UNA CORTA CONVERSACIÓN EN EL PARQUE
Siempre la misma rutina, no le digo yo la de
siempre, la que solo yo conozco, porque aunque no quisiera decirlo me
pertenece, la rutina que quiero separar de mi vida, las que otros también pretenden
hacer pero no lo hacen por no encontrar las sobradas ganas de hacerlo como yo,
mi vida tengo que separarla de la rutina, la usanza juega conmigo, conmigo
juega la práctica , y por qué juega la rutina conmigo?, porque no encuentro la
manera de apartarla, ella siempre está de mi lado, me harta, sea en la parte
derecha, en la izquierda, en los pies llegándome a la cabeza, mortificándome de
la manera más injusta e incompetente.
Alguien como yo que no desea corretear con la maña, por la sencilla
razón, que se lo estoy permitiendo hasta
ahora, como se lo dije al comienzo de la conversa, por ser persistente se lo he
autorizado, ¿quién lo diría eh? Le he abierto las puertas y las ventanas de mi
voluntad, para que esté allí agazapada como una garrapata pegada al animal,
sumergida en las tinieblas, indefensa la muy inocente, como quien no quiere
hacer daño y lo hace conscientemente, más estúpido es aquel que se deja como yo
convencer, permitiéndose que esté arrinconada, sumisa, muy disciplinada,
haciéndose la víctima, pobrecita, la muy zorra, quizá quiera impactar al que la
sufre, no me da vergüenza decirlo, porque estamos en democracia, somos libres
de expresar nuestros pensamientos, lo que se nos antoje, nos produzca risas,
llantos, inconformidad, rabia, lo que sea,¿ lo
que debemos sentir hacia ella es una lástima profunda, una compasión que
no tiene límite? ¿Una caridad que hiere,
que perjudica, que hace mal y enferma? No señor, no…Pero quién, dígame usted, quién no ha sufrido de una
rutina hoy en día semejante a la mía? yo
creo que deben ser multitudes, si montones, quienes la padecen como yo, podemos
romper con ella, ¿cuál podría ser la solución al alcance a mi cercanía, a la
que pueda echarle mano? A decir verdad no lo sé, y quienes la han sufrido no lo
han dicho, no se han expresado hasta el momento que yo sepa, no me lo han dicho
porque no los conozco, pero lo estoy diciendo ahora para no comprometer a nadie
o a cualquiera, ni en la prensa, ni en la televisión, mucho menos lo he leído
en las revistas que he ojeado últimamente porque me gusta leerlas. Si hubo
alguna información nunca me enteré, hasta ahora nunca lo he sabido y si esto me
ocurrió la culpa la tiene la bendita rutina, por no decir otra cosa, una grosería que quiero expresar,
pero no lo hago por respeto a usted mí querido vecino. Quise llenarme de muchas
actividades para evadirla, yendo al gimnasio, caminar por lugares que antes
desconocía, haciendo picnics, yendo al velódromo, de pesca, o visitando el zoológico que está muy cerca de
aquí, usted no lo ha visitado?...Pues claro que lo ha visitado. Verdad que es
una maravilla, una rica y agradable experiencia que uno se merece disfrutar, uno se entretiene
con los animales que resultan amigables y más cuando se visita con frecuencia,
como yo tenía por costumbre hacerlo todos los fines de semana. Pero no sé cuál
pudiera ser la razón que todo lo que hacemos repetidas veces nos cansa, al
menos que no sea el trabajo que te apasiona y te llena de una satisfacción
intensa que cada día te hace sentir súper bien, o nuestra profesión que
escogimos en nuestras vidas, la que verdaderamente nos excita, nos gusta y
forma parte de nuestro estilo de vida. Todos los fines de semana, incluyendo
también los días de asueto iba a la
playa con un grupo de amigos, con mi esposa, con mis hijos y la señora de servicio, una
trinitaria buena gente, y muy hacendosa en todo lo que uno le encomienda. Los
primeros días eran agradables, el trayecto se nos hacía placentero con ese sol
radiante, exquisito que nos hacía ver las
cosas de otra manera diferente, con un brillo jamás visto, todo aquello me
hacía sentir bien, completamente bien, a todos nos hacía sentir de la misma
forma. Reíamos, todos estallábamos de
risa con la gracia y las ocurrencias de
nuestros hijos al decir lo que veían, comentaban cualquier diablura o un chiste
inventado para alegrarte el paseo y hacerlo menos aburrido. Esto es demasiado importante en el traslado y
en los muchos que se puedan hacer.
Lo cierto es que nos aburrimos, todos nos
contrariamos de la bendita playa, no era una sola la que visitábamos, eran
varias, quizás con esto pretendíamos evitar la monotonía no sabiendo que el
tedio por si solo vendría en algún momento sin ser llamado, sin ser conjurado
la bendita rutina, pero se hizo presente sin previo aviso. Yo pienso que todo
esto se debió, lo digo por mí, por el hecho de llegar a nuestro departamento
cansados, con la piel tostada debido a la exposición indebida de la luz solar,
idea de mi mujer, la cual debíamos someternos religiosamente al bronceado al
salir del agua, usábamos diferentes
ungüentos de buena calidad, de marcas muy prestigiosas de la India, de la china
y hasta del Japón. Debemos quitarnos esta ridícula palidez de nuestros cuerpos
para así obtener un buen color que denote buena alimentación, y un bienestar
excelente. Indicaba mi esposa muy afable. Lo cierto es que dejamos de ir a la
playa por un largo tiempo, lo dejamos pasar, así vino otro y otro, sepultándolo
lo olvidamos de nuestra mentes la palabra Litoral. Quiero decirle que ya no la
necesitamos y no nos hace falta. ¿Sabe una cosa? A mí lo que más me entretiene en esta vida es
un buen libro y más si su autor es famoso muy conocido del cual tenga una buena
referencia en otras obras que haya leído anteriormente. Poseo muchos libros,
desde pequeño, además de mi esposa y mis hijos amamos los libros. Cuando era
pequeño, tendría yo seis años a la cuenta ya sabía leer y escribir, mi padre
siempre traía a casa un buen libro, y como trabajaba en otro estado muy
distante al nuestro en donde estábamos residenciados, me sorprendía con ese
lindo detalle que hasta ahora le agradezco, de allí parte el amor a la lectura.
Mis lecturas favoritas desde entonces eran las de aventuras, pero a través de
los años todo fue un cambio sorpresivo, luego salté a otras asimilaciones
románticas, infantiles, teatro, y pare de contar…Yo no sé por qué le estoy
confesando todo esto? Yo no sé si usted me entiende. Sí que me entiende,
gracias por entenderme, al principio yo no lo creía así. A veces uno necesita
en la vida aparte de su esposa, a alguien como usted quien lo sepa escuchar, entender, sabe una cosa?
uno se siente más reanimado, más desahogado. Como la bebida que se tiene
enfrente de nuestra vista al alcance de
nuestras manos. Con esto no quiero decir que soy un bebedor empedernido, además
una cerveza de vez en cuando no cae nada mal, estamos propensos a ser invitados
a fiestas, a matrimonios, cumpleaños y hasta aniversarios de bodas. Todos los
habitantes de este planeta en cierta
ocasión hemos bebido. Sea a la edad que se tenga. Bueno es hacerlo con mucha
moderación. En este breve lapso que he conversando con usted me he dado cuenta
que la comunicación es importantísima en todo los aspectos de nuestras vidas.
Me he entretenido con usted a mares, no me he fastidiado para nada con usted,
me la he pasado perfectamente cómodo en
su grata compañía, ahora cuénteme, suele venir con frecuencia a este parque,
claro, por supuesto, si vivimos cerca de aquí, en el mismo edificio, ahora que
recuerdo su departamento está frente al
mío…Que pregunta tan estúpida la mía. El que tiene boca se equivoca decía mamá
que en paz descanse, y los viejos como nosotros muy raras veces nos
equivocamos, la vejez está llena de
conciencia, de vivencias, que pueden ser útiles a las demás personas. Pronto
caerá la noche, y está haciendo un frío que más tarde helará los huesos, esta
zona siempre lo ha sido. Sabe…Quisiera volver a verlo en otra
oportunidad para que conversemos de
otras cosas, hasta podría visitarnos cuando usted lo crea conveniente, venga a
nuestro departamento, ya que vivimos frente a frente, a unos cuantos pasos
diría yo, para echarnos a reír con gusto, nos tomaríamos un rico chocolate, sabe, mi mujer sabe
prepararlo como usted no tiene idea, y acompañado con unas galletitas el paladar le va a
resultar a gloria, bueno yo me limito a repetir
lo que otros compañeros me han
dicho, lo bueno que sabe al haberlo probado con las susodichas galletas.
Quiero compartir con usted y con su
esposa otro momento idéntico. Hasta el
momento usted no me ha dicho nada, ¿qué le parece la idea? la que yo le estoy
proponiendo? Entonces lo espero, le hablaré a mi esposa de usted, visítennos
cuando usted tenga el gusto de hacerlo. Vayámonos que el frío de la noche ya
comienza hacer estragos en nuestros huesos, usted no lo siente? Pues yo si lo
estoy sintiendo y mucho. Lo ayudo a levantarse.
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