jueves, 9 de julio de 2020



Cuando levanto las manos
  
   Cuando levanto las manos comienzo a sentir el fuego que viene de lo alto. Mis ruegos son escuchados, mi espíritu se regocija aceptando que todo lo que has dispuesto en la tierra es seguirá siendo nuestro deleite.
   Cuando levanto mis manos todo enojo desaparece dentro de mí, el hálito se convierte en alegría, todo cambio se llena de luz, y el canto palpitante de la propia naturaleza se hace sentir profundamente.
   Cuando levanto las manos el dolor agoniza para dar cabida a la salud, a la energía, a la fuerza a la fortaleza.
   Cuando levanto mis manos la guerra se subyuga, dando paso a la soberanía, a la libertad, donde los pueblos oprimidos dan paso al amor y como hermanos se dan la mano, para no propiciarla jamás que tanto daño causa a la tierra.
   Cuando levanto a mis manos caminamos juntos y muy a la par. Puedo caer inoportunamente pero te alcanzo.
   Cuando levanto mis manos echo a un lado mis problemas.
   Cuando levanto mis manos huyen los enemigos de mí,  porque sé que alrededor acampa un ejército de ángeles.
   Cuando levanto mis manos mi fe se mantiene, crece, negándole el movimiento a la incertidumbre.
   Cuando levanto mis manos estoy seguro de mi mismo, mi autoestima se robustece. Me veo en el espejo más rejuvenecido.
   Cuando levanto mis manos todas las oportunidades se me avientan encima, y las acepto más complacido porque sé que son duraderas.
   Cuando levanto mis manos me considero hijo de Dios.
   Cuando levanto mis manos considero a mis hermanos, en todo lo que ha de venir. Aprobando positivamente toda opinión, aunque sea contraria la apruebo, para no entrar en la discusión que pueda originarse.

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