A TU
SEÑAL
Tus paginas destilan a borbotones el rico
olor que descienden por las bocas de la chimeneas que escapándose por los aires
arrojan el grato olor que es percibido por el que se encuentra más allá
cultivando con el arado la tierra.
En ellas encuentro el consuelo a mis
problemas.
Cada día enjugas mis
lágrimas, dándome la sutil advertencia que todo lo que tenga que afrontar por
más fuerte que sea ha de terminar, que en el ocaso siempre habrá un sol
radiante que está siempre dispuesto acompañarme en el resto de la jornadas para
cumplirla como la concebiste.
Eres el alimento que me nutre, tus
versículos me alientan y me capacitan.
Me instruyes, me disciplinas para ser
mediante tu Palabra un mejor esposo, y un buen ciudadano.
Eres el discernimiento que está palpable
en cada hoja, y con mis dedos me detengo en cada versículo, dándome con acierto
el conocimiento para solventar las situaciones que pueda confrontar.
Eres mi libro amado, el que por siempre
me ha acompañado en las desventuras, sea por tierra, por aire, por mares, por
aquellos largos viajes, siempre te mantengo a mi lado. Nunca me desampares.
Eres mi enciclopedia.
Siempre estas acompañándome durante las
sombras, sobre mi mesita de noche, y no en la biblioteca como algunos tienen
por costumbre, o en la mesa de la sala, o en el rincón visible, expuesta muy
expuesta a todas las miradas, mostrando el salmo 91, como amuleto de
protección, te tomo cuando no puedo dormir, me sirves de somnífero, ya que me
arrullas profundamente en tu sueño rico y placentero.
Eres mi libro de consulta, me ayudas a
dar ilustradamente un consejo al que pueda necesitarlo.
Me estimulas la imaginación recreando mi
espíritu, cuando evoco todas las soluciones o dificultades que tuvo Nuestro
Señor Jesucristo para regalarnos la vida eterna…Honra y Gloria a tu Santa Palabra.
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