LA VOZ QUE GRITA TU NOMBRE.
Alguien grita tu nombre insistentemente,
no voltees a mirar porque el paso que das desde que saliste de la oficina ha
sido desde entonces muy apresurado. Detenerse según tú como lo estas pensando
es imposible ya que debes de estar a la hora en casa donde tu mujer, siendo el
aniversario de bodas, te habrá cocinado algo suculento, como la sopa de
zanahorias con frijoles verdes que a ti tanto te gusta. Un pastel como
solamente ella lo suele preparar, tú le compraste un ramo de rosas rojas las
que ella siempre ha adorado, lo sabes porque cuando eran novios con apenas
cuatro meses y ocho días siempre la oíste referirse a ellas con demasiada
vehemencia.
Vuelve
la misma voz y con el mismo tono a llamarte por tu nombre: Gerardo, en aquella
tarde del mes de septiembre que pronto culminaría, le das una ojeada a tu reloj
de pulsera y te das cuenta lo tarde que era, son precisamente las 6:45 justo la
hora que tanto deseabas, no saldrían a comer fuera como en otras ocasiones, en
antaño acostumbrabas a llevarla a los restaurantes más selectos lo más
variado que poseía el distrito, celebraban entusiastas y a todo gusto, con la
intimidad que requería el lugar, la susodicha
conmemoración hasta altas horas de la noche, con mucha tranquilidad sin ninguna
preocupación que les perturbara el gozo de estar felices solo una vez al año, o
todas las veces que les fueran las necesarias, aunque la diversión nunca
faltaba en su haber, en la agenda de la vida que cada uno de nosotros tenemos,
pero esta ocasión es especial para toda pareja. Para los que se aman de verdad,
como ellos dos que se profesan el amor a cada instante.
Y
más cuando es reciproco, siendo los días deliciosos, donde no hay
cabida para el fastidio, donde la luz del sol es brillante, descubriendo a su
vez los sitios ocultos.
Al
llegar a la puerta de su casa, oyó la misma voz que lo venía siguiendo desde
que salió de la oficina.
No
tomándola en serio, mete la llave en la cerradura se abre la puerta y entra sin
vacilar.
En
la sala encuentra a Silvia espectacularmente radiante, con su vestido negro que
se ajusta a su presencia haciéndola destacar soberanamente, resaltando su color
blanco que en combinación con el cabello
rubio oscuro la hace ser más joven. Después de haberle dicho lo bella y
espectacular que se encontraba le entregó el ramo de rosas, ella sonriendo
plácidamente lo besó insistentemente como muestra de agradecimiento.
Ya
sentados en la mesa en cuyo centro tres candelabros que con su luz brillante y
ambarina embellecían el espacio bendito trastocando sus rostros, hermoseándolos
por instantes, él en varias ocasiones no se lo dijo a su mujer que alguien
desde que salió de su oficina pronunciaba su nombre, por nada rompería ese
momento mágico que se desplazaba a su alrededor, ambos sonrientes degustaban
con beneplácito la sopa que tanto le gustaba a él.
Hubo
un momento que escuchó la voz repetidas veces. No le prestó ninguna atención.
Quería dejar las cosas tal como estaban, no quería alarmarse ni tampoco
impresionar a su mujer, con solo ignorarla bastaría. Pero… cuánto tiempo
duraría esto?
Justamente
cuando ya iban a acostarse volvió la voz a retumbar su nombre llamándolo
insistentemente, no muy lejos, quizá detrás de la ventana que hace un par de
horas su mujer había cerrado. La voz se
dejaba escuchar más fuerte y traviesa, él solamente la escuchaba, ni su mujer
pudo haberla escuchado acostada a su lado ya estaba dormida, quizá lo que le
estaba ocurriendo según él se debía algún problemita auditivo, uno nunca sabe,
pero se prometió así mismo acudir mañana mismo al médico, este problemita lo resolvería ya
que no podría vivir toda su vida con este perverso fastidio, de no hacerlo
sería la muerte de otra manera, un masoquismo que no aceptaría por nada del
mundo, además él no estaba acostumbrado a fastidiar a nadie, ni mucho menos que
lo importunen. No se lo contó a su mujer para no preocuparla, además no era conveniente
hacerlo y más a estas horas de la noche donde el silencio impera con una normalidad indiscutible.
Y
con la voz revoltosa que se escuchaba más firme, no le prestó ninguna atención,
ignorándola por completo que pronto se hubo dormido.
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