ESTAS
Estas en el crepúsculo
exuberante y prodigioso que se expande en la colina que se muestra majestuoso
delante de mí.
Estas en los colores
que me regalas todos los días haciéndolos resaltar en este admirable paisaje
que conozco desde hace años.
Estas en el aire, en la
esbelta briza que hace flamear las hojas que saltan alegres por la orilla de
los bordes de las aceras.
Estas en el mar, cuando
las olas concertistas y disciplinadas
chocan contra las rocas produciendo un sonido grato y solemne a mi oído.
Estas en el correteo de los niños que juegan con deleite en la
plaza.
Estas en el guiño del
anciano cuando recibe con agrado un presente de cualquier vecino.
Estas en la alegría del
que yace postrado en una cama, abrigando en su corazón la esperanza que pronto
dejara el lecho.
Estas en las flores que
desprenden el delicado y soberbio color.
Estas en el canto
sonoro de los pájaros que con su trino alegran las mañanas dejándose escuchar,
al colocarse en todos los rincones de mi humilde morada.
Estas en la brisa
agradable y fresca que acaricia mi rostro cuando me acechas, al abrir la
ventana cuando exhalo aromáticamente tu perfume.
Estas en el rocío de
las hierbas que se mantienen húmedas después de haber llovido.
Estas en las flores que
exhalan el bienoliente perfume que aromatiza el gran vergel.
Estas en la fuerza, en
la buena disposición con la que amanecemos para tener la energía necesaria para
desarrollar y complementar la faena del día.
Estas en los madrigales
que amanecen con los insectos que pululan a su alrededor para sorber el néctar.
Estas en las buenas y
energizantes noticias que deleitan a
quienes la reciben dándole la honra y gloria a Nuestro Señor Jesucristo.
Estas en el amanecer,
inquietando al individuo pronunciar tu nombre.
Estas en el auxilio, en
el amparo, en el dar más que en el recibir, en el amor que todos debemos
profesarnos, en la compasión, en la consideración, en la humildad, en el
perdón, en la unción.
Estas en la pareja de
enamorados que tomados de la mano caminan concienzudamente por la orilla del
mar, teniendo como cómplice la luna que con delicia aprueba el buen
comportamiento que ambos deben considerar.
Estas en la lluvia
cuando cae delicadamente por los aleros, embriagando de ensueño a quien la
contempla.
Estas en el sonido
cortés del viento cuando las ramas de los árboles chocan unos con otros.
Estas en las luces
multicolores que desprenden el astro rey.
Estas en la quietud, en
el juego de las palabras cuando verdaderamente tienen un buen propósito.
Inclinándose por pronunciar Tú Nombre.
Estas en las estrellas
cuando embriagan la noche convirtiéndola en una cándida juguetona y coqueta
señorita.
Gracias por estar en
todas partes, considerándote El Dueño y
Señor de el Mundo.
TUS OJOS PERENNES
Tus ojos perennes me vigilan
a pesar de la edad que adquiero liberando a mi paso las posibles caídas que se
me puedan presentar.
Engalanas a diario mi
mesa aderezándola de ricos y abrillantados alimentos.
Cuando mi revisión,
extraviándose por la ventana que permanece abierta me permite percibir un horizonte cargado de un brillo que
a su vez, a pesar de ser enérgico embriaga la dulzura de cualquier corazón
mundano y falto de cariño.
La clorofila intacta de
las hojas me hace recordar el lucimiento de tu nombre. El viento obstinante
trata por todos los medios de desprenderías de sus frondosos tallos, los
pámpanos al verse libre de la corriente celebran unas con otras su gran contentamiento,
al verse ya sueltas completamente de la brisa.
El sol radiante se
torna en el centro del cielo como el dueño y señor del día. Arrojando su
destello natural a todos los objetos que se encuentran en la inmensa
naturaleza.
Las nubes como lienzos
finos permiten atisbar el azul intenso de las alturas. Desencajando los pájaros
en rebaños yendo seguidamente a las cumbres de las elevadas montañas, o a las
espesuras de los árboles, sus trinos armónicos alegran los confines envueltos
en el espacio.
En las noches, las
estrellas chispean y una de ellas pudo convertirse en un cometa, yendo a parar
a un costado de un montículo.
Ordenas mis
pensamientos, matizándolas para conducirme por la dirección correcta,
alarmándome como la luz impúdica, que debo dejar correr lo agridulce de mi
corazón, dejándome arrastrar a plenitud por la corriente del interés, al no poseer
ya el viejo hombre que yo era antes.
Mis órganos están
intactos, en tu seudónimo los rejuvenezco porque siempre estarás conmigo, en
las minutos felices y adversos, todo lo que te pido está alojado en tus manos,
y estampando un sí en tus rotundo labios me lo proporcionas de inmediato, todo
lo que necesito, ya que estas capacitado para lograrlo.
Sigues al pendiente de
mí, no me abandonas, afinas mi vida y mi espíritu para seguir adelante para
elogiar y alabar: TÚ SANTO NOMBRE.
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