Cuando
Pronuncio Tu Nombre
Cuando pronuncio tu nombre todo dolor por
más enérgico que sea desaparece.
Cuando pronuncio tu nombre la tempestad se
desaparece, sus suspiros potentes se dirigen a otros lugares que desconozco.
Sus zarpas ya no tienen el mismo ímpetu, como cuando aparecieron por primera
vez, porque con tu arrogancia divina las has silenciado.
Cuando pronuncio tu nombre todo gemido
huye.
Cuando pronuncio tu nombre el aire fresco
de la mañana se apodera de mi humilde morada, posándose en todos los rincones.
Cuando pronuncio tu nombre todo es alegría,
el canto sonoro y esplendoroso que proviene desde las altas colinas que llegan
en pentagramas musicales enjugando la sensibilidad en los oídos de quienes
tararean la canción conocida aprendida en algún lugar cristiano.
Cuando pronuncio tu nombre las hojas de los
arboles reverdecen de una manera extraordinaria.
Cuando pronuncio tu nombre la salud penetra
en mi cuerpo.
Cuando pronuncio tu nombre la oración tiene
poder.
Cuando pronuncio tu nombre mi corazón te
alaba con ímpetu.
Cuando pronuncio tu nombre tengo el
entusiasmo de leer desde tempranas horas
del día Tu Santa Palabra.
Cuando pronuncio tu nombre se oyen las
risas de los niños quienes confabulados juegan entretenidos en la plaza.
Cuando pronuncio tu nombre escribo acerca
de ti.
Cuando pronuncio tu nombre todo sarcasmo se
borra de los labios de quienes están acostumbrados en lanzar palabras obscenas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario