domingo, 10 de mayo de 2020







                                                                                       


LA VOZ QUE GRITA TU NOMBRE.
      
       Alguien grita tu nombre insistentemente, no voltees a mirar porque el paso que das desde que saliste de la oficina ha sido desde entonces muy apresurado. Detenerse según tú como lo estas pensando es imposible ya que debes de estar a la hora en casa donde tu mujer, siendo el aniversario de bodas, te habrá cocinado algo suculento, como la sopa de zanahorias con frijoles verdes que a ti tanto te gusta. Un pastel como solamente ella lo suele preparar, tú le compraste un ramo de rosas rojas las que ella siempre ha adorado, lo sabes porque cuando eran novios con apenas cuatro meses y ocho días siempre la oíste referirse a ellas con demasiada vehemencia.
Vuelve la misma voz y con el mismo tono a llamarte por tu nombre: Gerardo, en aquella tarde del mes de septiembre que pronto culminaría, le das una ojeada a tu reloj de pulsera y te das cuenta lo tarde que era, son precisamente las 6:45 justo la hora que tanto deseabas, no saldrían a comer fuera como en otras ocasiones, en antaño acostumbrabas a llevarla a los restaurantes más selectos lo más variado  que poseía  el distrito,  celebraban entusiastas y a todo gusto, con la intimidad que requería el lugar,  la susodicha conmemoración hasta altas horas de la noche, con mucha tranquilidad sin ninguna preocupación que les perturbara el gozo de estar felices solo una vez al año, o todas las veces que les fueran las necesarias, aunque la diversión nunca faltaba en su haber, en la agenda de la vida que cada uno de nosotros tenemos, pero esta ocasión es especial para toda pareja. Para los que se aman de verdad, como ellos dos que se profesan el amor a cada instante.    
Y más cuando  es reciproco,  siendo los días deliciosos, donde no hay cabida para el fastidio, donde la luz del sol es brillante, descubriendo a su vez los sitios ocultos.
Al llegar a la puerta de su casa, oyó la misma voz que lo venía siguiendo desde que salió de la oficina.
No tomándola en serio, mete la llave en la cerradura se abre la puerta y entra sin vacilar.
En la sala encuentra a Silvia espectacularmente radiante, con su vestido negro que se ajusta a su presencia haciéndola destacar soberanamente, resaltando su color blanco que  en combinación con el cabello rubio oscuro la hace ser más joven. Después de haberle dicho lo bella y espectacular que se encontraba le entregó el ramo de rosas, ella sonriendo plácidamente lo besó insistentemente como muestra de agradecimiento.
Ya sentados en la mesa en cuyo centro tres candelabros que con su luz brillante y ambarina embellecían el espacio bendito trastocando sus rostros, hermoseándolos por instantes, él en varias ocasiones no se lo dijo a su mujer que alguien desde que salió de su oficina pronunciaba su nombre, por nada rompería ese momento mágico que se desplazaba a su alrededor, ambos sonrientes degustaban con beneplácito la sopa que tanto le gustaba a él.
Hubo un momento que escuchó la voz repetidas veces. No le prestó ninguna atención. Quería dejar las cosas tal como estaban, no quería alarmarse ni tampoco impresionar a su mujer, con solo ignorarla bastaría. Pero… cuánto tiempo duraría esto?
Justamente cuando ya iban a acostarse volvió la voz a retumbar su nombre llamándolo insistentemente, no muy lejos, quizá detrás de la ventana que hace un par de horas su mujer  había cerrado. La voz se dejaba escuchar más fuerte y traviesa, él solamente la escuchaba, ni su mujer pudo haberla escuchado acostada a su lado ya estaba dormida, quizá lo que le estaba ocurriendo según él  se debía  algún problemita auditivo, uno nunca sabe, pero se prometió así mismo acudir mañana mismo  al médico, este problemita lo resolvería ya que no podría vivir toda su vida con este perverso fastidio, de no hacerlo sería la muerte de otra manera, un masoquismo que no aceptaría por nada del mundo, además él no estaba acostumbrado a fastidiar a nadie, ni mucho menos que lo importunen. No se lo contó a su mujer para no preocuparla, además no era conveniente hacerlo y más a estas horas de la noche donde el silencio impera  con una normalidad indiscutible.
Y con la voz revoltosa que se escuchaba más firme, no le prestó ninguna atención, ignorándola por completo que pronto se hubo dormido.

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