ESTE SITIO NO ES PARA MÍ.
Deseo correr, elevar en estos instantes un
papagayo lo más alto posible, que toque las nubes, como es mi costumbre hacerlo de vez en vez,
aunque no toque para nada las nubes me divierte elevar las cometas cuando no
tengo que hacer, cuando el aburrimiento me golpea o lo más divertido trepar los
árboles y otear los otros jardines de las otras casas vecinas, escalar una
montaña, sentirme como el mar… libre… Como el mismísimo aire que nunca nadie lo
ha podido atrapar. Columpiarme para poder ver el cielo por lo más bajo que
pueda cuando aras de tierra estoy para con el impulso llegar arriba y poder
sonreír, sonreírme a mi mismo, marchar
como el caballo que no siente en su lomo las asentaderas del jinete quien le
haga conducir obligadamente al paso que el animal no le apetece andar, o como
el mismo viento que acicala acariciando suavemente el trigo, verme lejos es mi
total delirio.
Me
gusta la bonita libertad, lo repito y lo sostengo, creo que son mis propios sentimientos los que me hacen
hablar más de lo debido, los que me fuerza con
ambición desenfrenada sentirme a
gusto conmigo mismo, opino que lo más agradable es considerarse a gusto
consigo mismo, y lo voy a lograr cueste lo que me cueste, trotar a mis anchas
de aquí para allá sin ningún reglamento que me lo pueda impedir, como la aire
que no escatima energía para estar en todas partes al mismo tiempo, no
rindiéndole estadísticas a quien pudiera recriminarle su osadía o aparición. Ahora comprendo la situación y me da lástima
con los pájaros que son atrapados y encerrados en una jaula, por quien quiere disfrutar de sus cantos
sonoros, o simplemente para verlos allí y sentirse complacido de que los que poseen
sencillamente es un completo adorno… Los animales no tienen el coraje
suficiente de emplear la fuerza bruta
como la tiene el hombre quien escapa con facilidad, corre a campo traviesa al
sentirse libre, y al verse emancipado rodeado de montañas con un cielo abierto,
esplendido y hermoso, mostrando un azul intenso, (sí que es agradable observar
el cielo, a mí particularmente me agrada)… Seré un truhán…En realidad lo seré…Pero
quiero ser libre. No quiero estar ni un minuto más en este sitio. Quiero ser autónomo.
Así
quiero considerarme en estos momentos,
pero no puedo, y para aventarse debo esperar dos meses, dos desventurados intervalos
que ansío que lleguen lo más rápido posible, ahora, ya. Las horas corren lentas
y esto no me favorecen en nada, al contrario se apega la amargura y a la vez la
desesperación incontrolable que me está carcomiendo, el resto de mis compañeros están conformes con
la permanencia en este instituto, pero yo me siento cómodo, me siento molesto
con esta rutina que la considero desagradable, no apta para mis requerimientos,
no quiero por nada del mundo sentirme deprimido, sería fatal, debo mostrar entusiasmo,
un apoteosis por lo que haga, si muestro lo contrario los profesores los asumirían
en mi contra esto me perjudicaría, no me conviene. Algo tiene que ocurrírseme
para salir, para encontrarme fuera, lejos del alcance de este malévolo lugar,
este territorio no me pertenece, soy ajeno a él, me incomoda a cada momento, el
único culpable de esta tragedia he sido yo por complacer los caprichitos de
papá, quiso tener siempre en la familia un sacerdote, alguien quien
continuamente estuviera baldeando las impurezas de la familia, y que esta
pudiera alcanzar la absolución de los pecados que fácilmente se pueden cometer
sin previo aviso. Mamá nunca estuvo de acuerdo que yo ingresara a un seminario.
¿Pero a quién se le ocurre semejante estupidez, meter a su hijo, su único retoño
al seminario? Solamente a ti que eres una cabeza hueca, se te ocurre enviar a
nuestro único hijo al seminario, nuestro único hijo que nos puede dar los nietos
que necesitamos.
Le
estas apagando la vida. Solía recriminarle a mamá justo cuando se disponía a
leer el periódico. También cuando apodaba el jardín, para él era un rotundo
placer cuidar la ornamentación y del espacio, el área que siempre estaba bien
cuidado, nos entreteníamos tanto que se nos olvidaba desayunar, mamá salía de continuo de la cocina y en alta voz nos
informaba que estaba listo el desayuno aguardándonos sobre la mesa para que
fuera devorado plácidamente y al terminar ya la faena, y al estar ya sentados
frente a frente a la mesa la encontrábamos fría, nada costaba
calentarla en el microondas. Sino
que todo lo hacía mamá, siempre estaba en todo para lo que hiciera falta. En
varias ocasiones a papá se le olvidaba por las noches tomarse dos medicamentos
que el médico le prescribió. ¿Te tomaste las dos pastillas? papá saltaba
enseguida de la cama, tomándoselas de inmediato. O en aquella ocasión cuando se
despedía de ella camino al trabajo, y al no verle el maletín en la mano le
decía: ¿Estás seguro que llevas todo?,¿ no te falta algo? no sientes nada en tu
mano derecha. Al verla y al saber que era la valija salía corriendo en su
búsqueda. Pobre mamá cuando te echo de menos…Pero por tu culpa estoy en este…No
sabría decir lo que a continuación deseo explicar si este lugar es o no
bendito.
Cómo
puedo salir…Ahora que recuerdo Orlando una vez me mencionó que estaba dispuesto
hacer el intento de abandonar este recinto, me lo contó con pelos y señales
haciéndome me jurar por todas las cosas que verdaderamente amo en la vida que no se lo
dijera a nadie porque lo metería en graves problemas, me lo hizo jurar por Dios
y por la Virgen sopotocientas veces, le certifiqué que se despreocupara que de
mi boca nada saldría, absolutamente nada que pudiera perjudicarlo, que confiara
en mí…Tal vez él me puede ayudar a salir de este horrible lugar, o quizá
podemos escapar juntos, no me importa el tiempo que nos pueda llevar la
realización de este proyecto. Para que salga perfecto este propósito debemos
conocer con precisión los sitios estratégicos en donde pueda existir el
peligro.
Después de cenar lo encontré sentado,
estaba solo bajo la sombra de un árbol, el sol estaba fortísimo, era el mes de
mayo, mes de estío en donde debíamos usar ropas frescas que puedan alivianar el
calor cálido e inaguantable. Me coloqué al lado de él, y al platicar de otras
cosas, toqué el tema, él me mira con ojos de platos y excitados.
¿De
veras que quieres escapar?... ¡No te lo puedo creer!
Pues
créelo, estoy hastiado de este lugar, un día más y creo que me volveré
loco.
Cómo
son las cosas, en una ocasión quise escapar y no encontré la manera alguna de
salir de aquí. Y mucho menos que alguien compartiera mi idea, o me acompañara.
Puedo
ayudarte, ambos nos daremos el ánimo necesario para vernos lejos de aquí… ¿Qué
me dices?
Déjame
pensarlo.
En la noche no podía conciliar el sueño, la
cama la sentía demasiado dura, como si fuera la de un compañero, ajeno al cual
no conozco o precisamente, que esta era la primera vez que mi cuerpo descansaba
sobre ella. Fueron muchas las veces que encendí la bombilla que pende del
techo. A través de la ventana que se
mantiene abierta, puedo notar el cielo azul intenso que quise observar de
cerca, y para lograrlo salí cautelosamente del dormitorio. Yo tendría una
excusa muy válida, por si el mismísimo
director, o el encargado de mantener la vigilancia llegara a encontrarme por el
pasillo y si me llego a tropezar con un compañero le diría: voy al patio a
mitigar este calor que me está matando.
A
mí francamente no me gusta dar explicaciones, pero en este sitio hay que
dárselas a las paredes si es posible, y esto me incomoda enormemente. Hasta el punto que me irrito con
facilidad, a la vez que me pone de mal
humor durante todo el día. La penumbra florece por todas partes, aunque conozco
perfectamente el atajo camino con presteza, sigilosamente y despacio, con la
suficiente precaución de no chocar con
algo que pudiera delatarme, logrando a la vez despertar a todos mis compañeros incluyendo
al cascarrabias del director. Pero al fin llegó el alivio, la prueba superada,
la satisfacción de sentirse fuera, disfrutando de la luminosidad de la esbelta luna
que se mantiene risueña, sintiéndose la única reina suprema, la dueña de todas
las noches gozando de la compañía de una
gran constelación de estrellas que titilan continuamente a su alrededor
rindiéndole pleitesía, recordándome las navidades pasadas, las recientes, y las que han de llegar que
seguirán siendo inolvidables, y más cuando se está en compañía de los seres queridos.
Colaborando entusiasmadamente con el arreglo del hogar, colocando el árbol
navideño en el gran rincón de la sala, adornándolo de luces, y en sus ramas en
todos los extremos una bambalina o las que fueran necesarias…El hogar es, y
seguirá siendo motivo de inspiración para papá que en cada noche buena,
mostraba un estilo diferente al engalanar la casa, pero con buen gusto y
colorido, todo el que nos visitaba fueran amigos, vecinos, o conocidos o de la propia familia que suele
visitarnos en esta época, quedaba magnetizada.
Él no es capaz de decir su secreto, su estrategia profesional, para embellecer
lo feo.
¿Cómo
lo logra?…Haciéndolo…Y no hay de otra. Es lo único que responde.
Consulto
la hora en mi reloj de pulsera y son exactamente las 2:15, tiempo de volver a
acostarme, si es que mañana quiera estar cabeceando dentro del salón y con la
somnolencia estampada en la cara.
Y
con el mismo procedimiento que antes realicé y con la normalidad posible estaba
ya en la habitación logrando por todos los medios dormir. Ignorando lo que más
tarde me depararía el día, lo que estará latente en toda mi vida como una
huella en la piel, endeble y difícil de borrar.
No
pude conciliar el sueño, intentando todo lo que me fuera posible me hallaba a
leguas de obtenerlo, además no estaba en mi propia casa para poder y disfrutar a mis anchas
de la comodidad permisible que esta no me podría ofrecer, con la cual
estaba acostumbrado, yendo también a la
nevera para servirme un vaso de leche, y acudiendo a la sala para encender la
televisión, para disfrutar de un evento que
me fuera muy entretenido hasta que lo conseguía y me quedaba dormido en los
brazos de Morfeo, acariciando mi sueño insosteniblemente, meciéndome
delicadamente en sus brazos.
En
situaciones como estas se extraña el hogar que es y seguirá siendo nuestra
pertenencia, esto es un derecho proporcionado, obtenido por los esfuerzos de
nuestros padres, quienes no concibieron otra idea si no la de disfrutar una
casa propia, hasta que nosotros los descendientes llegamos a contraer nupcias o
nos separamos de la familia por
cualquier eventualidad posible, es el
primer sitio conocido, nuestro rincón familiar, lo primero que visualizamos, y con
un miedo profundo damos nuestros
primeros pasos para no caer, y al
mantenernos seguros, firmes ya plantados no necesitamos de las manos de
nuestros padres que nos servían como control de mando no desamparándonos en
ningún momento, sonreímos afirmando con pleno convencimiento que valió la pena,
porque sabemos caminar con seguridad, reímos por nuestros logros, lloramos en
momentos tristes, desolados, cuando todo lo vemos gris sin un ápice de luz,
pero el refugio estando cerca o lejos o en el otro lado de el mundo es y
seguirá siendo nuestro cobijo. El hogar, nuestro hogar.
Estaba impaciente a Orlando no lo veía por
ningún lado, ni en los sitios en donde se le puede ver con obstinada
frecuencia. La alteración poco a poco cobraba vida en mi, en mi voluntad y en
toda mi humanidad, haciéndome torpe cada vez más, la continua espera que aunque lo disimule creo que comienza a notarse
tal
vez en mi expresión, o en algún gesto, sobre todo en las manos, si ya comienzan
a temblarme, el malestar decía mi abuela cuando se tiene adentro, en lo más
profundo de las entrañas se nota a leguas ya que la cara a una la delata y mucho,
más que suficiente para cazar al culpable. Rasgo que nunca pude encubrir, ahora
me vale que sea un defecto mas en mi colección oscura, repleta de deterioros
imprecisos, o desvirtuados, es mi manera de ser, un nerviosismo estúpido, total toda la humanidad no es perfecta. Así
que soy uno más del montón… El mundo por albérganos se nos quedó corto, no nos puede echar porque necesita de nosotros
y viceversa.
Si no fuera por la manera que yo lo concibo el
globo terráqueo no sería mundo.
El susodicho no aparecía por ningún sitio.
Y esto más me impacientaba. Desalentado y sin esfuerzo de continuar en la guardia
decido ir a mi paradero, y al traspasar el umbral de una puerta, la que da al
pasillo, ciento una manos desconocidas, tocando uno de mis hombros. Esto no me produjo
ningún aspaviento.
Yo
sabía que te ibas a echar para atrás. Cobarde, gallina tenías que ser. No
tienes las suficientes agallas para dejar este lugar.
Si que las tengo. Dije al
ver que se me pone de frente cruzando los brazos,- lo suficiente para seguir
sosteniéndolo las veces que quiera, aspiro lo antes posible marcharme… Ya no
soporto este lugar, además de que es aburrido es tétrico, esto no es mi territorio…Quiero ser libre, aun en
contra de la voluntad de mamá. Que ya no me importa, me vale lo que pueda más adelante
pensar de mí…Como comienzo a detestarlo…
Mis
pensamientos fueron rotos por la intromisión de Fernando, quien aparece de
repente para reprocharme.
¿En
dónde estabas todo este tiempo que te he buscado como ajuga en un pajar?
Estaba
en el baño. Afirmó muy tranquilo.
Nunca me lo imaginé. Dije mirándolo a los
ojos, transmitiéndole las ansias incontrolables que se despiertan al permitirme
de un momento a otro que quería estar fuera de este maldito lugar. Volar, volar
como el ave que estando en lo alto sonríe y mira hacia abajo.
Entonces
te espero esta noche a las dos de la madrugada en el patio. (Me muestra entre
sus dedos la llave del director),- la cogí cuando estaba durmiendo. Estaba en
el sitio menos pensado…Debajo de la almohada.
Yo
con mucha sorpresa.
¿Cómo
le hiciste?
Mañas
que tiene uno, la vida te lo enseña honradamente como cualquier sobreviviente,
o son tus amigos quienes te lo enseñan, o aquellos que tienen la mala intención porque nunca la vida les sonrió sino que los maltrato como pasó conmigo, cada golpe te
enseña, y yo fui uno de los que también resultó vapuleado resultándome heridas
difíciles de subsanar con el tiempo, algunas tachó otras no, pero me da igual,
a mí particularmente me tocó robar para
ganarme el sustento, comer desde muy chico es mi gran delirio, como y como y nunca me lleno, me encanta comer hasta
por los codos, en cambio a ti la vida te ha tratado muy bien con todas las comodidades propias de
un niño rico y mimado, con lo necesario
a tu alcance, solamente lo pides con solo mover
la campanita de cristal y ya te lo están trayendo porque todo lo
tienes a la mano, y como eres el consentido sí que es sorprendente,( y posando
una mano en unos de mis hombros) pero tranquilo, yo no te envidio, te lo juro,
cada quien viene a este mundo con una etiqueta roja o verde. Dios me dio la
roja, la tuya es verde, además no te voy a contar mi secreto cómo sustraje la
llave, es mi secreto, es mío y no quiero compartirlo con nadie, porque no es de
tu incumbencia, ni mucho menos con nadie, develarlo a nadie, con nadie por el resto de mis días.
La
opinión de los demás debemos respetarla. Dijo quitando su mano de mi hombro.
Continuó,- y como sé que no vas a decir nada al respecto te espero en el patio
a las dos de la mañana, y cuando llegue la aurora, estaremos nuevamente en
nuestro espacio en donde nunca debimos salir…Alégrate por ello. Finalizó
diciendo alejándose por el largo pasillo.
Claro
que me entusiasma, tanto que el momento fue el más fenomenal de todos…Es
increíble! Que me sienta mucho mejor, es fantástico que las buenas noticias como las que acabo de
recibir pueden cambiar totalmente el temperamento de alguien en un instante,
alejando las penas que antes lo agobiaban, como yo que antes estaba de mal
humor, el día se me estaba haciendo provechoso, además de sentirme a gusto
conmigo mismo, me sentía a mis anchas, la habitación ya comenzaba a notarla diferente, tanto que hasta los árboles que antes veía a través del cristal de la
ventana ahora se me antojaban incomparables y hasta con abundantes hojas, con un ropaje encantador
que antes no poseían, no sé si ánimo está confabulando para corretear conmigo
al ver todo diferente.
Y
echándole un vistazo a mi reloj de pulsara, observo que faltan 30 minutos para
que sean exactamente las 2:00 pm. Dejando de alucinar cosas extremas que puedan
alterar su valor, dejo de pensar. Y levantándome de la cama como un bólido,
tomo la maleta apresurado porque sé que
las horas corren velozmente y sin ningún pretexto introduzco mis pertenecías,
arrojándolas dentro, no importándome como cayeran, mi desesperación era tan
atrevida que no tuve el sumo cuidado en ponerlas en orden, al finalizar la
religiosa labor abro el escaparate al tantearlo por dentro, ya que la luz no
era lo suficientemente fuerte como para llegar con la intensidad deseada, quedo
satisfecho al comprobar que está vacío por completo.
Sí
que me siento a mis anchas por la luz que me permite ver las cosas en su lugar.
Como si habitara en la morada de mi
propia casa. Luz bendita, gracias por haberme permitido ahorrarme el trabajo. O
por mi compañero de habitación Camilo quien desertó, aprovechando las vacaciones de advenimiento,
que al aproximarse la fecha de regresar al Seminario juzgo conveniente el
cambio de rumbo, decidió largarse del país.
El director cuando almorzábamos en el salón en
donde estaba destinada la cocina, justamente cuando todos ya nos disponíamos a
levantarnos de nuestros respectivos asientos nos informó muy desolado que
Camilo se había ido al Perú. Si él
hubiera estado presente me llenaría de interrogatorios: pero estas loco… ¿Cómo
te atreves? ¿A dónde crees que vas? ¿Acaso no tienes miedo? ¿Y si por mala suerte te echan el guante? Mira
que el director no come cuento al disciplinar a un compañero nuestro, ese viejo
es rudo, con razón Dios no le dio hijos.
¿Seguro
de lo qué piensas hacer?…Yo siendo tú, no lo haría, me quedaría tranquilo y en
santa paz, si quiero aventarme escogería otro momento y no este que es
sumamente peligroso. Con quién te vas y de madrugada, estas verdaderamente chiflado.
Tanto interrogatorio, total para nada. Si tú nunca me contaste que no
regresarías al seminario ni siquiera te despediste de mí. De igual forma yo
hago lo mismo, me marcho y de diferente forma, en la manera como a mí me place para jamás volver…
Listo…Llegó
la hora. La voz de Orlando rompió mis pensamientos.
Estoy
preparado. Respondo abriendo rápidamente la puerta, observando que en su mano traía
consigo su equipaje.
El
cielo estaba a oscuras sin ninguna estrella, una pertinaz brisa golpeaba suavemente nuestras espaldas, Orlando
trepa la alta pared, dándome a entender sin palabras que estaba
acostumbradísimo hacerlo. Para mi fascinación me contó lo que eventualmente
ocurrió con el manojo de llaves, la sustrajo de debajo de la almohada donde el
director posaba su cabeza mientras
dormía. Se me olvidó contar que con la misma abrió el portón de salida, una contrapuerta de una estructura resistente,
enorme como las paredes de este colegio, es de 5 cerraduras. 2 que están en la parte superior, 1 en el medio, y las
otras 2 en la parte de abajo. Otro
desconcierto más que me aturde, me lanza una soga diciéndome por lo bajo. Que a
pesar del viento alcancé a escuchar.
Cógela.
Al
tenerla lancé la maleta. Por el sonido emitido desde la otra parte de la pared percibí
que cayó en terreno seguro, encima de los arbustos.
Rápidamente
me veía ascender la alta pared.
Ya
cuando estábamos en la otra zona nos dimos un abrazo.
No
es para tanto, un favor se le hace a cualquiera, además yo también aunque no se
lo confesé a nadie estaba harto de la misma rutina, y sin otra cosa que hacer,
aunque no te dije nada, es mejor estar en su propia casa, y no como en esta comarca,
en donde nos sentíamos presos…Y qué piensas decirle a tu madre cuando te vea
llegar. O cuando se dé cuenta que estas en casa y no en el seminario… ¿Qué
piensas decirle?
No
sé…El trayecto es largo. En el meditaré lo que pueda decirle…Ya algo se me
ocurrirá, algo que sea convincente. De esto puedes estar seguro. ¿Por qué
Fernando no vino con nosotros?
No
te preocupes por él. El se va a escapar de otra forma y no de la manera como
los dos los hemos hecho…Me contó que lo va hacer en un permiso que le puedan
dar. Tal como lo hizo Camilo. Así que no debes preocuparte.
Si
vas a inventarlo tarde o temprano se descubrirá…Es mejor que le cuentes las
cosas tal como son y punto, fin de la
historia. Te acompaño hasta donde yo sé que debo llegar.
Los
dos amigos comienzan a caminar sin más que decir, ambas figuras se confunden en
medio de la noche, y la oscuridad, al
estar en una colina altísima los dos se nos pierden de vista.
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