El
Que Habita Al Abrigo Del Altísimo.
Morara a la sombra del
omnipotente.
Pediré a Jehová… ¿de dónde
llegará mi auxilio?
Él me responderá el auxilio
viene del cielo.
Eres mi esperanza, mi
castillo, mi salud, mi éxito, mi todo, puesto que en ti confío siempre.
Me libras del lazo del
perseguidor, o de aquel que codicia hacer daño y sin razón alguna.
De las pestilencias me
redimes, de las enfermedades que procuran menoscabar mi cuerpo.
Debajo de tus alas estoy
seguro, ya que encuentro el refugio perfecto para ahuyentar el peligro.
Por ser mí escudo y adarga eres mi verdad, no temo a la
oscuridad, a la adversidad, al terror, ni a las saetas que asaltan a las horas
del día menos a las pestilencias que andén a la oscuridad o los padecimientos que en medio del día destruya.
Tú presencia es exquisita en
todo aquel que la poseo, veo caer en mi ambiente a mil y diez mil a mi diestra, más a ti no llegaran. Puesto que haz puesto a
Jehová como tu esperanza.
Eres el resguardo de mi
habitación, estando dentro no me sobresaltarán plagas, no tocaran a mi humilde
morada, las puertas y ventanas están selladas con el sello de tu defensa.
Les has pedido a tus ángeles
que me guarden en todos los caminos, los que conozco y suelo transitar
diariamente para no ser sobrecogido por cualquier mal que pueda resultar.
En tus manos habito, sé que
confiando en ti no habrá piedra que haga tropezar mis pies.
Tienes puesto tu amor en mí,
con la sangre de tu Hijo Amantísimo que
cubre a habitualmente mi cuerpo, consigo protegerme del león y del áspid los cuales obtengo
pisar constantemente.
Me colocas en alto ya que
conoces mi nombre desde el momento que
estaba en el vientre de mi madre.
Te invoco y me respondes por
medio de la lectura de Tu Santa Palabra, librándome de las angustias, de las
tristezas, de los malestares, del estrés.
Me envías, me sueltas con la
seguridad, hasta sonrío.
Te glorifico me sacias de
larga vida, mostrándome mi salvación.
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