El Odio
Con Tu Divina Magnificencia Se Desplaza.
El amor reina en todas las latitudes
embriagando los rostros bondadosos del que nos sonríe a diario, saludándonos y
dándonos la acogida en su humilde morada.
Los alces cuyas ramas se estremecen con
el juego obstinado del viento hacen gemir las hojas humildemente, estas
pronuncian Tu Nombre.
Los pasos sosegados y bien confiados se
detienen, y observas que todo está majestuosamente tranquilo, la rapidez ya ha
sucumbido, porque el caminante con su mirada va contemplando el infinito, tiene
la certeza que desde ahora en adelante todo marchara bien.
Los pájaros comienzan a engalanar con sus
ecos sonoros el amanecer, los ojos se abren, y un rayito de luz se deja colar
por la ventana que alguien por descuido dejó abierta de par en par, los brazos
se estiran haciendo ensanchar el cuerpo para acoplarlo a la rutina diaria, otro
día más de vida.
¡Qué contentamiento se percibe!
La mano se abre, el apretón se hace
sentir intensamente, y juntos caminamos, muy sonrientes vamos, nos miramos de
vez en cuando las caras, los obstáculos se retiran echándose a un lado, el
sendero se percibe luminoso y sin ningún bache, el astro rey se sustenta con
sus colores que noto agradables y pocos hirientes a mi piel. Nuestro andar sí
que es placentero, ninguno de los dos hablamos porque no nos permitimos que
ningún detalle por más mínimo que sea rompa esta alquimia que se está haciendo
cada vez más agradable.
Los cielos están abiertos,
todo está hermoseado, lo que está originalmente erguido desaparece, solamente
estamos Tú y Yo, en este espacio en donde yo no estuve antes, pero ahora
estando a tu lado, como lo estoy ahora, puedo decir categóricamente que ya lo
conozco totalmente. Gracias por desconectarme del mundo real cuando estoy bajo
Tu Presencia.
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