viernes, 8 de mayo de 2020

                                               









UNA CORTA CONVERSACIÓN EN EL PARQUE


Siempre la misma rutina, no le digo yo la de siempre, la que solo yo conozco, porque aunque no quisiera decirlo me pertenece, la rutina que quiero separar de mi vida, las que otros también pretenden hacer pero no lo hacen por no encontrar las sobradas ganas de hacerlo como yo, mi vida tengo que separarla de la rutina, la usanza juega conmigo, conmigo juega la práctica , y por qué juega la rutina conmigo?, porque no encuentro la manera de apartarla, ella siempre está de mi lado, me harta, sea en la parte derecha, en la izquierda, en los pies llegándome a la cabeza, mortificándome de la manera más injusta e incompetente.  Alguien como yo que no desea corretear con la maña, por la sencilla razón, que se lo estoy  permitiendo hasta ahora, como se lo dije al comienzo de la conversa, por ser persistente se lo he autorizado, ¿quién lo diría eh? Le he abierto las puertas y las ventanas de mi voluntad, para que esté allí agazapada como una garrapata pegada al animal, sumergida en las tinieblas, indefensa la muy inocente, como quien no quiere hacer daño y lo hace conscientemente, más estúpido es aquel que se deja como yo convencer, permitiéndose que esté arrinconada, sumisa, muy disciplinada, haciéndose la víctima, pobrecita, la muy zorra, quizá quiera impactar al que la sufre, no me da vergüenza decirlo, porque estamos en democracia, somos libres de expresar nuestros pensamientos, lo que se nos antoje, nos produzca risas, llantos, inconformidad, rabia, lo que sea,¿ lo  que debemos sentir hacia ella es una lástima profunda, una compasión que no tiene límite?  ¿Una caridad que hiere, que perjudica, que hace mal y enferma? No señor, no…Pero quién,  dígame usted, quién no ha sufrido de una rutina hoy en día semejante a la mía?  yo creo que deben ser multitudes, si montones, quienes la padecen como yo, podemos romper con ella, ¿cuál podría ser la solución al alcance a mi cercanía, a la que pueda echarle mano? A decir verdad no lo sé, y quienes la han sufrido no lo han dicho, no se han expresado hasta el momento que yo sepa, no me lo han dicho porque no los conozco, pero lo estoy diciendo ahora para no comprometer a nadie o a cualquiera, ni en la prensa, ni en la televisión, mucho menos lo he leído en las revistas que he ojeado últimamente porque me gusta leerlas. Si hubo alguna información nunca me enteré, hasta ahora nunca lo he sabido y si esto me ocurrió la culpa la tiene la bendita rutina, por no decir  otra cosa, una grosería que quiero expresar, pero no lo hago por respeto a usted mí querido vecino. Quise llenarme de muchas actividades para evadirla, yendo al gimnasio, caminar por lugares que antes desconocía, haciendo picnics, yendo al velódromo, de pesca, o  visitando el zoológico que está muy cerca de aquí, usted no lo ha visitado?...Pues claro que lo ha visitado. Verdad que es una maravilla, una rica y agradable experiencia que  uno se merece disfrutar, uno se entretiene con los animales que resultan amigables y más cuando se visita con frecuencia, como yo tenía por costumbre hacerlo todos los fines de semana. Pero no sé cuál pudiera ser la razón que todo lo que hacemos repetidas veces nos cansa, al menos que no sea el trabajo que te apasiona y te llena de una satisfacción intensa que cada día te hace sentir súper bien, o nuestra profesión que escogimos en nuestras vidas, la que verdaderamente nos excita, nos gusta y forma parte de nuestro estilo de vida. Todos los fines de semana, incluyendo también  los días de asueto iba a la playa con un grupo de amigos, con mi esposa, con  mis hijos y la señora de servicio, una trinitaria buena gente, y muy hacendosa en todo lo que uno le encomienda. Los primeros días eran agradables, el trayecto se nos hacía placentero con ese sol radiante,  exquisito que nos hacía ver las cosas de otra manera diferente, con un brillo jamás visto, todo aquello me hacía sentir bien, completamente bien, a todos nos hacía sentir de la misma forma. Reíamos, todos estallábamos  de risa con la gracia y  las ocurrencias de nuestros hijos al decir lo que veían, comentaban cualquier diablura o un chiste inventado para alegrarte el paseo y hacerlo menos aburrido.  Esto es demasiado importante en el traslado y en los muchos que se puedan hacer.
Lo cierto es que nos aburrimos, todos nos contrariamos de la bendita playa, no era una sola la que visitábamos, eran varias, quizás con esto pretendíamos evitar la monotonía no sabiendo que el tedio por si solo vendría en algún momento sin ser llamado, sin ser conjurado la bendita rutina, pero se hizo presente sin previo aviso. Yo pienso que todo esto se debió, lo digo por mí, por el hecho de llegar a nuestro departamento cansados, con la piel tostada debido a la exposición indebida de la luz solar, idea de mi mujer, la cual debíamos someternos religiosamente al bronceado al salir del agua, usábamos  diferentes ungüentos de buena calidad, de marcas muy prestigiosas de la India, de la china y hasta del Japón. Debemos quitarnos esta ridícula palidez de nuestros cuerpos para así obtener un buen color que denote buena alimentación, y un bienestar excelente. Indicaba mi esposa muy afable. Lo cierto es que dejamos de ir a la playa por un largo tiempo, lo dejamos pasar, así vino otro y otro, sepultándolo lo olvidamos de nuestra mentes la palabra Litoral. Quiero decirle que ya no la necesitamos y no nos hace falta. ¿Sabe una cosa?  A mí lo que más me entretiene en esta vida es un buen libro y más si su autor es famoso muy conocido del cual tenga una buena referencia en otras obras que haya leído anteriormente. Poseo muchos libros, desde pequeño, además de mi esposa y mis hijos amamos los libros. Cuando era pequeño, tendría yo seis años a la cuenta ya sabía leer y escribir, mi padre siempre traía a casa un buen libro, y como trabajaba en otro estado muy distante al nuestro en donde estábamos residenciados, me sorprendía con ese lindo detalle que hasta ahora le agradezco, de allí parte el amor a la lectura. Mis lecturas favoritas desde entonces eran las de aventuras, pero a través de los años todo fue un cambio sorpresivo, luego salté a otras asimilaciones románticas, infantiles, teatro, y pare de contar…Yo no sé por qué le estoy confesando todo esto? Yo no sé si usted me entiende. Sí que me entiende, gracias por entenderme, al principio yo no lo creía así. A veces uno necesita en la vida aparte de su esposa, a alguien como usted quien  lo sepa escuchar, entender, sabe una cosa? uno se siente más reanimado, más desahogado. Como la bebida que se tiene enfrente de nuestra vista  al alcance de nuestras manos. Con esto no quiero decir que soy un bebedor empedernido, además una cerveza de vez en cuando no cae nada mal, estamos propensos a ser invitados a fiestas, a matrimonios, cumpleaños y hasta aniversarios de bodas. Todos los habitantes de este  planeta en cierta ocasión hemos bebido. Sea a la edad que se tenga. Bueno es hacerlo con mucha moderación. En este breve lapso que he conversando con usted me he dado cuenta que la comunicación es importantísima en todo los aspectos de nuestras vidas. Me he entretenido con usted a mares, no me he fastidiado para nada con usted, me la he pasado perfectamente  cómodo en su grata compañía, ahora cuénteme, suele venir con frecuencia a este parque, claro, por supuesto, si vivimos cerca de aquí, en el mismo edificio, ahora que recuerdo  su departamento está frente al mío…Que pregunta tan estúpida la mía. El que tiene boca se equivoca decía mamá que en paz descanse, y los viejos como nosotros muy raras veces nos equivocamos, la vejez  está llena de conciencia, de vivencias, que pueden ser útiles a las demás personas. Pronto caerá la noche, y está haciendo un frío que más tarde helará los huesos, esta zona siempre  lo ha sido. Sabe…Quisiera volver a verlo en otra oportunidad  para que conversemos de otras cosas, hasta podría visitarnos cuando usted lo crea conveniente, venga a nuestro departamento, ya que vivimos frente a frente, a unos cuantos pasos diría yo, para echarnos a reír con gusto, nos tomaríamos  un rico chocolate, sabe, mi mujer sabe prepararlo como usted no tiene idea, y acompañado  con unas galletitas el paladar le va a resultar a gloria, bueno yo me limito a repetir  lo que otros compañeros me  han dicho, lo bueno que sabe al haberlo probado con las susodichas galletas.
Quiero compartir con usted y con su esposa  otro momento idéntico. Hasta el momento usted no me ha dicho nada, ¿qué le parece la idea? la que yo le estoy proponiendo? Entonces lo espero, le hablaré a mi esposa de usted, visítennos cuando usted tenga el gusto de hacerlo. Vayámonos que el frío de la noche ya comienza hacer estragos en nuestros huesos, usted no lo siente? Pues yo si lo estoy sintiendo y mucho. Lo ayudo a levantarse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario