El Juego con la muerte
ÉL me viene
siguiendo, atento muy atento observándome con medición mis gestos las intenciones hasta mis movimientos, corre
tras de mí como el viento que con su furia trepidante arrasa todo lo que
encuentre a su paso.
Mis pasos, si mis pasos que encuentran seguidamente una
madriguera similar a un pequeño hoyo que cualquier niño escavó para no ser
hallado por los demás cuando entusiasmado jugaba al loco escondido. ¡Qué
divertido! yo también bromeé con ese juego… ¿Usted no? ¿Cómo que no? Pues
déjeme decirle con todo el respeto que usted se merece, que no ha jugado en la
vida, una travesura conocida como la que le estoy nombrando, la jugaron muchos,
si fueron muchos la que la disfrutaron, la gozamos en nuestra infancia. Este sí
que es y seguirá siendo el mejor recreo que conocí en la vida. Es más si llegara
hacer niño de nuevo en este preciso momento yo jugaría al loco escondido con
usted, y así me daría la razón y se divertiría al máximo, pero
no soy un niño lamentablemente, dejé de serlo hace ya mucho tiempo. Ni usted
tampoco lo es, en fin no somos niños pero fuimos niños, somos ya hombres
mayores y con responsabilidades de todo índole, además ya los años se fueron,
se escaparon sin darnos cuenta, no es para estar ahora en esos trotes que
verdaderamente a nuestra edad cansa, parece mentira pero así lo es, además a la
vista de cualquier persona que nos vea sería desagradable, reiría a mares, y yo
no me enojaría para nada, de veras que sí, aunque pensándolo bien, yo creo que
no lo es, porque cada quien es como es, como Dios lo echo al mundo con defectos
o no tiene que ser aceptado por la sociedad, es un ser humano como yo, como
usted porque vivimos en un país democrático, siempre y cuando sepamos hacer las
cosas con orden y respeto, todo marchará a la cordura, quienes nos vean jugar también se divertirían, es más aquellos que lo
conocen también bromearían correteando junto a nosotros, la vida es una
invitación a la distracción, al juego, al placer sano, también se los enseñaría
a mis nietos, no a mis hijos ya están
grandotes y son demasiados serios, pero eso sería fantástico. No le parece?
Sería genial.
Oiga buena esa, al fin usted me da la razón en algo, ¡Qué
bien!, qué bien que asienta gustosamente y me dé su aprobación, me lo merezco,
claro que me lo merezco.
Debo estar al pendiente por si viene, no quiero que me vea,
pero por qué tuvo que escogerme a mí y no a otro.
No amigo yo creo que no sea ese el motivo, yo ni siquiera lo
conozco para que me haga esta marramuncia de juego, si a esto se le puede llamar juego, además él no
es mi amigo, no lo es, no y no. Nunca lo he visto, no comprendo porque me
persigue de esa manera brutal como si yo fuera un peligro, y quiere por algún
motivo matarme. Eso es lo que yo pienso, no tengo enemigos que yo sepa, sí
ahora que lo recuerdo sí que los tengo,
como todo el mundo los tiene, me refiero a los enemigo gratuitos, que te los
ganas como la lotería en cualquier parte, y no en un puesto de revistas, si no en tu oficina, son tus propios compañeros de
trabajo los te declaran la guerra activa, o simplemente fraguan cualquier cosa
para que te sientas mal, para que el director te tenga mala voluntad y muy agrandada
por cierto, comienza hablar mal de ti, el pobre imbécil no es nada más que es una marioneta manejada por manos
siniestras, ha creído vulgarmente en
todas esos artificios inventados, esa clase de basura también existe hasta en tu propia casa. Si en
tu propia casa aunque usted no lo crea es así.
No me mire así, por lo que le estoy diciendo, es una gran
verdad, la suegra, mi suegra le mete cuentos a mi mujer de cosas que yo no
hago, casos que nunca en mi vida jamás haré, amo a mi esposa, no porque sea
bella, no…Porque sé que los días que pasan la quiero más y más. Aunque esto le suene a Corín
Tellado, a mi mujer la amo, tu amas a tu hembra porque la amas, quién le dice
que no, es tu voz, tu palabra que sale de tu corazón y exclamas: yo amo a esa
mujer, qué otra cosa pueden responder los que le oyen con atención: ¡Bravo
hombre así se habla! Eso es lo que pueden decirte, créemelo, créemelo que es
así tal cual como le lo estoy diciendo.
Menos mal que el hombre como que se perdió. Así parece. No sé
si levantarme o continuar un rato más escondido, me parece un cuento de terror,
no puedo creer que esto me esté sucediendo.
Avanzan las horas y tal parece que el hombre se dio por
vencido en la frenética búsqueda porque no lo veo por ninguna parte.
Si amigo tomaré en cuenta su consejo, mañana mismo antes de
ir a la oficina iré a la prefectura a levantar la denuncia, diré que hay un desequilibrado
que quiere matarme. Claro que tiene razón, esa también puede ser otra opción, y
se la respeto, porque todas las que usted me pueda dar para mí son validas,
claro que son validas. Como usted lo acaba de mencionar puedo parecerme a
alguien quien pudo haberle hecho mucho daño, como matarle a su madre, ¡ Qué
horror¡ o a sus hijos, o llegando muy lejos pudo ser el amante de su esposa, robó su casa, la quemó. Qué sé yo qué otras
cosas pudo hacer. Algunas de estas
teorías son totalizadas una puede ser cierta, uno tiene su doble en la faz de la tierra eso lo he sabido por
mucho tiempo desde que era adolescente, la persona a quien busca la confunde
conmigo, está engañado, eso es, esa puede ser la razón. Si, lo sé, este es un
gran lio armado en contra mía, pero yo en nada tengo la culpa, pero por qué
tengo que ser yo él que esté metido en esta traba.
A veces la vida te juega sucio, estás de lo más tranquilo,
relajado, cero estrés, liviano como el aire como una hoja mecida por el viento,
sintiéndote bien con los demás y a tus anchas porque simplemente te sientes
bien, además te lo mereces por haber estudiado mucho, sudaste al máximo la
frente para graduarte en la más importante universidad, elegiste la profesión
que te enamoró desde niño, la vida te regala lo que tú te mereces. Pero
amanece, y esa bendita diana te arroja partículas de cristales que
verdaderamente son gruesos filamentos que te rompen la piel, te perforan la
carne, te la muelen, y comienzas a sentir cansancio, dolor, deseas estar
muerto, sí muerto, y le echas la culpa a tu madre, como si ella tuviera la
culpa de lo que te está pasando, comienzas a delirar en las tinieblas
diciéndote así mismo me quiero colgar del techo, ya no quiero más soportar el
dolor, quiero dormir, tomarme un somnífero para quedar relajado y de esta
manera el sueño pueda dominarme completamente.
Pero tu espíritu aguerrido, rugiente como un león te grita,
no, tú no eres un hombre pobre, de mezquinos y mundanos sentimientos, que son
inservibles y no son tomados por nadie. Eres el que progresa continuamente en
la vida, la luz que hermosea en el hogar o en cualquier sitio que pretendas
pisar, la salud apegada a tus carnes, a todas tus membranas, mencionándolo bien
me refiero al bienestar, el bienestar que está en ti. Porque la misma vida
siendo tan generosa contigo te ha regalado todo lo pretendido que ha vociferado
tus labios.
Si, es mi modo de pensar amigo, no somos perfectos.
Gracias amigo, gracias por tus bendecidas palabras.
Salgo del agujero
en donde estuve acuclillado no sé por cuánto tiempo. Me voy amigo. Claro que
necesito de la gran suerte que usted me echa como si fuera la bendición de mi
santa madre, que en paz descanse, discúlpeme la comparación, se parece tanto a
ella que parecieran ser hermanos, como lo dijo usted anteriormente, en el mundo
hay alguien que se parece a nosotros mismos sin haberlos conocido. Pero esta
comparación es sana mientras que la otra… Mejor no hablo en demasía, no vaya
hacer que me sorprenda el loco y me atrape como un tonto. Hasta pronto amigo
mío, quizá por eventualidades de la vida, como esta que se nos acaba de
presentar, volvamos a vernos, espero que sea de una buena forma, no similar a
la que ya estoy viviendo. Sí, no se
preocupe, claro que iré a la prefectura, primero voy a casa, me doy una ducha,
almuerzo y salgo para allá. Esto es grave, como usted dice, no hay que dejarlo
para después.
Salgo corriendo del sitio con mi chaleco agarrado de la mano,
no quiero mirar a los lados ni mucho menos voltear hacia atrás, todo lo que se
deja atrás se queda atrás y no debemos voltear ni para agarrar impulso. No me
importa que me observe la gente de la forma como lo están haciendo. A mí me
vale un bledo, no me afecta lo que
puedan pensar de mí, total son personas que ni siquiera conozco.
El sol
implacable ardía sobre mi cuerpo, el
sudor salado comenzaba a escudriñarme los ojos, casi dilatándolos, esto era lo que me faltaba, dije un poco
molesto y haciendo un alto saqué con cierto desatino el pañuelo que conservaba en el bolsillo
trasero del pantalón, reprochándome a mí
mismo esta descalabrada situación que no tiene nombre alguno, me sentía
incomodo e impotente alno querer enfrentármele y sacarle a trompadas de sus
labios qué demonios pretendía hacer conmigo. Darle la cara, preguntarle si sería lo correcto ¿pienso yo contarle a mi
mujer todo lo que me está sucediendo? Pero a la vez no lo deseo, no quiero
alarmarla, conociéndola como la conozco escurridiza, nerviosa, comiéndose las
uñas en todo tiempo, no cesaría en preguntarme todo lo que se le podría
ocurrir. ¿Te conoce, por qué para hacerte todo esto de seguro que sabes quién
eres? Todavía existen personas por allí que hacen unos juegos estúpidos
parecidos a los de los niños. Yo creo que nunca los pobres tuvieron infancia.
Este personaje que fue sacado de no sé dónde es el mismisimo
diablo, los pobres somos personas honradas, lo estoy diciendo por mí, jamás haría lo que ese
individuo me está haciendo a otra
persona, no me gustan esos juegos. ¿Pero a qué loco le gusta esta clase de
juego? Claro, claro que si los hay a los perseguidores, a los que les gusta importunar
a otras sin ninguna razón. Y yo que pensaba que en este país no los había, que
estúpido, qué estúpido he sido creyéndolo… Esta situación descabellada y majadera
no existía nunca, al menos en este país. Que yo sepa.
Y vuelve de nuevo la cantaleta de mi mujer, quien cocinando
unos huevos en la sartén por poco se quema una mano, con la que apresuradamente
con el mango de la cuchara meneaba afanosamente la tortilla, la que
periódicamente servía como desayuno, para estos menesteres ella era especial. ¿A
ese tipo tienes que denunciarlo a las autoridades ya? No lo vas a dejar para
mañana como estás acostumbrado a dejar otras cosas que no quiero contar porque
en estos momentos no vale la pena mencionarlos. Porque vamos a desayunar.
A desayunar… ¿Quién lo diría? Pues yo no, porque lo menos que
pudimos hacer no fue desayunar. Preguntas, preguntas y más, más preguntas. Un
obstinado rosario que se debía responder en toda lo que queda de esta tarde.
Fastidioso, fastidiosisimo, uno se cansa, o mejor dicho las cuerdas vocales se
extirpa, y hay que cuidarlas. Yo no conozco a ese tipo, es la primera vez que
lo veo.
Pero cómo lo vas a conocer Julio si no le has visto la cara.
Por Dios como le vas a decir eso a tu mujer. (GRITABA MI SUBCONSCIENTE) Porque
si lo conocieras lo agarras desde el primer momento que se originó este juego por la pechera de su camisa y le
propinas unos cuantos golpes para que sepa respetar a los hombres. Las
autoridades no van a detenerte por esta eventualidad, tú te estás defendiendo,
cualquiera lo hace hasta yo lo hago, sé que esta situación te está llenando el
gorro. Pero tranquilo, respira hondo, así, así es, ahora exhala, profundo, bota
el aire, todo el aire, inspira profundo, bota, bota lo todo. ¿Cómo te sientes?
Verdad que te sientes tranquilo, tranquilo totalmente, relajado, inmune como si
tuvieras una coraza en tu cuerpo, todo lo que te pueda incomodar lo ignoras, no
hace mella, porque lo ignoras. ¡Qué buena terapia! Pero cómo puedes creer que
lo vas a practicar todas las veces que veas a ese tipo, no y no. Lo vas a
denunciar así quedamos, ¿o no?
Si lo voy a denunciar. Cuándo lo vas hacer?
Después que me dé una ducha.
Pero que dates en que
irías a la prefectura después de almorzar.
Primero tomé un baño y
todavía no he almorzado.
Dios qué contrariedad.
Pareces un niño Raúl. Yo que tú ni me ducho ni almuerzo, voy enseguida a la
delegación y lo denuncio no pierdo ni un minuto, pero que cabeza la tuya, cada capacidad
es un mundo, no todos pensamos igual porque de ser así el mundo no sería mundo,
que sé yo lo que sería hasta allí no llego.
Mi subconsciente tiene toda la razón, si no lo denuncio esto
seguirá sin tener el menor freno posible. Nada puedo contarle a mi mujer, todo
lo haré en el momento debido, no quiero que se altere, como yo ahora me siento,
no puedo correr más, siento que el alma se me escapa por la boca. Este tipo
quiere volverme loco, y loco no quiero estar. De dónde salió? No lo sé, salió de repente,
mirándome a los ojos directamente, medio sonriente, sé que me detuve en el andar, lo esperé,
porque venía corriendo apresuradamente hacia a mí, y al tenerme casi a su
alcance oí decirle muy claramente: ¡Estás muerto¡ ¡Date por muerto!
Quiero contárselo a mi mujer, no me importa si sus nervios se
disparan no me importaría, pero ya no lo soporto, no puedo salir a la calle
temiendo lo peor, que él estando escondido en alguna parte saliendo de su escondite y en un segundo me ataca
ocasionando mi muerte, yo no quiero eso, por Dios que no lo quiero, quiero
estar tranquilo como siempre lo he sido, verme rodeado de las personas que
siempre encuentro en mi diario andar,
que son la mismas que me encuentro todos los días, ellas laboran en las
distintas oficinas, de las múltiples dependencias que funcionan en el mismo
edificio en donde trabajo, antes de entrar a mi oficina saboreo el café que
suelo tomarme en el cafetín de Silverio,
a la hora que suelo hacerlo, en el asiento que suelo sentarme, sintiéndome a
gusto agradable con un estimable confort que para mí es saludable, desde allí
veo a las personas caminar por la calle,
los carros con sus ruidos y gemidos como si estuvieran padeciendo los avatares
del tiempo, los transeúntes que caminan apresurados para cruzar la siguiente avenida
antes que les alcance tomándolos por desprevenidos la luz amarilla del semáforo que cambia de colores a
su propio antojo, en fin todo lo que se
puede ver en la calle a una hora temprana de la mañana como aquella era
realmente delicioso.
Todo esto lo voy a revivir de nuevo, porque no voy a permitir
que ese demente haga conmigo lo que él pueda pretender concebir. Tengo que
aumentar mi velocidad, ya voy a llegar al departamento, me ducharé e iré a la prefectura
a denunciarlo, la demora por culpa de mi miedo y negligencia me está amargando.
Le contaré a mi mujer todo lo que me está ocurriendo, necesito la ayuda, el
apoyo de alguien, ese alguien es mi mujer. Oh Dios quiero llorar, quiero dejar
de correr y sentarme al borde de la larga acera que ahora veo que me resulta de
por sí interminable, o hacerlo debajo de esos arbustos raquíticos que dan
entender que nadie los ha regado en la vida. Pero deseo llorar, si llorar,
porque los hombres también lloran aunque algunos afirmen lo contrario. Cuando
se sienten abatidos, cuando no ven la luz en medio de la oscuridad. Avíspate
Julio comienza a correr, mira que el tipo puede estar agazapado como un gato y
puede lanzarse a tu humanidad, te puede arañar, qué puede hacer un animal
doméstico como el gato? Solamente eso, arañar, porque Dios lo dotó de uñas
largas para defenderse de los enemigos que puedan ocasionarles cualquier
peligro. Pero no estamos hablando del gato y su capacidad para defenderse, estamos
hablando de un tipo que te quiere agredir, matar, ni tú ni yo sabemos cuál es
la razón la que lo induce hacerlo, tú no lo conoces, yo tampoco. Corre, corre
porque puede verte y atacarte libremente sin que nadie lo vea.
Llegaste a tu departamento, tu mujer te está planchando una
camisa, mírala, mírala bien como lo hace, con el mayor gusto, con ese gran
placer que muestra a flor de piel el amor que siente por ti, sí es la camisa,
la que a ti te gusta. Te sientes animado, eso sí que está bien. La camisa a
cuadros que te hace considerar y lucir joven.
Te has decidido a contárselo todo con pelos y señales, la observas bien
como la primera vez que la conociste, pero sientes una gran y verdadera lástima
por ella, sí por ella, porque no sabes cómo va a reaccionar, estas indeciso,
quieres hacerlo ahora o dejarlo para
después, para más tarde, mañana, mañana, mañana. Contradicciones, contradicciones,
le prometiste al señor subconsciente que
conociste esta mañana, que después que
almorzaras irías directo a la prefectura,
se lo prometiste, debes contar lo que te está ocurriendo. Luego cambias de
opinión, alegando estrictamente con
cierto coraje que se lo dirás a tu mujer para que te ayude, para que te apoye,
para…No sé que más decirte, con un hombre como tú que al parecer no tiene
decisiones propias, que debe esperar voluntariamente con explanada paciencia,
que el cielo se abra bajando de el cielo un ángel y te informe lo que debes
hacer al respecto. Él no lo hará no señor, jamás lo haré.
Tu mujer termina de plisar, te sientas en la silla que está a
poca distancia del comedor, ella al salir de la habitación en donde dejó la
mesa de planchar guardándola cuidadosamente, se acerca a ti preguntándote que te ve raro, que poco hablas, que si te
sientes enfermo quiere arreglarse un
poco, para ir contigo a la clínica en donde gozas de un gran beneficio producto
de tu trabajo.
No me pasa nada. Mujer es el cansancio. Afirmas
elocuentemente. Un poco nervioso.
Ningún cansancio. Ningún cansancio, Julio, tú me estas
ocultando algo molesto que te está atormentando. Estas cambiado, no hablas, cuando lo hago tú nada
contestas. En las noches no me dejas dormir, te levantas a cada momento, no sé
qué haces en la cocina o en el baño, llegas acostarte muy tarde, no concilias
el sueño como Dios manda. ¿Le debes a alguien? ¿ tienes problemas en el
trabajo?... Como lo decía mamá que en
paz descanse, no todos los días se besan
a las bonitas.
No me pasa nada. Nada. Puedes estar tranquila que a mí nada
me pasa por ahora, nada de nada…Bueno… si…si me pasa, algo que yo no entiendo,
que salió de la nada, que me está acosando terriblemente y está acabando con mi
voluntad. No te lo quise decir para que no te pusieras nerviosa.
Sabes Julio yo soy tu esposa ante la ley de Dios y tengo el
derecho de ayudarte, apoyarte para eso soy tu mujer. Cuéntamelo todo,
completico, con todas las letras del abecedario desde la A hasta la Z.
Julio comienza a relatarle todo la exposición. Álcida es así como
se llama su mujer, según los gestos que mostraba profundamente en su rostro,
intensos, muy intensos como cuando a solas solía ver una película de terror,
abriendo los ojos como platos,
ensanchando los labios, alargándolos, los mismo que ampliaba cuando ponía a
hornear un pan que acaba de preparar con esmero, que programó con la hora de su
reloj de pulsera, se entretuvo conversando con alguien que a su puerta tocaba ,
y al darse cuenta percibiendo un olor
como a quemado corrió ligera a la cocina , abriendo el horno de la estufa, el
pan estaba completamente negro. Conformándose con solo tomarse el pelo,
templándoselo hacia arriba, no importándole para nada el dolor que pudiera
ocasionarle. Era la manera, su manera de desahogarse. ¡Qué manera!
Y al haber finalizado Julio con su perorata ya dándola por
terminada.
Mañana a temprana hora de la mañana saldremos a denunciarlo.
Ellos sabrán que hacer al respecto, son las personas indicadas, las que nos
dirán lo que debemos hacer, proporcionándonos las
recomendaciones que debemos tomar de ahora en adelante. Ambos se besan.
Cuenta conmigo. Le dice su mujer dulcemente.
A la mañana
siguiente Julio se levantó temprano,
dejando a su mujer en la cama quien todavía estaba acostada, se metió en el
baño dándose una ducha, salió con la toalla ceñida alrededor de la cintura,
acicalándose lo más rápido posible, en la cocina ya preparaba un desayuno
ligero. Su mujer oyendo el correteo de Julio se despertó, y recordando que hoy,
precisamente hoy salen a la prefectura, se levanta como si un resorte la hubiera
expelido. Hizo lo que Julio cometió. Meterse en el baño, ducharse, acicalarse y
ya frente a su marido desayunaban plácidamente.
Los dos salieron
confiadamente, que hoy todo les saldría bien.
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