sábado, 16 de mayo de 2020




      El Juego con la muerte

      ÉL me viene siguiendo, atento muy atento observándome con medición mis gestos  las intenciones hasta mis movimientos, corre tras de mí como el viento que con su furia trepidante arrasa todo lo que encuentre a su paso.
Mis pasos, si mis pasos que encuentran seguidamente una madriguera similar a un pequeño hoyo que cualquier niño escavó para no ser hallado por los demás cuando entusiasmado jugaba al loco escondido. ¡Qué divertido! yo también bromeé con ese juego… ¿Usted no? ¿Cómo que no? Pues déjeme decirle con todo el respeto que usted se merece, que no ha jugado en la vida, una travesura conocida como la que le estoy nombrando, la jugaron muchos, si fueron muchos la que la disfrutaron, la gozamos en nuestra infancia. Este sí que es y seguirá siendo el mejor recreo que conocí en la vida. Es más si llegara hacer niño de nuevo en este preciso momento yo jugaría al loco escondido con usted, y así me daría la razón y se divertiría al máximo,   pero no soy un niño lamentablemente, dejé de serlo hace ya mucho tiempo. Ni usted tampoco lo es, en fin no somos niños pero fuimos niños, somos ya hombres mayores y con responsabilidades de todo índole, además ya los años se fueron, se escaparon sin darnos cuenta, no es para estar ahora en esos trotes que verdaderamente a nuestra edad cansa, parece mentira pero así lo es, además a la vista de cualquier persona que nos vea sería desagradable, reiría a mares, y yo no me enojaría para nada, de veras que sí, aunque pensándolo bien, yo creo que no lo es, porque cada quien es como es, como Dios lo echo al mundo con defectos o no tiene que ser aceptado por la sociedad, es un ser humano como yo, como usted porque vivimos en un país democrático, siempre y cuando sepamos hacer las cosas con orden y respeto, todo marchará a la cordura, quienes nos vean jugar  también se divertirían, es más aquellos que lo conocen también bromearían correteando junto a nosotros, la vida es una invitación a la distracción, al juego, al placer sano, también se los enseñaría a mis nietos, no  a mis hijos ya están grandotes y son demasiados serios, pero eso sería fantástico. No le parece? Sería genial.
Oiga buena esa, al fin usted me da la razón en algo, ¡Qué bien!, qué bien que asienta gustosamente y me dé su aprobación, me lo merezco, claro que me lo merezco.
Debo estar al pendiente por si viene, no quiero que me vea, pero por qué tuvo que escogerme a mí y no a otro.
No amigo yo creo que no sea ese el motivo, yo ni siquiera lo conozco para que me haga esta marramuncia de juego, si  a esto se le puede llamar juego, además él no es mi amigo, no lo es, no y no. Nunca lo he visto, no comprendo porque me persigue de esa manera brutal como si yo fuera un peligro, y quiere por algún motivo matarme. Eso es lo que yo pienso, no tengo enemigos que yo sepa, sí ahora que lo recuerdo sí que los  tengo, como todo el mundo los tiene, me refiero a los enemigo gratuitos, que te los ganas como la lotería en cualquier parte, y no en un puesto de revistas, si no  en tu oficina, son tus propios compañeros de trabajo los te declaran la guerra activa, o simplemente fraguan cualquier cosa para que te sientas mal, para que el director te tenga mala voluntad y muy agrandada por cierto, comienza hablar mal de ti, el pobre imbécil no es nada más  que es una marioneta manejada por manos siniestras, ha creído vulgarmente  en todas esos artificios inventados, esa clase de basura  también existe hasta en tu propia casa. Si en tu propia casa aunque usted no lo crea es así.
No me mire así, por lo que le estoy diciendo, es una gran verdad, la suegra, mi suegra le mete cuentos a mi mujer de cosas que yo no hago, casos que nunca en mi vida jamás haré, amo a mi esposa, no porque sea bella, no…Porque sé que los días que pasan  la quiero más y más. Aunque esto le suene a Corín Tellado, a mi mujer la amo, tu amas a tu hembra porque la amas, quién le dice que no, es tu voz, tu palabra que sale de tu corazón y exclamas: yo amo a esa mujer, qué otra cosa pueden responder los que le oyen con atención: ¡Bravo hombre así se habla! Eso es lo que pueden decirte, créemelo, créemelo que es así tal cual como le lo estoy diciendo.
Menos mal que el hombre como que se perdió. Así parece. No sé si levantarme o continuar un rato más escondido, me parece un cuento de terror, no puedo creer que esto me esté sucediendo.
Avanzan las horas y tal parece que el hombre se dio por vencido en la frenética búsqueda porque no lo veo por ninguna parte.
Si amigo tomaré en cuenta su consejo, mañana mismo antes de ir a la oficina iré a la prefectura a levantar la denuncia, diré que hay un desequilibrado que quiere matarme. Claro que tiene razón, esa también puede ser otra opción, y se la respeto, porque todas las que usted me pueda dar para mí son validas, claro que son validas. Como usted lo acaba de mencionar puedo parecerme a alguien quien pudo haberle hecho mucho daño, como matarle a su madre, ¡ Qué horror¡ o a sus hijos, o llegando muy lejos  pudo ser el amante de su esposa,  robó su casa, la quemó. Qué sé yo qué otras cosas pudo hacer.  Algunas de estas teorías son totalizadas una puede ser cierta, uno tiene su doble  en la faz de la tierra eso lo he sabido por mucho tiempo desde que era adolescente, la persona a quien busca la confunde conmigo, está engañado, eso es, esa puede ser la razón. Si, lo sé, este es un gran lio armado en contra mía, pero yo en nada tengo la culpa, pero por qué tengo que ser yo él que esté metido en esta traba.
A veces la vida te juega sucio, estás de lo más tranquilo, relajado, cero estrés, liviano como el aire como una hoja mecida por el viento, sintiéndote bien con los demás y a tus anchas porque simplemente te sientes bien, además te lo mereces por haber estudiado mucho, sudaste al máximo la frente para graduarte en la más importante universidad, elegiste la profesión que te enamoró desde niño, la vida te regala lo que tú te mereces. Pero amanece, y esa bendita diana te arroja partículas de cristales que verdaderamente son gruesos filamentos que te rompen la piel, te perforan la carne, te la muelen, y comienzas a sentir cansancio, dolor, deseas estar muerto, sí muerto, y le echas la culpa a tu madre, como si ella tuviera la culpa de lo que te está pasando, comienzas a delirar en las tinieblas diciéndote así mismo me quiero colgar del techo, ya no quiero más soportar el dolor, quiero dormir, tomarme un somnífero para quedar relajado y de esta manera el sueño pueda dominarme completamente.
Pero tu espíritu aguerrido, rugiente como un león te grita, no, tú no eres un hombre pobre, de mezquinos y mundanos sentimientos, que son inservibles y no son tomados por nadie. Eres el que progresa continuamente en la vida, la luz que hermosea en el hogar o en cualquier sitio que pretendas pisar, la salud apegada a tus carnes, a todas tus membranas, mencionándolo bien me refiero al bienestar, el bienestar que está en ti. Porque la misma vida siendo tan generosa contigo te ha regalado todo lo pretendido que ha vociferado tus labios.
Si, es mi modo de pensar amigo, no somos perfectos.
Gracias amigo, gracias por tus bendecidas palabras.
      Salgo del agujero en donde estuve acuclillado no sé por cuánto tiempo. Me voy amigo. Claro que necesito de la gran suerte que usted me echa como si fuera la bendición de mi santa madre, que en paz descanse, discúlpeme la comparación, se parece tanto a ella que parecieran ser hermanos, como lo dijo usted anteriormente, en el mundo hay alguien que se parece a nosotros mismos sin haberlos conocido. Pero esta comparación es sana mientras que la otra… Mejor no hablo en demasía, no vaya hacer que me sorprenda el loco y me atrape como un tonto. Hasta pronto amigo mío, quizá por eventualidades de la vida, como esta que se nos acaba de presentar, volvamos a vernos, espero que sea de una buena forma, no similar a la que ya  estoy viviendo. Sí, no se preocupe, claro que iré a la prefectura, primero voy a casa, me doy una ducha, almuerzo y salgo para allá. Esto es grave, como usted dice, no hay que dejarlo para después.
Salgo corriendo del sitio con mi chaleco agarrado de la mano, no quiero mirar a los lados ni mucho menos voltear hacia atrás, todo lo que se deja atrás se queda atrás y no debemos voltear ni para agarrar impulso. No me importa que me observe la gente de la forma como lo están haciendo. A mí me vale un bledo,  no me afecta lo que puedan pensar de mí, total son personas que ni siquiera conozco.
      El sol implacable  ardía sobre mi cuerpo, el sudor salado comenzaba a escudriñarme los ojos, casi dilatándolos,  esto era lo que me faltaba, dije un poco molesto y haciendo un alto saqué con cierto desatino  el pañuelo que conservaba en el bolsillo trasero del pantalón,  reprochándome a mí mismo esta descalabrada situación que no tiene nombre alguno, me sentía incomodo e impotente alno querer enfrentármele y sacarle a trompadas de sus labios qué demonios pretendía hacer conmigo. Darle la cara, preguntarle  si sería lo correcto ¿pienso yo contarle a mi mujer todo lo que me está sucediendo? Pero a la vez no lo deseo, no quiero alarmarla, conociéndola como la conozco escurridiza, nerviosa, comiéndose las uñas en todo tiempo, no cesaría en preguntarme todo lo que se le podría ocurrir. ¿Te conoce, por qué para hacerte todo esto de seguro que sabes quién eres? Todavía existen personas por allí que hacen unos juegos estúpidos parecidos a los de los niños. Yo creo que nunca los pobres tuvieron infancia.
Este personaje que fue sacado de no sé dónde es el mismisimo diablo, los pobres somos personas honradas, lo estoy  diciendo por mí, jamás haría lo que ese individuo me está haciendo  a otra persona, no me gustan esos juegos. ¿Pero a qué loco le gusta esta clase de juego?  Claro, claro que si los hay  a los perseguidores, a los que les gusta importunar a otras sin ninguna razón. Y yo que pensaba que en este país no los había, que estúpido, qué estúpido he sido creyéndolo… Esta situación descabellada y majadera no existía nunca, al menos en este país. Que yo sepa.   
Y vuelve de nuevo la cantaleta de mi mujer, quien cocinando unos huevos en la sartén por poco se quema una mano, con la que apresuradamente con el mango de la cuchara meneaba afanosamente la tortilla, la que periódicamente servía como desayuno, para estos menesteres ella era especial. ¿A ese tipo tienes que denunciarlo a las autoridades ya? No lo vas a dejar para mañana como estás acostumbrado a dejar otras cosas que no quiero contar porque en estos momentos no vale la pena mencionarlos. Porque vamos a desayunar.
A desayunar… ¿Quién lo diría? Pues yo no, porque lo menos que pudimos hacer no fue desayunar. Preguntas, preguntas y más, más preguntas. Un obstinado rosario que se debía responder en toda lo que queda de esta tarde. Fastidioso, fastidiosisimo, uno se cansa, o mejor dicho las cuerdas vocales se extirpa, y hay que cuidarlas. Yo no conozco a ese tipo, es la primera vez que lo veo.
Pero cómo lo vas a conocer Julio si no le has visto la cara. Por Dios como le vas a decir eso a tu mujer. (GRITABA MI SUBCONSCIENTE) Porque si lo conocieras lo agarras desde el primer momento que se originó  este juego por la pechera de su camisa y le propinas unos cuantos golpes para que sepa respetar a los hombres. Las autoridades no van a detenerte por esta eventualidad, tú te estás defendiendo, cualquiera lo hace hasta yo lo hago, sé que esta situación te está llenando el gorro. Pero tranquilo, respira hondo, así, así es, ahora exhala, profundo, bota el aire, todo el aire, inspira profundo, bota, bota lo todo. ¿Cómo te sientes? Verdad que te sientes tranquilo, tranquilo totalmente, relajado, inmune como si tuvieras una coraza en tu cuerpo, todo lo que te pueda incomodar lo ignoras, no hace mella, porque lo ignoras. ¡Qué buena terapia! Pero cómo puedes creer que lo vas a practicar todas las veces que veas a ese tipo, no y no. Lo vas a denunciar así quedamos, ¿o no?
Si lo voy a denunciar. Cuándo lo vas hacer?
Después que me dé una ducha.
Pero  que dates  en que   irías  a la prefectura después de almorzar.
 Primero tomé un baño y todavía no he almorzado.
 Dios qué contrariedad. Pareces un niño Raúl. Yo que tú ni me ducho ni almuerzo, voy enseguida a la delegación y lo denuncio no pierdo ni un minuto, pero que cabeza la tuya, cada capacidad es un mundo, no todos pensamos igual porque de ser así el mundo no sería mundo, que sé yo lo que sería hasta allí no llego.
Mi subconsciente tiene toda la razón, si no lo denuncio esto seguirá sin tener el menor freno posible. Nada puedo contarle a mi mujer, todo lo haré en el momento debido, no quiero que se altere, como yo ahora me siento, no puedo correr más, siento que el alma se me escapa por la boca. Este tipo quiere volverme loco, y loco no quiero estar.  De dónde salió? No lo sé, salió de repente, mirándome a los ojos directamente, medio sonriente,  sé que me detuve en el andar, lo esperé, porque venía corriendo apresuradamente hacia a mí, y al tenerme casi a su alcance oí decirle muy claramente: ¡Estás muerto¡ ¡Date por muerto!
Quiero contárselo a mi mujer, no me importa si sus nervios se disparan no me importaría, pero ya no lo soporto, no puedo salir a la calle temiendo lo peor, que él estando escondido en alguna parte saliendo  de su escondite y en un segundo me ataca ocasionando mi muerte, yo no quiero eso, por Dios que no lo quiero, quiero estar tranquilo como siempre lo he sido, verme rodeado de las personas que siempre encuentro en mi diario  andar, que son la mismas que me encuentro todos los días, ellas laboran en las distintas oficinas, de las múltiples dependencias que funcionan en el mismo edificio en donde trabajo, antes de entrar a mi oficina saboreo el café que suelo tomarme  en el cafetín de Silverio, a la hora que suelo hacerlo, en el asiento que suelo sentarme, sintiéndome a gusto agradable con un estimable confort que para mí es saludable, desde allí veo a las personas caminar  por la calle, los carros con sus ruidos y gemidos como si estuvieran padeciendo los avatares del tiempo, los transeúntes que caminan  apresurados para cruzar la siguiente avenida antes que les alcance  tomándolos por  desprevenidos la luz  amarilla del semáforo que cambia de colores a su propio antojo,  en fin todo lo que se puede ver en la calle a una hora temprana de la mañana como aquella era realmente delicioso.
Todo esto lo voy a revivir de nuevo, porque no voy a permitir que ese demente haga conmigo lo que él pueda pretender concebir. Tengo que aumentar mi velocidad, ya voy a llegar al departamento, me ducharé e iré a la prefectura a denunciarlo, la demora por culpa de mi miedo y negligencia me está amargando. Le contaré a mi mujer todo lo que me está ocurriendo, necesito la ayuda, el apoyo de alguien, ese alguien es mi mujer. Oh Dios quiero llorar, quiero dejar de correr y sentarme al borde de la larga acera que ahora veo que me resulta de por sí interminable, o hacerlo debajo de esos arbustos raquíticos que dan entender que nadie los ha regado en la vida. Pero deseo llorar, si llorar, porque los hombres también lloran aunque algunos afirmen lo contrario. Cuando se sienten abatidos, cuando no ven la luz en medio de la oscuridad. Avíspate Julio comienza a correr, mira que el tipo puede estar agazapado como un gato y puede lanzarse a tu humanidad, te puede arañar, qué puede hacer un animal doméstico como el gato? Solamente eso, arañar, porque Dios lo dotó de uñas largas para defenderse de los enemigos que puedan ocasionarles cualquier peligro. Pero no estamos hablando del gato y su capacidad para defenderse, estamos hablando de un tipo que te quiere agredir, matar, ni tú ni yo sabemos cuál es la razón la que lo induce hacerlo, tú no lo conoces, yo tampoco. Corre, corre porque puede verte y atacarte libremente sin que nadie lo vea.
Llegaste a tu departamento, tu mujer te está planchando una camisa, mírala, mírala bien como lo hace, con el mayor gusto, con ese gran placer que muestra a flor de piel el amor que siente por ti, sí es la camisa, la que a ti te gusta. Te sientes animado, eso sí que está bien. La camisa a cuadros que te hace considerar y lucir joven.  Te has decidido a contárselo todo con pelos y señales, la observas bien como la primera vez que la conociste, pero sientes una gran y verdadera lástima por ella, sí por ella, porque no sabes cómo va a reaccionar, estas indeciso, quieres hacerlo ahora o dejarlo  para después, para más tarde, mañana, mañana, mañana. Contradicciones, contradicciones, le prometiste al señor  subconsciente que conociste esta mañana, que después  que almorzaras irías  directo a la prefectura, se lo prometiste, debes contar lo que te está ocurriendo. Luego cambias de opinión, alegando  estrictamente con cierto coraje que se lo dirás a tu mujer para que te ayude, para que te apoye, para…No sé que más decirte, con un hombre como tú que al parecer no tiene decisiones propias, que debe esperar voluntariamente con explanada paciencia, que el cielo se abra bajando de el cielo un ángel y te informe lo que debes hacer al respecto. Él no lo hará no señor, jamás lo haré.
Tu mujer termina de plisar, te sientas en la silla que está a poca distancia del comedor, ella al salir de la habitación en donde dejó la mesa de planchar guardándola cuidadosamente, se acerca a ti preguntándote  que te ve raro, que poco hablas, que si te sientes enfermo  quiere arreglarse un poco, para ir contigo a la clínica en donde gozas de un gran beneficio producto de tu trabajo.
No me pasa nada. Mujer es el cansancio. Afirmas elocuentemente. Un poco nervioso.
Ningún cansancio. Ningún cansancio, Julio, tú me estas ocultando algo molesto que te está atormentando. Estas  cambiado, no hablas, cuando lo hago tú nada contestas. En las noches no me dejas dormir, te levantas a cada momento, no sé qué haces en la cocina o en el baño, llegas acostarte muy tarde, no concilias el sueño como Dios manda. ¿Le debes a alguien? ¿ tienes problemas en el trabajo?...  Como lo decía mamá que en paz descanse,  no todos los días se besan a las bonitas.
No me pasa nada. Nada. Puedes estar tranquila que a mí nada me pasa por ahora, nada de nada…Bueno… si…si me pasa, algo que yo no entiendo, que salió de la nada, que me está acosando terriblemente y está acabando con mi voluntad. No te lo quise decir para que no te pusieras nerviosa.
Sabes Julio yo soy tu esposa ante la ley de Dios y tengo el derecho de ayudarte, apoyarte para eso soy tu mujer. Cuéntamelo todo, completico, con todas las letras del abecedario desde la A hasta la Z.
Julio comienza a relatarle todo la exposición. Álcida es así como se llama su mujer, según los gestos que mostraba profundamente en su rostro, intensos, muy intensos como cuando a solas solía ver una película de terror, abriendo  los ojos como platos, ensanchando los labios, alargándolos, los mismo que ampliaba cuando ponía a hornear un pan que acaba de preparar con esmero, que programó con la hora de su reloj de pulsera, se entretuvo conversando con alguien que a su puerta tocaba , y al darse cuenta  percibiendo un olor como a quemado corrió ligera a la cocina , abriendo el horno de la estufa, el pan estaba completamente negro. Conformándose con solo tomarse el pelo, templándoselo hacia arriba, no importándole para nada el dolor que pudiera ocasionarle. Era la manera, su manera de desahogarse. ¡Qué manera!
Y al haber finalizado Julio con su perorata ya dándola por terminada.
Mañana a temprana hora de la mañana saldremos a denunciarlo. Ellos sabrán que hacer al respecto, son las personas indicadas, las que nos dirán lo que debemos hacer, proporcionándonos  las  recomendaciones que debemos tomar de ahora en adelante. Ambos se besan.
Cuenta conmigo. Le dice su mujer dulcemente.
      A la mañana siguiente  Julio se levantó temprano, dejando a su mujer en la cama quien todavía estaba acostada, se metió en el baño dándose una ducha, salió con la toalla ceñida alrededor de la cintura, acicalándose lo más rápido posible, en la cocina ya preparaba un desayuno ligero. Su mujer oyendo el correteo de Julio se despertó, y recordando que hoy, precisamente hoy salen a la prefectura, se levanta como si un resorte la hubiera expelido. Hizo lo que Julio cometió. Meterse en el baño, ducharse, acicalarse y ya frente a su marido desayunaban plácidamente.
      Los dos salieron confiadamente, que hoy todo les saldría bien.   

  

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