lunes, 25 de mayo de 2020




El Que Habita Al Abrigo Del Altísimo.
Morara a la sombra del omnipotente.
Pediré a Jehová… ¿de dónde llegará mi auxilio?
Él me responderá el auxilio viene del cielo.
Eres mi esperanza, mi castillo, mi salud, mi éxito, mi todo, puesto que en ti confío siempre.
Me libras del lazo del perseguidor, o de aquel que codicia hacer daño y sin razón alguna.
De las pestilencias me redimes, de las enfermedades que procuran menoscabar mi cuerpo.
Debajo de tus alas estoy seguro, ya que encuentro el refugio perfecto para ahuyentar  el peligro.
Por ser mí escudo y  adarga eres mi verdad, no temo a la oscuridad, a la adversidad, al terror, ni a las saetas que asaltan a las horas del día menos a las pestilencias que andén a la oscuridad o los padecimientos  que en medio del día destruya.
Tú presencia es exquisita en todo aquel que la poseo, veo caer en mi ambiente a mil y diez mil a mi diestra,  más a ti no llegaran. Puesto que haz puesto a Jehová como tu esperanza.
Eres el resguardo de mi habitación, estando dentro no me sobresaltarán plagas, no tocaran a mi humilde morada, las puertas y ventanas están selladas con el sello de tu defensa.
Les has pedido a tus ángeles que me guarden en todos los caminos, los que conozco y suelo transitar diariamente para no ser sobrecogido por cualquier mal que pueda resultar.
En tus manos habito, sé que confiando en ti no habrá piedra que haga tropezar mis pies.
Tienes puesto tu amor en mí,  con la sangre de tu Hijo Amantísimo que cubre a habitualmente  mi cuerpo,  consigo  protegerme del león y del áspid los cuales obtengo pisar constantemente.
Me colocas en alto ya que conoces mi nombre desde el momento  que estaba en el vientre de mi madre.
Te invoco y me respondes por medio de la lectura de Tu Santa Palabra, librándome de las angustias, de las tristezas, de los malestares, del estrés.
Me envías, me sueltas con la seguridad, hasta sonrío.
Te glorifico me sacias de larga vida, mostrándome mi salvación.

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