N
LA ALEGRÍA POR VIVIR.
Zacarías camina lentamente por la ancha
calle próxima a su residencia, son muchos los años que posee, está muy saludable
cosa que a él le ha costado mucho esfuerzo en la vida, la costumbre de caminar
en la mañanas, como otros que también lo suelen hacer le consagra un rotundo y
exquisito placer .
Las
tardes para él son las más gloriosas, y él no sabe hasta ahora cuál es la
bendita razón que esconde todo este
placer que ha conservado por años, todavía siente ese gusto que nunca acabará.
Feliz por esta razón sea la que sea me siento a gusto conmigo mismo, eso es lo
agradable de la vida más cuando ya se está viejo, un viejo decrepito que no
sabe que es lo que quiere, que nunca estuvo conforme. A él todo eso le ha
importado un bledo.
La
armonía acompañada con el color del crepúsculo, que a esta hora, como todas las
horas, a la hora exacta, a la hora que sea, en el lugar exacto, el correcto, se
deja asomar en el mismo sitio del cielo. El sol se ocultó, una agradable briza
se hace sentir en el cuerpo, y esto por
su puesto hace más placentera las tertulias de todas las personas que están
sentadas en los bancos de la plaza. O en cualquier otro sitio cerca o distante.
Las hojas de los arboles se estremecen, pero el ánimo la circunspección siempre
se ha mantenido en todo lo alto como cuando él se mira en el espejo
acomodándose el sombrero, insistiéndole a su hija Julia cómo lo ve, guapo, o
simplemente qué tal le parece, si le queda bien o mal, por Dios que le sea
sincera. Sí está bien o mal acomodado en su cabeza el bendito casco. Te ves
divino papá. Un señor guapo, agradable y seductor que puede conquistar si te lo
propone a la mujer que muy bien podría servirle de compañera, no digo una, dos,
tres o cuatro. Oye…No es porque seas mi papá pero el elogio lo tienes, todavía
a tu edad te conservas.
Siempre
fue como un loro que habla hasta por los codos.
A
mí como que me hicieron mis padres en la cama hablando, creo que nunca estaban
bien acomodados digo en el lecho cuando lo estaban haciendo, porque de seguro
estaban hablan que te hablan, creo que nunca se ponían de acuerdo como en otras
cosas, menos cuando estaban fajados haciendo la cosa más bella del mundo que
Dios nos dejó porque si no fuera por esa
cosa este mundo no sería mundo. Además para ser exactos yo no existiría.
Pero
su vocabulario era rico muy florido cuyas frases eran como si fueran extraídas
de un diccionario, muchos fueron de los que opinaban que el viejo gustaba de la
lectura, que su habitación estaba atiborrada de libros por todos los rincones y
hasta en el piso, que en esa habitación no se podía entrar, que era amantes de
los libros desde cuando eran adolecentes, que no se los prestaban a nadie. Que
hasta podría, si él se lo propusiera algún día ser el cronista de San Mateo.
Buen
consejero, buen amigo, llevas la vida como Dios te la va dando, como se te abra
al paso, con beneplácito, con paciencia y con mucho amor, regalándole una
sonrisa a un extraño, a un conocido sin importarte para nada su condición, te
enseñaron desde muy temprana edad a sonreír, bravo Zacarías, ovaciones para ti, que sea
rotundo y extendido para que dejes sordo a Pekín, sé que tienes como todo el
mundo defectos, pero yo a simple vista no te los hecho de ver, ni te los
menciono si los tienes por decir algo,
lo disimulas muy bien qué merito, para que nadie se dé cuenta, pero los tienes,
pero día tras día, nunca se te ve mala
cara, un rostro descontagiado, libre de asperezas y de repugnancias que solo
acarrea mal sin sabores, o precisamente la atracción de enemigos que a la larga
pueden ser peligrosos, ni tampoco de tu boca arrojas sapos y culebras, trata al mundo con una risita agradabilísima.
Ay
Zacarías como te envidio, a pesar de los años, que son muchos por cierto, que
se han alojado sabiamente en tu cuerpo, a tu espalda, hasta tu estilo de vida,
de caminar, lo haces de una manera perfecta, siendo la envidia hasta de los adolescentes
quienes atrapados te examinan por minutos viéndote caminar. Se nota a simple
vista que gustas de circular al aire libre, o en la intimidad de tu hogar con
el libro en la cabeza y te mantienes erguido derecho para que no se lance al
piso en un descuido tuyo el bendito libro. Propio de un modelo profesional.
Sé
que eres la envidia de todo el sector en donde vives, y aunque lo niegues y lo
sigas negando rotundamente de que no es así, pero todo esto te hace sentir
súper bien. Te eleva, si te elevas,
llevándote al espacio sideral, al infinito, bravo por ello, vuelvo a referirme
a los aplausos, yo no entiendo porque a mí particularmente me gustan los
aplausos, no me importa la edad de quien lo celebra, me gustan y punto, un rotundo cumplido, un rimero de aplausos que
no son detenidos por ninguna voz extraña, por ningún intento trata de arruinar
el espectáculo, eso nunca te ocurrirá porque el mundo te respeta con admiración
ciega, hasta se descubren por unos momentos el cráneo, al quitarse el sombrero
cuando pasas a un lado haciéndote el
desapercibido como que no quieres la cosa.
Pero
si he quedado sorprendido al verte la dentadura porque sin proponértelo has
reído abiertamente, tienes la dentadura perfecta, no son prótesis, te has
cuidado bien. Si hasta pareces un niño.
Cuéntame
tu secreto. Me sonríes, pero no quieres decírmelo, si no lo quieres hacer no te obligaré, miras
al cielo como pretendiéndose distraer de la pregunta que deseo saber, sabes una
cosa te lo pregunto porque quiero ser como tú, quiero llegar a tu edad, copiar
tu estilo de vida que ya comienza agradarme, pero no me dices nada, te has
callado por un largo momento que me parece injusto.
Lo
único que sueles hacer es estirar las piernas y mirártelas, como gesticulando
la respuesta que casi no escucho, pero me parece que la medio escucho: No sé de
qué secreto me estás hablando, yo no lo conozco, muchacho cuál es.
Me
has contado que te sientes bien, tanto como si fueras el roble que se mantiene
verde y muy plantado detrás de la iglesia, que tus valores están perfectos, que
nunca has sufrido de la tensión, que por las tardes tomas tu té de manzanilla,
que llevas una vida tranquila sin preocupación alguna que no le das chance ni
siquiera para meterse en el cuerpo, que no eres sedentario, que crees en Dios y
que acudes regularmente a la iglesia.
Como
te admiro Zacarías, cuando yo esté viejo quiero ser como tú con tu mismo estilo de vida, con tu misma
rutina, con todo lo que haces o dejes de hacer, tuviste tus hijos, ya tienes
nietos. Sueñas y aun sigues soñando, es divertido. Sí divertidísimo.
Te
sientes bien viviendo con tu hija y con su marido, y tus tres nietos.
Qué
más le puedes pedir a la vida, tener a cuatro seres que se preocupan de ti, que
se esmeran y se desviven por ti, que están al pendiente de ti, siempre al
pendiente de ti.
Te levantas, estrechas mi mano con un
fuerte apretón.
Y
con tu andar armonioso semejante a las notas musicales de un afamado
compositor, que escudriñando imperativamente su pentagrama, ha asimilado las
notas musicales ya que pronto dará un concierto en un afamado teatro, comienzas
a caminar apoyando tu brazo izquierdo en tu bastón, te veo alejarte de mí, sé
que vas sonriendo.
Esa
sonrisa siempre permanecerá en mi imaginación. Estará dirigida a Dios o al
cielo. He aquí la incógnita, muchas veces se lo pregunté solamente me respondía
con evasivas…He aquí el dilema. Difícil de responder y dar con el misterio por
qué no conozco la respuesta. Nunca me concedió el placer de conocerla. Qué
raro, sí que es raro este noble Zacarías, pero me conformo que algún día me
dará a conocer la consabida respuesta.
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