sábado, 18 de julio de 2020



                                                                                           
                                                                                     



DÍAS DE GLORIA.


 Justamente hoy a sido un día terrible para mí, esta mañana amaneció una llovizna pesada y delirada para mi gusto,  que para variar  se mantuvo tenue al principio, después fuerte, para luego pasar a ser como desde el principio sutil, esta confusión, este vaivén no me trajo nada positivo, sino al contrario confusión, y contrariedad. En la entidad bancaria no hice gran cosa, solamente saludar a las chicas de las taquillas: Elisa, cómo estás?, qué tal tu perro Adelaida ya mejoró?...Adriana…Que bien te ves!, ese vestido sí que te combina, la miscelánea perfecta que hasta hace destacar el brillo de tu cabello. Aunque ya eran demasiadas maduritas, yo me encargaba de elogiarlas, nada de zalamerías, y esto ellas lo sabían, tal vez porque tenían años de años conociéndome, sabían quién era yo,  quizá ellas asumirían las edades comprendidas entre los   25, 28, o 30 años como mínimo. Para mí eran unas niñas, la inocencia purifica el alma y la hace ver de diferentes colores, ajustes bien combinados, o yéndose por los tonos más aceptables. Decía perennemente mi abuela. Todas optan por el color blanco o azul, de eso estoy  seguro. Sonríen, siempre las veo sonreírse cuando me ven en persona o  ante cualquier eventualidad por más catastrófica que parezca   los ángeles siempre sonríen.
A mí particularmente  me ha gustado continuamente desde que tengo uso de razón comparar a las personas con animales, u objetos. Y cuando se los comentaba a mis compañeros de clase que Roberto siendo tan larguirucho con una estatura extremadamente descomunal y torciendo la nuca a la izquierda su gesto inocente se asemejaba a una jirafa. La profesora Marta, la colombiana no se queda atrás, tiene la nariz de loro, y actúa como tal, el director un pingüino… Dando saltitos por doquier…Y yo quién soy? El pájaro loco, el correcaminos que anda todo el tiempo  con el corre corre de allá para acá y viceversa… Huyendo de quién?…De nadie, simplemente de nadie. O quizá marcho rápido para que el tiempo  que arranca vertiginosamente no me engulla, que no me lleve a un espacio, o a un entorno que desconozca, donde me pueda sentir imbécil que no soy ni llegaré a ser, o un extraño que no sabe qué decir o hacer.
Son cosas que se le ocurren a uno, a veces solemos jugar con los pensamientos ¿quién de nosotros no lo ha hecho?
Al llegar a mi departamento, reviso todos los titulares del periódico, nada interesante por lo que puedo ver, el mal tiempo continuo, lo mismo de siempre, para esta tarde se pronostica lluvias dispersas en el área capital, en la provincia oriental, pero la más afectada será la zona sur. Accidentes de tránsito, el hampa a mano armada hace de la suya sometiendo a siete vigilantes en el hospital X, robando y sustrayendo equipos. Se presume que dos avizores son cómplices de los malhechores. Colas en los bancos, en supermercados y pare de contar. Dejo de leer, lo doblo y me lo coloco debajo del brazo, para algo sirven las páginas de la prensa. Para botar los excrementos de Ben, o para releerlo. Anteriormente, yo recortaba las noticias más interesantes, las que de una u otra forma me llamaran la atención, las  que me fueran de gran utilidad. Como la de los concursos literarios, aunque no participé en ninguno, nunca lo intenté porque en realidad no me interesé, no tuve la gran suerte, la  de poseer un premio que me hiciera sentir  grande, pero continuo   escribiendo para mí, solamente para mi,  cortaba  pensamientos del Libertador, y no sé cuál era el interés de hacerlo, aquellos no conocidos, los que escuché, los que leí por primera vez, las firmas notables de personas destacadas, como: filósofos, poetas, frases célebres, y las recetas de cocina, estas sí que eran interesantísimas, son las que más me gustaban. Afanosamente preparaba los suculentos platos mirando,  mirando, requetemirando los ingredientes apuntados en los pequeños párrafos en las fórmulas de cocina, una y excelente y experta enciclopedia en las artes culinarias que estaban al alcance de mi mano. En realidad estaba contento, muy contento.
 Vivir solo, siempre ha sido de gran satisfacción. Como el de no tener que rendirle cuentas  a nadie, depender de Dios únicamente  y de uno mismo es algo grandioso, que tenemos los seres humanos,  son muy pocos los privilegiados que poseen este don.
 Acostumbrarse a la soledad no es tarea fácil, no. Algunos optan por tener una mascota que le sirva de compañía, yo también tuve la parvedad imperiosa la de buscarme un perrito para no sentirme desagradablemente triste y sí se quiere aburrido. Al principio tenerlo fue sumamente espinoso, ya que tenía que enseñarlo y con mucha paciencia, porque en estas circunstancias hay que tenerla al tope, educarlo como un niño, el saber comportarse dentro del apartamento. Adiestrarlo  fue la labor  espantosa, y de mucho requerimiento la que más me costó realizar en esta vida. Como el de establecer horarios específicos de comida y hacérselos a entender, no es una ocupación cómoda, no señor no lo es,  cero ladridos, al menos que escuche a alguien llamar, o tocar a la puerta. Aullar cuando se tiene las ganas de hacer caca. O el de rasguñar con una pata delantera la puerta indicándome que tiene la gran necesidad imperiosa de expulsar todo lo que tiene dentro. Ben fue a todo dar, miraba con atención, indiviso lo que yo le indicaba, fueron días, horas interminables, meses de nunca acabar, pero soy el hombre más paciente que tiene a decir la verdad, sí, la verdad siempre por delante, y no me jacto al afirmarlo, lo que tiene  esta parroquia. El animalito aprendió muy rápidamente, supo asimilar cabalmente las lecciones de estos meses,  en donde toda regla quedó fijamente pinchada en su cabeza. Ben era adorable, gracioso, y extraordinariamente querendón. No sé como llegó toda esta noticia, sobre el adiestramiento de mi perro que todos los del edificio al verme por las afuera del inmueble me felicitaban por mi portentosa labor. Decían que yo serviría para trabajar en un circo, como para domar y adiestrar animales era extremadamente bueno. Que debía aprovechar ese don que el Altísimo me otorgó y que debía aprovechar al máximo.
En primer lugar desconozco en sí ese trabajo, y lo que se desconoce no se toma en cuenta, porque no existe el interés, porque jamás nos llamó la atención. Es una cosa inexplicable pero muy lógica.
Los días transcurrieron sin eventualidad alguna. Ben se comportaba demasiado ajustado. Obediente, solicito, cuando yo le hacia cualquier gesto o lo llamaba por su nombre este corría inmediatamente a mí, a la espera de cualquier orden que yo le indicara. Y esto le encantó a Mónica, tanto que se pasó de la ralla llamándolo infinidades de veces menos mal que el pobre animalito no se cansó,  y más cuando caminábamos  por la calle escuchando los comentarios de algunos vecinos o conocidos  que ya todos conocen: hola  Alberto ya lo pensaste, ganarías mucho dinero, pero si te decides, yo me encargo de buscarte la clientela. Son muchos los animales que tendrías que educar.

 
 Ahora Mónica  me visita a diario, al principio me incomodaba el hecho de tenerla todo el día metida en el espacio que era mío, mío por exclusividad.
Como son las cosas, un día inesperado, para ser exacto un domingo, la invité a un parque, no muy lejos de aquí, como dos cabezas piensan mejor que una, inventamos un picnic, algo sencillo, esto no nos llevó poco tiempo, ya que con antelación habíamos comprado todo lo necesario. Ya instalados debajo de la sombra de  un frondoso árbol desplegamos un mantel. Pero lo que más me sorprendió fue lo que Mónica colocó encima del, unas flores plásticas y de diferentes colores, muy vistosas por cierto. No cabía duda que Mónica se sentía feliz en todo el sentido de la palabra. Jamás la había visto sonreír como ese domingo, su estilo de estallar y prolongar la risotada me hacía sentirme bien, en paz conmigo mismo. Su mirada cálida, su perfil estaba notablemente modelado, es ahora que  me doy cuenta que soy un imbécil, si un imbécil, jamás pensé que sería un imbécil, porque estos rasgos no los noté al principio.
Los dos parecemos unos adolecentes corriendo detrás de Ben, persiguiéndolo, metiéndonos en los matorrales, sin importarnos el peligro, o el de introducirnos en sitios desconocidos, o mejor dicho sin importarnos una  mordedura de serpiente la cual nos ocasionara la molestia de lamentarnos por varios días de una dentellada, o las propias ratas que pudieran asustar a Mónica, haciéndola saltar de una manera grotesca, en donde pudiera yo reírme hasta más no poder, como si estuviera matando bachacos, O lo más terrible, hormigas mínimas, que son las que verdaderamente punzan produciendo rosetones  en todo el cuerpo. Pero salimos sanos y salvos, sin ningún cardenal que la misma hierba pudiera habernos causado. Tan entretenidos estábamos que parecíamos dos enamorados, corriendo, saltando, haciendo malabarismos riéndonos de nosotros mismos, nos ocupamos tanto de nosotros, que ni siquiera nos acordábamos   de Ben, fue Mónica la que lo echó de menos.
Me sentí mal, muy mal, al no verlo al lado nuestro, lo buscamos
Mónica por una parte y yo por la otra. Fueron momentos desagradables, que  hasta llegué a pensar que desde ahora en adelante la vida sin Ben seria una terrible agonía. No podía concebir la idea de buscar otro perro, el volver de nuevo a la enseñanza, que al principio aburre y se piensa que jamás terminaría, a los métodos tradicionales, a la gran estrategia que le inculqué al bendito animal. Mónica al verme rabiar y dándole patadas a la hierba me soltó, echándome afuera, como cuando abrimos la puerta de una jaula a un pájaro que por años estuvo preso, y es ahora que la dueña se conduele de él dándole la completa libertad, me dice: que puedo estar tranquilo, Ben apareció. Sonreí, y llevándome del brazo al sitio donde supuestamente estaba, lo vi, muy jovial, retozando a sus anchas con una perra, ni siquiera notó nuestra presencia. Se veían tan tiernos que nos parecíamos, los dos enamorados, Mónica y yo, dos enamorados cuando saltábamos, cuando corríamos haciendo divertidas acrobacias al menos no nos juramos amor eterno, no sé si en  los animales ese juramento existiría. Tal vez haya ocurrido así, los animales también tienen su corazoncito, y en  sus sentimientos en cuestiones de amor al igual que el ser humano también son idénticos.
Pasaron los días y con ellos los meses y Mónica aunque no vivía con nosotros estaba aquí a diario, ayudándome con los quehaceres de la casa poniendo todo en orden. Y se lo agradezco. También cuidaba de Ben, lo bañaba las veces que fueran necesarias, le daba de comer, inclusive lo sacaba a pasear, y el animal ya estaba acostumbrado a salir todas las tardes con ella, percibiendo la hora cuando ambos salían, ¿cómo diablos eliminaría en el esta mala costumbre? No lo sé…Ya tendré más adelante el tiempo necesario para pensarlo, para encontrar la manera de resolver este dilema que ya me impacienta, convirtiendo en un tenaz descontrol mi vida y  mi hábitat.
 Hay días, momentos en donde uno es feliz completamente, hay otros en donde todo sale distorsionado, o mejor dicho al revés, quizá papá y mamá acaban de llegar del pueblo por ser navidad, esto para ellos es una tradición, no dejarme solo en la Nochebuena.
 Ayer fue una sorpresa total, Mónica estaba con un short bien corto  y demasiado ajustado, el pompis se mostraba más pronunciado. Yo diría más de lo normal. La provocación se hacía sentir. Si hubiese estado en la calle, serían muchos los que franquearían la ralla tocándola y manoseándola y así dicen que hay sádicos en este mundo, pero la gente no saben que antes de afirmar o decir algo, que son algunas mujeres que excitan a los hombres con su manera de vestirse, en el caso de Mónica yo aseguraría que ella no lo hacía para provocar o avivar a cualquiera más bien lo concebía para sentirse bien, cómodamente bien, una vez se lo reclamé y ella casi enojada me respondió: que solía hacerlo dentro de casa, pero jamás salía a la calle con ellos, pero esto mamá no lo sabía.    Estaba sacándole el polvo a los muebles. Mamá al verla en esta actitud  casi se cae de nalgas. Papá no respondía nada en absoluto, todo en la vida tiene su explicación. Y mi hijo es el único quien tiene que dármela.
Cuando llegué al apartamento eran las nueve de la noche, mamá estaba en la cocina con la comida ya servida en la mesa, papá estaba entretenido con la televisión. Abracé a mamá diciéndole lo bien que me sentía por tenerla a mi lado luego apurado metía en la nevera unos víveres que había comprado en el abasto. Alberto, quién es esa muchacha? Para ser tu domestica debería usar ropa decente…Muy atrevida en su forma de cubrirse.
Se llama Mónica, y no es empleada domestica, es sencillamente mi amiga…Es a todo dar, y con la misma, la misma manía de siempre, cosa que me hacía enternecer cuando era pequeño revolvía cariñosamente mis cabellos, esto me complacía enormemente  llenándome de una inmensa satisfacción, la misma que siento ahora, el placer que necesitamos todos cuando estamos  pequeños, cuando no sabemos nada de la vida,  ella entendía, sabía que estando a solas, o acompañado de papá solía hacerlo, pero cuando estábamos en la calle, o en cualquier sitio con una muchedumbre,  se cohibía, no lo hacía, y ese gesto yo se lo agradecía infinitamente. Un ramalazo me estremeció. Ay hijo, a decir verdad no me gusta para nada esa muchacha. No me gusta.
Y cuál es tu preocupación, yo en ella no tengo ningún interés.
Pues, conociéndote como te conozco, no me parece…Sé que me estas mintiendo, eres mi hijo.
Ay mamá tú y tus benditas cosas…No cambias. De veras que no.
Si viene mañana dile que se comporte de una manera decente, que yo soy tu madre y  si quiere seguir acudiendo a esta casa mientras yo esté aquí debe tener una buena conducta, más decencia en su forma de vestir…Cuanto en mis tiempos. Los muchachos hoy en día son como depravados.
Salí de la cocina.
Más se disgustó cuando volteó y no me vio parado detrás de ella. ¿Por qué desapareces?...Porque sabes que tengo la razón. Que mala costumbre. No me gusta, me incomoda que me dejen sola y con la palabra en la boca.   
Me encerré en mi habitación hablando con Mónica por teléfono. Diciéndole que no se apareciera por aquí mientras estaba mamá conmigo. Que podríamos vernos en el parque todas las veces que los dos quisiéramos, que llevaría a Ben, también aprovecharíamos de ver una película en el cine, tengo años que no voy a una sala de cine.
Está bien, lo que tú digas corazón.
Gracias a Dios que Mónica todo lo comprendía, bueno, por ahora, el tiempo cambia las cosas y hasta las personas. Al menos hay que fructificar los sentimientos de las gentes, no sobre limitándolos. Pero llegará el momento que el cántaro se romperá.
El parque fue desde esa vez y todas las siguientes nuestro lugar favorito, yo diría nuestro segundo hogar, si antes éramos como adolescentes ahora estamos siendo los dos  niños en donde pasábamos horas enteras entretenidos con cualquier ocurrencia que se nos presentaba. Evocaciones que venían a colocación. Siempre estábamos pendiente de Ben.
Aunque era día sábado el parque estaba menos concurrido que en otras ocasiones, algo para mí fuera de lo normal, ya que son muchos los años que llevo ya conociendo este lugar. Era la primera vez que lo veía un poco solitario.
Fue en esta plaza que le di mi primer beso a una mujer mayor que yo, y lo encontré divino, muy sazonado para ser mi primera experiencia en cuanto al besuqueo, tan rico estuvo  que cada vez que lo memorizaba me lamía los labios, no recuerdo con exactitud el momento que dejé de relamérmelos.
Medio sonriente me vuelvo a Mónica, y no perdiendo tiempo me pregunta por mi media sonrisa.
A lo cual le respondo: Tonterías, simple y llanamente una tontería estúpida que se me cruzó por la mente.
Ya era un poco tarde, para ser exacto las 5:30 de la tarde.
Cuándo volvemos a repetirla.
Cuando tengamos el tiempo suficiente como el de hoy. Respondió alzando los hombros.
Me entregó a Ben, rápidamente lo agarré por la correa.
Nos besamos.
Ella caminaba con la cabeza baja  y con la mano puesta en sus labios, como si se riera de alguna picardía retrocedía  mirándome  de vez en cuando, y  ya montadita en un montículo agitó una mano eyaculando el gesto del adiós. Le di la misma respuesta alzando un brazo enarbolando  un hasta luego.
Qué extraño, mamá no la encontré en el departamento, en dónde diablos estará, tal vez comprando algún ingrediente necesario para la cena  en el mercado. Eloísa, es el nombre oficial de mamá, cuando firmaba un documento, un pago, o iba al registro, o hacía alguna donación para una institución benéfica decía con orgullo Eloísa es mi nombre oficial…Eloísa, Eloísa, su nombre oficial.
Qué de cosas, que formas tienes bendita mujer.
 oí a papá decirle a Eloísa justamente cuando abría apresuradamente la puerta.
Esta ciudad es infernal, ya no se puede caminar tranquilamente por las avenidas…Qué horror!...Qué susto! Lo que acabo de ver Felipe, tú no me lo vas a creer.
Yo simplemente escuchaba desde mi habitación con la puerta entreabierta.
Qué grosería, un hombre, un malhechor le ha podido robar a una mujer unos zarcillos y una cadena, ay…Menos mal que yo soy muy precavida y maliciosa, eso lo aprendí de papá porque de mamá nada, solamente rezar rosarios y estar metida hasta las agallas en una iglesia. Por ella sería una boba que a todo le dice amen y amen.
Luego oía como cortaba con el cuchillo los tomates, cebollas u otras especies.
Alberto…Ven a cenar, apúrate.
Cuando entré a la cocina. Ellos ya estaban cenando. Me senté al lado de papá.
Le estaba contando a tu papá lo que acabo de ver al salir del abasto.
La interrumpí inteligentemente.
Un delincuente asaltó a una mujer. Corroboré dándole una buena mordida al sándwich.
Y cómo lo sabes. Me preguntó asombrada.
Te escuché, estaba en la habitación…Pero cómo se le ocurre a esa bendita caminar por una avenida o por donde sea con prendas de valor.
Buscándole las cuatro patas al gato.
Lo que una ve hoy en día es para volverse loca, cuando en mis tiempos .Había respeto, y una consideración reciproca.
Los tiempos como la moda cambian totalmente. Intervino papá,- y vendrán cosas más peores.
¿Y los policías? Replica Eloísa.
Brillan por su ausencia. Así ha sido siempre. Dije levantándome para fregar el plato.
Cuanto me hubiera gustado que fueras abogado…Ese era mi gran sueño que nunca se cumplió.
Mujer pero nos sentimos orgullosos de tenerlo como periodista y muy brillante por cierto, aunque yo verdaderamente malgasté el tiempo, ilusionándome tontamente, pensando que serías un piloto de las fuerzas armadas. Desilusión completa.
Pero una cosa recompensa la otra, eres un comunicador social, que no tiene miedo, que denuncia a diario en su columna los atropellos que se cometen injustamente con las personas inocentes…Es una gran labor la que estás cumpliendo Alberto. A mi modo de ver más que la de un abogado, o un aviador, ya me contradije caray. 
Eloísa riéndose se me acerca, mirándome con ojos de ternura, removiéndome los cabellos nuevamente.
- Me siento orgullosa de ti. Dios me dio lo que menos me esperaba, un hijo bueno y querendón.
-Lo dices porque eres mi madre, cuál es la madre que dice del hijo lo contrario, ¿qué es esto, que es lo otro?...Ninguna, ellas suelen cubrirle sus defectos, ellas siempre dirán que sus hijos son los mejores, así sean lo peor.
Ella no volvió a decir más nada, tan insignificante estaba de palabras que decidió retirarse, yendo a sentarse junto a papá.
Esa noche los tres nos sentamos a ver la televisión, eso me hizo evocar  recuerdos gratísimos de mi infancia, como  aquella hora de la noche, que eran las 7:00 en punto, acostumbrábamos a   disfrutar de las sombras, colocados en el frente de nuestra casa, allá en el pueblo,  observando  el cielo estrellado,  el firmamento por completo, extenso, gris silueteado por estrellas, lo rete mirábamos   las veces deseadas en otras situaciones que no era esta por supuesto,  lo contemplaba luciendo un azul intenso, como  el que invariablemente solía ver a solas en mi habitación, me parecía extraño pero en casi  todas las fotografías de los libros de geografía, o en los que trataban del espacio,  o simplemente las que simplemente  me llegaban a la mano.
Como lo dije anteriormente el reino celestial de nuestra casa permanentemente era  estrellado, en cierta ocasión  un primo mío, que estaría  con nosotros una larga temporada ya que   estaba de vacaciones y mi padre sacaba un buen provecho de él cuando lo tenía a su alcance tanto en el ordeño como en el cultivo de plantas alimenticias,  mi primo era un asno fuerte y robusto, no escatimaba reparo ante los obstáculos,  todas las tardes llegaba como un mendigo  y  lleno de barro, no importándole para nada en donde podía meterse para escavar en la tierra fresca, logrando profundizar un  hoyo para injertar una planta que en el futuro nos serviría de alimento y el resto se vendería en el mercado, se introducía  por  la  cocina   caminando directamente al baño, esa noche luciéndose, como el sabelotodo  y haciendo alarde de que poseía grandes conocimientos sobre la astrología, facultad que yo desconocía en él,  nos decía entusiasta el nombre de cada astro, aunque tengo poca noción de las constelaciones,  sabía yo por lo aprendido en el bachillerato que en algunas acertaba y en otras no.  Mamá y papá  estaban callados, como si estuvieran en la escuela dominical, qué podrían decir…nada, absolutamente nada. En ciertas ocasiones el primo no quedándole más remedio optaba por inventar.
Después del brillante discurso lo miraba fijamente a los ojos, aplaudiéndolo, felicitándolo y abrazándolo…Esa noche, lo reconozco fui el hipócrita más imbécil que pudiera existir por los alrededores.
O aquella mañana, que  mi padre y yo, afanados, tan entretenidos, conversábamos preparando a la vez los anzuelos, que con cualquier cosa que fuera apetitosa la fijábamos fuertemente, bien asida al extremo de la caña,  con el trabajo ya terminado y que mucho tiempo nos había tomado, por fin salíamos  con nuestras juncos de  pescar  sobre los hombros, partiendo  por el largo sendero que estaba detrás, a un costado  de la casa, para llegar a un rio que se extendía a un extremo,  los remolinos eran caudalosos, el agua demasiado fría, quizá por ser la temperatura que nunca variaba las truchas abundaban, en las orillas y hasta  en las profundidades, contaba mi padre que  en cada mesa ya estaban servidas para ser engullidas por los lugareños que vivían por los contornos. Yo siempre tuve el       temor de bañarme allí, cuando me zambullía lo hacía acompañado de un pariente o de mi progenitor… Papá era un experto, en su juventud él fue un nadador profesional, mamá aun conserva todavía un álbum con las fotografías en donde se muestra al juzgar por su sonrisa la emoción de haber obtenido el primer lugar, y no conforme la afectación, al enarbolar con supremo deleite el preciado galardón, en el rincón más llamativo dentro del hogar.
Hasta el día de hoy siempre me he sentido orgulloso de él, no obstante, aunque ya no me lo menciona sé que debe sentirse defraudado por mí, él quiso que yo fuera piloto de la aviación armada, y la ilusión más se perpetraba cuando tomando con los amigos se emborrachaba diciendo: Voy a tener un hijo piloto, mi único hijo será un brillante piloto. Eso lo juro por todos los santos del cielo y de la tierra.
Su ambición ya no tenía límite alguno, tan fanático estaba por verme manejando un avión que hasta me compraba barajitas donde se mostraba cada tipo de aeronave existentes, aeroplanos que desconocía totalmente.
En víspera de las navidades, para ser exacto, a la media noche del 24, él entraba en mi habitación y sigilosamente,  sin sospechar que  haciéndome el dormido veía su silueta, una forma que se arrodillaba, colocando algo debajo de la cama…Y ya al estar solo en la habitación  buscaba con mucha dedicación el objeto desconocido, no había forma de cómo atraparlo, por más que esgrimiera esfuerzos mis brazos no lo alcanzaban…No me quedó más remedio que encender la luz de la lámpara con la luminosidad de esta, era  más que suficiente,  podía ver perfectamente el contorno de mi paradero, contento, yo diría que súper contento, por tener el obsequio y pensando que sería una pelota de béisbol o un guante, jamás me imaginé que aquella caja forrada en un bonito papel de regalo muy pintoresco, de color azul y con un lazo extremadamente grande contenía lo que nunca llegué a pensar, que al sacarlo del  cartón lloré, aferrándome al objeto, lo apretaba fuertemente contra mi pecho  lo que hizo que me  sintiera el ser más desgraciado que cometió la torpeza de matar a alguien, y ahora siente tras las rejas una soledad, un aislamiento profundo, enérgico, que   va carcomiendo, o mejor dicho rompiendo sin poner condición, pero muy seguro, actuando  poco a poco, en la sangre, mi sangre, mis entrañas,  mi cerebro, y por si fuera poco mi propia voluntad. La muerte en vida… El objeto era nada más y nada menos que un monoplano.
Esa noche no pude conciliar el sueño, por más que trataba de dormir, el  no se dejaba doblegar,  opté por la vía más rápida y conciliadora salir de mi habitación respirar el aire puro en completa libertad. Y ya sentado sobre la grama, extendiendo los brazos respiré intensamente aflojando mis sentidos y mis órganos. La brisa era agradable…Pero que bien se siente aquí, a veces la vida nos otorga grandes beneficios a nuestro cuerpo para sentirnos inmensamente felices y no nos damos cuenta que esa dicha la tenemos al alcance de nuestras manos, como yo la sentí por primera vez en las afueras de mi hogar. Pero el cansancio, esa sensación de sentirse arrullado en los brazos de Morfeo no llegaba, por más que despejara la mente tratando de no pensar en nada, insistiendo que nada ocurrió me di por vencido, insistiendo una y mil veces que nunca, así pusiera mi padre el grito en el cielo, jamás asistiría a una escuela de aviación.
No me importa lo que mañana pueda suceder, no me interesa lo que  pueda ocurrir al terminar mi bachillerato cuando sepa que mi verdadera vocación está dentro de un periódico. El tiene que comprenderlo, no debo casarme con una profesión a la que nunca puedo profesarle pasión, esto sería mi muerte, mi sentencia de muerte. Tan similar como cuando nos unimos en matrimonio, contrayendo nupcias con la mujer que no nos inspira el amor verdadero, quien está atado a esta situación es y seguirá siendo un pobre diablo que nunca tuvo iniciativa, un mediocre, un perfecto idiota. Revelarse hay que revelarse ante las injusticias…Dificultad, en la vida siempre existirán los peros…Si no hay peros en la vida, la vida dejaría de ser vida. Yo me considero hasta la fecha culpable, culpable por no haber tenido la valentía de decirle a papá cuando me regaló por primera vez el primer avión, aquella tarde lluviosa, cuando en la cocina yo estaba cenando y acercándoseme por detrás me abrazó por la espalda.
Toma.
Me levanté…Y viendo que era un hermoso pero admirable avión. Lo tomé en mi mano, mirándolo, ensimismado no le quitaba los ojos de encima.
Es bonito. Dije.
Y estaré dispuesto a traerte muchos más.
Si… Está bien, tráeme los que tú quieras, sí que me gustan. Afirmaba  seducido por aquel artefacto que jugando con el cómodamente sentado en el piso, mi padre me observaba con gran satisfacción y muy divertido, permitiéndose acariciar la falsa ilusión que por años añejaba en su mente.
Y esto transcurrió día tras día hasta que llegó el momento inesperado.
Cuando termines el bachillerato entrarás en la escuela de aviación.
Ese período llegó, la noche en que me gradué con grandes honores, mamá y yo entramos al hogar, ella como de costumbre le había dejado la puerta entreabierta a papá, una costumbre adquirida en ella desde hacía años. Papá me había dicho justo cuando entramos en el auto que con esas excelentes calificaciones ingresaría sin ninguna dificultad  a la academia.
 Me daba las gracias infinidades de veces diciendo: Estoy orgulloso de ti…Qué estoy diciendo…Estiradísimo diría yo. Entusiasmado con Dios y con la naturaleza que me dio un hijo brillante, un auténtico genio…
Y estando dentro del hogar, específicamente en la sala ( A mamá) Mujer esto hay que ovacionarlo mientras busco la botella de whisky tráeme  tres vasos que vamos a celebrar…Por Dios esto hay que ovacionarlo, no todo  en la vida es grato, hay momentos malos y buenos, mientras la guerra continua en Vietnam en esta casa respiramos paz y amor.
Terminando la frase, mamá muy sonriente traía los vasos, caminaba muy despacio, un poco vacilante, como si temiera caerse  y fue allí al andar, donde me di cuenta que Eloísa estaba radiante, con su blusa azul y con encajes bien discretos que ella misma había confeccionado junto con su falda blanca luciendo  espectacularmente bella, ambos colores creaban la combinación perfecta, mostrando a su cutis la lozanía que con rutina y esfuerzo lograba mantener siempre, si hasta parecía una adolescente,(su risa se asemejaba al par de mirlos que  todas las mañanas en el alfeizar de mi ventana alcanzaban y que contemplaba a diario al despertarme) Las uñas de los dedos como los de los pies se mostraban coloridos, toda su astucia, todo su gran conocimiento obtenido en revistas de moda le servían de mucho, y le sacaba partido al iluminar tanto en la escuela dominical como en todas las reuniones especiales en donde asistía.
Te ves espectacular madre.
¿De veras hijo?
Claro que si…Y si te lo digo es porque es así y punto.
Brindemos.
Papá muy eufórico llenaba los vasos cantando una canción que yo particularmente desconocía.
Los tres empuñando fervorosamente las copas. Y alzándolas.
Brindemos por el futuro aviador que es mi hijo. Decía papá muy optimista. Para luego sonreír plácidamente.
Yo miraba a mamá con cierto dejo de tristeza, ella comprendiendo la tribulación que cargaba por dentro, y aprovechando el momento que papá hizo su retirada, metiéndose en algún lugar de la casa, cuyo sitio no recuerdo todavía. Me dijo muy decidida, algo habitual en ella. Era como una señal un distintivo que nació con ella.
Tienes que decírselo ahora…¿Para qué esperar?, si no lo haces tú lo haré yo.
Indeciso al cien por ciento.
Está tan ilusionado. Esto lo matará.
Por esa misma razón más te vale que se lo digas…No esperes hasta mañana, tu futuro está en fuego, si se enoja ha de ser por varios días,  tarde o temprano el mal humor desaparece y no permanece en las personas para toda la vida. Imagínate si no cambiáramos de actitud, nuestro mundo, el universo estaría torcido y no habría manera de enderezarlo.
Yo te voy ayudar.
Nuestras copas ya estaban vacías.
Papá entró y con la misma botella en mano.
Bebamos nuevamente, no todos los días se nos gradúa un hijo.
Mamá no dándole chance en llenar nuestras copas.
Tu hijo te quiere decir algo…Dijo mama,- escúchalo sin alterarte y respeta su decisión te guste o no.
Al grano. Dijo al tomar un trago,- si es un viaje no escatimo ningún esfuerzo te concedo tu deseo, me dices el país que quieres visitar, y te confirmo ya  el vuelo de salida y el de regreso, el hotel en donde te vas a hospedar…En fin  te lo soluciono todo. Al instante, en un abrir y cerrar de ojos…Siempre quisiste conocer la patria de tus abuelos España. ¿Ya sabes la fecha de salida? ¿No me digas que Eloísa ya lo sabía de antemano y no me lo dijo? (Calculando, viéndonos a las caras muy detenidamente para descifrar lo que supuestamente desconocía) ¿mi mujer va a viajar contigo? (A Eloísa) Al fin te decidiste mujer y enhorabuena… Enhorabuena…Como me gustaría acompañarlos pero no puedo, las ocupaciones, en fin las ocupaciones  las tengo aquí…Quizá lo haga en otra oportunidad y por qué no, para el próximo año… Es lo más conveniente para la empresa y para mí.
Papá… (Me interrumpí para pensar detenidamente en la necesidad, en la energía que emplearía, la  suficiente,  que junto con  el coraje,  aliviarían  al menos la situación que se me venía encima como una avalancha de nieve, repitiéndome que el atrevimiento y la bravura  no me faltaran  nunca,  y más en estos momentos que los requería urgentemente).
No pienso viajar. Dije tajantemente, mirándolo directamente a los ojos con una insolencia que utilizaba por primera vez,-  por los momentos no, quizá en otro tiempo conoceré tu patria, pero no ahora, lo que yo quiero decirte… (Nuevamente me interrumpió el temor  que no  quiero ver por ningún lado, ni cerca ni dentro de mí mismo, y que quiero ambicionar lejos) Papá me sacó de mi ensimismamiento.
Dilo rápido, por favor no quiero más rodeos.
Perdóname por decepcionarte…No quiero ser piloto de aviación, yo lo que quiero ser es un comunicador social, un luchador incansable, que luche por los derechos del pueblo, por la igualdad…Manejando un avión se me acabaría la vida.
 Cómo que se te acabaría la vida?  Dijo comenzando a encolerizarse.
Discúlpame padre pero no es mi vocación…
Tu vocación… ¿Dices tú vocación? No y no… mil veces no…  fue mi ilusión, mi bonito delirio que  mantuve siempre en mi corazón cuando ansioso te traía las barajitas para que las coleccionaras en tu albún que yo mismo te compré …¿Y las  aeronaves de diferentes tipos y tamaños que coleccionaste?...Yo siempre me jactaba con mis compañeros de la empresa al admitirme, al gritarlo a los cuatro vientos que mi hijo sería un piloto de renombre, (Con voz apagada) y ahora tu me sales con esto, no tienes ningún derecho a desengañarme, ninguno…  por qué me ilusionaste tanto, porque me lo permitiste, porque razón me  consentiste conocer un sendero al cual yo no tenía ni siquiera la exclusividad de echar de ver viéndote volar, era mi sueño, mi sueño, pero cómo diablos te permitiste a invadirlo, a robármelo, era mío, mío solamente, mío y tú sanguijuela me lo robaste… ahora lo comprendo… esa  propiedad no era mía  ya que de él brotó  falsos frutos (Enérgico) Pero si me dejaste rondarlo, por qué diablos me lo permitiste.
Perdóname.
No lo acepto, me niego aceptarlo…Esto no está pasando, no está pasando. Es una pesadilla. Le dijo a Eloísa.
Eloísa nada decía, todo lo observaba con terror, ya que era la primera vez que los dos lo veíamos en ese estado.
Es lamentable que tú siendo mi único hijo me salgas con esto…Me decepciono de ti… esto me duele… me duele mucho, estoy herido, sí muy herido… y escogiste el bonito momento para decírmelo, para sincerarte con este payaso que te ha servido de diversión. (Aplauso) Déjame decirte que el payaso no trabajará jamás en tu circo, ha renunciado.
 Y con paso resuelto subió la escalera dejando a mamá y a mí boquiabiertos… Luego obstinadamente se oía unos ruidos en la parte de arriba de la casa, objetos que caían al suelo, maderas rotas, cristales rotos.
Por Dios qué es todo esto. Dijo mamá asustadiza.
Me temo que se está ensañando con mi habitación…El está como loco.
Ya  reaccionará. Afirmó mamá un poco más tranquila, no creo que vaya destruir toda la casa.
 Al fin armándonos de valor mamá y yo subimos la escalera, y al estar frente a la puerta entreabierta de mi habitación logramos ver el verdadero desastre que reinaba dentro, el estante roto con todos mis libros desparramados por todo el piso, las sábanas dispersas fuera de su sitio, las lámparas de mesa destrozadas, los aviones triturados, ya me imaginaba a papá saltado descontrolado sobre ellos, con la furia inerme aplastándolos con los tacones de sus zapatos que eran tan fuertes y gruesos. Como su carácter impetuoso cuando estaba fuera de control, o como cuando lo hacían exaltarse, fui yo quien lo hizo rabiar y no me arrepiento, porque en mi vida y en mis gustos mando yo, y no otro. Los afiches de grandes peloteros de  las grandes ligas, jugadores de los equipos más famosos del mundo helos aquí en el adoquinado, desfigurados, rotos e inservibles. La computadora rota, el regalo que me hizo la tía Elvira en la víspera de mi cumpleaños también estaba rota, el regalo más preciado, la máquina de las sorpresas, como yo la llamaba, por hoy dejó de ser mi juguete preferido. Y me dolió muchísimo que se ensañara con ella, él no debió hacerlo, no tenía ningún derecho porque no era su obsequio, no  me lo regaló su dinero ni su tarjeta de crédito.
Esto no te lo voy a perdonar nunca. Dije, retándolo a que me diera un golpe o una paliza, mi denuedo estaba por encima del suyo.
Me has quitado mi instrumento de trabajo, lo que yo más amo, mi pasatiempo.
Te me largas ahora mismo de esta casa, no quiero verte jamás. Dijo saliendo con el entrecejo fruncido, y con una cara de pocos amigos lanzándome dos maletas que cayeron justamente cerca de mis zapatos. Para después añadir: Todo, absolutamente todo está allí, me percaté de recoger tus cosas, para que no tengas ningún pretexto en volver. Así  que fuera. Desaparece lo antes posible.
Si se va mi hijo me voy yo. Dijo sollozando mi madre. Casi respirando con dificultad por la impresión.
 Tú acabas de decir la palabra mágica tu hijo y no él mío. Tuve uno pero murió…Hoy  mismo falleció… No vale la pena recordarlo. Por la sencilla razón que nunca fue nadie. 
Como una corriente de viento muy raudo  pasó a un lado nuestro, obviando los gritos desesperados de mamá.
Tenemos que hablar… Eres un idiota… Que equivocación tan grande la que cometí al casarme contigo. Me siento hecha un asco…Te odio, maldito seas. Si lo niegas a él me niegas a mí, yo empacaré también las maletas y me iré bien lejos de esta casa y no volverás a verme jamás.
Yo estaba impresionadísimo al oírla hablar así, me pareció escuchar a otra mujer, a una desconocida que acaba de entrar para reclamar un daño que uno de nosotros le había hecho, tanto a su propiedad privada como a ella misma,   no era  mi madre la que hablaba enardecida con papá,  sus gestos duros estaban cargadísimos de rabia, su reacción, su carácter descontrolado e inhumano, la fuerza inagotable con que mantenía la voz. Casi cubriendo totalmente la de papá. Por  primera vez reaccionaba de esta manera.
Déjalo mamá, está dolido, y para que olvide la decisión de mi vocación que a  él le parece absurda pasará mucho tiempo para que la acepte.
No te vayas, espera unos minutos más, quienquita que cambie de opinión.
No mamá, no va a cambiar. Yo lo conozco y tú también… Debo irme lo antes posible. No quiero que cuando regrese me vea aquí.
Desolado, humillado y con deseos de llorar abracé a mamá.
Fue ella la que rompió a llorar.
No llores, estaré en comunicación contigo, te prometo que diariamente te llamaré.
Limpiándose las lagrimas con las puntas de los dedos afirmó,- Espérate un momento, solo tardaré un poco, te voy a proporcionar dinero, o pensándolo bien te daré mi tarjeta de crédito.
Efectivamente, cumplió su cometido. Apareció tan rápido que hasta me sorprendió verla, creí que era papá… Puse las dos maletas ligeramente  en el piso. Me tocó una mano tiernamente y abriéndomela, como cuando regresaba de viaje me plantaba en una de ellas una caja de bombones, me facilitó el dinero y la tarjeta de crédito. Ella siempre será y seguirá siendo la mujer más maravillosa que jamás he conocido, siempre tuve la dicha que fuera mi madre, comprensiva, solicita, persistentemente me sentía agradecida con Dios y con la vida porque fue ella y no otra la que me trajo al mundo…Ahora vendría el momento más difícil, mi partida y con ella los momentos apagados el de sentirme fuera de esta casa, solo, alejado de mis amigos, de los lugares recorridos, a los sitios que acostumbraba ir con ellos, a la cancha de básquet, el no ver más a la chica que tanto me gusta, la cual me es imposible decirle adiós y para siempre, ya que vive a mucha distancia de aquí, y explicarle todo lo acontecido sería un error, ya que no estoy acostumbrado a contarle mis cosas a todo el que vea por allí,  ni mucho menos a mis conocidos de años, soy un ser extraño que desconfió hasta de su propia sombra, quizá esta cualidad malsana la heredé de mi tío Julio, que recelaba hasta de sus calzoncillos.
Dejar todo esto no es fácil, pensé al observa el interior de la que hasta ahora era mi casa, pero todo ocurrió ligero, no era este el preciso momento de dejarla, yo lo haría a principios del año entrante, si apenas estamos en noviembre  y es actualmente donde me doy perfecta cuenta que la navidad está cerca, esto es desagradable  para mi, un sabor amargo para mi paladar y para mi espíritu, todas las navidades son perfectas y muy agradables  dentro de esta casa. Como son las cosas, será la primera Nochebuena que paso fuera de aquí…Bienvenida sea.
Hasta pronto madre. Esto me sonó como a mentira, claro que la vería de nuevo pero sería en otro lugar, en casa del tío Julio…Para esta casa jamás volveré, solamente cuando papá se vaya de viaje, un viaje largo como el que  acostumbra hacer de vez en vez, cuando no hay mucha cosa por hacer en la empresa .
Después de varios besos, y abrazos al fin cerré la portilla de entrada. Ella no tuvo valor para despedirme bajo el umbral de la puerta  siempre afirmaba que nunca  estuvo hecha para las despedidas, que le causaba un dolor mayor.  Recuerdo cuando recibíamos familiares, mi tía Marina y su esposo Orlando, a quien también llamaba tío, por ser la esposa de mi tía, llegaban del interior para quedarse con nosotros por una corta temporada, cuando cumplían con su estadía, ella les decía: familia… Álvaro los acompañará al aeropuerto yo no, yo soy un mar de lagrimas…Las despedidas me desagradan.
A medida que avanzaba por la espaciosa carretera me detuve, y  al mirar hacia atrás vi la casa alzada como un monstruo y dentro de ella una figura negra coloreada los bordes de colores naranjados, era papá plantado ante la ventana alargada de su habitación la del segundo piso, dejando ver toda su persona, con la luminosidad proveniente  de las dos lámparas que reposaban en sus dos mesas de noche. Y al verse delatado descorrió la cortina. Cubriéndose por completo. Pero conociéndolo como lo conozco, sabía que él continuaba allí.
 Tomé el autobús y en el volante don Casimiro, muy alegre y dicharachero, cualidad que siempre lo  mantenía en forma, tal vez digo yo, que  nació con ella, y ahora más se apoderaba de su  cuerpo y espíritu, puesto que su hijo Reinaldo al igual que yo pasamos a la universidad con sendas calificaciones no paraba de hablar. Lo cierto que esta manera, su forma de ser,  y con su perfil al hablar agradaba a cualquiera, vivía junto con su esposa y sus tres hijos en la misma manzana donde nosotros teníamos nuestra residencia. Que hasta hoy dejó de serla para mí. Lo cierto que al verme quedó muy sorprendido, y no solamente esto sino que me hizo muchas preguntas, no sé si mis respuestas lo convencieron o no. Por qué razón a esta hora no estaba en la fiesta, celebración que anualmente se hacía dentro del Colegio a los alumnos destacados, y yo al igual que su hijo lo era, que lamentaba no estar junto con su hijo pasándola bien, pero el trabajo es el trabajo y hay que aporrearse y cuando se tiene familia hay que pensar en ellos y la ociosidad es la maestra que invita a meternos en cosas que a la larga puede acarrearnos problemas tremendos. Qué por qué razón me notaba triste, apocado e insípido. Que yo no era así, que algo me pasaba. Quise decirle la verdad, que papá me botó de su casa por no complacer sus caprichos, mi habitación fue destruida  por completo, un saqueo total, y estoy arruinado, así como lo oye don Casimiro, destruido. Roto. Jugué con mi imaginación, lo cierto es que quedó satisfecho con las explicaciones que yo le daba.
El paisaje que corría a oscuras a  través de la ventana, donde posaba mi cara y en donde el cansancio ya comenzaba hacer  sus estragos yo lo conocía, podía muy bien destacar el busto del pastor junto con una oveja, a la entrada de la iglesia cristiana, donde suelo ir a la escuela dominical, todos los domingos junto con mis padres, mamá si acude a casi todos los servicios, en algunas oportunidades en donde no tenía alguna obligación escolar que desarrollar yo la acompañaba, y ella se sentía muy contenta porque íbamos junto a la iglesia.  La cancha de básquetbol, pasa a un lado de mi como diciéndome adiós, cómo echaré de menos a mis amigos, al mismísimo juego,  sus prácticas endiabladamente divertidas, las celebraciones que hacíamos tomando a tardes horas de la noche, pero eran diversiones sanas y sin faltarle el respeto a nadie. Los maizales, en donde nos ocultábamos después de haber cometido una travesura,  y el riachuelo, el que está  bien escondido detrás de ellos, en donde nos bañábamos… El cielo estaba azul, y sin ninguna nube, mostrando muchísimas estrellas, titilando como diciéndome: no te preocupes pronto estarás de vuelta.
Nueve años después la relación padre e hijo a medida que a avanzaban los días,  y corrían los años mejoraban notablemente, y sin molestia alguna.
Y con ello mi trabajo, siendo el más resaltante y elogiado, quizá por el profesionalismo, o el manejo  con que manipulaba  las informaciones de sucesos ya que estas eran las más destacadas, quizá por la  veracidad, por la crudeza, o  por la seriedad con que las desarrollaba, que  mi fama como buen periodista alcanzó una gran popularidad que sorprendía cada vez más,   que no se hizo esperar, siendo las más incididas y reconocidas, por mis colegas, o por los lectores. Que al verme en la calle me paraban para felicitarme, yo diría que hasta me respetaban. Todo lo que inventemos hagámoslo con pasión, solo así el éxito toca a la puerta. 
La lengua de Ben me despertó relamiéndome toda la cara. Sorprendido y alarmado por perder la noción del tiempo pensé que no había ido a trabajar, que eran ya casi las diez de la mañana, y  cuando miro a mamá en la cocina preparando no sé qué cosa, y viendo mi reloj de pulsera me doy cuenta que son las seis de la tarde, me vuelvo a costar muy complacido al saber, al recordar todo lo que hice en el día de hoy.
Alberto ven a cenar. Ya deja de dormir y acércate a la mesa. Me llamó mamá, luego oigo cuando raspa la sartén y esto me produce una sonrisa.
Ya mamá se me está poniendo vieja. Digo al levantarme del sofá.
Estabas soñando, decías cosas incoherentes, quise despertarte pero no me atreví hacerlo porque juzgue una imprudencia de mi parte, mi padre decía siempre… Deja dormir al que está durmiendo.
Una siesta no le cae mal a cualquiera. Yo nunca supe lo que fue dormir en el día. Intervino papá,- quizá por la clase de padre que tenía me hacía levantar temprano de la cama, reprochándome que el sosegarse suficiente y hasta altas horas era de perezosos. Y para hacer qué, para hacer nada, absolutamente nada, creo hasta la fecha de hoy que  lo hacía para verme despierto o para mortificarme. Qué les parece?
Mal muy mal, demasiado mal…Esa manera de antaño de educar a los hijos no me convence. Hay otras formas de enseñarlos.
Con antelación había pedido permiso en el periódico porque pasado mañana se van para el pueblo mis padres. Siempre que vienen a visitarme los conduzco a la parroquia en mi automóvil, me quedo con ellos dos días y esto me sirve de distracción. Esto verdaderamente es un placer para mi corazón y un regocijo para mi alma. Ya que desde el último incidente la visita a mi casa materna estaba postergada,
El día de su partida llegó, era un domingo, un bonito domingo, en donde el sol dejaba escapar una radiante y agradable luz invitando a los semejantes a disfrutar de su plenitud y su divinidad, no había calor, pero la inseguridad que presentaba el tiempo era dudoso, tal vez en la tarde quizá llovería, pero lo agradable se sentía hasta en la piel. Mamá se había levantado muy temprano, el desayuno estaba servido sobre la mesa, papá sin perder tiempo ya estaba desayunando, y yo metido en el baño cepillándome los dientes y con la mirada puesta en el espejo, me sentía inmensamente satisfecho por observar un buen aspecto, una música se dejaba escuchar a lo lejos, la pude percibir ya que se dejaba filtrar a través de la ventana abierta, justamente la que está detrás de mí. Siempre se ha mantenido abierta y por muchísimos años, desde el primer día que ocupé este apartamento.
Mamá le había confiado el cuidado de la casa a la señora Hortensia, una buena vecina que conocíamos desde hacía mucho tiempo, la limpieza la percibí al no más entrar, a pesar del período largo que mis padres habían  disfrutado  en mi departamento, todo estaba ordenado y pulcro, dándome  la idea que nunca salieron de casa. Estaban allí como siempre. Las plantas estaban verdes, la mayoría en completo desarrollo, este lugar es perfecto para pasar la jubilación, todo es agradable, el silencio es el dueño y señor de este sitio sagrado y acogedor. Ben hacia de las suyas correteando como un loco de aquí  para allá. Estaba emocionado como yo, más tarde lo acompañaría a caminar más allá o por los alrededores, hay que disfrutar de los  momentos agradables como este, de la naturaleza infinita que estoy viendo ahora, y más cuando estamos acostumbrados a vivir en el cemento, en una jungla donde todo son edificios, avenidas, semáforos, tráfico, velocidad, y pare de contar. Ahora que papá y yo hemos hecho definitivamente las paces pienso volver las veces que me sean necesarias a esta casa, la que considero mía, la que me vio nacer y crecer, con Mónica sería estupendo, pero hay que darle tiempo al carácter inexcusable de mamá…Permanecí en casa tres días.
 Mónica reanudó las visitas al departamento todas las veces que le fueran necesarias, al mediodía, por las tardes  y otras por las noches,  siempre estaba al pendiente de mí, es grato que la mujer a quien uno ama lo consienta como lo hace Mónica conmigo. Tal como lo hacia mi madre, como  si fuera un niño indefenso, privilegiado  esto me hacía recordar a mi madre, en este y en otro aspecto ella  me tenía atado. Muy pronto me llevó a conocer a sus padres, estos vivían al otro lado de la ciudad. Amanda y  Fabián eran sus nombres. Una pareja entusiasta que con su gracia  divinamente como a mí me forjaba a sentirme,  agradablemente bien, en todas las ocasiones posibles que Mónica y yo solíamos visitarlos Amanda y a  Fabián, nos preparaban cualquier cosa, y teníamos que comerlo, en algunas oportunidades nos las llevábamos  al departamento. A Mónica se le hacía tarde cuando me visitaba de noche, ya que nos poníamos a escuchar música Gloria Gaynor, Aretha Franklin, o los Beatles,  cuando dejábamos los acetatos a un lado  conversábamos  de cualquier eventualidad interesante, preexistiendo en  temas nuevos o viejos y más cuando el acontecimiento, porque existen sucesos que han dejado huellas en nuestras almas, nos entreteníamos cuando nos acordábamos de repente de cualquier eventualidad graciosa que en su época a tanto a ella o a mí nos ocurrió, reíamos ambos  a carcajadas, mucho en tanto que nos tocábamos cada quien con los dedos de la mano el estomago,  no importándonos si molestábamos al vecino o no. Lo cierto que dormíamos juntos que hacíamos el amor dos o tres veces, que salíamos al cine a ver la película que algún amigo nos recomendó en cierta ocasión que por algún imprevisto no habíamos visto, una noche, día sábado salimos a verla, enfundados en sendos abrigos. En las tardes nos íbamos también a disfrutar  de un café al aire libre, saboreábamos  de un helado, o caminábamos plácidamente por el bulevar  tomados de las manos. En todo este tiempo nuestro amor más se profundizaba, tanto llegó hacer que alcanzó un grado inalcanzable, que hasta vino a vivir conmigo, estaba ya  viviendo conmigo, compartiendo mi espacio, que antes era solamente mío. Pero me agradaba su compañía.
Mamá estaba renuente, y con el entrecejo fruncido señal que mostraba cuando estaba disgustada  o algo no andaba bien que la incomodaba a diestra y siniestra hasta la coronilla, me recriminaba echándome en cara todo lo que podía salir de su mente, generalmente eran regaños,  cuando en una ocasión estando ella y yo solos en el departamento, Mónica se encontraba  en el  centro de la ciudad  haciendo una diligencia de sumo interés, Mi madre me llamó asomándose en el vano de la puerta de la sala, me tomó de la mano  llevándome a la cocina diciéndome tajantemente que ella no era la mujer de mi vida, que había algo en ella que todavía no la convencía por completo, digamos  como mujer.
 Pasaron los meses y mamá no tuvo otro camino que escoger, aceptándola como un miembro más de la familia,  papá desde un principio la admitió con agrado, a tal punto que la consideró como una hija más, la hembrita que nunca tuvo, y  dándole un abrazo  este detalle me agradó muchísimo no sé por qué jamás se me borrará de mi mente, esta escena que originó papá, los fines de semana, los días de asueto, y aquellos permisos que esporádicamente Mónica y yo pedíamos en nuestros respectivos trabajos las pasábamos en el pueblo, fue tanto la penetración que tuvimos con nuestros padres llamémosle así  que ellos para nosotros eran imprescindibles. Cuando no habían aniversarios referente a nuestra patria, permisos otorgados, creo que en esto nos sobrepintamos, no las ingeniábamos contratando el servicio de una línea de taxi que fuera de completa confianza  para que nos llevara y nos trajera a la brevedad deseada, y cuando escaseaba el dinero, cosa que siempre ocurre nos íbamos en autobús los viernes al mediodía después de haber cumplido con nuestra jornada, para estar de vuelta el domingo por la tarde. En todas estas  Ben no nos acompañaba, para estar a gusto anímicamente  el perro lo dejábamos con Bruno, quien era primo hermano de Mónica. A él le encantaba los animales quizá fue demasiado el cariño que les profesaba que escogió la profesión de veterinario. A ella y a mí nos gustaba el campo, lidiar con los animales, despertarnos con el cloqueo ensordecedor de las gallinas, ver a los peones ordeñar las reses, los cerdos jugar con el lodo, meternos en el corral de las gallinas para sacar los huevos y prepararlos para el desayuno, extasiarnos en ese mundo fantástico que origina el agua del río con su murmullo mágico. Había delante de la casa un árbol muy frondoso, cuando era pequeño solía montarme para divisar los carros que por derecho, no existiendo otra vía, pasaban al frente de nuestro hogar, este árbol me sirvió de mucho, para estudiar, para pensar, para esconderme de las visitas no gratas, para permanecer horas escuchando las canciones de los Beatles… Aprovechando en un momento que Mónica estaba entretenida con mamá preparando el almuerzo me fui al cobertizo este servía como taller, aquí guardaba papá piezas de carros, motores, tuercas, tornillos de diferentes tamaños, neumáticos viejos y nuevos, mallas, redes para pescar y pare de contar. Tomé un neumático viejo pero que estuviera en buenas condiciones, conseguí una soga gruesa y muy resistente como para aguantar mi peso, y medio escondido, la amarre al neumático fuertemente y me lo llevé al árbol, después de varios esfuerzos, algunos en vano, pero el quinto acertó, lo até a la rama gruesa del árbol, que alivio, ya teníamos nuestro columpio, Mónica se sorprendió al verme por una ventana balancearme,   yo reía como loco tanto que ella no se aguantó y vino a parar en donde yo estaba arrojándome al suelo se  había apropiado del columpio, por  ahora lo cierto era que ella volaba majestuosamente muy  entusiasta y yo en el suelo desternillado de la risa ayudándola a columpiarla.
 Más tarde nos casamos en una iglesia rustica en las afueras de la ciudad, esta capilla estaba situada  al otro lado del mar, algunos veleros se veían  a lo lejos.
 Este  templo siempre me había llamado la atención, quizá sería su construcción, el diseño, con  su estilo gótico del siglo XV, las cúpulas alzándose al cielo, con el fino material con que estaba creada, más llamaba la atención de aquel como yo solía  desde pequeño verla con extraordinario deleite, aunque nunca asistí a misa para verla por dentro,  porque nunca lo quise, siempre que pasaba en mi auto me bajaba rápidamente, y estando a solas la miraba con mucha curiosidad, por lo hermosa y espectacular que esta era,  lo cierto es que esta ermita es viejísima, todavía no sabía a ciencia cierta cuál  pudiera ser la razón o el misterio  de mantenerse en perfectas condiciones, a través de los tiempos,  luciendo tan nueva. Siempre había pensado en la posibilidad que al graduarme, y ya trabajando establemente en la redacción de un periódico acreditado tomaría la gran decisión de mi vida   casarme en esta misma  capilla,  y así como lo especulé hace años ese día se me estaba cumpliendo mi más anhelado deseo.
 Verónica lucia su traje de novia a todo dar, el color rosado le asentaba bien, resaltando más y más el color de su piel, una mujer con clase diría yo, o más bien parecía otra mujer, una desconocida, la que formaría  parte de  mi equipo de trabajo, pero era ella, Verónica con  su sonrisa que era inigualable, solamente suya, la única sonrisa que me agradaba mirar,  enarcando su mirada enamoradiza.
 Lo cierto era que Ben estaba  a nuestro lado…Invariablemente como el guardián de mi persona como siempre lo ha sido.    

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