lunes, 18 de mayo de 2020



CARTA A MI PADRE.

      Tómame.
      Acaricias mi rostro.
      Te pido que te detengas en las áreas  afectadas de mi débil cuerpo, estas me duelen. Tú sabes que es así, porque me conoces desde que estaba en el vientre de mi madre. Regenéralos. Hazlos nuevos.
      Quiero sentir los gratos olores que exhalan los rosales plantados,  que aún se mantienen frescos por la lluvia acontecida, que hasta hace poco desapareció. Sus pétalos todavía están empapados, esas gotas que suelo observar ahora somatizan el ambiente.
Dándome perfecta cuenta que tuyo es el poder, antes el calor era atronador dentro y fuera de la casa, no teníamos el sosiego estable, la tranquilidad la cual estamos acostumbrados, ahora el ambiente es a todo dar, acondicionador, la temperatura es fresca.
      Quita de mi semblante  el mal genio ya que lo desestabiliza.
Lo amargo conviértelo en lo dulce, en lo placentero.
      Hazme más emprendedor, responsable en las tareas que otros me asignen. Que cumpla acabildad todas mis tareas sin refunfuñar.
      Ayúdame, auxíliame en todas las dificultades que puedan presentarme  en el diario andar, en mi corta o larga vida.
      Se me olvido decirte Papá que quites de mi cara el enojo, ese entrecejo fruncido que ya no me está gustando. Además mis conocidos me llaman a parte diciéndome que soy horrible, que al no tener este desaforado, esa seña mal vista, me veo bonito. Tanto para aceptar una fotografía.
      Quiero obtener un cambio acorde con mi personalidad, que sean conformes con las buenas normas, estrictamente sujetas a tu propia voluntad.
      Que esa misma voluntad se accione conmigo.
      Haz de mí lo que pretendas hacer, me sujeto a tu norma, no me importa cual pudiera ser.
      Dame la fuerza, el ánimo para ser cada día mejor.
Sujétame bien fuerte, no te descuides, mira que puedo resbalar, no permitas que caiga al precipicio, al despeñadero en donde no quiero estar.
      Permíteme estar en tu compañía, que es la más segura, la más placentera y reconfortante. Amigo como tú no hay otro. Eres lo máximo porque en ti puedo confiar, no develas mis secretos por más malévolos que estos puedan ser. Hasta me apapachas, abrazándome y haciéndome arrumacos tal como si fueras un niño.
      Tómame de nuevo en tu mano, casi no noto tu sudor, es como si la tuvieras seca, sabes una cosa que divino es el apretón que acabas de darme, gracias por ser tan bueno conmigo, y yo que te doy dolores de cabeza. Perdóname porque sé que te he fallado. Me absolviste porque este apretón es más fuerte que el anterior. Te lo agradezco.
      Mírame, mírame siempre, quiero que tu mirada me persiga continuamente para poder enfrentar las dificultades que han de venir y así evitar cualquier peligro.
      Mi carga es menos pesada cuando la comparto contigo ya que se siente liviana.
      Socórreme, has que pueda soportar los sin sabores de la vida. El sufrimiento que a veces nos consume sin parar. Como la pérdida de un ser querido, como la muerte de mi buena madre que recientemente marchó. O la partida del hijo que se fue lejos a otra patria, a la que yo no conozco pero siempre he escuchado hablar de ella, para encontrar nuevas oportunidades que esta nación no le pudo dar.
      Derrama tus fructíferas bendiciones sobre los países en discordia, hazte presente en ellos, controla la paz, somos países hermanos dependientes de un mismo Padre que es el Dueño y Señor del Mundo.
      Cuida de nuestros ancianos, de los hijos que han quedado huérfanos de padre y madre, de los que deambulan por las calles pidiendo cualquier cosa para reparar el hambre.
      A los que en estos momentos están siendo violados otórgale  la salida. A los que perdieron por alguna razón, la cual desconozco, sus viviendas, dales el consuelo, oye su petición, concédele la postulación de obtener otra nueva morada. Tú puedes hacerlo, eres el hacedor de milagros. Todos los días haces prodigios. Por los enfermos  que yacen en los centros asistenciales, contagiados por la pandemia. Señor permítele la salud integral.
Por los que agonizan estréchalos en un abrazo otorgándoles el perdón a sus pecados.
      Haz que miremos el mundo con tus ojos, como verdaderos cristianos, como seres humanos. Haz que la tierra nos duela, el latifundio que nos regalaste y el cual nos pertenece.
      Saca del poder a aquellos gobernantes que no saben ejercer sus funciones. Donde el alimento escasea, los buenos servicios, la falta de medicina, todo es nefasto en donde la verdadera posibilidad se escabulló, esfumándose de sus obtusos cerebros mezquinos que solamente piensan en atesorar riqueza, siendo el pueblo un triste y miserable mendigo.
      Eres tú quien quita y pone reyes.
      Ayuda a nuestros compatriotas que salieron un día del país por necesidad, haz que encuentre su estabilidad. Ampáralos Señor.
      Pasa tu mano sanadora por Colombia, Brasil, Argentina, México, Italia, Chile, Estados Unidos, desarraigando desde ya esta plaga maligna, ella como león rugiente a su paso devora, tomando desprevenidamente al que se descuida. Señor hoy te escribo esta carta para pedirte que  la desaparezca lo más antes posible, arrojándola a las profundidades del mar, ata esta pandemia.
      Baña nuestra tierra con la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, la sangre bendita, la que regenera, la que nos conduce a la verdadera libertad, al cambio genuino, al auténtico sentimiento, al abrazo sincero para poder entendernos y saber que somos Hijos de Dios.
      También en esta carta te pido que excluyas el egoísmo, la envidia por el otro, por el que tiene más que yo, haz que conozcamos más del amor, enséñanos a comprender qué es la humildad, Queremos ser humildes como tú. Deseamos imitarte.
      Enséñanos a orar, incentívanos hacerlo al despertar para que seas tú él que con gusto placer alivianes nuestras labores que nos pueda reparar el día.
      En tu presencia, la maldad no tiene cabida.
      Desaparece los malos hábitos.
      Haz que los esposos amen a sus esposas.
      Desentraña el adulterio. El engaño.
      No quiero ser amador de mi mismo, no quiero juzgar al pervertido, al que piense diferente, al que codicie vestir distinto, este derecho te compete a ti Padre Mío, yo no soy quien para adjetivar.
Miras con beneplácito a los que ya están regenerados. Están conscientes que no volverán a cometer los mismos errores, ya que han aprendido concienzudamente la lección.
Eres tú él que nos permite todo lo que acontece y lo que pronto acaecerá.

                                                                  Tuyo:
                                                      Tu hijo quien te ama y respeta.

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