martes, 2 de junio de 2020




                                                                    



                                        EJEMPLO A SEGUIR.



       Ella se levantó muy temprano, y a esta hora que eran exactamente las 8: 30 de la mañana, y viendo satisfactoriamente el desayuno recién hecho llamaba insistentemente a su esposo antes que se le fuera a enfriar, el hombre  hasta hace poco había entrado al baño.
Al oír a su mujer que gritaba su nombre, apareció al  fin frotándose los cabellos que todavía destilaban el agua que había caído sobre ellos, él gustaba desde que era simplemente un estudiante de liceo, lavarse la cara incluyendo sus pelos,   estaba en franelilla siempre gustaba ponérselas cuando estaba en casa o cumpliendo alguna labor dentro o fuera del granero, limpiarlo era su esparcimiento, a la vez que olvidaba todo lo relacionado al trabajo en la oficina, este entretenimiento le ha servido de gran ayuda, la franelilla le que quedaba un poco estrecha por cierto, delineando majestuosamente  los pechos y el abdomen bien trabajados. El gimnasio como él decía a los conocidos  era su segundo hogar, algunos les respondían en son de gracia que si su hogar estaba en un segundo plano significaba que tenía  a dos mujeres a la vez,  la esposa y la amante que era el recinto , a lo cual él alegaba inteligentemente: en cuestiones de faldas mi esposa es la que me quita el sueño, me siento sumamente enamorado de ella, jamás la cambiaria por otra mujer, en cuanto  a la comparación que acabo de hacerte referente al gimnasio, es mi gusto, o mejor dicho mi hobbies, que no tienen que ver con mi mujer.
El hombre tal como lo recuerda ahora se fue del grupo, como dudando un poco. 
       Eran muchos los años que llevaba ya en el gimnasio, y cuando no iba por alguna razón extrema salía a trotar al aire libre, llenando  sus pulmones de aire y vaciándoles por secuencias, la briza mañanera, el soplo que se desprende de los aromáticos pinos  era refrescante y cautivador, le encantaba profundamente trotar hasta la colina siendo arrastrado por la corriente balsámica que desprende los altos abetos. Que eran muchos, infinitos los que se aglomeraban por todas partes y si se va por el lado contrario  a la montaña se puede apreciar mucho más, tal  como si fuera una alfombra verde cubriéndolo todo.
Ismael como realmente se llama, trotaba tres días a la semana, y si por alguna circunstancia de fuerza mayor no cumplía con su cuerpo, la furgoneta no la tomaba en cuenta para nada, las diligencias cortas de no mucho ajetreo  las cumplía a pie como Dios manda, si trataba de caminar un breve estrecho.
Afanoso como ninguno, este hombre me salió  con el deseo pegado en el alma, querer pretender hacer cosas y más, siendo para su propio bienestar, el de los suyos, y por qué no? También por el prójimo siempre estará correcto, le decía su mujer en repetidas ocasiones a su suegra una tarde quien vino a visitarlos. Tenían en su haber dos hijos varones, el primero engendró la misma fisonomía de la madre, muchos afirmaban que se parecía mucho a ella, era un rubio de buen parecido, heredando los ojos verdes de la madre de su madre. El otro era idéntico al padre, le gustaba el béisbol, la natación, el deporte es y seguirá siendo su primera prioridad, ambos hijos están en el exterior estudiando en una universidad de prestigio.
El matrimonio inacabada mente fue envidiado por muchos, a cada momento Magdalena recibía anónimos después de dos golpes dados a la madera fina, por cierto de caoba bañada en barniz, estos eran puestos debajo de la rendija de la puerta. Magdalena los desplegaba enseguida llevándose la impresión al cerciorarse que nadie, había allí merodeando, no se escuchaba ningún ruido, ni los ladridos de los perros, ni el ruido familiar que otras veces proceden dentro de las casas vecinas. Todo estaba en completo silencio, la normalidad  extremada que es merecida para los que a estas horas reposan o duermen.
        Ya en la mañana durante el desayuno ambos esposos sacaban sus propias conclusiones al respecto después de leer ávidamente los anónimos.  
Este juego se sucedía de vez en cuando y ellos como si nada ocurriera, lo ignoraban todo, riendo y abrazándose.  Digno ejemplo para los que los conocen realmente, o para cualquiera que los llegara a conocer.
Donde reina la confianza existirá por siempre la ecuanimidad mutua, el amor en vez de menoscabarse crece, como el jardín que se riega, cuidándose con esmero y tesón.  
Ella jamás permitirá que una sombra eclipse la bonita relación que ha mantenido fresca durante 25 años.             

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