CARTA
A MI PADRE.
Tómame.
Acaricias mi rostro.
Te pido que te detengas en las áreas afectadas de mi débil cuerpo, estas me
duelen. Tú sabes que es así, porque me conoces desde que estaba en el vientre
de mi madre. Regenéralos. Hazlos nuevos.
Quiero sentir los gratos olores que
exhalan los rosales plantados, que aún
se mantienen frescos por la lluvia acontecida, que hasta hace poco desapareció.
Sus pétalos todavía están empapados, esas gotas que suelo observar ahora
somatizan el ambiente.
Dándome perfecta cuenta que
tuyo es el poder, antes el calor era atronador dentro y fuera de la casa, no
teníamos el sosiego estable, la tranquilidad la cual estamos acostumbrados,
ahora el ambiente es a todo dar, acondicionador, la temperatura es fresca.
Quita de mi semblante el mal genio ya que lo desestabiliza.
Lo amargo conviértelo en lo
dulce, en lo placentero.
Hazme más emprendedor, responsable en las
tareas que otros me asignen. Que cumpla acabildad todas mis tareas sin
refunfuñar.
Ayúdame, auxíliame en todas las
dificultades que puedan presentarme en
el diario andar, en mi corta o larga vida.
Se me olvido decirte Papá que quites de
mi cara el enojo, ese entrecejo fruncido que ya no me está gustando. Además mis
conocidos me llaman a parte diciéndome que soy horrible, que al no tener este
desaforado, esa seña mal vista, me veo bonito. Tanto para aceptar una
fotografía.
Quiero obtener un cambio acorde con mi
personalidad, que sean conformes con las buenas normas, estrictamente sujetas a
tu propia voluntad.
Que esa misma voluntad se accione
conmigo.
Haz de mí lo que pretendas hacer, me
sujeto a tu norma, no me importa cual pudiera ser.
Dame la fuerza, el ánimo para ser cada
día mejor.
Sujétame bien fuerte, no te
descuides, mira que puedo resbalar, no permitas que caiga al precipicio, al
despeñadero en donde no quiero estar.
Permíteme estar en tu compañía, que es la
más segura, la más placentera y reconfortante. Amigo como tú no hay otro. Eres
lo máximo porque en ti puedo confiar, no develas mis secretos por más malévolos
que estos puedan ser. Hasta me apapachas, abrazándome y haciéndome arrumacos
tal como si fueras un niño.
Tómame de nuevo en tu mano, casi no noto
tu sudor, es como si la tuvieras seca, sabes una cosa que divino es el apretón
que acabas de darme, gracias por ser tan bueno conmigo, y yo que te doy dolores
de cabeza. Perdóname porque sé que te he fallado. Me absolviste porque este
apretón es más fuerte que el anterior. Te lo agradezco.
Mírame, mírame siempre, quiero que tu
mirada me persiga continuamente para poder enfrentar las dificultades que han
de venir y así evitar cualquier peligro.
Mi carga es menos pesada cuando la
comparto contigo ya que se siente liviana.
Socórreme, has que pueda soportar los sin
sabores de la vida. El sufrimiento que a veces nos consume sin parar. Como la pérdida
de un ser querido, como la muerte de mi buena madre que recientemente marchó. O
la partida del hijo que se fue lejos a otra patria, a la que yo no conozco pero
siempre he escuchado hablar de ella, para encontrar nuevas oportunidades que
esta nación no le pudo dar.
Derrama tus fructíferas bendiciones sobre
los países en discordia, hazte presente en ellos, controla la paz, somos países
hermanos dependientes de un mismo Padre que es el Dueño y Señor del Mundo.
Cuida de nuestros ancianos, de los hijos
que han quedado huérfanos de padre y madre, de los que deambulan por las calles
pidiendo cualquier cosa para reparar el hambre.
A los que en estos momentos están siendo
violados otórgale la salida. A los que
perdieron por alguna razón, la cual desconozco, sus viviendas, dales el
consuelo, oye su petición, concédele la postulación de obtener otra nueva
morada. Tú puedes hacerlo, eres el hacedor de milagros. Todos los días haces
prodigios. Por los enfermos que yacen en
los centros asistenciales, contagiados por la pandemia. Señor permítele la salud
integral.
Por los que agonizan
estréchalos en un abrazo otorgándoles el perdón a sus pecados.
Haz que miremos el mundo con tus ojos,
como verdaderos cristianos, como seres humanos. Haz que la tierra nos duela, el
latifundio que nos regalaste y el cual nos pertenece.
Saca del poder a aquellos gobernantes que
no saben ejercer sus funciones. Donde el alimento escasea, los buenos
servicios, la falta de medicina, todo es nefasto en donde la verdadera
posibilidad se escabulló, esfumándose de sus obtusos cerebros mezquinos que
solamente piensan en atesorar riqueza, siendo el pueblo un triste y miserable
mendigo.
Eres tú quien quita y pone reyes.
Ayuda a nuestros compatriotas que
salieron un día del país por necesidad, haz que encuentre su estabilidad.
Ampáralos Señor.
Pasa tu mano sanadora por Colombia,
Brasil, Argentina, México, Italia, Chile, Estados Unidos, desarraigando desde
ya esta plaga maligna, ella como león rugiente a su paso devora, tomando
desprevenidamente al que se descuida. Señor hoy te escribo esta carta para
pedirte que la desaparezca lo más antes
posible, arrojándola a las profundidades del mar, ata esta pandemia.
Baña nuestra tierra con la sangre de
Nuestro Señor Jesucristo, la sangre bendita, la que regenera, la que nos
conduce a la verdadera libertad, al cambio genuino, al auténtico sentimiento,
al abrazo sincero para poder entendernos y saber que somos Hijos de Dios.
También en esta carta te pido que
excluyas el egoísmo, la envidia por el otro, por el que tiene más que yo, haz
que conozcamos más del amor, enséñanos a comprender qué es la humildad,
Queremos ser humildes como tú. Deseamos imitarte.
Enséñanos a orar, incentívanos hacerlo al
despertar para que seas tú él que con gusto placer alivianes nuestras labores
que nos pueda reparar el día.
En tu presencia, la maldad no tiene cabida.
Desaparece los malos hábitos.
Haz que los esposos amen a sus esposas.
Desentraña el adulterio. El engaño.
No quiero ser amador de mi mismo, no
quiero juzgar al pervertido, al que piense diferente, al que codicie vestir
distinto, este derecho te compete a ti Padre Mío, yo no soy quien para
adjetivar.
Miras con beneplácito a los
que ya están regenerados. Están conscientes que no volverán a cometer los
mismos errores, ya que han aprendido concienzudamente la lección.
Eres tú él que nos permite
todo lo que acontece y lo que pronto acaecerá.
Tuyo:
Tu hijo quien te ama y respeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario