EJEMPLO
A SEGUIR.
Ella se levantó muy temprano, y a esta
hora que eran exactamente las 8: 30 de la mañana, y viendo satisfactoriamente
el desayuno recién hecho llamaba insistentemente a su esposo antes que se le
fuera a enfriar, el hombre hasta hace
poco había entrado al baño.
Al
oír a su mujer que gritaba su nombre, apareció al fin frotándose los cabellos que todavía
destilaban el agua que había caído sobre ellos, él gustaba desde que era
simplemente un estudiante de liceo, lavarse la cara incluyendo sus pelos, estaba
en franelilla siempre gustaba ponérselas cuando estaba en casa o cumpliendo
alguna labor dentro o fuera del granero, limpiarlo era su esparcimiento, a la
vez que olvidaba todo lo relacionado al trabajo en la oficina, este
entretenimiento le ha servido de gran ayuda, la franelilla le que quedaba un
poco estrecha por cierto, delineando majestuosamente los pechos y el abdomen bien trabajados. El gimnasio
como él decía a los conocidos era su
segundo hogar, algunos les respondían en son de gracia que si su hogar estaba
en un segundo plano significaba que tenía a dos mujeres a la vez, la esposa y la amante que era el recinto , a
lo cual él alegaba inteligentemente: en cuestiones de faldas mi esposa es la
que me quita el sueño, me siento sumamente enamorado de ella, jamás la
cambiaria por otra mujer, en cuanto a la
comparación que acabo de hacerte referente al gimnasio, es mi gusto, o mejor
dicho mi hobbies, que no tienen que ver con mi mujer.
El
hombre tal como lo recuerda ahora se fue del grupo, como dudando un poco.
Eran muchos los años que llevaba ya en
el gimnasio, y cuando no iba por alguna razón extrema salía a trotar al aire
libre, llenando sus pulmones de aire y
vaciándoles por secuencias, la briza mañanera, el soplo que se desprende de los
aromáticos pinos era refrescante y
cautivador, le encantaba profundamente trotar hasta la colina siendo arrastrado
por la corriente balsámica que desprende los altos abetos. Que eran muchos,
infinitos los que se aglomeraban por todas partes y si se va por el lado
contrario a la montaña se puede apreciar
mucho más, tal como si fuera una
alfombra verde cubriéndolo todo.
Ismael
como realmente se llama, trotaba tres días a la semana, y si por alguna
circunstancia de fuerza mayor no cumplía con su cuerpo, la furgoneta no la
tomaba en cuenta para nada, las diligencias cortas de no mucho ajetreo las cumplía a pie como Dios manda, si trataba
de caminar un breve estrecho.
Afanoso
como ninguno, este hombre me salió con
el deseo pegado en el alma, querer pretender hacer cosas y más, siendo para su
propio bienestar, el de los suyos, y por qué no? También por el prójimo siempre
estará correcto, le decía su mujer en repetidas ocasiones a su suegra una tarde
quien vino a visitarlos. Tenían en su haber dos hijos varones, el primero
engendró la misma fisonomía de la madre, muchos afirmaban que se parecía mucho
a ella, era un rubio de buen parecido, heredando los ojos verdes de la madre de
su madre. El otro era idéntico al padre, le gustaba el béisbol, la natación, el
deporte es y seguirá siendo su primera prioridad, ambos hijos están en el
exterior estudiando en una universidad de prestigio.
El
matrimonio inacabada mente fue envidiado por muchos, a cada momento Magdalena
recibía anónimos después de dos golpes dados a la madera fina, por cierto de
caoba bañada en barniz, estos eran puestos debajo de la rendija de la puerta.
Magdalena los desplegaba enseguida llevándose la impresión al cerciorarse que
nadie, había allí merodeando, no se escuchaba ningún ruido, ni los ladridos de
los perros, ni el ruido familiar que otras veces proceden dentro de las casas
vecinas. Todo estaba en completo silencio, la normalidad extremada que es merecida para los que a estas
horas reposan o duermen.
Ya en la mañana durante el desayuno
ambos esposos sacaban sus propias conclusiones al respecto después de leer
ávidamente los anónimos.
Este
juego se sucedía de vez en cuando y ellos como si nada ocurriera, lo ignoraban
todo, riendo y abrazándose. Digno ejemplo
para los que los conocen realmente, o para cualquiera que los llegara a conocer.
Donde
reina la confianza existirá por siempre la ecuanimidad mutua, el amor en vez de
menoscabarse crece, como el jardín que se riega, cuidándose con esmero y tesón.
Ella
jamás permitirá que una sombra eclipse la bonita relación que ha mantenido
fresca durante 25 años.
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