LA
VIRGEN DE PALO
A
Gisela una niña de apenas ocho años acaban de internarla en un colegio de
monjas, el padre no dejaba de demostrar su entusiasmo y satisfacción al haber convertido este intento en una bonita
realidad. La madre y el padre estaban felices por su hija, ya que la niña
cambiaria su modo de pensar, de hablar y lo que es más importante la manera de comportarse ante los extraños que regularmente entran y salen por esta casa.
Su padre don Eusebio, era un afamado abogado de mucho renombre, cualquier
caso tomado o asignado y estando en sus propias manos era de gran halago para el cliente, si la solución no la vislumbraba por ningún sitio, en el acto lo declaraba: Perdone amigo este proceso no tiene
tramitación alguna. Delo por perdido. Así de simple, de simple era don Eusebio
quien poseía su despacho en un anexo en
su propio hogar, así lograba vigilar a sus cinco hijos, estar más al pendiente de
ellos, y estar más cómodo, a sus anchas y sintiéndose a gusto. No hay trabajo
en donde uno se sienta a gusto, mucho más, que en su propia casa.
Aunque era muy criticado por sus adversarios,
una cuerda de envidiosos y chismosos que no falta por doquier o en cualquier lugar posible donde pueda definirse, la conferenciaban con mal gusto y desatino , tejida con premura hasta por los cueros, pero él con el temple que se gasta, que se renueva cada día, no le
prestaba ningún interés por mal intencionada que pudiera ser. Allá ellos que se pudran en sus propios
pensamientos, total yo con mi vida y ellos con la suya. Decía cuando alguien le
comentaba cualquier chisme que estaba de
vuelta a su residencia, o simplemente en la propia calle.
A la semana siguiente Gisela de arrastras agarrada de la mano del padre quien
la obligaba avanzar un paso más a la par, tomando
cualquier forma para lograr el avance, no tenía el ánimo suficiente ni la más mínima disposición de continuar marchando.
No
me puedes obligar papá en algo que no quiero. No deseo estudiar en ese colegio de
monjas, ellas son malas. Decía Gisela
incomoda, al ver que ninguna sugerencia posible era tomada en cuenta por el padre. Y es allí en
donde se puso a pensar por un rato, mientras el padre la llevaba casi a
empujones, que a los niños, a su edad los adultos no se dejan convencer por nada, ni con lágrimas, cuando ellos deliberadamente no aceptan estar en donde ellos no quieren estar.
El colegio estaba cerca de su casa, él no
tendría de ahora en adelante ningún inconveniente para llevarla o recogerla
todas las veces que fueran convenientes, esto es lo bueno de trabajar por su
propia cuenta, no dependiendo de ningún jefe, quien pudiera más adelante
reclamarle lo tarde que pudiera llegar al despacho, la idea de buscárselas en casa,
teniendo su propia oficina dentro, fue una idea acertada y muy considerada de
parte de su esposa Virginia. Precisamente anoche los dos habían concretado las semanas que
llevarían a Gisela al colegio quedando
estipuladas de la siguiente manera. Un lapso lo haría su esposa y el otro la recogería él. Y
así viceversa. Los dos quedaron conformes.
Esa
misma noche Gisela se la pasó llorando abrazando a su muñeca de trapo, le había puesto por
nombre Juliana en honor a su abuela materna quien desde el cielo la observaba con intenso cariño. A quien adoró y sigue extrañando. A pesar del poco tiempo que lleva estando muerta.
Ella
quiso llevársela al colegio pero el padre se lo impidió diciéndole:
Al
colegio no se va a jugar con muñecas, se visita para aprender, cultivarse en cosas buenas
que sean de provecho para el futuro que más adelante te ayudarán a crecer
intelectualmente, para que seas alguien en la vida.
Como
tú papá?. Dijo mirándolo directamente a los ojos.
Si
como yo…O más bien mucho mejor que yo. Más adelante te lo explicaré mejor. Así
que apura el paso que ya vamos a estar sobre la hora hoy pequeña es tu primer
día de clase. No estas contenta?
Ella no respondió.
Ella no respondió.
La mañana era fresca, con un viento
imprudente que rasgaba y desprendía de
los árboles las hojas secas que retozando jugaban en los pies de los
transeúntes que deambulaban por allí.
Gisela
miraba la casona alta, teñida de un color crema, de paredes limpias, con
puertas anchas y ventanas del mismo tamaño, el jardín pulcro, bien cuidado por
un anciano quien con un rastrillo en mano baldeaba afanosamente el terreno
abundante de helechos, dalias, amapolas, crisantemos y azucenas, esto en
realidad era un encantador jardín. No cabía duda que la limpieza y la
buena ornamentación florecía tanto en la parte de adentro como en las afueras
de este prestigioso recinto. Según el padre de Gisela en esta casa de estudio
han pasado grandes líderes, grandes políticos, artistas y grandes
personalidades de todos los ámbitos. Hombres y mujeres que han llevado a este
país al progreso y al bienestar
inminente.
Esto
también lo había recalcado la madre superiora, a los padres y representantes de
los alumnos quienes en el momento de entrar con sus hijos al instituto fueron
llevados gentilmente junto con los mimos a un gran teatro que estaba situado en
el patio, padres acompañados de sus respectivos hijos escuchaban atentamente la
perorata de la monja directora.
Gisela
sin que nadie se diera cuenta inclusive de su padre, a la religiosa le sacaba la
lengua desafiadamente. Esto me va aburrir espantosamente. Pensaba machacándolo
interiormente, se sentiría infeliz, y no quería sentirlo Los culpables
eran sus padres, ellos y nadie más.Cómo no me entienden? Se decía así misma con
reserva y sin ser escuchada, y mucho menos por su padre quien estaba casi pegado a
ella. Al terminar el pequeño discurso pero fastidioso para Gisela, la niña
por si sola buscó su referida aula. Sin pedirle la ayuda a su padre, a quien
creía el único culpable de estar en un colegio que no era de su completo
agrado.
El
tiempo corría a su disposición con una velocidad increíble, hubo un determinado
espacio en donde la madre y el padre cumplieron con normalidad el trato que ambos habían fijado,
el de llevar a la niña cada uno en la semana que correspondía.
Los
otros tres niños que tenían mayores que Gisela, Eduardo, Felipe y Simón, fueron sacados de inmediato de su centro de
estudios, siendo incorporado a la ligera al de Gisela, esto les permitió a los
padres la tranquilidad, evitándole la molestia en buscar a la hija, como lo estaban haciendo,
desde ahora en adelante sería conducida a la escuela por sus propios hermanos.
Las monjas en las referentes clases
recalcaban el respeto que se le debía tener a la madre de Dios la virgen María,
Gisela se preguntaba infinidades de veces, por qué hay tantas vírgenes llamadas
María y a estas les ponen un sin fin de nombres, si solamente hay una. No lo comprendo, no lo puedo adivinar. Y si les
hago esta pregunta a estas reverendas estúpidas dirán que soy un demonio. Es
mejor estar callada y sin ánimos de ofender a nadie. Pero Gisela no se aguantó las ganas al comunicárselo a una compañera llamada Jacinta, quien creía que ser su amiga, pero Jacinta sin perder tiempo se lo comentó a otras
compañeras, está a su vez se encargaron de convertirlo en chisme el cual rodó como la
bola de nieve extendiéndose como, pólvora e inundando toda la institución, llegando prontamente a oídos de todas las monjas y muy exclusivamente
a la madre superiora. Esta no perdiendo tiempo fue al salón hecha una fiera
para investigar el asunto. Dio los buenos días, y acercándosele a Gisela le
hizo la pregunta ya conocida por todas. Ella tomándolo con mucha tranquilidad suspiró y
mirándola directa a los ojos replicó:
Lo
que dije no es motivo de alarma, pienso yo, es mi manera de pensar.
Se
te respeta. Lo que no me agrada es que lo estés divulgando a los cuatro vientos
y menos en este sitio sagrado. A la virgen se le respeta como a nuestro señor
Jesucristo.
Eso
lo sé yo. Dijo la niña tajante.
Entonces
porque andas comentando impertinencias que no vienen al caso diciendo que hay
muchas vírgenes, que la madre de Jesús son muchas y no una sola. Para mí esto
es abominación, una falta de respeto que yo no voy a tolerar. Ahora mismo me
voy a comunicar con tus padres a ver qué opinan ellos de todo esto.
Sin
decir otra cosa la religiosa salió del aula.
En la noche Gisela fue reprendida sin derecho a ver la televisión, ni mucho menos
cenar en el comedor junto a sus padres y hermanos, su comida
fue llevada enseguida a su habitación.
Los días se sucedieron tranquilamente. El
verde puro se dejaba ver por todas partes, los pájaros por cualquier lugar, con
su trinar melodioso alegraban todas las mañanas, se les veía por doquier, en
las ramas de los árboles, en la grama de la plaza, o en el extenso patio del
colegio, Gisela los contemplaba con verdadera delectación a través de la
ventana de vidrio la cual estaba abierta, de vez en vez a medida que iba
escribiendo en su cuaderno les echaba un vistazo por si tomaban vuelo.Evitaba por todos los medios ser sorprendida por
la profesora quien muy entusiasta dictaba la clase.
Llegó el mes de mayo, el mes de la virgen María, todos los niños
estaban muy enloquecidos por la visita de la imagen bendita, que hoy lunes
sería sacada de la iglesia San Juan para ser llevada al colegio, algunas
alumnas ayudaban frenéticamente a las monjas acondicionando el altar, este estaba ubicado en el salón
principal específicamente a la
entrada del instituto. Muchos ramos de
flores sumergidos en diferentes búcaros de desiguales tamaños…La imagen fue
traída y colocada en el centro del altar. A simple vista todo se veía
perfectamente bien. Mucha imaginación y abundante creatividad.
Ese
lunes no hubo clase, pero todo el alumnado debía estar presentes, no había excusa
para no estarlo como lo había insistido la madre superiora con antelación.
Gisela de mala gana estaba allí oyendo la misa oficiada por un sacerdote
gordinflón, el individuo en cuestión parecía ser buena gente porque a
medida que pronunciaba una palabra sonreía. No como las monjas que desatendieron
tener esta bonita cualidad que podría enternecer a quien la observara o escuchara .
Ya
finalizada la misa Gisela junto con sus hermanos abandonaron el colegio.
El
día miércoles de la misma semana, Gisela abandonó por unos segundos su salón de
clase. En el pasillo todos los alumnos esparcidos por todas partes platicaban, algunos en pie recostados en las paredes, otros sentados, pero todo lo hacían
con el orden y el debido respeto que se merece esta casa de estudios.
Gisela
siendo desapercibida aprovechó el momento en caminar por el largo pasillo sin
ser vista. Este conducía directamente al salón grande en donde estaba la
bendita imagen. Al entrar se llevó la sorpresa de encontrar a tres amigas
suyas. Quienes a simple vista estaban rezándole a la madre de Dios. Estas al
verla formaron una pequeña algarabía. Jerga que fue arrastrada escuchándose con estruendo,
llegando a los propios oídos de tres monjas que merodeaban muy cerca de allí. Estas a sabiendas que la
maraña procedía del salón en donde estaba la imagen apuraron el paso. Mientras
tanto Gisela haciendo alarde de su presuntuosa imaginación dijo a sus amigas.
Pues
amigas como les venía diciendo para mí (refiriéndose a la Santa Madre) algo debe tener para que este paradita así
como está derecha. Y lo vamos averiguar. Qué les parece?
Qué
cosas se te ocurren Gisela cómo lo vas
averiguar. Intervino una alumna toda confundida, al no saber lo que Gisela se
proponía hacer.
No
me vas a decir que le vas a subir la vestimenta…O sí?. Contestó otra aterrorizada,-
Estas chiflada además de loca, yo no me voy a quedar para verlo.( Disponiéndose a salir)
allá ustedes y su conciencia, nos vemos en el salón de clase. La muchacha
espantada salió corriendo. Dejando a las dos compañeras al lado de la temible
Gisela y su intento descabellado debe ver lo que no es permitido averiguar, por ser un
sacrilegio, una monstruosidad para la iglesia católica.
Las hermanas llegaron. Las tres observaban detalladamente a las tres
muchachas, las religiosas estaban semicultas al borde de una pared. Gisela no
perdiendo más tiempo le levantó la parte delantera del vestido a la imagen, las
dos muchachas se sorprendieron al ver el palo sosteniendo a la bondadosa y
venerable.
Y
entonces chicas...Qué opinan?
Las
dos quedaron atónitas sin hallar respuesta que pudiera ser considerada en el acto..
Pero
qué fue lo que hiciste ángel perverso. Dijo llegando en feroz carrera una revenda corriendo para ponerle
fin a este intento patético. Las otras dos atemorizadas salieron corriendo del
sitio. Como almas llevadas al mismísimo infierno.
Las
dos prioras rodearon a Gisela, mientras la otra la zarandeaba con fuerza por los
hombros.
Eres
el mismísimo demonio, desde este momento te me vas del colegio y para siempre
quedas expulsada.
A
medida que la superiora hablaba el forcejeo hacia la niña era cada vez más intenso, esto le incomodaba a Gisela
malhumorándola, más de lo debido, no soportándole otro desagravio más, no tuvo
otra opción el levantarle con la mano la toga que llevaba puesta
arrancándosela de la cabeza la cual había caído al suelo. Una de las monjas la
agarró del piso.
Usted
es el demonio convertido en mujer. Déjeme en paz yo me voy por mi propia
cuenta. La madre gemía por la humillación que acababa de recibir y más de una
niña malcriada que según ella no estaba en sus propios cabales. Lamentándose por
lo que había ocurrido. La superiora quedó despeinada. Las otras dos le ayudaron
a colocarle la toga en la cabeza.
Gisela fue expulsada del colegio religioso, en vista del abominable suceso ocurrido, el padre no escatimó esfuerzo en inscribir en un instituto público a la hija, comprometiéndose con el
director hacerse responsable de la conducta de su retoño.
Hoy
Gisela está ya adulta dirige un taller de modas donde le va espectacularmente
bien, tiene tres hijos una hembra con su mismo nombre. Quizá sea igual o
peor que ella por haberle colocado su misma identificación, cosa que no sabrá sino
hasta que crezca y el tiempo se lo defina.
Los otros dos varones son muy tranquilos al igual que su esposo un arquitecto de mucho renombre.
Los otros dos varones son muy tranquilos al igual que su esposo un arquitecto de mucho renombre.
El
padre de Gisela murió, su madre sigue viviendo en la misma comunidad, vive con
un hijo, el segundo, junto a su esposa y su adorable pequeño.
A
veces en la vida cometemos errores, culpas que pueden herir o molestar a otros
sin darnos cuenta… Solamente nos ponemos en paz pidiéndole perdón a Dios, y así
podremos en breve caminar en la vida con fructífera tranquilidad y armonía. En
fin esto forma parte de nuestra infancia.
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