Te
amo
Te amo porque al despertar el astro rey
que apenas vislumbro se asoma a través de mi ventana, la luz con tal ligereza pone
a accionar mis músculos de una manera
eficaz y complaciente animándome a levantarme con la rapidez posible.
Sin poner reparo toco mi
piel, siento dentro de mí que la sangre, mis órganos y mi corazón palpitan de
la manera extraordinaria, y te bendigo, sí te bendigo porque sé que todo es
posible cuando tenemos fe, y te consideramos nuestro amigo.
Te amo, porque mis ojos se excitan ante
la belleza que se desperdiga a mí alrededor, como este insecto que está
inquieto, el cual veo ahora, revolotea para nutrirse del néctar de la flor.
El agua que se desliza por
la abertura de una pendiente cayendo en un majestuoso río, la briza acaricia mi
epidermis y me hace sentir que todavía
tengo vida, que respiro, con las fuerzas que son tan necesarias para emprender
cualquier trabajo por más rudo que fuera, el coqueteo de los pájaros con su
canto melodioso que engalana las primeras horas de la mañana y me hacen
recordar tu nombre, las voces parlanchinas de los campesinos que con sus
instrumentos a cuestas en el día de hoy trabajaran la tierra.
Los gorjeos de los pájaros
poco a poco se los ha llevado el viento, los cuales fueron trasladados a otras
dimensiones que desconozco.
Te amo porque me instruyes en tu
verdadera disciplina, la cual no perjudica a nadie, más bien lo corrige y lo
alienta. A veces sin darnos cuenta chocamos con la misma piedra, al instante
nos capacitas, para indicarnos que debemos transitar, cruzar la calle cuando el
semáforo nos indica con la luz roja que un eventualidad por un descuido nuestro
nos puede precipitar a un peligro mayor. Pero caemos cayendo precipitadamente
en el más vil y grotesco agujero, atónito y sin atinar palabras con la mirada
entreabierta, perdida por el golpe, veo tu mano que se extiende, la tomo sin
mediar reparo, la tuya queda apretada con la mía, tus dedos son firmes, están
duros, yo lo siento así, teniendo la seguridad completa y no a medias que de
ella jamás podré soltarme.
Te amo porque me hablas por medio de Tu
Santa Palabra, cuando busco ansiosamente el versículo, el que me pueda dar la
paz, el sosiego que tanto necesito, para que de esta forma pueda tranquilizar
mi espíritu llenándolo de gozo.
Te amo porque mis pecados fueron abolidos
con la muerte de tu único hijo, al
cargar a cuesta la cruz, al no proferir desagravios que pudieran envalentonar a
los adversarios, a los culpables, a los incrédulos. Golpeaban con sus látigos
tu inocente cuerpo. Pero nunca, nunca llegaron a quebrantar tu ánimo, tu
voluntad y lo que es más importante tu espíritu.
Enséñame a no replicar, a no
ser mala persona, a no ser egoísta, envidioso, calumniador, hazme sentir el
dolor de mi prójimo.
Tú nunca respondiste a la
crueldad de tus adversarios, tu boca se mantenía sellada, solo gemidos se
dejaban entrever de tus labios semi abiertos, estaban secos, sedientos,
solamente pudiste percibir el liquido amargo del sudor que corría de tu frente,
salado y con tintes de sangre, originada por esa espantosa corona de espinas.
Descalzo soportaste la
tierra caliente que estaba siendo remecida por ese sol inclemente que fue energúmeno
en aquel día infatigable, cuyas nubes inhóspitas se negaron rotundamente a
cubrir totalmente el cielo. Y allí a lo lejos estaba plantada en la tierra el
madero imponente, avasallante, la cruz, la cruz que te aguardaba pacientemente,
para obligar a tu cuerpo hacerlo reposar
aunque no lo quisieras, o para ser exhibido como un maniquí, pero debías hacerlo,
ya que con este propósito llegaste a la tierra para sacrificarte por nosotros,
para alivianar nuestros pecados, y así alcanzar la vida eterna.
Te amo porque me haces recordar que las
cosas materiales no tienen la más mínima importancia, Tú siendo el Rey de Reyes
y Señor del Mundo naciste en un establo, y no en un palacio como debió ser, en
la comodidad es la cabeza que complace al recién llegado.
Te amo por tener la familia que tengo,
por tu hogar, por el mío propio, por mi esposa, por mis hijos, por los tuyos y
por los míos. Tener o no dinero en la cartera a no me quita el sueño, no me
angustio porque sé que Tú eres el Dueño del Oro y la Plata. El que nos provee
no desamparando financieramente a los que te desprecian o están en comunión
contigo. Señor otórgame las palabras
sencillas que puedan impactar, conmover el alma de mis vecinos, o el corazón de
los que tengo sentados cómodamente a mi
lado en el asiento de un transporte público, haz que Tu Santa Palabra Divina
esté en mí, para que pueda ser retenida en sus mentes y corazones. Hazme un
ganador de almas en este año, para que tu pueblo se engrandezca y haya más
iglesias en donde se honre y se alabe tu Santo Nombre.
Te
amo, por todo lo que me acontece, por lo que ha de venir, por lo que está por
suceder, por lo bueno y por lo malo, por mi ropa, sí por esta por la tengo
puesta, por mi calzado, por el pan nuestro de cada día, por las profesiones que
me obsequiaste a través de la oración, por la paz, por la alegría las cuales
experimento cuando te alabo. Con la adoración aniquilas mi fatiga y el
cansancio fortuito quedando rejuvenecido completamente.
Jehová hazme cariñoso, querendón,
apegado, inclinado, predilecto. Que ignore todo lo que pueda perturbarme para
llevar cada día la fiesta en paz, para aquél que no pueda verme y más aun para
él que no puede soportarme, ni verme en pintura. Por esta y por más razones más
te pido que me llenes de sabiduría, hazme entender que todos nosotros somos
imperfectos. Que Tú eres y seguirás siendo el Único Perfecto por Los Siglos de
los Siglos amen.
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