sábado, 9 de mayo de 2020



ESTAS

Estas en el crepúsculo exuberante y prodigioso que se expande en la colina que se muestra majestuoso delante de mí.
Estas en los colores que me regalas todos los días haciéndolos resaltar en este admirable paisaje que conozco desde hace años.
Estas en el aire, en la esbelta briza que hace flamear las hojas que saltan alegres por la orilla de los bordes de las aceras.
Estas en el mar, cuando las olas concertistas  y disciplinadas chocan contra las rocas produciendo un sonido grato y solemne a mi oído.
Estas en el correteo  de los niños que juegan con deleite en la plaza.
Estas en el guiño del anciano cuando recibe con agrado un presente de cualquier vecino.
Estas en la alegría del que yace postrado en una cama, abrigando en su corazón la esperanza que pronto dejara el lecho.
Estas en las flores que desprenden el delicado y soberbio color.
Estas en el canto sonoro de los pájaros que con su trino alegran las mañanas dejándose escuchar, al colocarse en todos los rincones de mi humilde morada.
Estas en la brisa agradable y fresca que acaricia mi rostro cuando me acechas, al abrir la ventana cuando exhalo aromáticamente tu perfume.
Estas en el rocío de las hierbas que se mantienen húmedas después de haber llovido.
Estas en las flores que exhalan el bienoliente perfume que aromatiza el gran vergel.
Estas en la fuerza, en la buena disposición con la que amanecemos para tener la energía necesaria para desarrollar y complementar la faena del día.
Estas en los madrigales que amanecen con los insectos que pululan a su alrededor para sorber el néctar.
Estas en las buenas y energizantes  noticias que deleitan a quienes la reciben dándole la honra y gloria a Nuestro Señor Jesucristo.
Estas en el amanecer, inquietando al individuo pronunciar tu nombre.
Estas en el auxilio, en el amparo, en el dar más que en el recibir, en el amor que todos debemos profesarnos, en la compasión, en la consideración, en la humildad, en el perdón, en la unción.
Estas en la pareja de enamorados que tomados de la mano caminan concienzudamente por la orilla del mar, teniendo como cómplice la luna que con delicia aprueba el buen comportamiento que ambos deben considerar.
Estas en la lluvia cuando cae delicadamente por los aleros, embriagando de ensueño a quien la contempla.
Estas en el sonido cortés del viento cuando las ramas de los árboles chocan unos con otros.
Estas en las luces multicolores que desprenden el astro rey.
Estas en la quietud, en el juego de las palabras cuando verdaderamente tienen un buen propósito. Inclinándose  por pronunciar Tú Nombre.
Estas en las estrellas cuando embriagan la noche convirtiéndola en una cándida juguetona y coqueta señorita.
Gracias por estar en todas partes, considerándote  El Dueño y Señor de el Mundo.
TUS OJOS PERENNES
Tus ojos perennes me vigilan a pesar de la edad que adquiero liberando a mi paso las posibles caídas que se me puedan presentar.
Engalanas a diario mi mesa aderezándola de ricos y abrillantados alimentos.
Cuando mi revisión, extraviándose por la ventana que permanece abierta me permite  percibir un horizonte cargado de un brillo que a su vez, a pesar de ser enérgico embriaga la dulzura de cualquier corazón mundano y falto de cariño.
La clorofila intacta de las hojas me hace recordar el lucimiento de tu nombre. El viento obstinante trata por todos los medios de desprenderías de sus frondosos tallos, los pámpanos al verse libre de la corriente celebran unas con otras su gran contentamiento, al verse ya sueltas completamente de la brisa.
El sol radiante se torna en el centro del cielo como el dueño y señor del día. Arrojando su destello natural a todos los objetos que se encuentran en la inmensa naturaleza.
Las nubes como lienzos finos permiten atisbar el azul intenso de las alturas. Desencajando los pájaros en rebaños yendo seguidamente a las cumbres de las elevadas montañas, o a las espesuras de los árboles, sus trinos armónicos alegran los confines envueltos en el espacio.
En las noches, las estrellas chispean y una de ellas pudo convertirse en un cometa, yendo a parar a un costado de un montículo.
Ordenas mis pensamientos, matizándolas para conducirme por la dirección correcta, alarmándome como la luz impúdica, que debo dejar correr lo agridulce de mi corazón, dejándome arrastrar a plenitud por la corriente del interés, al no poseer ya el viejo hombre que yo era antes.
Mis órganos están intactos, en tu seudónimo los rejuvenezco porque siempre estarás conmigo, en las minutos felices y adversos, todo lo que te pido está alojado en tus manos, y estampando un sí en tus rotundo labios me lo proporcionas de inmediato, todo lo que necesito, ya que estas capacitado para lograrlo.
Sigues al pendiente de mí, no me abandonas, afinas mi vida y mi espíritu para seguir adelante para elogiar y alabar: TÚ SANTO NOMBRE.

No hay comentarios:

Publicar un comentario