lunes, 13 de abril de 2020








LAS COMADRES



       Qué cosas tiene la vida, ay la vida…Como decía mi abuelita,  algunas veces te da muy buenas sorpresas, maravillas que tú has de recordar por siempre y más cuando te sientes triste, otras nos da unos jalones de orejas que para que te cuento…Yo verdaderamente no sé definirla, si estuviéramos al pendiente de los pasos que frecuentamos dar a diario no nos meteríamos en graves problemas, pero quién?… A ver, quien va estar al pendiente de eso?, ni los grandes maestros de la historia lo hicieron, menos nosotros. Solamente Cristo, él estuvo al pendiente, porque vino con un propósito a la tierra y usted saben a qué vino.
Pobre comadre Julia le mataron anoche a su hijo Rogelio, la policía fue quien lo mató, por santo no fue, el muchacho trajinaba en malos pasos, hay que ver lo que son las madres a veces traen al mundo un bojote de diantres y no están ni siquiera al pendiente de ellos, pero es que la comadre se suda el lomo para mantener la casa, pero sus hijos  son unos tarajallos con pelos en todos lados que por sí solos se las pueden arreglar. Pero ellos nada hacen para cambiarle el juego a la vida.  La Julia está sumamente descuidadita, greñuda, las telas de sus ropas desteñidas, por el tanto aceite que pone a calentar en la sartén porque trabaja en un restauran del centro, sus uñas están maltratadas como si se la pasara todo este  tiempo escarbando la tierra  para sembrar árboles imaginarios que nunca por más que los plante, nunca germinarán por no tener la clorofila. Y eso que yo le he dado con la lengua habla que te habla y ella como si nada, no quiere entrar en razón, yo he buscado por todos los medios posibles de hacerle entender lo que es correcto y nada que reacciona. La pobrecita irá a caer en un hospital si continúa así. Y todavía está bonita la muy condenada. Si no fuera pobre como yo, y como todos los que habitamos en este polvoriento barrio ella sería un hada, lo pienso porque es la mera verdad y no hay otra. Cada vez que la veo trato de disimular mi tristeza, yo la oigo hablar y hablar de su fulano trabajo, que hoy le fue requetebién, me alegro por eso, ella sabe que yo envidiosa no soy Dios me libre, pero  me contento por todo lo bueno que le pueda pasar, otras veces viene casi preocupada, ella todo me lo cuenta, me dice que le fue más o menos y a mí como soy muy sentimental como la Dolores del Rio, se me asoma una chispita de lagrima en cada ojo, le agarro las manos le doy unos toquecitos como solemos hacer las buenas comadres para que le venga el ánimo en donde no lo tenga, le digo:  comadre no se achicopale,  que mañana le va ir mucho mejor que hoy se lo dice la vieja Filomena. Ella se va muy confiada y reída. Al día siguiente viene muy temprano a decirme que le fue fenomenal, y las dos saltamos como chiquitas con muñecas nuevas. Que de cosas, ahora me vuelve la tristeza a corromperme el corazón repitiéndome la misma palabra, la misma pregunta que me hago cada vez que pienso en ella: la Julia debería ahorrar el dinerito sobrante, ese que le queda en el bolsillo en vez de malgastarlos con los buenos para nada  y meterlo en el banco, para que le gane intereses, se puede mudar a otro barrio mejor. Se compra una casa modesta y adiós a las penas posibles y las que puedan llegar de improviso. Porque si no te agarran por los pies te toman por la cabeza. Así no más.
Fui al entierro de su hijo, llovió hasta más no poder con un viento  de padre y señor nuestro que para que le cuento, con truenos que daban desconfianza. Don Pancho decía con ese vozarrón peculiar de gran tenor que siempre ha tenido, ay Dios, Dios mío, ha dicho que  el fallecido era un buen muchacho, que muchos podían decir lo contrario pero en su Andalucía querida y añorada por siempre otro cantar se corría,  hinchado, orondo como pavo real expresaba  el muy charlatán que cuando enterraban a alguien en pleno invierno esa alma se la llevaba el mismísimo  Dios  por ser buena. Yo lo miré largo rato, con cierto recelo diciéndome para mis adentros que eso no era posible, que un asesino, un  ladrón como Rogelio no entraba en el cielo ni a balazos, así rezara el rosario al derecho y al revés. Era pecador hasta por los cuatro costados. Todos sabíamos que era una sabandija, un Juanito alimaña que con su comportamiento malévolo le dio mala vida a la comadre Julia y a todo el mundo, menos mal que nunca se atrevió a decirme algo, porque era capaz de voltearle el hocico para el otro lado, quizá nunca lo hizo por ser su madrina de bautismo. Por él ella ha  estado así, un poco medio chiflada la pobre.  Aquí la única santa es y seguirá siendo la comadre Julia. Ella es la que va entrar derechito al cielo, pero  un criminal que mata gente no puede ser bueno en la vida y mucho menos en el Reino Celestial, caray como va hacer eso posible, si tiene el alma dañada por el pecado, como la semilla diabólica que germina y brota contaminando a las otras  todos los días … A otra inocente con ese hueso  que no sea yo,  ese cuento no me lo trago porque  por vieja conozco la vida,  no sé si por la mitad o  muy completa.
Comadre hoy viniste muy contenta, como que me quieres decir algo pero no te atreves a expresarlo… Ay comadre usted si tiene cosa…Como le va a usted dar pena decirme lo que me quiere decir, lo que tiene atravesado en la garganta y no puede expulsarlo, lo agradable, o lo desagradable, lo que sea, échele afuera no más y entonces para que diantre somos las comadres para ayudarnos, para apoyarnos y contarnos nuestras cosas así sean sinverguenzada pues la contamos.
 Comadre Julia soy toda  oídos. Eche para fuera pues. ¡Comadre y ese anillo tan bonito que carga, ay comadre si hasta parece de compromiso. No me diga que usted!
Me alegro comadrita, Tomasino es un hombre bueno, cabal, aunque muy chapado a la antigua, lo dicen las malas lenguas pero yo no creo que sea cierto, el hombre es responsable en todo, muy  responsable. Comadre usted se ganó el cielo. Ahora la que está alegre soy yo, ya era hora que usted le diera el sí a ese pobre hombre que con tanto afán supo soportar su demora, ay comadrita, pero su felicidad llegó, y yo me alegro por ello. Y que conste que yo no salto de alegría como una cabra loca, porque alguien que me pueda ver el brinco que pego puede decir por ahí a los cuatro vientos, que esta vieja hoy amaneció requetemona. Pero lo suyo es otra cosa, otra dimensión, usted si puede saltar como una cabra loca pues porque se lo merece y punto. 
A las gentes no le haga caso, si una se porta mal hablan, si una se porta bien también parlamentan, y quién las entiende, pues yo creo que nadie, lo mejor es moverse bajo la voluntad del mismísimo Dios y hacer lo que a Él le plazca  y punto, dejando que conversen lo que se les dé la gana, además las gentes por ser gentes siempre hablan lo que es y lo que no es, usted no debe prestarle atención si alguna vez oye hablar mal de Tomasino o de usted misma hágase la sorda, no le pare,  si lo hacen es por pura envidia, usted sabe como yo que lo que hay a nuestro alrededor son en su mayoría  personas resentidas chusmas sin escrúpulos. Lo que importa es la felicidad, su despreocupación y la de ambos. Que critiquen si antier enterró al hijo y hoy precisamente hoy  sale tomada de la mano de un nuevo pretendiente de su casa rumbo a la prefectura para casarse, pues que lo hagan hasta por los codos, no faltaba más si hasta en las mejores urbanizaciones murmuran, pero esta no es un complejo residencial,  aquí es peor la cosa porque es un barrio de mala muerte, en una ranchería populosa, y con el cerro de frente como un dios que nos vigila día y noche. Como un energúmeno que nos desafía proclamando a toda capa que nos va asesinar por invasores.  
       Y así lo hizo la comadrita, se casó por el civil como toda una gran señora, ahora ella no vive en medio nuestro, porque se fue lejos bien lejos con Tomasino a estar en una de las mejores zonas de la ciudad, en un modesto departamento, los otros muchachos, los holgazanes quedaron solos, bien hecho, quién sabe cómo se las arreglaran ni me interesa, porque esos diantres no se preocupan por nada ni por nadie. Esos pobres diablos sin la comadre no valdrán nada. Quién los manda a portarse  mal en la vida y con la comadre, ella que es un panal de miel, pero bien hecho, bien hecho, no me produce ni siquiera un sentimiento de dolor, por ser malos, gracias Diosito que se casó y con Tomasino se ganó la lotería cobrándola todos los días, y que sea feliz con el hombre más bueno de este barrio, ahora por lo visto va a respirar mejor, aire puro, porque allá no va a respirar el aire contaminado que se respira aquí,  ella bien que se lo merece. Por ser buena hija y buena madre  colaboradora al cien por ciento y servicial como el pañuelo que entra y sale de casa, limpiando el sudor de la frente de cualquiera que lo necesite.
 Te voy a echar de menos comadrita, pero algún día que no sea uno de esta semana, te voy a visitar, así como para caerte de sorpresota. Como me gustan a mí, dar sorpresas sin avisar porque si lo decimos no son sorpresas.  Yo te quiero como si fueras una hija más. Te extrañaré por siempre… Pues sí ya me estás haciendo falta condenada… Yo no quiero llorar porque berrear es para las muchachas  que suspiran por un enamorado, yo no estoy para echar flores, estoy vieja para esa gracia ridícula y torpe. No voy a esperar más, mañana que es día jueves te voy a visitar, porque te extraño comadrita, fíjate que ya comienzas hacerme falta, además Tomasino no se va a enojar por verme de nuevo. Y menos estando en su casa. Esto le pasa a una por encariñarse con las personas y más cuando una tiene la familia requetelejos. Pero de que me hace falta la condenada me hace… Y mucho.    


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