viernes, 29 de mayo de 2020



A TU SEÑAL
      Tus paginas destilan a borbotones el rico olor que descienden por las bocas de la chimeneas que escapándose por los aires arrojan el grato olor que es percibido por el que se encuentra más allá cultivando con el arado la tierra.
      En ellas encuentro el consuelo a mis problemas.
Cada día enjugas mis lágrimas, dándome la sutil advertencia que todo lo que tenga que afrontar por más fuerte que sea ha de terminar, que en el ocaso siempre habrá un sol radiante que está siempre dispuesto acompañarme en el resto de la jornadas para cumplirla como la concebiste.
      Eres el alimento que me nutre, tus versículos me alientan y me capacitan.
      Me instruyes, me disciplinas para ser mediante tu Palabra un mejor esposo, y un buen ciudadano.
      Eres el discernimiento que está palpable en cada hoja, y con mis dedos me detengo en cada versículo, dándome con acierto el conocimiento para solventar las situaciones que pueda confrontar.
      Eres mi libro amado, el que por siempre me ha acompañado en las desventuras, sea por tierra, por aire, por mares, por aquellos largos viajes, siempre te mantengo a mi lado. Nunca me desampares.
      Eres mi enciclopedia.
      Siempre estas acompañándome durante las sombras, sobre mi mesita de noche, y no en la biblioteca como algunos tienen por costumbre, o en la mesa de la sala, o en el rincón visible, expuesta muy expuesta a todas las miradas, mostrando el salmo 91, como amuleto de protección, te tomo cuando no puedo dormir, me sirves de somnífero, ya que me arrullas profundamente en tu sueño rico y placentero.
      Eres mi libro de consulta, me ayudas a dar ilustradamente un consejo al que pueda necesitarlo.
      Me estimulas la imaginación recreando mi espíritu, cuando evoco todas las soluciones o dificultades que tuvo Nuestro Señor Jesucristo para regalarnos la vida eterna…Honra y  Gloria a tu Santa Palabra.    

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