TESTIGO
OCULTO.
Estoy aquí agazapado como un ratón vulgar
ocultándose de la vista del gato que ansiosamente se lo quiere comer, llevo
horas tras horas contemplando con exagerada angustia la habitación del cuarto piso donde
vive mi amiga y vecina, su departamento está justamente al lado del mío, hace pocas horas
que en su cantón se cometió un vil y
atroz asesinato, la victima respondía al nombre de Elena, Elena tenía cincuenta
años, cincuenta años que hasta cierto punto no lo aparentaba, representaba
menos, yo diría que unos 35 años, se alimentaba bien, iba al gimnasio tres
veces a la semana, lunes, miércoles y viernes, no llevaba una vida sedentaria
como yo, la mía era un poco aburrida, aunque ella hacia muchas cosas, tanto en su casa como
afuera, todo lo que hacía le quedaba
sumamente bien, los pasteles los vendía a granel, cosía a máquina era una
gran modista profesional por cierto, sino que lo expresen su clientela, la cantidad de mujeres era de una insuperable
lista, bordaba a mano paños de mesa, suéteres, todo lo que hacía era de buena bendición
santificada por el Espíritu Santo, de dónde habrá salido esta mujer,
verdaderamente que es única, como ella no hay otra sobre la faz de la tierra,
si hasta hace unos días atrás se inscribió en un curso de baile, para aprender
a cabriolear salsa casino. Una mujer debe conocer más y más las rutas de la
existencia, no quedarse nunca dentro del autobús. Me dijo un día.
En
una ocasión me invitó a su curso, no
quedaba retirado de donde nosotros vivíamos, después de tanto dale y dale no me
quedó otro remedio que acompañarla,
quedé anonadado, esa manera de bailar tan natural, quedando como la más se
destacada del grupo, esta mujer era
increíble si hasta parecía otra, otra Elena, que yo no conocía.
Me
insistía que me inscribiera, que estaba harta de ir sola al curso, que me
decidiera a tomar las clases con ella que
siendo de esta manera la acompañaría
desde ahora en adelante y habría alguien de confianza con quien conversar, que
las clases para ella si yo obedecía a sus requerimientos serían más divertidas
teniéndome a su lado.
Te
acompaño pero más nada, yo no estoy para
esos trotes de veras que no.
Ni
que sufrieras de reumatismo Raúl. Que vaina contigo Raúl, está bien te acepto
lo que me dices, pero con una condición, me esperas dentro del salón de clases.
Está
bien te espero dentro del salón de clases…Contenta… feliz de que haya aceptado?
Si súper emocionada.
Si ella estaba muy feliz puesto que me abrazaba
y me volvía a abrazar, muchos compañeros
del curso hasta se habían hecho a la idea que ella y yo éramos novios formales
y competición de manos. A lo cual ella les respondía que no, que simplemente
éramos amigos, nada más que amigos, algunos quedaron satisfechos con la versión
otros no.
Comienza a caer la nieve copiosamente como
lluvia de algodón, y a pesar del abrigo grueso que llevo puesto el frío cala
mis huesos haciendo que todo mi cuerpo vibre continuamente, como si me
estuvieran congelando.
Los
penachos cristalinos al traspasar la luz de las farolas se semejan al color
naranja, la avenida ya comienza a cubrirse de cellisca, y todo se me torna
tétrico, estoy mal desagradablemente mal por lo que le ocurrió a mi querida
amiga.
El
cielo está a oscura como condoliéndose de la muerte de Elena, no hay estrellas.
Y
la luz de la habitación de mi amiga Elena se mantiene a pesar de la
hora, casi la 1:30 de la mañana totalmente iluminada.
Lo
que yo más lamento es que conozco al hombre quien le provocó la muerte. Una vez
me tropecé con él en el pasillo, en otra iba a tocar con el puño a la puerta,
pero cuando oí la voz ronca del individuo me detuve en el acto, dirigiéndome
rápidamente a mi apartamento.
Fueron
muchas las ocasiones que quise hablar con ella pero por los motivos ya
conocidos me detenía yendo a parar a mi
habitación, ya me estaba acostumbrando a la bendita rutina de estar junto a
ella, que hasta su presencia me hacía una gran falta, semejante al aire, y
cuando no la obtenía esa apariencia adquiría un mal día . No era amor lo que
sentía en realidad, sino más bien
camaradería, una simple y llanamente amistad.
El
ver juntos televisión para mí era una gran delicia, comer palomitas de maíz,
lanzándonos la con ahínco, pasar horas y horas muy entretenidos leyendo
revistas, conociendo países que por cuenta nuestra jamás conoceríamos,
imaginándonos los atuendos que estaban
de moda, modelándolos al gran público presente, que aplaudía y nos ovacionaba y
nos sentíamos felices y muy orgullosos. O cuando hojeábamos las recetas de
cocina, Elena exclamaba muy entusiasta este plato lo preparé una vez y me
encantó a ti también te gustó lo recuerdas.
Ah
sí supo a gloria. Estaba buenísimo, cuando lo vuelvas a preparar me llamas o
tocas a mi puerta no se te vaya a olvidar cocinas exquisito.
Averiguábamos
también la vida privada de los artistas famosos de la época y afirmábamos que
eran seres especiales, que no experimentaban jamás dolor alguno, que sus vidas
serían color de rosas no como la de nosotros a veces cristalinas y otras
grises, ellos no se parecen en nada al resto de la humanidad, por la sencilla
razón de llevar una vida fuera de lo común, sana y divertida, no sufrían, su
vida era distinta, muy diferente, que equivocados estábamos los dos.
Todos
aquellos momentos yo los recuerdo con especial agrado, me hacen falta, los
extraño tanto, los extrañaré tantos que quisiera revivirlos de nuevo. Y más
estando a tu lado. Y más cuando evoco a cada instantes tus manos, tus manos
suaves como de seda, tus uñas limpias y bien cuidadas pintadas de un color
hermoso, un tono que me extasiaba y me producía un extraordinario placer al
contemplarlas.
El hombre asesino era de tez morena, con
ojos saltones, cuyas pupilas no se mantienen quietas sino que vigilan a cada
intervalo cualquier cosa que él en su pobre y asquerosa mente puede llegar ser
un enemigo terrible, difícil de dominar.
Yo
no voy a declarar ante ninguna autoridad lo que acabo de corroborar, no quiero
meterme en problemas, además ninguna persona sabe que yo sé quien fue la que la
asesinó.
Me
duele Elena, me duele profundamente tu muerte.
Arrendaré
otro departamento, aunque en el no encontraré a una Elena que se parezca tanto
a ti.
Elena,
nunca me has platicado de tu familia…Cuéntame en dónde están?
Mis
padres murieron cuando yo apenas tenía cinco añitos. Una abuela fue quien se
hizo cargo de mí. También falleció. A los veinte años me vine para acá, y aquí me ves, siempre
me ha gustado estar sola, ni yo misma me entiendo pero es divertido. Ah, pero
si tengo un hermano, en Oregón, casado con una esplendida mujer que conoce de
moda y está al día, tiene dos hijos, niño y niña.
Tal vez fui yo ese hermano que nunca tuvo
la santa costumbre, la bendita dicha de pasar las horas más gratas de su vida a
tu lado, no sabe lo que se perdió, porque contigo nadie se siente aburrido, de
haberlo hecho lo habría conocido.
Tu muerte jamás pasará desapercibida, los
titulares de los diferentes periódicos reseñaran tu deceso, hablarán de cómo
fuiste encontrada muerta en tu propio departamento, la misma televisión, y la radio lo anunciarán, y la noticia llegará a
Oregón… y tu hermano tocará este suelo por primera vez en su vida junto con su esposa y con sus dos hijos. Bastó y sobró este
abominable acontecimiento para que él y su familia lleguen a ti.
La policía interrogará a cada inquilino
sobre lo acontecido: si escucharon gritos, ruidos, como lámparas cayendo
subrepticiamente al piso, enseres, como cubiertos, vajillas o cosas similares,
muebles, en fin, las preguntas que toda autoridad suele formular para
esclarecer los hechos y más cuando se trata de un asesinato, en un homicidio
todo es factible, cualquier indicio es sumamente importantísimo, todos entran
en juego y son estudiados cabalmente, para atrapar o dar con el paradero del
ejecutor.
A pesar de lo tarde que ya era, veo salir
del edificio a cuatro policías abordando rápidamente su vehículo. Este sale
velozmente de mi óptica.
De pronto entra en escena una ambulancia,
del techo de la misma sobresalen girando en redondo la combinación de los
colores rojo y azul, los reflejos de las luces chocan con la entrada del
edificio, ahora el campo de visión era más visible.
Estoy medio escondido detrás de un muro,
en donde logro ver todo con mayor claridad, ningún matiz llega hasta acá.
Perdóname
Elena por no hacerte justicia, quiero que me comprendas, pero creo que es lo
mejor para mí, total tú ya estas muerta y yo sigo estando vivo.
Las
lagrimas saltaron de mis ojos y más cuando observo con dolor cuando te introducen
en una camilla toda cubierta de blanco por dos hombres, quienes te meten con rapidez en la ambulancia, vuelve a taconear el maldito silbato despertando
mis nervios, haciéndome temblar,
enmudeciéndome, avivando en mí el deseo loco de salir corriendo de allí,
disparándome a diestra y siniestra los malos pensamientos que se amotinan y
quieren de alguna manera seguir atormentándome. Considerando si estuvo mal o
bien este proceder cobarde al no querer decir la verdad, la retractada
veracidad que me puede meter en graves aprietos…la autenticidad que puede
esclarecer este hecho impune.
Sale la ambulancia disparada del sitio, y a lo
lejos sigo percibiendo el sonido de la denigrada sirena.
Hoy a primera hora, y al darle una ojeada
a mi reloj de pulsera y viendo que son exactamente las cinco de la mañana me
prometo buscar otro departamento, le entregaré las llaves a la dueña, y al tenerla al frente sabré que decirle, algo
convincente, que no asome o despierte alguna sospecha que pueda comprometerme… Como
por ejemplo: acabo de regresar del interior y me encuentro con esta terrible
noticia… Pobre Elena, pobre Elena…Qué calamidad. Ya pensaré en otra cosa, en
estos momentos la mente la tengo embotada. Y ningún pensamiento fortalecedor
sale a la luz. Todo lo veo gris.
Al fin salgo de mi madriguera, me siento
culpable tanto como si fuera en realidad el homicida de la propia Elena.
Y a medida que voy avanzando para llegar
a la entrada del edificio los copos de
nieve caen copiosamente sobre mi vestimenta y más aun sobre la copa de mi
sombrero, el mismo que me había regalado Elena precisamente el día de mi
cumpleaños.
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