LA LOCA DE EL MUELLE DE
SAN BLAS.
En este embarcadero, en este muelle
que muchos conocen como el muelle de San Blas. Víctor se despidió de mí, con un
abrazo que pudo durar muy poco, se marchó en un barco con destino a Holanda,
prometiéndome que estaría del otro lado del mundo muy pendiente de mí, que me
escribiría, que estuviera atenta a las cartas que iba a enviarme, que por favor
que le diera las respuestas de la manera rápida posibles, que no dejara ni una
sin darle la contestación, que para él aunque yo no lo crea, significaba mucho, que
no me descuidara, que conociéndome como me conoce supuestamente yo era muy caída
de la mata. Siempre me lo repetía todas las veces que fueran necesarias, no sé
si lo hizo para fastidiarme más de lo que estaba, o simplemente para verme enojar.
Yo sé que él gozaba por dentro al verme nerviosa sin hallar que hacer.
Pero
la amargura gracias a Dios desaparecía, trayéndome aunque fuera una peladera de dientes, y riéndome de
mi misma.
Y
ahora qué bicho te pico que andas como mujer floja de barrio.
A
mí particularmente no me pasa nada, solamente me rio de la vida, a veces es muy
juguetona, la muy sinvergüenza con una.
Mujeres,
mujeres quien las entiende, al menos yo no.
Y
con este comportamiento desconsiderado lanzaba la puerta tras de sí, de una
manera brusca.
Ay
Víctor que mal te estoy viendo tú como que me engañas con otra mujer.
Hace aproximadamente cinco años que te
fuiste, nunca supe de ti porque jamás me escribiste las cartas que me
prometiste enviarme.
Te
marchaste un 19 de Abril, un bendecido mes, o un maldito día que selló mi vida
de desgracias.
Y
aquí habito en pie como todos los días, llueva truena o relampaguee, estoy aquí
en este muelle mirando el horizonte, contemplando el mar verdoso, suplicándole
que me lo regrese, así como se lo llevó ese 19 de Abril me lo traiga, en barco,
en lancha, o en un salvavidas pero que me lo arroje a mis pies.
Son
muchos los paquebotes que llegan del exterior con mercancías, con pasajeros a
esta isla, pero en ellos no visualizo la cara de mi esposo.
Comienzo
a desesperarme, nunca me gustaron las esperas y mucho menos esperar sentada a
alguien y por mucho tiempo sin saber a ciencia cierta si vendrá o no.
Por
qué te fuiste, cuál fue el daño qué te hice, cuál fue tu razón, esa razón que
te insistió, la que te mortificó, la que no te dejó dormir en paz para dejarme
sola en este lugar en donde todos me
llaman loca, la loca del muelle de San Blas.
Creo
que fui para ti la mujer perfecta, tenías a tiempo toda tu ropa lavada y
planchada sin ninguna arruga que se notara a simple vista, o que otros con la
mala intención te lo advirtieran, las camisas siempre estaban olorosas a
suavizantes, a fragancias que siempre compraba en el supermercado para no
descuidar tu apariencia personal la cual era muy importante para mí, tu
comida a tiempo rica y bien sazonada como a ti te gusta, con los
condimentos requeridos, y que a ti te gustaban mucho. Te atendía como todo un rey… Un rey se hacía
corto delante de ti, de qué valió mucho esmero, mucha atención… sí me
abandonaste, pero yo confío en la Santa Providencia que vas a volver el día que
yo no lo tome en consideración, el menos esperado, me darás una sorpresota
grandota como la luna que contemplábamos aquí mismito, sentados como dos
jóvenes que todas las noches se prometen amor eterno.
No estoy débil, a pesar de la incomodidad,
este acecho incontrolable, difícil de dominar, yo continuo a la espera de una
embarcación.
Muchos
al verme afirman palabras que yo ignoro por completo, que mis cabellos se están
cubriendo de canas, que me veo descuidada y vieja que contribuyen a darme un horrible
aspecto, esto lo sé sobrellevar, quizá la costumbre me está controlando. No sé
si esto es bueno o malo, pero de que los ignoro los ignoro.
Me
vale lo que puedan hablar de mí. Yo los miro sin mediar palabras, mis labios
están cerrados completamente ante cualquier análisis malsano que se me pueda
hacer.
El
se marchó mujer, él te dejó, a lo mejor se fue con otra y no sabemos dónde, los
hombres son así unos miserables, unos
buenos para nada. Y tú la buenecita del cuento, abrillantándolo como el
oro, dándoselas de pavo real, y tú qué, la cenicienta, la huérfana, ese hombre a final de cuentas se cansó de ti,
te dejó, aterriza Úrsula como el avión que pisa la línea de la llegada, pies en
tierra mujer, pies en tierra. A mí me duele verte así, porque a pesar de todo
eres mi amiga, mi comadre, una comadre echada adelante con todo el peso de una
mujer con clase, y que no se muere por alguien que no vale ni valió la pena.
Casimira
adelanta el paso para ponerse a la par conmigo. Y lo logró puesto que entró
cuando yo justamente abría la puerta de
mi casa.
Te
traje un regalo. Dijo en el momento que sacaba de una bolsa plástica muy
vistosa y de buen aspecto un panamá de ala ancha y un poncho,- Este sombrero te
cubrirá completamente de los rayos del sol, esta ruana para evitarte manchas en
la piel y otras molestias que te puedan ocasionar. Así impides ponerte negra
como el propio carbón. Te hago estos obsequios con mucho cariño, porque eres
una buena mujer y por ser también mi comadre, madrina de mi único hijo, como te
adora mi hijo…
Yo
te aseguro comadre que Víctor entrará por esa puerta, no sé si lo haga mañana o
pasado pero de que aparece, viene. Así lo creo y lo decreto.
Ay
comadre perdóneme con lo que voy a decirle siga soñando, total hacerlo no nos
cuesta nada. Evítate molestias más de las que ya tienes, deja de ir al muelle,
la gente ya comienza hablar de ti cosas muy feas y desagradables.
Si
comadre, muchos dicen de mí que estoy loca, no me importa lo que digan o dejen
de decir, algún día se cansan, yo iré al muelle todas las veces que crea
conveniente, no hay una ley en el mundo que me lo prohíba. Quiero verlo en la
cubierta de un barco, o que llegue la noticia diciendo que Víctor murió solo
así dejare de pasear por el muelle.
Úrsula
mirándose en el espejo, y en la cabeza
su sombrero nuevo con su pocho puesto medio sonríe.
Comadre
te agradezco este hermoso regalo está a todo dar, gracias.
Ambas
mujeres se abrazan.
Qué
buena comadre eres.
Otra tarde, una mañana, otra tarde una
mañana y así de esta manera se prolongaban los días, y Úrsula allí sentada en
el muelle con los pies descalzos sumergiéndolos en el agua verdosa que estaba
debajo de ella.
Dos
barcos llegaron, la tripulación descendió pero no Víctor, ninguna imagen que se
le parezca a él descendió, los dueños de todas las embarcaciones la conocían y
al verla reían arrojando al aire sus bocanadas de humo, habanos de calidad
hechos en Cuba con sabor a café tostado.
Ahí
está la loca del muelle de San Blas, pero esta mujer es demasiado dura no se
cansa.
El
sol la está tostando muy fuerte y le está fundiendo la cabeza. Afirmaba otro,
para luego añadir: Pobre mujer me da pena mirarla.
Muchos pasajeros con una burla
tremenda le tomaban fotos y ella ni se
inmutaba.
Las nubes con arrogancia y empuje comienzan
fuertemente a ocultar el sol, y una fuerte brisa aparece sin ser llamada, el
viento golpea rudamente el mar bañándola por completo, ella gime de dolor
agarrándose de unas cuerdas para no caer, el cielo se tornó oscuro, y en el
horizonte un rayo resplandeciente se acaba de asomar, con un sonido estruendoso
rompiendo el equilibrio de la tempestad haciéndola más fuerte que al principio.
Los hombres con sus pechos y hombros al
descubierto arrastraban sus lanchas con movimientos ágiles a la orilla muy
cerca del muelle, el agua los golpeaba estos parecían muros difíciles de
derribar. Quizá por ser hombres por emplear la fuerza bruta el agua no los asustaba.
En
cambio Úrsula luchaba débilmente contra la corriente con gemidos cargados de
dolor, nadie podía escucharla la briza y la lluvia arrastraban cualquier
palabra llevándola a las profundidades del mar.
Los
hombres continuaban con la fatigosa labor de sacar los peces de sus
embarcaciones, para meterlos en gruesas redes, estas eran transportadas en hombros a sus hogares, para
ellos todo lo que estaba aconteciendo lo recibían con sano placer, se miraban a
la cara y se reían de ellos mismos. Pero uno queda al pendiente de las barcas.
Llegó la noche y con ella un cielo
estrellado digno de ser admirado.
A
estas horas ningún barco se hace presente.
Derrotada
con el alma por el suelo se regresa a su hogar y comienza a llorar, sentada en un rincón de la
habitación con el pelo descuidado y con el vestido sucio, mirando al vacío
diciendo para sí misma que no volvería a ver a Víctor, que la comadre tendría
razón.
Diciéndole
que aterrizara como los aviones, que se buscó a una mujer y era feliz con ella.
Te mando a freír espárragos. Pobre Úrsula se burló de ti.
Enciende
la radio, con la intención de escuchar el nombre de su marido pronunciado por
el locutor que dijera las atrocidades cometidas por el propio mar, este muerto o
no, ella continuará esperándolo. La radio nada dice. Nada dice, todos los días
cuando ella está en casa, la radio nada dice.
Esta
ausencia te está marchitando, bloqueando cada día.
A las 6:00 de la mañana la radio dio su
primer bloque de informaciones, ninguna noticia que despertara su curiosidad,
todo estaba normal, ningún barco hundido, extraviado, nada con respecto al mar,
todo estaba bajo control.
Y
con estas noticias volvió la alegría a la cara de Úrsula, la mañana era
transparente, diáfana, azul, divina, todo está rutilante por dentro y por
fuera.
El
presentimiento no se dio y nunca se dará a Dios gracias todo está bien,
perfecto, las cosas están justas en su santo lugar, se sentía muy satisfecha
cómoda consigo misma, hasta amaneció con otro estilo poniéndolo a prueba al
caminar.
La
mente controla el cuerpo dominándolo a la voluntad de una, o se prospera en la
vida o se fracasa. Yo voy a prosperar, en la vida yo voy a prosperar porque
seré la vencedora, porque veré a Víctor saltar de alegría en la cubierta de un
barco.
Nos
abrasaremos y juraremos amor eterno a costados en el muelle tomados de la mano
contemplando las constelaciones, llamando a las estrellas por sus propios
nombres.
Día tras día Úrsula esta parada en el
muelle con la mirada puesta en el horizonte por si se asoma un barco y en la
cubierta del mismo acarreando la
presencia de Víctor.
Pero
el mar se negaba rotundamente a traerlo de vuelta, al único amor que tenía en
su bendita vida.
Espera
ansiosa la llegada, cada día con más desesperación el gesto, el gesto bonito
acompañado de un armónico saludo en donde la manifieste: Lo mucho que la
quiere, y en donde quede bien plantado, con aplomo, porque las palabras se las
lleva el viento. Querida Úrsula, aquí estoy, gracias por la espera.
Ella
sería la mujer más feliz, la dichosa, la que pueda existir en el planeta
tierra. Le cargaría la maleta con demasiado gusto, no mostrando en la cara,
ningún disgusto, porque es en el rostro de las personas las verdaderas contrariedades se pueden sentir
desde adentro. Esa molestia siempre la ocultará delante de quien sea, ella al
fin mirara con descaro a todas aquellas personas que se burlaban de ella,
llamándola loca. Valió la pena esperar, todo lo bueno requiere de una larga y
fatigosa espera.
El
sol bañaba con un manto dorado el mar, aquel espectáculo hermoso le hacía
inquietar el encanto a toda persona que se tomara la molestia en contemplarlo.
Al
fin estarás conmigo, ya nunca te irás a otro pedazo de tierra que no conoces,
allí nada tienes que hacer, porque no tienes a una mujer que te ame como te amo
yo.
Un
barco se acaba de asomar allá en el horizonte, probablemente en esa embarcación
blanca vendrá Víctor, su eterno amado
Su
corazón quiere explotarle de alegría, el gozo que mantuvo durante mucho tiempo,
y ahora parece salírsele del pecho. Este le responde a cada momento que deje de
inquietarse, que su querido amor viene
en ese buque.
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