sábado, 11 de abril de 2020



LA VIRGEN DE PALO
     

        A Gisela una niña de apenas ocho años acaban de internarla en un colegio de monjas, el padre no dejaba de demostrar su entusiasmo y satisfacción al  haber convertido este intento en una bonita realidad. La madre y el padre estaban felices por su hija, ya que la niña cambiaria su modo de pensar, de hablar y lo que es más importante la manera de comportarse ante los extraños que regularmente entran y salen por esta casa.
Su padre don Eusebio, era un afamado abogado de mucho renombre, cualquier caso tomado o asignado y estando en sus propias manos era de gran halago para el cliente, si  la solución no la vislumbraba por ningún sitio, en el acto lo declaraba: Perdone amigo este proceso no tiene tramitación alguna. Delo por perdido. Así de simple, de simple era don Eusebio quien  poseía su despacho en un anexo en su propio hogar, así lograba vigilar a sus cinco hijos, estar más al pendiente de ellos, y estar más cómodo, a sus anchas y sintiéndose a gusto. No hay trabajo en donde uno se sienta a gusto, mucho más, que en su propia casa.
 Aunque era muy criticado por sus adversarios, una cuerda de envidiosos y chismosos que no falta por doquier o en cualquier lugar posible donde pueda definirse, la conferenciaban con mal gusto y desatino , tejida con premura  hasta por los cueros, pero él con el temple que se gasta, que se renueva cada día, no le prestaba ningún interés por mal intencionada que pudiera ser. Allá ellos que se pudran en sus propios pensamientos, total yo con mi vida y ellos con la suya. Decía cuando alguien le comentaba cualquier chisme que estaba  de vuelta a su residencia, o simplemente en la propia calle.
       A la semana siguiente Gisela  de arrastras agarrada de la mano del padre quien la obligaba  avanzar un paso más a la par, tomando cualquier forma para lograr el avance, no tenía el ánimo suficiente ni la más mínima disposición  de continuar marchando.
No me puedes obligar papá en algo que no quiero. No deseo estudiar en ese colegio de monjas,  ellas son malas. Decía Gisela incomoda, al ver que ninguna sugerencia posible era tomada en cuenta por el padre. Y es allí en donde se puso a pensar por un rato, mientras el padre la llevaba casi a empujones, que a los niños, a su edad los adultos no se dejan convencer por nada, ni con lágrimas, cuando ellos deliberadamente no aceptan estar en donde ellos no quieren estar.
      El colegio estaba cerca de su casa, él no tendría de ahora en adelante ningún inconveniente para llevarla o recogerla todas las veces que fueran convenientes, esto es lo bueno de trabajar por su propia cuenta, no dependiendo de ningún jefe, quien pudiera más adelante reclamarle lo tarde que pudiera llegar al despacho, la idea de buscárselas en casa, teniendo su propia oficina dentro, fue una idea acertada y muy considerada de parte de su esposa Virginia. Precisamente anoche  los dos habían concretado las semanas que llevarían a Gisela  al colegio quedando estipuladas de la siguiente manera. Un lapso  lo haría su esposa y el otro la recogería  él. Y así viceversa. Los dos quedaron conformes.
Esa misma noche Gisela se la pasó llorando abrazando  a su muñeca de trapo, le había puesto por nombre Juliana en honor a su abuela materna quien desde el cielo la observaba con intenso cariño. A quien adoró y sigue extrañando. A pesar del poco tiempo que lleva estando muerta.
Ella quiso llevársela al colegio pero el padre se lo impidió diciéndole:
Al colegio no se va a jugar con muñecas, se visita para aprender, cultivarse en cosas buenas que sean de provecho para el futuro que más adelante te ayudarán a crecer intelectualmente, para que seas  alguien en la vida.
Como tú papá?. Dijo mirándolo directamente a los ojos.
Si como yo…O más bien mucho mejor que yo. Más adelante te lo explicaré mejor. Así que apura el paso que ya vamos a estar sobre la hora hoy pequeña es tu primer día de clase. No estas contenta?
Ella no respondió.
      La mañana era fresca, con un viento imprudente que rasgaba y desprendía  de los árboles las hojas secas que retozando jugaban en los pies de los transeúntes que deambulaban por allí.
Gisela miraba la casona alta, teñida de un color crema, de paredes limpias, con puertas anchas y ventanas del mismo tamaño, el jardín pulcro, bien cuidado por un anciano quien con un rastrillo en mano baldeaba afanosamente el terreno abundante de helechos, dalias, amapolas, crisantemos y azucenas, esto en realidad era un encantador jardín. No cabía duda que la limpieza y la buena ornamentación florecía tanto en la parte de adentro como en las afueras de este prestigioso recinto. Según el padre de Gisela en esta casa de estudio han pasado grandes líderes, grandes políticos, artistas y grandes personalidades de todos los ámbitos. Hombres y mujeres que han llevado a este país al progreso y al  bienestar inminente.    
Esto también lo había recalcado la madre superiora, a los padres y representantes de los alumnos quienes en el momento de entrar con sus hijos al instituto fueron llevados gentilmente junto con los mimos a un gran teatro que estaba situado en el patio, padres acompañados de sus respectivos hijos escuchaban atentamente la perorata de la monja directora.
Gisela sin que nadie se diera cuenta inclusive de su padre, a la religiosa le sacaba la lengua desafiadamente. Esto me va aburrir espantosamente. Pensaba machacándolo interiormente, se sentiría infeliz, y no quería sentirlo  Los culpables eran sus padres, ellos y nadie más.Cómo no me entienden?  Se decía así misma con reserva y sin ser escuchada, y mucho menos por su padre quien estaba casi pegado a ella. Al terminar el pequeño discurso pero fastidioso para Gisela, la niña por si sola buscó su referida aula. Sin pedirle la ayuda a su padre, a quien creía el único culpable de estar en un colegio que no era de su completo agrado.
El tiempo corría a su disposición con una velocidad increíble, hubo un determinado espacio en donde la madre y el padre cumplieron con normalidad el trato que ambos habían fijado, el de llevar a la niña cada uno en la semana que correspondía.
Los otros tres niños que tenían mayores que Gisela, Eduardo, Felipe y Simón,  fueron sacados de inmediato de su centro de estudios, siendo incorporado a la ligera al de Gisela, esto les permitió a los padres la tranquilidad, evitándole la molestia  en buscar a la hija, como lo estaban haciendo, desde ahora en adelante sería conducida a la escuela por sus propios hermanos.
       Las monjas en las referentes clases recalcaban el respeto que se le debía tener a la madre de Dios la virgen María, Gisela se preguntaba infinidades de veces, por qué hay tantas vírgenes llamadas María y  a estas  les ponen un sin fin de nombres, si solamente hay una. No lo comprendo, no lo puedo adivinar. Y si les hago esta pregunta a estas reverendas estúpidas dirán que soy un demonio. Es mejor estar callada y sin ánimos de ofender a nadie. Pero Gisela no se aguantó las ganas al comunicárselo a una compañera llamada Jacinta, quien creía que ser su amiga, pero Jacinta sin perder tiempo se lo comentó a otras compañeras, está a su vez se encargaron  de convertirlo en chisme el cual rodó como la bola de nieve extendiéndose como,  pólvora e inundando toda la institución, llegando prontamente a oídos de todas las monjas y muy exclusivamente a la madre superiora. Esta no perdiendo tiempo fue al salón hecha una fiera para investigar el asunto. Dio los buenos días, y acercándosele  a Gisela le hizo la pregunta ya conocida por todas. Ella tomándolo con mucha tranquilidad suspiró y mirándola directa a los ojos replicó:
Lo que dije no es motivo de alarma, pienso yo, es mi manera de pensar.
Se te respeta. Lo que no me agrada es que lo estés divulgando a los cuatro vientos y menos en este sitio sagrado. A la virgen se le respeta como a nuestro señor Jesucristo.     
Eso lo sé yo. Dijo la niña tajante.
Entonces porque andas comentando impertinencias que no vienen al caso diciendo que hay muchas vírgenes, que la madre de Jesús son muchas y no una sola. Para mí esto es abominación, una falta de respeto que yo no voy a tolerar. Ahora mismo me voy a comunicar con tus padres a ver qué opinan ellos de todo esto.
Sin decir otra cosa la religiosa salió del aula.
        En la noche Gisela fue reprendida sin  derecho a ver la televisión, ni mucho menos cenar en el comedor junto a sus padres y hermanos, su comida fue llevada enseguida a su habitación.
       Los días se sucedieron tranquilamente. El verde puro se dejaba ver por todas partes, los pájaros por cualquier lugar, con su trinar melodioso alegraban todas las mañanas, se les veía por doquier, en las ramas de los árboles, en la grama de la plaza, o en el extenso patio del colegio, Gisela los contemplaba con verdadera delectación a través de la ventana de vidrio la cual estaba abierta, de vez en vez a medida que iba escribiendo en su cuaderno les echaba un vistazo por si tomaban  vuelo.Evitaba por todos los medios ser sorprendida por la profesora quien muy entusiasta dictaba la clase.
       Llegó el mes de mayo, el  mes de la virgen María, todos los niños estaban muy enloquecidos por la visita de la imagen bendita, que hoy  lunes sería sacada de la iglesia San Juan para ser llevada al colegio, algunas alumnas ayudaban frenéticamente a las monjas acondicionando el altar, este estaba ubicado en el salón principal específicamente a la entrada del instituto.  Muchos ramos de flores sumergidos en diferentes búcaros de desiguales tamaños…La imagen fue traída y colocada en el centro del altar. A simple vista todo se veía perfectamente bien. Mucha imaginación y abundante creatividad.  
Ese lunes no hubo clase, pero todo el alumnado debía estar presentes, no había excusa para no estarlo como lo había insistido la madre superiora  con antelación. Gisela de mala gana estaba allí oyendo la misa oficiada por un sacerdote gordinflón, el individuo en cuestión parecía ser buena gente porque a medida que pronunciaba una palabra sonreía. No como las monjas que desatendieron tener esta bonita cualidad que podría enternecer a  quien la observara  o escuchara .
Ya finalizada la misa Gisela junto con sus hermanos abandonaron el colegio.
El día miércoles de la misma semana, Gisela abandonó por unos segundos su salón de clase. En el pasillo todos los alumnos esparcidos por todas partes platicaban, algunos en pie recostados en las paredes, otros sentados, pero todo lo hacían con el orden y el debido respeto que se merece esta casa de estudios.
Gisela siendo desapercibida aprovechó el momento en caminar por el largo pasillo sin ser vista. Este conducía directamente al salón grande en donde estaba la bendita imagen. Al entrar se llevó la sorpresa de encontrar a tres amigas suyas. Quienes a simple vista estaban rezándole a la madre de Dios. Estas al verla formaron una pequeña algarabía. Jerga que fue arrastrada escuchándose con estruendo, llegando a los propios oídos de tres monjas que merodeaban muy  cerca de allí. Estas a sabiendas que la maraña procedía del salón en donde estaba la imagen apuraron el paso. Mientras tanto Gisela haciendo alarde de su presuntuosa imaginación dijo a sus amigas.
Pues amigas como les venía diciendo para mí (refiriéndose a la Santa Madre)  algo debe tener para que este paradita así como está derecha. Y lo vamos averiguar. Qué les parece?
Qué cosas se te ocurren Gisela cómo lo vas  averiguar. Intervino una alumna toda confundida, al no saber lo que Gisela se proponía hacer.
No me vas a decir que le vas a subir la vestimenta…O sí?. Contestó otra aterrorizada,- Estas chiflada además de loca, yo no me voy a quedar para verlo.( Disponiéndose a salir) allá ustedes y su conciencia, nos vemos en el salón de clase. La muchacha espantada salió corriendo. Dejando a las dos compañeras al lado de la temible Gisela y su intento descabellado debe ver lo que no es permitido averiguar, por ser un sacrilegio, una monstruosidad para la iglesia católica.
Las hermanas llegaron. Las tres observaban detalladamente a las tres muchachas, las religiosas estaban semicultas al borde de una pared. Gisela no perdiendo más tiempo le levantó la parte delantera del vestido a la imagen, las dos muchachas se sorprendieron al ver el palo sosteniendo a la bondadosa y venerable.
Y entonces chicas...Qué opinan?
Las dos quedaron atónitas sin hallar respuesta que pudiera ser considerada en el acto..
Pero qué fue lo que hiciste ángel perverso. Dijo llegando en feroz carrera una revenda corriendo para ponerle fin a este intento patético. Las otras dos atemorizadas salieron corriendo del sitio. Como almas llevadas al mismísimo infierno.
Las dos prioras rodearon a Gisela, mientras la otra la zarandeaba con fuerza por los hombros.
Eres el mismísimo demonio, desde este momento te me vas del colegio y para siempre quedas expulsada.
A medida que la superiora hablaba el forcejeo hacia la niña era cada vez  más intenso, esto le incomodaba a Gisela malhumorándola, más de lo debido, no soportándole otro desagravio más, no tuvo otra opción el levantarle con la mano la toga que llevaba puesta arrancándosela de la cabeza la cual había caído al suelo. Una de las monjas la agarró del piso.
Usted es el demonio convertido en mujer. Déjeme en paz yo me voy por mi propia cuenta. La madre gemía por la humillación que acababa de recibir y más de una niña malcriada que según ella no estaba en sus propios cabales. Lamentándose por lo que había ocurrido. La superiora quedó despeinada. Las otras dos le ayudaron a colocarle la toga en la cabeza.
        Gisela fue expulsada del colegio religioso, en vista del abominable suceso ocurrido, el padre no escatimó esfuerzo en inscribir en un instituto público a la hija,   comprometiéndose con el director  hacerse  responsable de la conducta de su retoño.
Hoy Gisela está ya adulta dirige un taller de modas donde le va espectacularmente bien, tiene tres hijos una hembra  con su mismo nombre. Quizá sea igual o peor que ella por haberle colocado su misma identificación, cosa que no sabrá sino hasta que crezca y el tiempo se lo defina.
 Los otros dos varones son muy tranquilos al igual que su esposo un arquitecto de mucho renombre.
El padre de Gisela murió, su madre sigue viviendo en la misma comunidad, vive con un hijo, el segundo, junto a su esposa y su adorable pequeño.
A veces en la vida cometemos errores, culpas que pueden herir o molestar a otros sin darnos cuenta… Solamente nos ponemos en paz pidiéndole perdón a Dios, y así podremos en breve caminar en la vida con fructífera tranquilidad y armonía. En fin esto forma parte de nuestra infancia.     

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