UNA
MUCHACHA DECENTE.
Úrsula le ha gustado usar zapatos de
tacones altos, desde que era muy chica, ella siempre los hace lucir
espléndidamente como ninguna otra, manifiesta que al ponérselo su cuerpo
experimenta algo extraordinario que ella misma no sabe explicárselo, por más
que se propusiera detallar esta divina y divertidísima sensación no logra definirla,
ni mucho menos entenderla.
Qué
ocurrencias se te ocurren muchacha, cualquiera que le eches el cuento lo más
que puede hacer es burlarse de ti. Pero siempre hay un pero en todo lo que a
una se le pueda ocurrir, si no existiera esta frasecita que a veces me molesta
porque yo, yo la escucho y de ti más de la cuenta, yo no la pongo en práctica, jamás la he usado, tú
dices afirmando, yo te he escuchado en
varias ocasiones indicar: pero yo soy así mujer, pero mi mamá me hizo así, y él que no quiere
seguir tratándome que no lo haga, total a mí no me importa.
Qué
son esas cosas Úrsula? a decir verdad tienes que cambiar y mucho, aun todavía te falta un montón de años para
hacerlo.
La
que no tiene el tiempo suficiente soy yo, que casi para estar conforme con Dios estoy
doblando la esquina, por decirte algo o porque no encuentro otra cosa que
decirte, que se me venga a la cabeza, a
Dios gracias me siento perfectamente bien y he de admitirlo, además es
razonable, y eso que no me cuido
muchacha, en qué me puedo yo cuidar, si como lo que me depara el día, con mi
negocio de verduras que no las vendo por completo, como lo deseo plenamente,
¿qué otra cosa se puede hacer?. La vida se me transformó por completo como tú
no tienes idea, después de la muerte de mi marido me la he visto negras, siempre
estoy con el ánimo adelante para hacer las cosas como deben ser, como las manda
mi Dios. O para que me rinda estiro el
dinero, gastándonos en lo más necesario, en lo que me haga falta. Sabes, yo soy
muy buena administrando mis cosas, no botó lo que más tarde pueda necesitar… Le
doy gracias a Dios por ser como soy, con
esta grandeza, con mi forma de pensar he echado adelante. Úrsula tú tienes que
aprender muchísimas cosas de la vida, yo sé que no tienes malicia para nada,
pero la malicia es muy importante tenerla, cargarla en todo tiempo, y más
cuando una sale a la calle, la desconfianza debe ser lo primero y más cuando se
camina en medio de gentes extrañas que una jamás vio, en todas partes hay
sinvergüenzas que se quieren aprovechar de las muchachas como tú, y más con la
mirada estúpida que tienes, tú sabes cómo soy yo pelada para decir las cosas, a
los que verdaderamente yo les tengo aprecio les hablo de la manera como te lo
estoy diciendo sin pelos en la lengua. Porque sencillamente las aprecio.
Sé
que tu mamá no te creó porque se fue con un holgazán que nunca sirvió ni para
sonreír cuando estaba sacando la cédula, marchándose muy lejos de aquí, como también sé que tu
padre por el mal que le había hecho a tu madre se entregó en cuerpo y alma a la
bebida, el aguardiente le ocasionó la muerte, bueno eso fue lo que dijeron los
médicos. O lo que mencionó las lenguas largas del barrio que no hacen otra cosa
que hablar y hablar más de la cuenta, total así son ellos, no se involucran en
sus propios asuntos, sino en los demás, se entremeten enteritos olvidándose de
su propio ser… Gracias a Dios muchacha que tu abuela Patricia sí que ve por ti, sé
que ella es buena contigo y no te descuidará así por no más. Eres bonita muy
trabajadora, cuando yo tenía tu edad me defendía por mí misma de los que se querían aprovechar de mí, los
miraba derechito a los ojos, una nunca debe achicopalarse ni mucho menos bajar
la mirada ante nadie, yo los oía muy divertida, como no me convenía lo que me
estaban proponiendo enseguida les daba la espalda y me dejaba venir muy
tranquila como si nada hubiera pasado. Mi marido para conquistarme duró tiempo,
muchísimo tiempo, más cuando me propuso matrimonio, claro que yo estaba enamoradísima de él, me daba un poco
más de tiempo para saber si ocurría algo diferente en él que me hiciera cambiar
de opinión, como la aparición de otra mujer que estaría interesado en él, o un
hijo, porque hay hombres que te están cortejando y resulta ser que a los meses
tú le conoces a otra mujer, ¿qué pasa?, que perdiste el tiempo tontamente. Eso
conmigo no va, es bueno casarse, tener hijos para no continuar con la alegre realidad
de no estar sola contra el mundo, es bueno esperar, darle tiempo al tiempo para
saber que puede acontecer más adelante. Claro que me casé muchacha, yo no me
iba a quedar a vestir santos, eso jamás, tengo seis hijos, tres hembras y tres
varones los cinco se marcharon a otros países, uno, solamente uno ha quedado
conmigo, no dependo de ellos, nunca me gustó depender de nadie, solamente del
que está allá arriba, para mí es más que suficiente, si ellos me quieren mandar
pues que lo hagan es su obligación, yo no sé los exijo, ni tampoco se los machaco recordándoles que me llamen las veces que ellos quieren,
nunca lo he hecho ni lo haré por tener sus propias obligaciones, cada quien en
el mundo las tiene, eso también hay que
comprenderlo y respetarlo, considerarlo pues, muchas madres no lo hacen, le
exigen demasiado a sus hijos tanto que
los vuelven locos. Pidiéndoles esto, aquello, en fin que son muchas las que yo
conozco por aquí mismo, muy cerquita de aquí. Si les
quieren dar a una, pues que lo hagan, estará bien recibido quien dijo que no. Las cosas
obligadas resultan muy mal. Y si están casados y tiene hijos como los míos
menos le dan a una, porque la obligación es con la esposa y con los hijos no
con los padres, los padres pasan aunque nos duela en lo más hondo de nuestras
almas a un segundo plano, que vergüenza, pero así es. Son ellas las que
verdaderamente los disfrutan hasta el final de sus días.
A mí
no se me ocurre decir estas porque es endiabladamente la verdad.
Los meses saltaron velozmente,
trayéndome a casa a un sobrino, el hijo
de mi hermana mayor llamada Elvira, era un joven guapísimo, un morenazo como mi
hermana o como yo, en mi familia todos éramos morenos, hasta el día de hoy
nunca le pregunté a otros hermanos míos, ni a mi vieja que Dios la tenga en su
santa gloria nunca se lo referí, el motivo tan extraño, de que todos fuéramos
de ese mismo color y no de otro. Qué cosa…
Mi
sobrino se llamaba Mauricio, este muchacho era muy avispado, a todo le sacaba
un chiste, solamente a él soltar una gracia, quienes lo oían se divertían hasta
por los codos. Yo le pedía encarecidamente que no quería a ninguno de sus
amigotes en mi casa, rochelas no las tolero de ninguna manera.
Era
muy cariñoso, yo diría demasiado, adulador como ningún otro, convenciéndome
hacer algunas cosas que en realidad yo no quería hacer en aquellos momentos, me
dejé llevar convenciéndome en hazme
esto, hazme aquello.
No me digas que no porque puedo morir del
deseo. Me decía sonriendo como si fuera un niño. Todavía continuaba siendo un
niño. Aquel chaval que conocí cuando yo todavía no me había casado y vivía con
mi hermana continuaba siendo el mismo.
Menos
mal que semanalmente me daba dinero para comprar algún comestible que nos hacía
falta. Le gustaba colaborar en casa. Limpiando paredes, arreglando todo lo que
estaba dañado, la pata de una silla que estaba falsa, una mesa que necesitaba
de mantenimiento, el techo que requería también de arreglos, los artefactos
eléctricos, el cableado de la luz eléctrica, en fin tantas cosas que yo
considero que son dispensable, buen chico que es Mauricio, buen chico.
Está
buscando insistentemente en la administración el puesto de ingeniero, graduado
recientemente con los altos honores en su profesión, este muchacho de apenas veintiún años quiere
comerse el mundo de la forma como él quiere, o como se le presente,
construyendo conjuntos residenciales de gran lujo, una cadena de hoteles
exclusivamente para turistas, edificios como rascacielos, como suelo verlos en
las revistas que Úrsula siempre está hojeando, de esto yo no me rio de ninguna
manera porque sé que mi sobrino es bueno en lo que se propuso a estudiar sino,
no hubiera estudiado, comerse al mundo como él lo pretende, en la forma como él
me lo dice, es cosa extraña, esto a mí particularmente me causa mucha risa,
no sé si lo dice en serio, o es uno de sus tantos chistes porque me causa tanta carcajeo al oírselo
decir.
Al
salir a la calle en una ocasión a supervisar el negocito que tengo de verduras
me encuentro con Casimiro, después de tanta alharaca, me atreví como no queriendo la cosa, le pregunté lo que
me había dicho mi sobrino, que quería comerse el mundo. El rápidamente me
contestó que lo que me había dicho no era un chiste, que era una de las tantas
formas de decir las cosas, que el muchacho aunque el mundo se le viniera encima
en contra de él, él lucharía por vencerlo. Y lo lograría, tal vez tu sobrino es
terco, y eso es bueno porque le da el ímpetu de obtener todo lo deseado.
Don
Casimiro al dar la espalda, viéndose la
mujer que estaba sola se echó a reír mas de la cuenta diciéndose para sí misma:
si que soy bruta no juegue requetebruta.
Mi sobrino sí que se comió el mundo,
puesto que una tarde del día miércoles llegó contento, abrazándome, besándome,
y hasta alzándome por los aires como si
yo fuera un trofeo mostrándoselo al público por haber ganado una competencia
olímpica. Le dije molesta, de mentirita, que me soltara, que me bajara porque
me iba a tumbar. ¿Qué cuál era su alegría para que se comportara de esa manera?
Me
dijo con una sonrisa abierta que le dieron empleo en la empresa donde
solicitaban ingenieros y que comenzaba mañana mismo a trabajar allí.
Me
alegré demasiado, le dije de inmediato
que me siguiera alzando por los aires que me mostrara como un trofeo, que ya no
estaba brava sino contenta. Y lo hizo en demasía que ya me estaba mareando de tanto darme vueltas y
vueltas y más vueltas yo diría que más de la cuenta.
En
esto entró Úrsula, Mauricio me dejó quieta muy quieta. Yo me arreglaba los
cabellos. Ante la muchacha sentía una gran vergüenza por haberme encontrado de
la forma como me encontró, jugando como una jovenzuela con un muchacho joven.
Enseguida arreglé la cuestión presentándole a mi sobrino, informándole a la vez
que los dos estábamos festejando el hecho del que el susodicho había encontrado
empleo en el conjunto residencial que se iba a crearse muy cerca de aquí, no
como un simple albañil nunca, no…como un ingeniero, él supervisaría el trabajo
de los demás. Por qué tengo yo que darle tantas explicaciones a esta muchacha,
ni que fuera hija mía, ni a mi hija se las daría porque ella sabría que estoy
jugando con mi sobrino es decir con su primo. En realidad yo sí que soy zoqueta. No juegue, ni que
estuviera yo haciendo algo malo, además estoy en mi casa y no tengo que darle
explicaciones a nadie. Estoy enojada, pero el malestar me lo trago como el agua
hirviendo.
Ella
le alargó la mano, él se la estrechó con cierta galantería.
A
medida que Úrsula hablaba él no le quitaba la vista de encima, tan entretenido
estaba ese muchacho, tanto, que hasta me parecía que estaba viendo un partido
de fútbol.
Ella
se estaba dando cuenta de este detalle que comenzó a sentirse nerviosa. Tanto
así que casi me estropeaba el fino mantel que cubría la mesa manchándomelo de
café, el cual se estaba tomando poco a
poco mirándome a la cara asintiendo todo lo que yo le estaba diciendo.
Mi
sobrino interesadamente le había preguntado por su nombre. Le tomó una mano
gentilmente como todo un caballero, como un galán de la época medieval.
Yo
lo miraba atónita.
Ella
muy complacida por el gesto masculino reía disimuladamente como no queriendo la
cosa.
Los
interrumpí.
Úrsula,
hazme un favorcito tráeme la escoba que está en el patio, necesito barrer la
cocina, siento en mis narices el polvo. Traédmela por favor.
Pero
si usted barrió esta mañana.
Cállate
necio.
Al
quedar solos.
Mauricio
mucho cuidado con esta muchacha, con esta muchacha no, con otras te lo acepto.
Con esta no, esta muchacha para mí es como mi hija. Así que cuidadito picaflor
que yo te conozco. En esto entró Úrsula, Mauricio no le quitaba la mirada de
encima a la pobre chica.
Yo
por nada del mundo probaba a dejarlos solos, conociendo a Mauricio como lo
conozco cualquier cosa atrevida puede pasar.
No
los deje solos en ningún momento. Úrsula se marchó prometiendo vernos más
tarde, Mauricio despidiéndose volvió a rozarle la mano y para más colmo cosa
que me disgustó enormemente se la besó,
como lo hacen en las películas mejicanas, porque fueron las únicas que solía
ver, parece ser que ese gesto galante tan universal, por ser mundial era
famosísimo, ya que estoy acostumbrándome a verlo frecuentemente, y por ahora
hasta en mi propia casa.
Mauricio comenzó a la semana siguiente a
trabajar en la susodicha compañía, yo estaba segura que todos los que trabajan
con él, siendo este muy zagas y ladino al cien por ciento se ganaría el cariño
de todos incluyendo al jefe. Y no me había equivocado en nada, el tiempo corre
incesantemente, Mauricio en un mes se había comprado una moto, muy bonita por
cierto, de un azul reluciente, muy digno de admirar, no molestando para nada la
vista del que pueda observarla por largo rato, él se desvivía por esa moto,
limpiándola, checándola a cada momento como si fuera una hija o nieta suya. La
tenía muy reluciente, brillante muy limpia, y como la cuidaba en todo tiempo,
la llamaba: La toñeca. Que de cosas tiene este grandísimo carajo, dizque llamar
a la motocicleta toñeca, habrase visto. El y sus locuras, con tal que no me
envuelva en sus chifladuras porque ahí sí que es verdad me echo a perder en
pedacito, para qué sirve una miga para nada, porque es una mínima cosa que no
llenaría el estomago. Hoy amanecí hablando hasta por los codos, me entretengo
hablando sola, además a mí nadie me visita mejor así para que nadie me venga a
contar chismes de los demás que a mí particularmente no me interesa para nada,
con mis problemas me sobran y me basta. Y es hasta mejor. Un éxito diría yo. No
sé nada de nada como también de mí nadie sabe nada. Qué emoción! Mujer estate
quieta que ya me estas inquietando y perjudicándome.
Úrsula venía a casa con mucha frecuencia
y esto me hacía pensar en muchas cosas, ella llegaba justamente cuando mi
sobrino regresaba del trabajo, ambos se miraban sonriendo. Aquí arde Trolla, de
esto estoy segura como Dios creó al mundo, yo no voy a permitir que mi muchacha
se queme y mucho menos aquí en mi casa.
Lo permití, aunque los primeros días hablé
imponiendo mi voz como si dirigiera una protesta a los empleados desamparados
para que no fueran atropellados con sus reivindicaciones al momento de
jubilarse, ellos sumisos obedecían, al mes mis advertencias no eran tomadas en
cuenta ni mucho menos mi mal humor, ya que anhelaba que la muchacha, mi
muchacha la que yo tanto amaba en toda esta relación que no tiene ni pies ni
cabeza no saliera perjudicada, él no tiene que perder, Úrsula si, la reputación,
su nombradía hay que mantenerla limpia, a flote para que nunca se ahogue, tan
importante lo es como el respeto y la dignidad. Esto lo leí hace muchísimo tiempo en un libro que una
amiga me prestó.
Salían al centro de la ciudad en moto, a
fiestas, a los cumpleaños de cualquiera de sus amigos de la empresa, a los aniversarios de la
organización, al bautizo de un conjunto residencial en otra zona, al cine y
para más colmo a la playa, hasta para un picnic, que ellos mismos ideaban al
lado de un arroyuelo o en medio de una pradera, estos muchachos chiflados me
van a volver loca con tantas estupideces que solamente sus mentes pueden forjar
no tomando en cuenta a quien pueden perjudicar. Ahora Mauricio se compró un
carro nuevecito de paquete, hasta me sacó con delantal y con los pelos
revueltos a pasear en su carro por toda la ciudad, ahora ellos se la pasan
siempre paseando en coche para arriba y para abajo, muchachos al fin.
Ellos
en nada están perjudicando a nadie ni a la naturaleza misma, pero la que corre
el riesgo de salir con una barriga es Úrsula, la pobre es virgen a mi me
consta, yo en esto meto las manos en el fuego por ella. Muchos han querido
sobrepasarse con ella, la muchacha siempre les ha dado un frenazo, que ellos
como si hubiesen recibido un semejante golpe salen cabizbajos y con las alas
cortas. Espero que sea así con Mauricio que le encadene las manos, que le rompa
la voluntad y el mal deseo de poseerla.
En cierta ocasión Úrsula me hizo una
visita, lo que yo menos me esperaba, digo lo menos que yo me esperaba puesto
que ella viene cuando Mauricio está en casa, ya nunca viene cuando yo estoy
íngrima y sola como ahora. Tan entretenida estaba con mis labores que no me
había dado cuenta que la muchacha había entrado a la cocina y estaba a espaldas
de mí.
Ella
me dijo.
Hola.
Cómo
estas Úrsula que hay de nuevo. (Dejé el cuchillo a un lado, los tomates y las
cebollas a medio partir. Saqué una silla del comedor invitándola a tomar
asiento, ella se sentó, yo agarrando la mía hice lo mismo)
Úrsula.
Continué,- ¿Qué te parece mi sobrino Mauricio?
Ella
nada me respondió.
Yo
los veo últimamente como dos amigos que llevan años de años conociéndose, salen
a todas partes, él llega casi siempre a tardes horas de la noche…Qué te dice,
qué te ha dicho él, cuéntame soy toda oídos, dímelo sin pena, somos amigas
desde hace cuarenta décadas.
Lo
que me faltaba, lo que verdaderamente me temía, la bomba había hecho explosión.
Mauricio
y yo somos novios.
Alarmada
y no era de esperar.
¿Cómo
que son novios?, ¿desde cuándo?
Somos
novios, yo lo amo. Además los dos nos hemos portado muy bien, de lo de aquello,
lo que puede desmoralizar a toda mujer nunca, usted sabe como soy yo, y si
llegara a pedirme una prueba de amor lo pongo en su sitio, se lo juro por mi
madrecita santa que está en el cielo, usted me conoce y sabe que soy capaz de
hacerlo.
Tomándole
las manos y acariciándoselas las tantas veces que me fuera posible.
Lo
sé muchacha, lo sé, yo sé que tu defiendes a capa y espada tu virginidad de
quien quiera aprovecharse de ti, ay hijita al menos estoy tranquila y sin
temores. (Sonríe) al menos puedo respirar ahora más tranquila gracias a Dios.
Un
beso nunca compromete en nada.
Así
es hijita, así es. Sonrío.
La salida de los dos se tornaba ahora
con más frecuencia.
Una
tarde una noticia, la que menos me esperaba, la que me hizo sentir triste todo
el resto de esa tarde fue lo que Mauricio me había dicho estando yo en mi
habitación. Se marchaba, se iba de mi lado, a un departamento que la misma
compañía le había otorgado por la buena labor que estaba ejerciendo en dicha
empresa.
A la semana siguiente empacó algunas
cosas dentro de dos maletas de cuero, las cuales eran inmensas, dejó las otras
porque me prometió que el del todo a mí, su única tía no la iba a
abandonar nunca, además contaba con esta
pieza que dejaba, la que le permitiría dormir todas las veces que él quisiera
venir.
Yo
lo visitaba las veces que me fuera posible, era un departamentico cómodo, muy
cómodo y bien bonito con su terraza amplia, con la vista a unas colinas que yo
nunca había visto, un pedazo de cielo que a mí particularmente me encantó
enormemente. Cómo serán las noches, el cielo, las estrellas todo esto. Algún
día le diré a mi sobrino que me quedaré aquí, para hacer realidad este sueño de
ver el cielo por esta parte.
Y
así lo hice. Indudablemente aquello era toda una maravilla como el cuento de
hadas que quise leer y no pude considerarlo porque no estaba al alcance de mi
mano. Por qué el cielo no puedo verlo en mi casa cómo yo lo veo ahora estando
aquí. Ah cosa tan extraña difícil de aceptar. Inexplicable hasta cierto punto.
Quién entiende a la naturaleza a parte de Dios, nadie absolutamente nadie.
Los años, ay los años, todo un conjunto
de tiempos, buenos, malos y regulares. Úrsula y Mauricio con el mismo
bochincheo de siempre, yo estaba sumamente tranquila, la muchacha no me
mortificaba en nada, ya que la conocía muy bien, no torcería por nada del mundo
su brazo, y mucho menos que le lamieran un dedo de ninguno y mucho menos de
Mauricio, me sentía tan confiada, tan templada que mi estado de ánimo seguía en
el mismo nivel, como en aquella ocasión cuando Úrsula me visitó cuando yo
estaba sola en casa, preparando lo que ya se me olvidó.
Un jueves recuerdo que era el mes de
julio, ambos se me presentaron en la cocina diciéndome que dejara lo que yo en
esos momentos estaba haciendo, que tomara asiento, así lo hice, porque la
noticia que me iban a dar, que a juzgar por sus caras felices y sonrientes sabía de antemano que era una buena y
agradable noticia, advirtiéndome demás que me agarrara firme de la madera en
donde estaba sentada, porque lo que venía me haría estremecer, y si desobedecía
a sus advertencias caería directamente al piso. Grandísimos carajos. Grité
histérica.
Nos
vamos a casar. Gritaron al mismo tiempo los dos. Estaban radiantes manando por
los poros la felicidad abrumadora que destilaban ambos cuerpos, jamás los había
visto de esta manera.
Qué,
cómo es la cosa, que ustedes se van a casar.
Si
tía nos vamos a casar.
Y
para cuándo es la boda?
Para
agosto. El día de mi cumpleaños.
Y ya
lo sabe mi hermana y tu papá.
Por
supuesto tía. Fueron los primeros en enterarse vienen a principios de mes.
Vaya
que buena noticia me han dado, saben una cosa mis queridos y adorables
angelitos ustedes son como el tren que
pasa veloz y una ni cuenta se da cuenta. Y tu abuela que dice al respecto
Úrsula.
Está
emocionadísima, súper contenta.
A
usted como que no le alegra la noticia. Alegó Úrsula.
Claro
que me alegra muchacha, por favor no me digas eso ni en broma, está prohibido,
les juro que quedé corta de respiración…Vaya, lo que yo menos me imaginaba que
ustedes dos, en fin no se hable más del asunto…Bueno muchachos de mi parte los
felicito. De veras que estoy complacida y llena de felicidad. Mauricio te
llevas a una muchacha decente y buena, ten mucho cuidado con ella, no me la
hagas sufrir, si yo me llego a enterar de algo descabellado de tu parte te la
veras conmigo, tú me conoces, así que andando desde ahora en adelante caminando
derechito por la línea recta, porque al menor movimiento imperfecto, yo estaré
debajo de ti para molerte a palos. Dije
al fin levantándome de la susodicha silla, abrazándolos, besándolos por los cachetes como toda una buena madre o tía,
ya ni sé que es lo que soy en realidad, no juegue, con tanta emoción hasta
parece que una es una chiflada muy tremenda.
El mes de agosto no se hizo esperar más,
caluroso y con menos viento, la fecha
del onomástico del cumpleaños de mi sobrino tampoco se hizo esperar. Tuvo la
gracia el muchacho que le había coincidido con la boda día sábado. Cumpleaños y
boda. ¡Qué bueno!
El matrimonio fue a todo dar, al verlos
quedé muy satisfecha por mi muchacha que se llevaba un buen partido y por mi
sobrino que tenía a una decente y esplendida mujer que no le daría por nada en
el mundo dolores de cabeza.
A los cinco años ya con críos Úrsula y
Mauricio se marcharon del país, yendo hacia otras latitudes en busca de nuevas
oportunidades para ellos y para sus niños. Mauricio se iba a los Estados Unidos
con su empleo fijo a una sucursal de la misma empresa.
Ellos
me escriben de vez en cuando. Algún día iré yo a visitarlos, total aquí yo no
tengo a nadie, amigos que se les pueda tener confianza.
Y
sigo recibiendo cartas. Estos muchachos sí que son una adoración.
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