismísimo demonio que le dicen cosas malévolas al oído, cosas terribles, en la mañana, en la tarde y hasta en la noche, por qué te lo digo? porque tienes la misma actitud todo el bendito tiempo. Ay muchacha, tienes que ir a misa, hablar seriamente con el cura  y contarle, a parte de que eres malcriada, las locuras que a diario se te ocurren por esa cabecita loca que tienes. Y no me pongas esa cara de inocente como me la estas poniendo ahora porque  tú sabes que yo tengo toda la razón del mundo al afirmarlo, muchacha, cómo se te ocurre prenderle fuego al gato de doña Proba, sí,  así como lo oyes, al gato de la señora Proba,  le rociaste al pobre animalito gasolina, para luego cometer tu malévola  fechoría. A nadie quien tenga los cinco sentidos bien puestos se le ocurre hacer tanta maldad, solamente a un engendro del diablo como tú, que el Señor lo reprenda. La pobre mujer vino hasta acá a reclamármelo, a decirme que yo no te supe criar, que en vez de tener a una hija buena y con  buenos principios como yo  me lo estaba creyendo, tenía una experta en maldades, ideando a cada momento cosas aborrecibles para hacerle daño a sus semejantes. Y a mí eso me duele, claro que me duele porque yo soy tu mamá, pero yo no me merezco eso de ti, de ti no, tú sabes como yo me parto el lomo para dártelo todo, para que no te falte nada, y como me pagas haciendo diabluras, infinitas diabluras como romperle a Rosaura su mantel de hule que tanto le costó encontrar en el mercado del centro, ella me había hablado antes que quería comprar un mantel, que estaba ahorrando un dinerito para obtenerlo, ella me lo mostró cuando lo obtuvo, un tapete blanco con manojos de flores rojas pintadas a ambos lados, era demasiado bonito que hasta a mi me encantó, pero tú aprovechando el momento que en su casa nadie había corriste y se lo rompiste con una hojilla de afeitar, no me digas que tú no fuiste porque la chismosa de Paula te vio cuando saliste corriendo de allí como alma que lleva el diablo, ave maría purísima, por tu culpa Rosaura no me habla, mi mejor amiga no me habla, ya no sé qué hacer contigo, también vino Juana a decirme que estaba contentísima haciendo un caldo de gallina para darle de comer a sus cinco hijos quienes sentados en el patio esperaban el ansiado almuerzo, Juana salió de la cocina por un momento, pero llegaste tú, y como tienes una cabeza donde te rondan ideas maquiavélicas, agarraste un pote de cereal vacío, visualizaste como el ángel negro que tiene ojos por todas partes una cueva de bachacos, recogiste la tierra que estaba a su alrededor y se la lanzaste al caldo, pero no te conformaste con eso si no que lo revolviste con un cucharon. La pobre Juana cuando llamó a sus cinco hijos a comer sentándolos en sus respectivos asientos, escupieron  el asquerosísimo caldo y no era para menos. Me lo contó Jairo quien te vio salir de allí corriendo. Y para colmo, para sentirme más mal con todo esto, anteayer vino el Padre Remigio a decirme muy furioso, que la Nena y tú rezando ante la imagen de la virgen María se tiraron sendos pedos de padre y señor mío, que atrocidad, que asco, pero no,  están más chifladas que nuca, porque no se percataron que a un lado de ustedes, estaban un buen grupo de personas rezándole también  a la imagen, estos por supuesto corrieron a la sacristía y se lo contaron con pelos y señales al cura. Ay yo no sé qué hacer contigo muchacha. Yo no sé tampoco si la nena fue la que te echó a perder, tú no eras así, sabes quién eras tú, una niña muy tranquila, recuerdo que cuando juntas salíamos a la calle  hacer cualquier compra, o algo que en realidad nos hiciera falta yo te dejaba  en la  en la tienda de don Cayetano sentada en un banco.Y ya de regreso te  encontraba en el mismo sitio sentada muy tranquila. Pero ahora que recuerdo mamá decía siempre, tanto a mí como a mis hermanos: aquel que quiere echarse a perder por si mismo lo logra, que todo dependía de uno. Así nos lo contaba mi pobre madre que en paz descanse. Te echaste a perder tu solita querida. Cuánto atrevimiento, cuánta diablura, no tienes compostura, que tus ligerezas han  llegado también a la escuela, ningún sitio se te escapa, ninguno, ya ni le prestas la debida atención a la maestra Rosita, yo tengo entendido, porque yo también fui a la escuela, que al colegio se va para aprender y no para vender tortitas como la Nena y tú lo venían haciendo durante mucho tiempo, mientas la maestra Rosita estaba dirigiendo su clase, escribiendo en la pizarra el salón completo era un mercado libre, la escuela es un lugar de enseñanza y de respeto, y no un lugar para ponerse a vender tortas como lo hace su hija, hasta me regañó, por no  meterte en cintura diciéndome que si yo no hacía nada  al respecto,  se vería en la obligación por el bien suyo, y de sus  alumnos llevar el caso a la dirección o al organismo competente quien se encargará de ordenar la salida inmediata al problema requerido. Y el bendito problema eres tú mi niña, qué te parece muchacha?, qué te parece?. Pues a mí me parece muy bien que alguien se pronuncie, porque todos merecemos  respeto y consideración, como la maestra, como yo...Nosotras nos lo merecemos, vivir en armonía con los demás como dicen por allí nadie está puesto por  el gobierno para que lo pisoteen y lo maltraten deliberadamente. Y menos la maestra Rosita que es buena como el pan.
Así que si no cambias mantente al pendiente, que guerra avisada no mata a soldado y si lo mata ya sabes lo que le pasa. Pero pensándolo bien, a quien le has declarado la guerra, verdaderamente la guerra es a la pobre Juana, el techo se lo dejaste un colador, enormes agujeros tiene, que la pobre no se da abasto cuando llueve torrencialmente colocando cubetas  para recoger el agua que cae en la sala y en la habitación donde duerme el pequeño Emilio. Omar y tú son los culpables que Juana sufra cuando cae un palo de agua, es que yo siendo Juana a los dos los denuncio, ganas no le han sobrado, pero la tonta no lo ha hecho dizque por tenerme consideración, por el santo favor que una vez le hice, cuidandole a Emilio en el hospital cuando estaba enfermo de pulmonía. Ahora yo me pregunto ángel negro, porque de blanco no estas vestida... Qué carrizo te propones hacer ahora? Qué diabluras tienes añejada en tu cabecita? Te lo estoy preguntando para estar advertida por si me rondan las moscas las mato. Te lo vuelvo a preguntar…Qué te propones? Ah...ya...! que quieres vivir con tu padre…Pues me parece una excelente idea, mañana mismo te preparo  las maletas, te llevo a la estación, pero eso sí, quiero verte metida dentro del autobús.  Es lo mejor, como pasaste de grado que sea él quien te pague el año escolar entrante,  y por qué no?... los demás también, sí vas a vivir con él que los pague como debe ser, y si quieres visitarme hazlo que las puertas de esta casa estarán  abiertas para ti, quiero verte cambiada muchacha, no hecha una santa, eso jamás porque los santos están en el cielo y no en la tierra. Sé que tu partida me va a doler mucho, muchísimo porque soy tu mamá y a las madres los hijos les duelen y les hacen gran falta no verlos. Pero compréndelo a ti nadie te quiere por tu mal comportamiento, tu padre te recibirá bien, él te quiere mucho, y la mujer que tiene ni se diga. Vas a estar bien, yo también lo estaré, porque estarás con el que te engendró.
Venga un abrazo, un abrazo fuerte pero que se sienta de veras.           
   

miércoles, 1 de abril de 2020

 










 


                                                                        PASOS SOSEGADOS




El odio con tu divina magnificencia se desplaza.
El amor reina en todas las latitudes embriagando los rostros bondadosos del que nos sonríe a diario, saludándonos y dándonos la acogida en su humilde morada.
Los alces cuyas ramas se estremecen bajo el viento dominante hacen gemir las hojas que estremeciéndolas humildemente pronuncian tu nombre.
Los pasos sosegados y bien confiados se detienen, y observas que todo está majestuosamente tranquilo, la rapidez ya a sucumbido, porque el caminante con la mirada va contemplando el infinito, tiene la certeza que desde ahora en adelante todo marchará bien.
Los pájaros comienzan a engalanar con sus ecos sonoros el amanecer, los ojos se abren, y un rayito de luz  se deja colar por la ventana que alguien por descuido dejó abierta de par en par, los brazos se estiran el cuerpo  para acoplarlo a la medida del tiempo. Otro día más de vida.
Que contentamiento.
La mano se abre, el apretón se hace sentir my intensamente, juntos caminan muy sonrientes, van los dos mirándose el uno al otro, los obstáculos se hacen a un lado vertiginosamente mientras recorren la estrecha senda que pulula delante, los rayos del astro rey se debilitan, haciendo placentero el andar.
Ninguno de los dos se hablan, solamente sonríen, los cielos se abren, todo está hermoseado, lo que originalmente está erigido desaparece, solos estamos Tú y yo en este espacio que antes no conocía , pero ahora estando en tu presencia, yo puedo afirmar categóricamente que ya lo conozco completamente.
 Gracias por desconectarme del mundo real cuando estoy bajo tu presencia.  








                                                                                             ALELUYA                                       












































  
  


         

                                               
 

                 

         


                                                              EL JUEGO DE LA MUERTE

       







             Allí está de nuevo plantada a mis pies, mirándome con esa cara que tanto aborrezco, nunca nadie me había contemplado de esa manera malsana como ella lo está haciendo ahora. Le grito a todo pulmón, que se vaya que no quiero volver a verla, que deseo por todos los ángeles del cielo conciliar el sueño, hasta quedar sumergido, sepultado en el, me siento cansado, muy inútil, con el solo deseo, para que repetirlo de nuevo, sí ya ustedes  lo saben, pero al implorarselo la muy descarada ríe hasta más no poder, gritándome: Que nunca lo hará, que le pertenezco de la cabeza a los pies. Ni que fuera mi esposa.
De veras que yo no entiendo lo que está pasando, su voz no me es conocida,  Y con ese velo que cubre la cabeza y cara realmente no sé quién es. Y vistiendo de negro. ¿Pero a quién se le ocurre visitar a un enfermo como yo  en un hospital visitarme con esa  facha ridícula, yo no estoy muerto, estoy vivo.
Quién es usted. Cómo se llama. Por favor deseo dormir, desde que usted comenzó a visitarme desde la semana pasada  no me ha dejado hacerlo, el sueño es lo más importante  para cualquier ser humano,  Comprende lo que le estoy diciendo.Si no me dice quién es usted llamaré a seguridad para que la corran de inmediato . Así que váyase. (A manera de suplica),- Por favor retírese  Además pienso yo que  me le parezco a un familiar suyo, a quien usted adora, así que no soy nada suyo.
En esta circunstancia la que usted me está proporcionando jamás podre dormir como Dios manda, y continuando allí, mirándome como una idiota, perdóneme por decirlo pero no me queda de otra, al llamarla como se me antoje. Es que me da coraje que esté allí casi pegada a mis pies como una estatua.
(Reflexiona) Todo esto debe ser locura, la locura que se está apoderando de mi mente, que me hace ver cosas donde no las hay,  no sé en que manera, pero esta visión es extraña porque no la había tenido nunca que yo recuerde.
Quiero dormir pero en esta ridícula circunstancia no podré hacerlo. Y lo que más he lamentado, que he llamado a todas las enfermeras, al médico de guardia, no sé a cuantos he llamado, pero lo cierto es que he perdido ya la cuenta, ellos a nadie, a nadie ven allí clavada como una estatua. Nadie me cree, ni mi familia. Pero ella está allí. Mirándome con esa sonrisa que detesto.
Miro al techo como buscando pedir auxilio de lo alto. Cierro los ojos, y lloro, lloro como un niño que le han arrebatado el álbum de barajitas que con abundante placer está coleccionando.
Ya tranquilo rio con gran alegría al no verla allí parada.
Vuelvo a cerrar los ojos, y al abrirlos, me llevo la fatal sorpresa. La mujer vestida de negro está allí.
Usted quiere saber mi nombre. Dice enérgica.
Atento la escuchaba. Porque era la primera vez que gesticulaba palabra alguna.
Soy la muerte. Y quiero llevarte,  ya se te está cumpliendo el plazo de tu existencia.
Rio, rio hasta más no poder...Solo a una demente se le puede ocurrir decir  semejante disparate.
No te rías. Gritó con enojo.
El sonido de su ladrido hizo mover las lamparas que colgaban del techo.
Lo soy...Lo soy...Mírame.
Se despoja del velo de la cara, quedando descubierta totalmente.
Mis ojos no podían creer lo que estaba viendo, el corazón me palpitaba con fuerza, que todo el cuerpo se me paralizó completamente. Una horrible carabela, la mujer es una carabela... y es la muerte!
Grité, grité.
Tres enfermeras acudieron rápidamente.Preguntándome la razón de mis alaridos.
Le conté resumidamente lo que me había ocurrido.
Y al juzgar por la manera como me contemplaban sabía que lo referido de mi parte era producto de mi imaginación.. Callé. Era lo mejor.
 Una de ellas, la morenita con gafas me dijo que estaría de guardia y al pendiente de mí.
Esta bien. Dije con una media sonrisa.
Quiero llamar a mi familia pero de nada valdrá por la sencilla razón... la de siempre. Te estas volviendo loco, eso es imposible, tú y tus imaginaciones.
Debo dormir, dormir, pero si cierro los ojos dejándome dominar por el sueño ella me lleva, me lleva no se dónde. Pero por qué tiene que pasarme esto a mi?
Llegó tu hora, vayámonos ya, no debemos perder tiempo más del que hemos malgastado.
No y no, yo no voy a ningún sitio con usted.Váyase sola y déjeme en paz por Dios.
No, yo no me iré sola, nos vamos juntos.
El pobre hombre trataba de mantener bien abiertos los ojos, pero el poder de la muerte cada vez era más fuerte, aunque él se opusiera las veces que quisiera, ella más lo vencía, hasta que, no quedándole otra alternativa, quizá fue por el agotamiento, producto de llevar varias noches sin dormir, cerró los ojos. . 


 


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