lunes, 24 de agosto de 2020

 

 

 

 

                                

                                       PAZ PARA EL ALMA.

                                                                

 

      Sentado en el mismo banco dentro de esta plaza, la misma que suelo frecuentar todos los santos días a esta hora de la tarde, en la que suelo también no importando la circunstancia que pueda enaltecerse, estoy cómodamente a  todas horas, disfrutándolas si se quiere al máximo, todas sí todas las que me sean necesarias hasta ahora, espero que sean muchas o las únicas, las que son, las que me hacen rechinar de alegría el corazón, inflando mi estado de ánimo, elevándolo más allá llegando a las alturas del cielo…

Puedo contar con las tardes infinidades de veces, las que quiero, las  que procuro querer, a la hora que quiero y en el momento que lo deseo.

       El tiempo se  hace adorable y muy sugestivo, tal como se toma un batido de fresa, el que siempre me ha gustado, y por qué no decirlo, me trae momentos gratos de ensoñación, los cuales se pueden experimentar una sola vez en la vida, o un humeante café, rico y estimulante, mis hijas lo preparan con demasiado fervor, yo diría con demasiada delicia, en eso se parece a mi esposa, mi difunta esposa que en paz descanse, la infusión me alivia las asperezas de un mal rato que se asomó diligentemente en el transcurso del día, si no existieran toda la humanidad sería feliz, todos sonreiríamos.

El paladar, el suyo o el mío, que se encuentra  abanicando el estómago de los malos sabores que alguna comida nos hizo producir la ansiedad, que es la causante de un malestar huraño, que nos creó un mal momento.

      Estar aquí es como estar en un santuario, es lo máximo, la  gloria perfecta, el paraíso por decir algo, y con el aire fresco.

 Sin asumir ninguna preocupación me siento a mis anchas, reduciéndome el estrés.

 Por decir algo le pongo a mí ser el pestillo cerrando la tranquilidad, no le permito que salga así me esté sintiendo mal, esto lo hago para no darle paso alguno a  esas impaciencias malsanas que solo logran preocupar y malgastar el cerebro, poniéndote la vida de cuadritos en un cubierto, que no pretendes por nada del mundo ni siquiera acercarlo a la boca, porque sabes que te puede hacer daño, pero tienes que hacerlo, es la ley de la vida, la que es justa a  los ojos de Dios y del mundo entero, la que te enseñaron en casa tus padres, los maestros en el colegio o la misma sociedad, o la aprendiste por costumbre, o aquellas las que te hacen sentir súper mal provocándote terribles jaquecas, las cuales no te permiten de alguna manera, ni  conciliar ese sueño deparador que tanto anhelas, originándote molestias en el cuerpo. A veces, sin que me quede nada por dentro aunque no lo quiera dejo salir la tranquilidad de lo más profundo de mi alma. Soy un ser humano como cualquiera. Válgame Dios qué contradicción. Nos equivocamos así de simple, y aquel que no lo haya hecho hasta el momento que arroje la piedra, yo no estoy al tanto en donde pueda caer, simplemente estoy diciendo que la arroje.  

Cansado, agotado, porque sometes a  tu organismo diariamente a la rutina, a  la prolongación continua malsana de las labores a las que estamos burdamente sometidos, las que más tarde serán convertidas en simples rutinas, porque si no trabajas no comes, cuando se tiene a una familia hay que cumplir, como si estuviéramos pagando el servicio militar, obedecer a todas las reglas impuestas por el estado, las responsabilidades incesantes que no tiene control de cómo parar por un momento siquiera, nos conformamos con decir: es la Ley de la vida y nada más. Somos todos los responsables al escoger nuestro propio estilo de vida.

 También  utilizo este espacio de la plaza, un buen logro alcanzado que yo mismo busqué siendo para mí, para todo aquel que le sirve de esparcimiento un gran privilegio, también  para todos aquellos que vivimos cerca, para  menoscabar los pensamientos, rasgándolos hasta lo más profundo de nuestras espíritu,  esto me hace sentir contento. Feliz es la palabra que se puede utilizar.

      Porque antes de hacer las cosas lo primordial es observar minuciosamente el lugar en donde uno se encuentra, tal como me lo decían mis profesores, cuando estudiaba bachillerato,  el poder sentarse con todo el placer del mundo, no quitando para nada el ojo a  todas aquellas veces que sean viables, no importándote la frecuencia con que lo hagas, debemos observarlo todo, como si fuéramos el lente de la cámara, con esto te das cuenta si hay a tu alrededor personas nuevas o no, que por primera vez comienzan a visitar este precioso rincón. Sea el lugar que sea.

      Echo una mirada de vez en cuando al cielo despejado, con estas nubes que me hacen recordar momentos agradables de mi vida cuando estaba en Valencia, cuando tuve mi primer hijo, cuando escuché por vez primera de sus labios el susurro dulce llamándome    papá, cuando coloqué junto con mi esposa el árbol de navidad en la sala adornándolo de escarchas, bambalinas, hermoseándolo  de diversas figuras, no quedando conforme con lo que deseábamos, o cuando montado en el techo, mi mujer aterrada me gritaba llena de pánico pensando perpleja  que me iba a caer de nalgas al suelo, advirtiéndome que tuviera cuidado cuando pretendiera fijar una teja que estaba suelta,  la cual nos producía malestares y  sin sabores cuando llovía torrencialmente, inundándonos precisamente la sala, cuando tuvimos nuestro segundo hijo todo fue una gran fiesta, una algarabía exorbitante que duró meses, después vino la tercera, muy tranquila la niña, que no protesta, todo lo ve bien, muy fundamentosa, hasta ahora ya con sus veinte años de edad, no le conozco pretendiente alguno, y si lo tiene, lo tendrá bien oculto, porque nada sabemos al respecto, el cuarto, que ahora está viviendo en suelo norteamericano es el que me da dolores de cabeza.

 O como ahora que veo  a esas dos señoras que hilvanando a mano un suéter  como si castañetearan sus dedos, las dos dejando su labor a un lado, me saludan gustosamente, tal vez me conocen de  en alguna parte, pero lo que es lamentable que a ellas no las recuerdo haberles visto en alguna parte , luego emprenden   la labor que tanto placer les causa.

Otras carcajean por cualquier menudencia  que ahora refieren,  que tal vez vieron o escucharon de alguien,   o  ellas mismas hicieron la invención la cual les produce diversión.

       Otros señores bien plantados  como yo y bien vestidos acordes con la moda, escuchan la radio atentamente, la radio que yo también oigo en la comodidad de mi hogar, cuando no tengo nada que hacer,  no en la plaza, bueno eso en nada me gusta… Bueno cada quien con su gusto, además  no le hacen daño a nadie,  pero se notan que se divierten a lo grande,  aguzando el oído para estar al tanto de las noticias más resaltantes ocurridas en el país, y en el mundo entero.

Más allá, en la grama, veo a un par de jóvenes acostados, con las miradas embelesadas al cielo, como si le estuvieran pidiendo consejos a papa Dios.

       Todo está tranquilo, y por esta quietud, por esta calma, por  este equilibrio perfecto  lleno de una abundante firmeza, un  sosiego divino, por esta paz espectacular,  infinita que no tiene ninguna comparación siento que recorre mi cuerpo entero embalsamándolo, yo bendigo a la Divina providencia por haberme permitido la atracción de  conocer este bendito lugar.

      Las hojas de los árboles están en profunda calma, no hay una corriente de aire, una brisa que las haga temblar, o que las haga desprenderse de su gran lecho donde se sienten confortables en donde se fundamentan también a sus anchas, evitando de esta forma ir a parar al suelo para quedar  tristes  e indefensas, pisoteadas, y lanzadas al cesto de la basura, todo me parece hermoso con las tonalidades que puedan percibirse en los  matices de los invariables colores, ensalzo este momento y todos los tiempos que he de pasar aquí, no importándome si estoy acompañado de un amigo conocido o no, que con su compañía triste o cálida  me haga sentir agradable, impaciente o también triste,  prefiero una y mil veces esta soledad emotiva. Este banco que ya considero mi amigo.

      Porque conozco de sobra  este lugar,  ya que vivo cerca, que  es por esta sencillísima razón y no hay  otra, las que deseo habitar todas las tardes solicitando  a  Dios que sean las suficientes las que puedan complementar  mi vida,  las que me sean concebiblemente  permitidas para estar como ahora, sentado en este mismo banco, o en otro similar, siempre y cuando sea dentro de esta plaza, ( con la cual me identifico, como el carnet de filiación,  con el mismo ambiente, con la misma gente, con su raza, con su religión, con sus manías, con su estilo de vida, con su orientación sexual, con sus diferentes puntos de vista) he ahí mi anhelo el de estar todas las veces que quiero, venir hasta acá  a la hora del día, la que más me conviene, las  que yo quiero en el momento que quiero, el  estar justamente  sentado en este mismo lugar para estar a la mira de todo lo que hermosamente se traslada ante mis ojos llevándome mágicamente a otros tiempos a otros mundos,  quiero continuar evocándolos  para no salir nunca de ellos.

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