viernes, 21 de agosto de 2020

 

 

 

  

 

                                                                            

 

                                          UNA MUCHACHA DECENTE.

 

 

       Úrsula le ha gustado usar zapatos de tacones altos, desde que era muy chica, ella siempre los hace lucir espléndidamente como ninguna otra, manifiesta que al ponérselo su cuerpo experimenta algo extraordinario que ella misma no sabe explicárselo, por más que se propusiera detallar esta divina y divertidísima sensación no logra definirla, ni mucho menos entenderla.

Qué ocurrencias se te ocurren muchacha, cualquiera que le eches el cuento lo más que puede hacer es burlarse de ti. Pero siempre hay un pero en todo lo que a una se le pueda ocurrir, si no existiera esta frasecita que a veces me molesta porque yo, yo la escucho y de ti más de la cuenta, yo  no la pongo en práctica, jamás la he usado, tú  dices afirmando, yo te he escuchado en varias ocasiones indicar: pero yo soy así mujer,  pero mi mamá me hizo así, y él que no quiere seguir tratándome que no lo haga, total a mí no me importa.  

Qué son esas cosas Úrsula? a decir verdad tienes que cambiar y mucho,  aun todavía te falta un montón de años para hacerlo.

La que no tiene el tiempo suficiente soy yo, que  casi para estar conforme con Dios estoy doblando la esquina, por decirte algo o porque no encuentro otra cosa que decirte, que se me venga a la cabeza,  a Dios gracias me siento perfectamente bien y he de admitirlo, además es razonable,  y eso que no me cuido muchacha, en qué me puedo yo cuidar, si como lo que me depara el día, con mi negocio de verduras que no las vendo por completo, como lo deseo plenamente, ¿qué otra cosa se puede hacer?. La vida se me transformó por completo como tú no tienes idea, después de la muerte de mi marido me la he visto negras, siempre estoy con el ánimo adelante para hacer las cosas como deben ser, como las manda mi Dios.  O para que me rinda estiro el dinero, gastándonos en lo más necesario, en lo que me haga falta. Sabes, yo soy muy buena administrando mis cosas, no botó lo que más tarde pueda necesitar… Le doy gracias a Dios  por ser como soy, con esta grandeza, con mi forma de pensar he echado adelante. Úrsula tú tienes que aprender muchísimas cosas de la vida, yo sé que no tienes malicia para nada, pero la malicia es muy importante tenerla, cargarla en todo tiempo, y más cuando una sale a la calle, la desconfianza debe ser lo primero y más cuando se camina en medio de gentes extrañas que una jamás vio, en todas partes hay sinvergüenzas que se quieren aprovechar de las muchachas como tú, y más con la mirada estúpida que tienes, tú sabes cómo soy yo pelada para decir las cosas, a los que verdaderamente yo les tengo aprecio les hablo de la manera como te lo estoy diciendo sin pelos en la lengua. Porque sencillamente las aprecio.

Sé que tu mamá no te creó porque se fue con un holgazán que nunca sirvió ni para sonreír cuando estaba sacando la cédula, marchándose  muy lejos de aquí, como también sé que tu padre por el mal que le había hecho a tu madre se entregó en cuerpo y alma a la bebida, el aguardiente le ocasionó la muerte, bueno eso fue lo que dijeron los médicos. O lo que mencionó las lenguas largas del barrio que no hacen otra cosa que hablar y hablar más de la cuenta, total así son ellos, no se involucran en sus propios asuntos, sino en los demás, se entremeten enteritos olvidándose de su propio ser… Gracias a Dios muchacha  que tu abuela Patricia sí que ve por ti, sé que ella es buena contigo y no te descuidará así por no más. Eres bonita muy trabajadora, cuando yo tenía tu edad me defendía por mí misma  de los que se querían aprovechar de mí, los miraba derechito a los ojos, una nunca debe achicopalarse ni mucho menos bajar la mirada ante nadie, yo los oía muy divertida, como no me convenía lo que me estaban proponiendo enseguida les daba la espalda y me dejaba venir muy tranquila como si nada hubiera pasado. Mi marido para conquistarme duró tiempo, muchísimo tiempo, más cuando me propuso matrimonio, claro que  yo estaba enamoradísima de él, me daba un poco más de tiempo para saber si ocurría algo diferente en él que me hiciera cambiar de opinión, como la aparición de otra mujer que estaría interesado en él, o un hijo, porque hay hombres que te están cortejando y resulta ser que a los meses tú le conoces a otra mujer, ¿qué pasa?, que perdiste el tiempo tontamente. Eso conmigo no va, es bueno casarse, tener hijos para no continuar con la alegre realidad de no estar sola contra el mundo, es bueno esperar, darle tiempo al tiempo para saber que puede acontecer más adelante. Claro que me casé muchacha, yo no me iba a quedar a vestir santos, eso jamás, tengo seis hijos, tres hembras y tres varones los cinco se marcharon a otros países, uno, solamente uno ha quedado conmigo, no dependo de ellos, nunca me gustó depender de nadie, solamente del que está allá arriba, para mí es más que suficiente, si ellos me quieren mandar pues que lo hagan es su obligación, yo no sé los exijo,  ni tampoco se los machaco recordándoles  que me llamen las veces que ellos quieren, nunca lo he hecho ni lo haré por tener sus propias obligaciones, cada quien en el mundo las tiene,  eso también hay que comprenderlo y respetarlo, considerarlo pues, muchas madres no lo hacen, le exigen demasiado a sus hijos tanto  que los vuelven locos. Pidiéndoles esto, aquello, en fin que son muchas las que yo conozco por aquí mismo, muy cerquita de aquí. Si  les  quieren dar a una, pues que lo hagan, estará  bien recibido quien dijo que no. Las cosas obligadas resultan muy mal. Y si están casados y tiene hijos como los míos menos le dan a una, porque la obligación es con la esposa y con los hijos no con los padres, los padres pasan aunque nos duela en lo más hondo de nuestras almas a un segundo plano, que vergüenza, pero así es. Son ellas las que verdaderamente los disfrutan hasta el final de sus días.

A mí no se me ocurre decir estas porque es endiabladamente la verdad.

       Los meses saltaron velozmente, trayéndome a casa a un sobrino, el  hijo de mi hermana mayor llamada Elvira, era un joven guapísimo, un morenazo como mi hermana o como yo, en mi familia todos éramos morenos, hasta el día de hoy nunca le pregunté a otros hermanos míos, ni a mi vieja que Dios la tenga en su santa gloria nunca se lo referí, el motivo tan extraño, de que todos fuéramos de ese mismo color y no de otro. Qué cosa…

Mi sobrino se llamaba Mauricio, este muchacho era muy avispado, a todo le sacaba un chiste, solamente a él soltar una gracia, quienes lo oían se divertían hasta por los codos. Yo le pedía encarecidamente que no quería a ninguno de sus amigotes en mi casa, rochelas no las tolero de ninguna manera.

Era muy cariñoso, yo diría demasiado, adulador como ningún otro, convenciéndome hacer algunas cosas que en realidad yo no quería hacer en aquellos momentos, me dejé llevar convenciéndome en   hazme esto, hazme aquello.

 No me digas que no porque puedo morir del deseo. Me decía sonriendo como si fuera un niño. Todavía continuaba siendo un niño. Aquel chaval que conocí cuando yo todavía no me había casado y vivía con mi hermana continuaba siendo el mismo.

Menos mal que semanalmente me daba dinero para comprar algún comestible que nos hacía falta. Le gustaba colaborar en casa. Limpiando paredes, arreglando todo lo que estaba dañado, la pata de una silla que estaba falsa, una mesa que necesitaba de mantenimiento, el techo que requería también de arreglos, los artefactos eléctricos, el cableado de la luz eléctrica, en fin tantas cosas que yo considero que son dispensable, buen chico que es Mauricio, buen chico.

Está buscando insistentemente en la administración el puesto de ingeniero, graduado recientemente con los altos honores en su profesión,  este muchacho de apenas veintiún años quiere comerse el mundo de la forma como él quiere, o como se le presente, construyendo conjuntos residenciales de gran lujo, una cadena de hoteles exclusivamente para turistas, edificios como rascacielos, como suelo verlos en las revistas que Úrsula siempre está hojeando, de esto yo no me rio de ninguna manera porque sé que mi sobrino es bueno en lo que se propuso a estudiar sino, no hubiera estudiado, comerse al mundo como él lo pretende, en la forma como él me lo dice,  es cosa extraña,  esto a mí particularmente me causa mucha risa, no sé si lo dice en serio, o es uno de sus tantos chistes  porque me causa tanta carcajeo al oírselo decir.

Al salir a la calle en una ocasión a supervisar el negocito que tengo de verduras me encuentro con Casimiro, después de tanta alharaca, me atreví  como no queriendo la cosa, le pregunté lo que me había dicho mi sobrino, que quería comerse el mundo. El rápidamente me contestó que lo que me había dicho no era un chiste, que era una de las tantas formas de decir las cosas, que el muchacho aunque el mundo se le viniera encima en contra de él, él lucharía por vencerlo. Y lo lograría, tal vez tu sobrino es terco, y eso es bueno porque le da el ímpetu de obtener todo lo deseado.

Don Casimiro al dar la espalda, viéndose  la mujer que estaba sola se echó a reír mas de la cuenta diciéndose para sí misma: si que soy bruta no juegue requetebruta.

 

       Mi sobrino sí que se comió el mundo, puesto que una tarde del día miércoles llegó contento, abrazándome, besándome, y hasta alzándome por  los aires como si yo fuera un trofeo mostrándoselo al público por haber ganado una competencia olímpica. Le dije molesta, de mentirita, que me soltara, que me bajara porque me iba a tumbar. ¿Qué cuál era su alegría para que se comportara de esa manera?

Me dijo con una sonrisa abierta que le dieron empleo en la empresa donde solicitaban ingenieros y que comenzaba mañana mismo a trabajar allí.

Me alegré demasiado,  le dije de inmediato que me siguiera alzando por los aires que me mostrara como un trofeo, que ya no estaba brava sino contenta. Y lo hizo en demasía que ya  me estaba mareando de tanto darme vueltas y vueltas y más vueltas yo diría que más de la cuenta.

En esto entró Úrsula, Mauricio me dejó quieta muy quieta. Yo me arreglaba los cabellos. Ante la muchacha sentía una gran vergüenza por haberme encontrado de la forma como me encontró, jugando como una jovenzuela con un muchacho joven. Enseguida arreglé la cuestión presentándole a mi sobrino, informándole a la vez que los dos estábamos festejando el hecho del que el susodicho había encontrado empleo en el conjunto residencial que se iba a crearse muy cerca de aquí, no como un simple albañil nunca, no…como un ingeniero, él supervisaría el trabajo de los demás. Por qué tengo yo que darle tantas explicaciones a esta muchacha, ni que fuera hija mía, ni a mi hija se las daría porque ella sabría que estoy jugando con mi sobrino es decir con su primo. En realidad  yo sí que soy zoqueta. No juegue, ni que estuviera yo haciendo algo malo, además estoy en mi casa y no tengo que darle explicaciones a nadie. Estoy enojada, pero el malestar me lo trago como el agua hirviendo.

Ella le alargó la mano, él se la estrechó con cierta galantería.

A medida que Úrsula hablaba él no le quitaba la vista de encima, tan entretenido estaba ese muchacho, tanto, que hasta me parecía que estaba viendo un partido de fútbol.

Ella se estaba dando cuenta de este detalle que comenzó a sentirse nerviosa. Tanto así que casi me estropeaba el fino mantel que cubría la mesa manchándomelo de café, el cual  se estaba tomando poco a poco mirándome a la cara asintiendo todo lo que yo le estaba diciendo.

Mi sobrino interesadamente le había preguntado por su nombre. Le tomó una mano gentilmente como todo un caballero, como un galán de la época medieval.

Yo lo miraba atónita.

Ella muy complacida por el gesto masculino reía disimuladamente como no queriendo la cosa.

Los interrumpí.

Úrsula, hazme un favorcito tráeme la escoba que está en el patio, necesito barrer la cocina, siento en mis narices el polvo. Traédmela por favor.

Pero si usted barrió esta mañana.

Cállate necio.

Al quedar solos.

Mauricio mucho cuidado con esta muchacha, con esta muchacha no, con otras te lo acepto. Con esta no, esta muchacha para mí es como mi hija. Así que cuidadito picaflor que yo te conozco. En esto entró Úrsula, Mauricio no le quitaba la mirada de encima a la pobre chica.

Yo por nada del mundo probaba a dejarlos solos, conociendo a Mauricio como lo conozco cualquier cosa atrevida puede pasar.

No los deje solos en ningún momento. Úrsula se marchó prometiendo vernos más tarde, Mauricio despidiéndose volvió a rozarle la mano y para más colmo cosa que me disgustó  enormemente se la besó, como lo hacen en las películas mejicanas, porque fueron las únicas que solía ver, parece ser que ese gesto galante tan universal, por ser mundial era famosísimo, ya que estoy acostumbrándome a verlo frecuentemente, y por ahora hasta en mi propia casa.

       Mauricio comenzó a la semana siguiente a trabajar en la susodicha compañía, yo estaba segura que todos los que trabajan con él, siendo este muy zagas y ladino al cien por ciento se ganaría el cariño de todos incluyendo al jefe. Y no me había equivocado en nada, el tiempo corre incesantemente, Mauricio en un mes se había comprado una moto, muy bonita por cierto, de un azul reluciente, muy digno de admirar, no molestando para nada la vista del que pueda observarla por largo rato, él se desvivía por esa moto, limpiándola, checándola a cada momento como si fuera una hija o nieta suya. La tenía muy reluciente, brillante muy limpia, y como la cuidaba en todo tiempo, la llamaba: La toñeca. Que de cosas tiene este grandísimo carajo, dizque llamar a la motocicleta toñeca, habrase visto. El y sus locuras, con tal que no me envuelva en sus chifladuras porque ahí sí que es verdad me echo a perder en pedacito, para qué sirve una miga para nada, porque es una mínima cosa que no llenaría el estomago. Hoy amanecí hablando hasta por los codos, me entretengo hablando sola, además a mí nadie me visita mejor así para que nadie me venga a contar chismes de los demás que a mí particularmente no me interesa para nada, con mis problemas me sobran y me basta. Y es hasta mejor. Un éxito diría yo. No sé nada de nada como también de mí nadie sabe nada. Qué emoción! Mujer estate quieta que ya me estas inquietando y perjudicándome.

       Úrsula venía a casa con mucha frecuencia y esto me hacía pensar en muchas cosas, ella llegaba justamente cuando mi sobrino regresaba del trabajo, ambos se miraban sonriendo. Aquí arde Trolla, de esto estoy segura como Dios creó al mundo, yo no voy a permitir que mi muchacha se queme y mucho menos aquí en mi casa.

Lo  permití, aunque los primeros días hablé imponiendo mi voz como si dirigiera una protesta a los empleados desamparados para que no fueran atropellados con sus reivindicaciones al momento de jubilarse, ellos sumisos obedecían, al mes mis advertencias no eran tomadas en cuenta ni mucho menos mi mal humor, ya que anhelaba que la muchacha, mi muchacha la que yo tanto amaba en toda esta relación que no tiene ni pies ni cabeza no saliera perjudicada, él no tiene que perder, Úrsula si, la reputación, su nombradía hay que mantenerla limpia, a flote para que nunca se ahogue, tan importante lo es como el respeto y la dignidad. Esto lo leí  hace muchísimo tiempo en un libro que una amiga me prestó.

       Salían al centro de la ciudad en moto, a fiestas, a los cumpleaños de cualquiera de sus amigos  de la empresa, a los aniversarios de la organización, al bautizo de un conjunto residencial en otra zona, al cine y para más colmo a la playa, hasta para un picnic, que ellos mismos ideaban al lado de un arroyuelo o en medio de una pradera, estos muchachos chiflados me van a volver loca con tantas estupideces que solamente sus mentes pueden forjar no tomando en cuenta a quien pueden perjudicar. Ahora Mauricio se compró un carro nuevecito de paquete, hasta me sacó con delantal y con los pelos revueltos a pasear en su carro por toda la ciudad, ahora ellos se la pasan siempre paseando en coche para arriba y para abajo, muchachos al fin.

   Ellos en nada están perjudicando a nadie ni a la naturaleza misma, pero la que corre el riesgo de salir con una barriga es Úrsula, la pobre es virgen a mi me consta, yo en esto meto las manos en el fuego por ella. Muchos han querido sobrepasarse con ella, la muchacha siempre les ha dado un frenazo, que ellos como si hubiesen recibido un semejante golpe salen cabizbajos y con las alas cortas. Espero que sea así con Mauricio que le encadene las manos, que le rompa la voluntad y el mal deseo de poseerla.

       En cierta ocasión Úrsula me hizo una visita, lo que yo menos me esperaba, digo lo menos que yo me esperaba puesto que ella viene cuando Mauricio está en casa, ya nunca viene cuando yo estoy íngrima y sola como ahora. Tan entretenida estaba con mis labores que no me había dado cuenta que la muchacha había entrado a la cocina y estaba a espaldas de mí.

Ella me dijo.

Hola.

Cómo estas Úrsula que hay de nuevo. (Dejé el cuchillo a un lado, los tomates y las cebollas a medio partir. Saqué una silla del comedor invitándola a tomar asiento, ella se sentó, yo agarrando la mía hice lo mismo)

Úrsula. Continué,- ¿Qué te parece mi sobrino Mauricio?

Ella nada me respondió.

Yo los veo últimamente como dos amigos que llevan años de años conociéndose, salen a todas partes, él llega casi siempre a tardes horas de la noche…Qué te dice, qué te ha dicho él, cuéntame soy toda oídos, dímelo sin pena, somos amigas desde hace cuarenta décadas.

Lo que me faltaba, lo que verdaderamente me temía,  la bomba  había hecho explosión.

Mauricio y yo somos novios.

Alarmada y no era de esperar.

¿Cómo que son novios?, ¿desde cuándo?

Somos novios, yo lo amo. Además los dos nos hemos portado muy bien, de lo de aquello, lo que puede desmoralizar a toda mujer nunca, usted sabe como soy yo, y si llegara a pedirme una prueba de amor lo pongo en su sitio, se lo juro por mi madrecita santa que está en el cielo, usted me conoce y sabe que soy capaz de hacerlo.

Tomándole las manos y acariciándoselas las tantas veces que me fuera posible.

Lo sé muchacha, lo sé, yo sé que tu defiendes a capa y espada tu virginidad de quien quiera aprovecharse de ti, ay hijita al menos estoy tranquila y sin temores. (Sonríe) al menos puedo respirar ahora más tranquila gracias a Dios.

Un beso nunca compromete en nada.

Así es hijita, así es. Sonrío.

       La salida de los dos se tornaba ahora con más frecuencia.

Una tarde una noticia, la que menos me esperaba, la que me hizo sentir triste todo el resto de esa tarde fue lo que Mauricio me había dicho estando yo en mi habitación. Se marchaba, se iba de mi lado, a un departamento que la misma compañía le había otorgado por la buena labor que estaba ejerciendo en dicha empresa.

      A la semana siguiente empacó algunas cosas dentro de dos maletas de cuero, las cuales eran inmensas, dejó las otras porque me prometió que el del todo a mí, su única tía no la iba a abandonar  nunca, además contaba con esta pieza que dejaba, la que le permitiría dormir todas las veces que él quisiera venir.

Yo lo visitaba las veces que me fuera posible, era un departamentico cómodo, muy cómodo y bien bonito con su terraza amplia, con la vista a unas colinas que yo nunca había visto, un pedazo de cielo que a mí particularmente me encantó enormemente. Cómo serán las noches, el cielo, las estrellas todo esto. Algún día le diré a mi sobrino que me quedaré aquí, para hacer realidad este sueño de ver el cielo por esta parte.

Y así lo hice. Indudablemente aquello era toda una maravilla como el cuento de hadas que quise leer y no pude considerarlo porque no estaba al alcance de mi mano. Por qué el cielo no puedo verlo en mi casa cómo yo lo veo ahora estando aquí. Ah cosa tan extraña difícil de aceptar. Inexplicable hasta cierto punto. Quién entiende a la naturaleza a parte de Dios, nadie absolutamente nadie.

       Los años, ay los años, todo un conjunto de tiempos, buenos, malos y regulares. Úrsula y Mauricio con el mismo bochincheo de siempre, yo estaba sumamente tranquila, la muchacha no me mortificaba en nada, ya que la conocía muy bien, no torcería por nada del mundo su brazo, y mucho menos que le lamieran un dedo de ninguno y mucho menos de Mauricio, me sentía tan confiada, tan templada que mi estado de ánimo seguía en el mismo nivel, como en aquella ocasión cuando Úrsula me visitó cuando yo estaba sola en casa, preparando lo que ya se me olvidó.

       Un jueves recuerdo que era el mes de julio, ambos se me presentaron en la cocina diciéndome que dejara lo que yo en esos momentos estaba haciendo, que tomara asiento, así lo hice, porque la noticia que me iban a dar, que a juzgar por sus caras felices y sonrientes  sabía de antemano que era una buena y agradable noticia, advirtiéndome demás que me agarrara firme de la madera en donde estaba sentada, porque lo que venía me haría estremecer, y si desobedecía a sus advertencias caería directamente al piso. Grandísimos carajos. Grité histérica.

Nos vamos a casar. Gritaron al mismo tiempo los dos. Estaban radiantes manando por los poros la felicidad abrumadora que destilaban ambos cuerpos, jamás los había visto de esta manera.

Qué, cómo es la cosa, que ustedes se van a casar.

Si tía nos vamos a casar.

Y para cuándo es la boda?

Para agosto. El día de mi cumpleaños.

Y ya lo sabe mi hermana y tu papá.

Por supuesto tía. Fueron los primeros en enterarse vienen a principios de mes.

Vaya que buena noticia me han dado, saben una cosa mis queridos y adorables angelitos  ustedes son como el tren que pasa veloz y una ni cuenta se da cuenta. Y tu abuela que dice al respecto Úrsula.

Está emocionadísima, súper contenta.

A usted como que no le alegra la noticia. Alegó Úrsula.

Claro que me alegra muchacha, por favor no me digas eso ni en broma, está prohibido, les juro que quedé corta de respiración…Vaya, lo que yo menos me imaginaba que ustedes dos, en fin no se hable más del asunto…Bueno muchachos de mi parte los felicito. De veras que estoy complacida y llena de felicidad. Mauricio te llevas a una muchacha decente y buena, ten mucho cuidado con ella, no me la hagas sufrir, si yo me llego a enterar de algo descabellado de tu parte te la veras conmigo, tú me conoces, así que andando desde ahora en adelante caminando derechito por la línea recta, porque al menor movimiento imperfecto, yo estaré debajo de ti para molerte a palos.  Dije al fin levantándome de la susodicha silla, abrazándolos, besándolos por  los cachetes como toda una buena madre o tía, ya ni sé que es lo que soy en realidad, no juegue, con tanta emoción hasta parece que una es una chiflada muy tremenda.

       El mes de agosto no se hizo esperar más, caluroso y con menos viento,  la fecha del onomástico del cumpleaños de mi sobrino tampoco se hizo esperar. Tuvo la gracia el muchacho que le había coincidido con la boda día sábado. Cumpleaños y boda. ¡Qué bueno!  

       El matrimonio fue a todo dar, al verlos quedé muy satisfecha por mi muchacha que se llevaba un buen partido y por mi sobrino que tenía a una decente y esplendida mujer que no le daría por nada en el mundo dolores de cabeza.

       A los cinco años ya con críos Úrsula y Mauricio se marcharon del país, yendo hacia otras latitudes en busca de nuevas oportunidades para ellos y para sus niños. Mauricio se iba a los Estados Unidos con su empleo fijo a una sucursal de la misma empresa.

Ellos me escriben de vez en cuando. Algún día iré yo a visitarlos, total aquí yo no tengo a nadie, amigos que se les pueda tener confianza.

Y sigo recibiendo cartas. Estos muchachos sí que son una adoración.

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