miércoles, 19 de agosto de 2020

 

 

                                                                            

                              

 

 

 

                                    TESTIGO OCULTO.

  

      Estoy aquí agazapado como un ratón vulgar ocultándose de la vista del gato que ansiosamente se lo quiere comer, llevo horas tras horas contemplando con exagerada  angustia la habitación del cuarto piso donde vive mi amiga y vecina,  su departamento  está  justamente al lado del mío, hace pocas horas que  en su cantón se cometió un vil y atroz asesinato, la victima respondía al nombre de Elena, Elena tenía cincuenta años, cincuenta años que hasta cierto punto no lo aparentaba, representaba menos, yo diría que unos 35 años, se alimentaba bien, iba al gimnasio tres veces a la semana, lunes, miércoles y viernes, no llevaba una vida sedentaria como yo, la mía era un poco aburrida, aunque ella  hacia muchas cosas, tanto en su casa como afuera,  todo lo que hacía le quedaba sumamente bien, los pasteles   los vendía a granel, cosía a máquina era una gran modista profesional por cierto, sino que lo expresen su clientela,  la cantidad de mujeres era de una insuperable lista, bordaba a mano paños de mesa, suéteres,  todo lo que hacía era de buena bendición santificada por el Espíritu Santo, de dónde habrá salido esta mujer, verdaderamente que es única, como ella no hay otra sobre la faz de la tierra, si hasta hace unos días atrás se inscribió en un curso de baile, para aprender a cabriolear salsa casino. Una mujer debe conocer más y más las rutas de la existencia, no quedarse nunca dentro del autobús. Me dijo un día.

En una ocasión me invitó a su  curso, no quedaba retirado de donde nosotros vivíamos, después de tanto dale y dale no me quedó otro remedio  que acompañarla, quedé anonadado, esa manera de bailar tan natural, quedando como la más se destacada del grupo,  esta mujer era increíble si hasta parecía otra, otra Elena,  que yo no conocía.

Me insistía que me inscribiera, que estaba harta de ir sola al curso, que me decidiera a tomar las  clases con ella que siendo  de esta manera la acompañaría desde ahora en adelante  y habría  alguien de confianza con quien conversar, que las clases para ella si yo obedecía a sus requerimientos serían más divertidas teniéndome a su lado.

Te acompaño  pero más nada, yo no estoy para esos trotes de veras que no.

Ni que sufrieras de reumatismo Raúl. Que vaina contigo Raúl, está bien te acepto lo que me dices, pero con una condición, me esperas dentro del salón de clases.

Está bien te espero dentro del salón de clases…Contenta… feliz de que haya aceptado?

 Si súper emocionada.

Si  ella estaba muy feliz puesto que me abrazaba y me volvía a abrazar,  muchos compañeros del curso hasta se habían hecho a la idea que ella y yo éramos novios formales y competición de manos. A lo cual ella les respondía que no, que simplemente éramos amigos, nada más que amigos, algunos quedaron satisfechos con la versión otros no.

      Comienza a caer la nieve copiosamente como lluvia de algodón, y a pesar del abrigo grueso que llevo puesto el frío cala mis huesos haciendo que todo mi cuerpo vibre continuamente, como si me estuvieran congelando.

Los penachos cristalinos al traspasar la luz de las farolas se semejan al color naranja, la avenida ya comienza a cubrirse de cellisca, y todo se me torna tétrico, estoy mal desagradablemente mal por lo que le ocurrió a mi querida amiga.  

El cielo está a oscura como condoliéndose de la muerte de Elena,  no hay estrellas.

Y la luz de la habitación   de mi amiga Elena se mantiene a pesar de la hora, casi la 1:30 de la mañana totalmente iluminada.

Lo que yo más lamento es que conozco al hombre quien le provocó la muerte. Una vez me tropecé con él en el pasillo, en otra iba a tocar con el puño a la puerta, pero cuando oí la voz ronca del individuo me detuve en el acto, dirigiéndome rápidamente a mi apartamento.

Fueron muchas las ocasiones que quise hablar con ella pero por los motivos ya conocidos me detenía  yendo a parar a mi habitación, ya me estaba acostumbrando a la bendita rutina de estar junto a ella, que hasta su presencia me hacía una gran falta, semejante al aire, y cuando no la obtenía esa  apariencia  adquiría un mal día . No era amor lo que sentía  en realidad, sino más bien camaradería, una simple y llanamente amistad.

El ver juntos televisión para mí era una gran delicia, comer palomitas de maíz, lanzándonos la con ahínco, pasar horas y horas muy entretenidos leyendo revistas, conociendo países que por cuenta nuestra jamás conoceríamos, imaginándonos  los atuendos que estaban de moda, modelándolos al gran público presente, que aplaudía y nos ovacionaba y nos sentíamos felices y muy orgullosos. O cuando hojeábamos las recetas de cocina, Elena exclamaba muy entusiasta este plato lo preparé una vez y me encantó a ti también te gustó lo recuerdas.

Ah sí supo a gloria. Estaba buenísimo, cuando lo vuelvas a preparar me llamas o tocas a mi puerta no se te vaya a olvidar cocinas exquisito.

Averiguábamos también la vida privada de los artistas famosos de la época y afirmábamos que eran seres especiales, que no experimentaban jamás dolor alguno, que sus vidas serían color de rosas no como la de nosotros a veces cristalinas y otras grises, ellos no se parecen en nada al resto de la humanidad, por la sencilla razón de llevar una vida fuera de lo común, sana y divertida, no sufrían, su vida era distinta, muy diferente, que equivocados estábamos los dos.

Todos aquellos momentos yo los recuerdo con especial agrado, me hacen falta, los extraño tanto, los extrañaré tantos que quisiera revivirlos de nuevo. Y más estando a tu lado. Y más cuando evoco a cada instantes tus manos, tus manos suaves como de seda, tus uñas limpias y bien cuidadas pintadas de un color hermoso, un tono que me extasiaba y me producía un extraordinario placer al contemplarlas.

      El hombre asesino era de tez morena, con ojos saltones, cuyas pupilas no se mantienen quietas sino que vigilan a cada intervalo cualquier cosa que él en su pobre y asquerosa mente puede llegar ser un enemigo terrible, difícil de dominar.

Yo no voy a declarar ante ninguna autoridad lo que acabo de corroborar, no quiero meterme en problemas, además ninguna persona sabe que yo sé quien fue la que la asesinó.

Me duele Elena, me duele profundamente tu muerte.

Arrendaré otro departamento, aunque en el no encontraré a una Elena que se parezca tanto a ti.

Elena, nunca me has platicado de tu familia…Cuéntame en dónde están?

Mis padres murieron cuando yo apenas tenía cinco añitos. Una abuela fue quien se hizo cargo de mí. También falleció. A los veinte  años me vine para acá, y aquí me ves, siempre me ha gustado estar sola, ni yo misma me entiendo pero es divertido. Ah, pero si tengo un hermano, en Oregón, casado con una esplendida mujer que conoce de moda y está al día, tiene dos hijos, niño y niña.

      Tal vez fui yo ese hermano que nunca tuvo la santa costumbre, la bendita dicha de pasar las horas más gratas de su vida a tu lado, no sabe lo que se perdió,  porque contigo nadie se siente aburrido, de haberlo hecho lo habría conocido.

      Tu muerte jamás pasará desapercibida, los titulares de los diferentes periódicos reseñaran tu deceso, hablarán de cómo fuiste encontrada muerta en tu propio departamento, la misma televisión, y  la radio lo anunciarán, y la noticia llegará a Oregón… y tu hermano tocará este suelo por primera vez en su vida  junto con su esposa y  con sus dos hijos. Bastó y sobró este abominable acontecimiento para que él y su familia lleguen a ti.

      La policía interrogará a cada inquilino sobre lo acontecido: si escucharon gritos, ruidos, como lámparas cayendo subrepticiamente al piso, enseres, como cubiertos, vajillas o cosas similares, muebles, en fin, las preguntas que toda autoridad suele formular para esclarecer los hechos y más cuando se trata de un asesinato, en un homicidio todo es factible, cualquier indicio es sumamente importantísimo, todos entran en juego y son estudiados cabalmente, para atrapar o dar con el paradero del ejecutor.

      A pesar de lo tarde que ya era, veo salir del edificio a cuatro policías abordando rápidamente su vehículo. Este sale velozmente de mi óptica.

      De pronto entra en escena una ambulancia, del techo de la misma sobresalen girando en redondo la combinación de los colores rojo y azul, los reflejos de las luces chocan con la entrada del edificio, ahora el campo de visión era más visible.

      Estoy medio escondido detrás de un muro, en donde logro ver todo con mayor claridad, ningún matiz llega hasta acá.

Perdóname Elena por no hacerte justicia, quiero que me comprendas, pero creo que es lo mejor para mí, total tú ya estas muerta y yo sigo estando vivo.

Las lagrimas saltaron de mis ojos y más cuando observo con dolor cuando te introducen en una camilla toda cubierta de blanco por dos hombres, quienes  te meten con rapidez  en la ambulancia,  vuelve a taconear el maldito silbato despertando  mis nervios, haciéndome temblar, enmudeciéndome, avivando en mí el deseo loco de salir corriendo de allí, disparándome a diestra y siniestra los malos pensamientos que se amotinan y quieren de alguna manera seguir atormentándome. Considerando si estuvo mal o bien este proceder cobarde al no querer decir la verdad, la retractada veracidad que me puede meter en graves aprietos…la autenticidad que puede esclarecer este hecho impune.

 Sale la ambulancia disparada del sitio, y a lo lejos sigo percibiendo el sonido de la denigrada sirena.

      Hoy a primera hora, y al darle una ojeada a mi reloj de pulsera y viendo que son exactamente las cinco de la mañana me prometo buscar otro departamento, le entregaré las llaves a la dueña,  y al tenerla al frente sabré que decirle, algo convincente, que no asome o despierte alguna sospecha que pueda comprometerme… Como por ejemplo: acabo de regresar del interior y me encuentro con esta terrible noticia… Pobre Elena, pobre Elena…Qué calamidad. Ya pensaré en otra cosa, en estos momentos la mente la tengo embotada. Y ningún pensamiento fortalecedor sale a la luz. Todo lo veo gris.

      Al fin salgo de mi madriguera, me siento culpable tanto como si fuera en realidad el homicida de la propia Elena.

 

      Y a medida que voy avanzando para llegar a la entrada del edificio  los copos de nieve caen copiosamente sobre mi vestimenta y más aun sobre la copa de mi sombrero, el mismo que me había regalado Elena precisamente el día de mi cumpleaños.   

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