miércoles, 1 de abril de 2020
EL JUEGO DE LA MUERTE
Allí está de nuevo plantada a mis pies, mirándome con esa cara que tanto aborrezco, nunca nadie me había contemplado de esa manera malsana como ella lo está haciendo ahora. Le grito a todo pulmón, que se vaya que no quiero volver a verla, que deseo por todos los ángeles del cielo conciliar el sueño, hasta quedar sumergido, sepultado en el, me siento cansado, muy inútil, con el solo deseo, para que repetirlo de nuevo, sí ya ustedes lo saben, pero al implorarselo la muy descarada ríe hasta más no poder, gritándome: Que nunca lo hará, que le pertenezco de la cabeza a los pies. Ni que fuera mi esposa.
De veras que yo no entiendo lo que está pasando, su voz no me es conocida, Y con ese velo que cubre la cabeza y cara realmente no sé quién es. Y vistiendo de negro. ¿Pero a quién se le ocurre visitar a un enfermo como yo en un hospital visitarme con esa facha ridícula, yo no estoy muerto, estoy vivo.
Quién es usted. Cómo se llama. Por favor deseo dormir, desde que usted comenzó a visitarme desde la semana pasada no me ha dejado hacerlo, el sueño es lo más importante para cualquier ser humano, Comprende lo que le estoy diciendo.Si no me dice quién es usted llamaré a seguridad para que la corran de inmediato . Así que váyase. (A manera de suplica),- Por favor retírese Además pienso yo que me le parezco a un familiar suyo, a quien usted adora, así que no soy nada suyo.
En esta circunstancia la que usted me está proporcionando jamás podre dormir como Dios manda, y continuando allí, mirándome como una idiota, perdóneme por decirlo pero no me queda de otra, al llamarla como se me antoje. Es que me da coraje que esté allí casi pegada a mis pies como una estatua.
(Reflexiona) Todo esto debe ser locura, la locura que se está apoderando de mi mente, que me hace ver cosas donde no las hay, no sé en que manera, pero esta visión es extraña porque no la había tenido nunca que yo recuerde.
Quiero dormir pero en esta ridícula circunstancia no podré hacerlo. Y lo que más he lamentado, que he llamado a todas las enfermeras, al médico de guardia, no sé a cuantos he llamado, pero lo cierto es que he perdido ya la cuenta, ellos a nadie, a nadie ven allí clavada como una estatua. Nadie me cree, ni mi familia. Pero ella está allí. Mirándome con esa sonrisa que detesto.
Miro al techo como buscando pedir auxilio de lo alto. Cierro los ojos, y lloro, lloro como un niño que le han arrebatado el álbum de barajitas que con abundante placer está coleccionando.
Ya tranquilo rio con gran alegría al no verla allí parada.
Vuelvo a cerrar los ojos, y al abrirlos, me llevo la fatal sorpresa. La mujer vestida de negro está allí.
Usted quiere saber mi nombre. Dice enérgica.
Atento la escuchaba. Porque era la primera vez que gesticulaba palabra alguna.
Soy la muerte. Y quiero llevarte, ya se te está cumpliendo el plazo de tu existencia.
Rio, rio hasta más no poder...Solo a una demente se le puede ocurrir decir semejante disparate.
No te rías. Gritó con enojo.
El sonido de su ladrido hizo mover las lamparas que colgaban del techo.
Lo soy...Lo soy...Mírame.
Se despoja del velo de la cara, quedando descubierta totalmente.
Mis ojos no podían creer lo que estaba viendo, el corazón me palpitaba con fuerza, que todo el cuerpo se me paralizó completamente. Una horrible carabela, la mujer es una carabela... y es la muerte!
Grité, grité.
Tres enfermeras acudieron rápidamente.Preguntándome la razón de mis alaridos.
Le conté resumidamente lo que me había ocurrido.
Y al juzgar por la manera como me contemplaban sabía que lo referido de mi parte era producto de mi imaginación.. Callé. Era lo mejor.
Una de ellas, la morenita con gafas me dijo que estaría de guardia y al pendiente de mí.
Esta bien. Dije con una media sonrisa.
Quiero llamar a mi familia pero de nada valdrá por la sencilla razón... la de siempre. Te estas volviendo loco, eso es imposible, tú y tus imaginaciones.
Debo dormir, dormir, pero si cierro los ojos dejándome dominar por el sueño ella me lleva, me lleva no se dónde. Pero por qué tiene que pasarme esto a mi?
Llegó tu hora, vayámonos ya, no debemos perder tiempo más del que hemos malgastado.
No y no, yo no voy a ningún sitio con usted.Váyase sola y déjeme en paz por Dios.
No, yo no me iré sola, nos vamos juntos.
El pobre hombre trataba de mantener bien abiertos los ojos, pero el poder de la muerte cada vez era más fuerte, aunque él se opusiera las veces que quisiera, ella más lo vencía, hasta que, no quedándole otra alternativa, quizá fue por el agotamiento, producto de llevar varias noches sin dormir, cerró los ojos. .
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