DÍAS DE GLORIA.
Justamente hoy a sido un día terrible para mí,
esta mañana amaneció una llovizna pesada y delirada para mi gusto, que para variar se mantuvo tenue al principio, después fuerte,
para luego pasar a ser como desde el principio sutil, esta confusión, este vaivén
no me trajo nada positivo, sino al contrario confusión, y contrariedad. En la
entidad bancaria no hice gran cosa, solamente saludar a las chicas de las
taquillas: Elisa, cómo estás?, qué tal tu perro Adelaida ya
mejoró?...Adriana…Que bien te ves!, ese vestido sí que te combina, la
miscelánea perfecta que hasta hace destacar el brillo de tu cabello. Aunque ya
eran demasiadas maduritas, yo me encargaba de elogiarlas, nada de zalamerías, y
esto ellas lo sabían, tal vez porque tenían años de años conociéndome, sabían
quién era yo, quizá ellas asumirían las
edades comprendidas entre los 25, 28, o 30 años como mínimo. Para mí eran
unas niñas, la inocencia purifica el alma y la hace ver de diferentes colores, ajustes
bien combinados, o yéndose por los tonos más aceptables. Decía perennemente mi
abuela. Todas optan por el color blanco o azul, de eso estoy seguro. Sonríen, siempre las veo sonreírse
cuando me ven en persona o ante
cualquier eventualidad por más catastrófica que parezca los
ángeles siempre sonríen.
A mí particularmente me ha gustado continuamente desde que tengo
uso de razón comparar a las personas con animales, u objetos. Y cuando se los
comentaba a mis compañeros de clase que Roberto siendo tan larguirucho con una
estatura extremadamente descomunal y torciendo la nuca a la izquierda su gesto
inocente se asemejaba a una jirafa. La profesora Marta, la colombiana no se
queda atrás, tiene la nariz de loro, y actúa como tal, el director un pingüino…
Dando saltitos por doquier…Y yo quién soy? El pájaro loco, el correcaminos que
anda todo el tiempo con el corre corre de allá para acá y
viceversa… Huyendo de quién?…De nadie, simplemente de nadie. O quizá marcho
rápido para que el tiempo que arranca
vertiginosamente no me engulla, que no me lleve a un espacio, o a un entorno
que desconozca, donde me pueda sentir imbécil que no soy ni llegaré a ser, o un
extraño que no sabe qué decir o hacer.
Son
cosas que se le ocurren a uno, a veces solemos jugar con los pensamientos ¿quién
de nosotros no lo ha hecho?
Al
llegar a mi departamento, reviso todos los titulares del periódico, nada interesante
por lo que puedo ver, el mal tiempo continuo, lo mismo de siempre, para esta
tarde se pronostica lluvias dispersas en el área capital, en la provincia
oriental, pero la más afectada será la zona sur. Accidentes de tránsito, el
hampa a mano armada hace de la suya sometiendo a siete vigilantes en el
hospital X, robando y sustrayendo equipos. Se presume que dos avizores son
cómplices de los malhechores. Colas en los bancos, en supermercados y pare de
contar. Dejo de leer, lo doblo y me lo coloco debajo del brazo, para algo
sirven las páginas de la prensa. Para botar los excrementos de Ben, o para
releerlo. Anteriormente, yo recortaba las noticias más interesantes, las que de
una u otra forma me llamaran la atención, las que me fueran de gran utilidad. Como la de los
concursos literarios, aunque no participé en ninguno, nunca lo intenté porque
en realidad no me interesé, no tuve la gran suerte, la de poseer un premio que me hiciera sentir grande, pero continuo escribiendo para mí, solamente para mi, cortaba pensamientos del Libertador, y no sé cuál era
el interés de hacerlo, aquellos no conocidos, los que escuché, los que leí por
primera vez, las firmas notables de personas destacadas, como: filósofos,
poetas, frases célebres, y las recetas de cocina, estas sí que eran
interesantísimas, son las que más me gustaban. Afanosamente preparaba los
suculentos platos mirando, mirando, requetemirando
los ingredientes apuntados en los pequeños párrafos en las fórmulas de cocina,
una y excelente y experta enciclopedia en las artes culinarias que estaban al
alcance de mi mano. En realidad estaba contento, muy contento.
Vivir solo, siempre ha sido de gran
satisfacción. Como el de no tener que rendirle cuentas a nadie, depender de Dios únicamente y de uno mismo es algo grandioso, que tenemos
los seres humanos, son muy pocos los
privilegiados que poseen este don.
Acostumbrarse a la soledad no es tarea fácil,
no. Algunos optan por tener una mascota que le sirva de compañía, yo también
tuve la parvedad imperiosa la de buscarme un perrito para no sentirme
desagradablemente triste y sí se quiere aburrido. Al principio tenerlo fue
sumamente espinoso, ya que tenía que enseñarlo y con mucha paciencia, porque en
estas circunstancias hay que tenerla al tope, educarlo como un niño, el saber
comportarse dentro del apartamento. Adiestrarlo fue la labor
espantosa, y de mucho requerimiento la que más me costó realizar en esta
vida. Como el de establecer horarios específicos de comida y hacérselos a
entender, no es una ocupación cómoda, no señor no lo es, cero ladridos, al menos que escuche a alguien
llamar, o tocar a la puerta. Aullar cuando se tiene las ganas de hacer caca. O
el de rasguñar con una pata delantera la puerta indicándome que tiene la gran
necesidad imperiosa de expulsar todo lo que tiene dentro. Ben fue a todo dar,
miraba con atención, indiviso lo que yo le indicaba, fueron días, horas
interminables, meses de nunca acabar, pero soy el hombre más paciente que tiene
a decir la verdad, sí, la verdad siempre por delante, y no me jacto al
afirmarlo, lo que tiene esta parroquia.
El animalito aprendió muy rápidamente, supo asimilar cabalmente las lecciones
de estos meses, en donde toda regla
quedó fijamente pinchada en su cabeza. Ben era adorable, gracioso, y
extraordinariamente querendón. No sé como llegó toda esta noticia, sobre el
adiestramiento de mi perro que todos los del edificio al verme por las afuera
del inmueble me felicitaban por mi portentosa labor. Decían que yo serviría para
trabajar en un circo, como para domar y adiestrar animales era extremadamente
bueno. Que debía aprovechar ese don que el Altísimo me otorgó y que debía
aprovechar al máximo.
En
primer lugar desconozco en sí ese trabajo, y lo que se desconoce no se toma en
cuenta, porque no existe el interés, porque jamás nos llamó la atención. Es una
cosa inexplicable pero muy lógica.
Los
días transcurrieron sin eventualidad alguna. Ben se comportaba demasiado ajustado.
Obediente, solicito, cuando yo le hacia cualquier gesto o lo llamaba por su
nombre este corría inmediatamente a mí, a la espera de cualquier orden que yo
le indicara. Y esto le encantó a Mónica, tanto que se pasó de la ralla
llamándolo infinidades de veces menos mal que el pobre animalito no se cansó, y más cuando caminábamos por la calle escuchando los comentarios de
algunos vecinos o conocidos que ya todos
conocen: hola Alberto ya lo pensaste,
ganarías mucho dinero, pero si te decides, yo me encargo de buscarte la
clientela. Son muchos los animales que tendrías que educar.
Ahora Mónica me visita a diario, al principio me incomodaba
el hecho de tenerla todo el día metida en el espacio que era mío, mío por
exclusividad.
Como
son las cosas, un día inesperado, para ser exacto un domingo, la invité a un
parque, no muy lejos de aquí, como dos cabezas piensan mejor que una,
inventamos un picnic, algo sencillo, esto no nos llevó poco tiempo, ya que con
antelación habíamos comprado todo lo necesario. Ya instalados debajo de la
sombra de un frondoso árbol desplegamos
un mantel. Pero lo que más me sorprendió fue lo que Mónica colocó encima del,
unas flores plásticas y de diferentes colores, muy vistosas por cierto. No
cabía duda que Mónica se sentía feliz en todo el sentido de la palabra. Jamás
la había visto sonreír como ese domingo, su estilo de estallar y prolongar la
risotada me hacía sentirme bien, en paz conmigo mismo. Su mirada cálida, su
perfil estaba notablemente modelado, es ahora que me doy cuenta que soy un imbécil, si un
imbécil, jamás pensé que sería un imbécil, porque estos rasgos no los noté al
principio.
Los
dos parecemos unos adolecentes corriendo detrás de Ben, persiguiéndolo,
metiéndonos en los matorrales, sin importarnos el peligro, o el de
introducirnos en sitios desconocidos, o mejor dicho sin importarnos una mordedura de serpiente la cual nos ocasionara
la molestia de lamentarnos por varios días de una dentellada, o las propias
ratas que pudieran asustar a Mónica, haciéndola saltar de una manera grotesca,
en donde pudiera yo reírme hasta más no poder, como si estuviera matando
bachacos, O lo más terrible, hormigas mínimas, que son las que verdaderamente punzan
produciendo rosetones en todo el cuerpo.
Pero salimos sanos y salvos, sin ningún cardenal que la misma hierba pudiera
habernos causado. Tan entretenidos estábamos que parecíamos dos enamorados,
corriendo, saltando, haciendo malabarismos riéndonos de nosotros mismos, nos
ocupamos tanto de nosotros, que ni siquiera nos acordábamos de Ben,
fue Mónica la que lo echó de
menos.
Me
sentí mal, muy mal, al no verlo al lado nuestro, lo buscamos
Mónica
por una parte y yo por la otra. Fueron momentos desagradables,
que hasta llegué a pensar que desde
ahora en adelante la vida sin Ben seria una terrible agonía. No podía concebir
la idea de buscar otro perro, el volver de nuevo a la enseñanza, que al
principio aburre y se piensa que jamás terminaría, a los métodos tradicionales,
a la gran estrategia que le inculqué al bendito animal. Mónica al verme rabiar
y dándole patadas a la hierba me soltó, echándome afuera, como cuando abrimos
la puerta de una jaula a un pájaro que por años estuvo preso, y es ahora que la
dueña se conduele de él dándole la completa libertad, me dice: que puedo estar
tranquilo, Ben apareció. Sonreí, y llevándome del brazo al sitio donde
supuestamente estaba, lo vi, muy jovial, retozando a sus anchas con una perra,
ni siquiera notó nuestra presencia. Se veían tan tiernos que nos parecíamos,
los dos enamorados, Mónica y yo, dos enamorados cuando saltábamos, cuando
corríamos haciendo divertidas acrobacias al menos no nos juramos amor eterno,
no sé si en los animales ese juramento
existiría. Tal vez haya ocurrido así, los animales también tienen su
corazoncito, y en sus sentimientos en
cuestiones de amor al igual que el ser humano también son idénticos.
Pasaron
los días y con ellos los meses y Mónica aunque no vivía con nosotros estaba
aquí a diario, ayudándome con los quehaceres de la casa poniendo todo en orden.
Y se lo agradezco. También cuidaba de Ben, lo bañaba las veces que fueran
necesarias, le daba de comer, inclusive lo sacaba a pasear, y el animal ya
estaba acostumbrado a salir todas las tardes con ella, percibiendo la hora
cuando ambos salían, ¿cómo diablos eliminaría en el esta mala costumbre? No lo
sé…Ya tendré más adelante el tiempo necesario para pensarlo, para encontrar la
manera de resolver este dilema que ya me impacienta, convirtiendo en un tenaz
descontrol mi vida y mi hábitat.
Hay días, momentos en donde uno es feliz
completamente, hay otros en donde todo sale distorsionado, o mejor dicho al
revés, quizá papá y mamá acaban de llegar del pueblo por ser navidad, esto para
ellos es una tradición, no dejarme solo en la Nochebuena.
Ayer fue una sorpresa total, Mónica estaba con
un short bien corto y demasiado
ajustado, el pompis se mostraba más pronunciado. Yo diría más de lo normal. La
provocación se hacía sentir. Si hubiese estado en la calle, serían muchos los
que franquearían la ralla tocándola y manoseándola y así dicen que hay sádicos
en este mundo, pero la gente no saben que antes de afirmar o decir algo, que
son algunas mujeres que excitan a los hombres con su manera de vestirse, en el
caso de Mónica yo aseguraría que ella no lo hacía para provocar o avivar a
cualquiera más bien lo concebía para sentirse bien, cómodamente bien, una vez
se lo reclamé y ella casi enojada me respondió: que solía hacerlo dentro de
casa, pero jamás salía a la calle con ellos, pero esto mamá no lo sabía. Estaba
sacándole el polvo a los muebles. Mamá al verla en esta actitud casi se cae de nalgas. Papá no respondía nada
en absoluto, todo en la vida tiene su explicación. Y mi hijo es el único quien
tiene que dármela.
Cuando
llegué al apartamento eran las nueve de la noche, mamá estaba en la cocina con
la comida ya servida en la mesa, papá estaba entretenido con la televisión. Abracé
a mamá diciéndole lo bien que me sentía por tenerla a mi lado luego apurado metía
en la nevera unos víveres que había comprado en el abasto. Alberto, quién es
esa muchacha? Para ser tu domestica debería usar ropa decente…Muy atrevida en
su forma de cubrirse.
Se
llama Mónica, y no es empleada domestica, es sencillamente mi amiga…Es a todo
dar, y con la misma, la misma manía de siempre, cosa que me hacía enternecer
cuando era pequeño revolvía cariñosamente mis cabellos, esto me complacía
enormemente llenándome de una inmensa satisfacción,
la misma que siento ahora, el placer que necesitamos todos cuando estamos pequeños, cuando no sabemos nada de la vida, ella entendía, sabía que estando a solas, o
acompañado de papá solía hacerlo, pero cuando estábamos en la calle, o en
cualquier sitio con una muchedumbre, se
cohibía, no lo hacía, y ese gesto yo se lo agradecía infinitamente. Un ramalazo
me estremeció. Ay hijo, a decir verdad no me gusta para nada esa muchacha. No
me gusta.
Y
cuál es tu preocupación, yo en ella no tengo ningún interés.
Pues,
conociéndote como te conozco, no me parece…Sé que me estas mintiendo, eres mi
hijo.
Ay
mamá tú y tus benditas cosas…No cambias. De veras que no.
Si
viene mañana dile que se comporte de una manera decente, que yo soy tu madre
y si quiere seguir acudiendo a esta casa
mientras yo esté aquí debe tener una buena conducta, más decencia en su forma
de vestir…Cuanto en mis tiempos. Los muchachos hoy en día son como depravados.
Salí
de la cocina.
Más
se disgustó cuando volteó y no me vio parado detrás de ella. ¿Por qué
desapareces?...Porque sabes que tengo la razón. Que mala costumbre. No me
gusta, me incomoda que me dejen sola y con la palabra en la boca.
Me
encerré en mi habitación hablando con Mónica por teléfono. Diciéndole que no se
apareciera por aquí mientras estaba mamá conmigo. Que podríamos vernos en el
parque todas las veces que los dos quisiéramos, que llevaría a Ben, también
aprovecharíamos de ver una película en el cine, tengo años que no voy a una
sala de cine.
Está
bien, lo que tú digas corazón.
Gracias
a Dios que Mónica todo lo comprendía, bueno, por ahora, el tiempo cambia las
cosas y hasta las personas. Al menos hay que fructificar los sentimientos de
las gentes, no sobre limitándolos. Pero llegará el momento que el cántaro se
romperá.
El
parque fue desde esa vez y todas las siguientes nuestro lugar favorito, yo
diría nuestro segundo hogar, si antes éramos como adolescentes ahora estamos
siendo los dos niños en donde pasábamos
horas enteras entretenidos con cualquier ocurrencia que se nos presentaba.
Evocaciones que venían a colocación. Siempre estábamos pendiente de Ben.
Aunque
era día sábado el parque estaba menos concurrido que en otras ocasiones, algo
para mí fuera de lo normal, ya que son muchos los años que llevo ya conociendo
este lugar. Era la primera vez que lo veía un poco solitario.
Fue
en esta plaza que le di mi primer beso a una mujer mayor que yo, y lo encontré
divino, muy sazonado para ser mi primera experiencia en cuanto al besuqueo, tan
rico estuvo que cada vez que lo
memorizaba me lamía los labios, no recuerdo con exactitud el momento que dejé
de relamérmelos.
Medio
sonriente me vuelvo a Mónica, y no perdiendo tiempo me pregunta por mi media
sonrisa.
A lo
cual le respondo: Tonterías, simple y llanamente una tontería estúpida que se
me cruzó por la mente.
Ya
era un poco tarde, para ser exacto las 5:30 de la tarde.
Cuándo
volvemos a repetirla.
Cuando
tengamos el tiempo suficiente como el de hoy. Respondió alzando los hombros.
Me
entregó a Ben, rápidamente lo agarré por la correa.
Nos
besamos.
Ella
caminaba con la cabeza baja y con la
mano puesta en sus labios, como si se riera de alguna picardía retrocedía mirándome de vez en cuando, y ya montadita en un montículo agitó una mano
eyaculando el gesto del adiós. Le di la misma respuesta alzando un brazo
enarbolando un hasta luego.
Qué
extraño, mamá no la encontré en el departamento, en dónde diablos estará, tal
vez comprando algún ingrediente necesario para la cena en el mercado. Eloísa, es el nombre oficial
de mamá, cuando firmaba un documento, un pago, o iba al registro, o hacía
alguna donación para una institución benéfica decía con orgullo Eloísa es mi
nombre oficial…Eloísa, Eloísa, su nombre oficial.
Qué
de cosas, que formas tienes bendita mujer.
oí a papá decirle a Eloísa justamente cuando
abría apresuradamente la puerta.
Esta
ciudad es infernal, ya no se puede caminar tranquilamente por las avenidas…Qué
horror!...Qué susto! Lo que acabo de ver Felipe, tú no me lo vas a creer.
Yo
simplemente escuchaba desde mi habitación con la puerta entreabierta.
Qué
grosería, un hombre, un malhechor le ha podido robar a una mujer unos zarcillos
y una cadena, ay…Menos mal que yo soy muy precavida y maliciosa, eso lo aprendí
de papá porque de mamá nada, solamente rezar rosarios y estar metida hasta las
agallas en una iglesia. Por ella sería una boba que a todo le dice amen y amen.
Luego
oía como cortaba con el cuchillo los tomates, cebollas u otras especies.
Alberto…Ven
a cenar, apúrate.
Cuando
entré a la cocina. Ellos ya estaban cenando. Me senté al lado de papá.
Le
estaba contando a tu papá lo que acabo de ver al salir del abasto.
La
interrumpí inteligentemente.
Un
delincuente asaltó a una mujer. Corroboré dándole una buena mordida al
sándwich.
Y
cómo lo sabes. Me preguntó asombrada.
Te
escuché, estaba en la habitación…Pero cómo se le ocurre a esa bendita caminar
por una avenida o por donde sea con prendas de valor.
Buscándole
las cuatro patas al gato.
Lo
que una ve hoy en día es para volverse loca, cuando en mis tiempos .Había
respeto, y una consideración reciproca.
Los
tiempos como la moda cambian totalmente. Intervino papá,- y vendrán cosas más
peores.
¿Y
los policías? Replica Eloísa.
Brillan
por su ausencia. Así ha sido siempre. Dije levantándome para fregar el plato.
Cuanto
me hubiera gustado que fueras abogado…Ese era mi gran sueño que nunca se
cumplió.
Mujer
pero nos sentimos orgullosos de tenerlo como periodista y muy brillante por
cierto, aunque yo verdaderamente malgasté el tiempo, ilusionándome tontamente,
pensando que serías un piloto de las fuerzas armadas. Desilusión completa.
Pero
una cosa recompensa la otra, eres un comunicador social, que no tiene miedo,
que denuncia a diario en su columna los atropellos que se cometen injustamente
con las personas inocentes…Es una gran labor la que estás cumpliendo Alberto. A
mi modo de ver más que la de un abogado, o un aviador, ya me contradije
caray.
Eloísa
riéndose se me acerca, mirándome con ojos de ternura, removiéndome los cabellos
nuevamente.
- Me
siento orgullosa de ti. Dios me dio lo que menos me esperaba, un hijo bueno y
querendón.
-Lo
dices porque eres mi madre, cuál es la madre que dice del hijo lo contrario, ¿qué
es esto, que es lo otro?...Ninguna, ellas suelen cubrirle sus defectos, ellas
siempre dirán que sus hijos son los mejores, así sean lo peor.
Ella
no volvió a decir más nada, tan insignificante estaba de palabras que decidió
retirarse, yendo a sentarse junto a papá.
Esa noche
los tres nos sentamos a ver la televisión, eso me hizo evocar recuerdos gratísimos de mi infancia, como aquella hora de la noche, que eran las 7:00 en
punto, acostumbrábamos a disfrutar de las sombras, colocados en el
frente de nuestra casa, allá en el pueblo, observando el cielo estrellado, el firmamento por completo, extenso, gris
silueteado por estrellas, lo rete mirábamos
las veces deseadas en otras
situaciones que no era esta por supuesto, lo contemplaba luciendo un azul intenso, como el que invariablemente solía ver a solas en mi
habitación, me parecía extraño pero en casi
todas las fotografías de los libros de geografía, o en los que trataban
del espacio, o simplemente las que
simplemente me llegaban a la mano.
Como
lo dije anteriormente el reino celestial de nuestra casa permanentemente era estrellado, en cierta ocasión un primo mío, que estaría con nosotros una larga temporada ya que estaba de vacaciones y mi padre sacaba un
buen provecho de él cuando lo tenía a su alcance tanto en el ordeño como en el
cultivo de plantas alimenticias, mi
primo era un asno fuerte y robusto, no escatimaba reparo ante los obstáculos, todas las tardes llegaba como un mendigo y lleno
de barro, no importándole para nada en donde podía meterse para escavar en la
tierra fresca, logrando profundizar un
hoyo para injertar una planta que en el futuro nos serviría de alimento
y el resto se vendería en el mercado, se introducía por la cocina caminando directamente al baño, esa noche
luciéndose, como el sabelotodo y
haciendo alarde de que poseía grandes conocimientos sobre la astrología,
facultad que yo desconocía en él, nos
decía entusiasta el nombre de cada astro, aunque tengo poca noción de las
constelaciones, sabía yo por lo
aprendido en el bachillerato que en algunas acertaba y en otras no. Mamá y papá estaban callados, como si estuvieran en la
escuela dominical, qué podrían decir…nada, absolutamente nada. En ciertas
ocasiones el primo no quedándole más remedio optaba por inventar.
Después
del brillante discurso lo miraba fijamente a los ojos, aplaudiéndolo,
felicitándolo y abrazándolo…Esa noche, lo reconozco fui el hipócrita más
imbécil que pudiera existir por los alrededores.
O
aquella mañana, que mi padre y yo,
afanados, tan entretenidos, conversábamos preparando a la vez los anzuelos, que
con cualquier cosa que fuera apetitosa la fijábamos fuertemente, bien asida al
extremo de la caña, con el trabajo ya
terminado y que mucho tiempo nos había tomado, por fin salíamos con nuestras juncos de pescar sobre los hombros, partiendo por el largo sendero que estaba detrás, a un
costado de la casa, para llegar a un rio
que se extendía a un extremo, los remolinos
eran caudalosos, el agua demasiado fría, quizá por ser la temperatura que nunca
variaba las truchas abundaban, en las orillas y hasta en las profundidades, contaba mi padre
que en cada mesa ya estaban servidas
para ser engullidas por los lugareños que vivían por los contornos. Yo siempre
tuve el temor
de bañarme allí, cuando me zambullía lo hacía acompañado de un pariente o de mi
progenitor… Papá era un experto, en su juventud él fue un nadador profesional,
mamá aun conserva todavía un álbum con las fotografías en donde se muestra al
juzgar por su sonrisa la emoción de haber obtenido el primer lugar, y no
conforme la afectación, al enarbolar con supremo deleite el preciado galardón,
en el rincón más llamativo dentro del hogar.
Hasta
el día de hoy siempre me he sentido orgulloso de él, no obstante, aunque ya no
me lo menciona sé que debe sentirse defraudado por mí, él quiso que yo fuera
piloto de la aviación armada, y la ilusión más se perpetraba cuando tomando con
los amigos se emborrachaba diciendo: Voy a tener un hijo piloto, mi único hijo
será un brillante piloto. Eso lo juro por todos los santos del cielo y de la
tierra.
Su
ambición ya no tenía límite alguno, tan fanático estaba por verme manejando un
avión que hasta me compraba barajitas donde se mostraba cada tipo de aeronave
existentes, aeroplanos que desconocía totalmente.
En
víspera de las navidades, para ser exacto, a la media noche del 24, él entraba
en mi habitación y sigilosamente, sin
sospechar que haciéndome el dormido veía
su silueta, una forma que se arrodillaba, colocando algo debajo de la cama…Y ya
al estar solo en la habitación buscaba
con mucha dedicación el objeto desconocido, no había forma de cómo atraparlo,
por más que esgrimiera esfuerzos mis brazos no lo alcanzaban…No me quedó más
remedio que encender la luz de la lámpara con la luminosidad de esta, era más que suficiente, podía ver perfectamente el contorno de mi
paradero, contento, yo diría que súper contento, por tener el obsequio y
pensando que sería una pelota de béisbol o un guante, jamás me imaginé que
aquella caja forrada en un bonito papel de regalo muy pintoresco, de color azul
y con un lazo extremadamente grande contenía lo que nunca llegué a pensar, que
al sacarlo del cartón lloré, aferrándome
al objeto, lo apretaba fuertemente contra mi pecho lo que hizo que me sintiera el ser más desgraciado que cometió la
torpeza de matar a alguien, y ahora siente tras las rejas una soledad, un
aislamiento profundo, enérgico, que va carcomiendo, o mejor dicho rompiendo sin
poner condición, pero muy seguro, actuando poco a poco, en la sangre, mi sangre, mis
entrañas, mi cerebro, y por si fuera
poco mi propia voluntad. La muerte en vida… El objeto era nada más y nada menos
que un monoplano.
Esa
noche no pude conciliar el sueño, por más que trataba de dormir, el no se dejaba doblegar, opté por la vía más rápida y conciliadora
salir de mi habitación respirar el aire puro en completa libertad. Y ya sentado
sobre la grama, extendiendo los brazos respiré intensamente aflojando mis
sentidos y mis órganos. La brisa era agradable…Pero que bien se siente aquí, a
veces la vida nos otorga grandes beneficios a nuestro cuerpo para sentirnos
inmensamente felices y no nos damos cuenta que esa dicha la tenemos al alcance
de nuestras manos, como yo la sentí por primera vez en las afueras de mi hogar.
Pero el cansancio, esa sensación de sentirse arrullado en los brazos de Morfeo
no llegaba, por más que despejara la mente tratando de no pensar en nada,
insistiendo que nada ocurrió me di por vencido, insistiendo una y mil veces que
nunca, así pusiera mi padre el grito en el cielo, jamás asistiría a una escuela
de aviación.
No
me importa lo que mañana pueda suceder, no me interesa lo que pueda ocurrir al terminar mi bachillerato
cuando sepa que mi verdadera vocación está dentro de un periódico. El tiene que
comprenderlo, no debo casarme con una profesión a la que nunca puedo profesarle
pasión, esto sería mi muerte, mi sentencia de muerte. Tan similar como cuando
nos unimos en matrimonio, contrayendo nupcias con la mujer que no nos inspira
el amor verdadero, quien está atado a esta situación es y seguirá siendo un
pobre diablo que nunca tuvo iniciativa, un mediocre, un perfecto idiota.
Revelarse hay que revelarse ante las injusticias…Dificultad, en la vida siempre
existirán los peros…Si no hay peros en la vida, la vida dejaría de ser vida. Yo
me considero hasta la fecha culpable, culpable por no haber tenido la valentía de
decirle a papá cuando me regaló por primera vez el primer avión, aquella tarde
lluviosa, cuando en la cocina yo estaba cenando y acercándoseme por detrás me
abrazó por la espalda.
Toma.
Me
levanté…Y viendo que era un hermoso pero admirable avión. Lo tomé en mi mano,
mirándolo, ensimismado no le quitaba los ojos de encima.
Es
bonito. Dije.
Y
estaré dispuesto a traerte muchos más.
Si…
Está bien, tráeme los que tú quieras, sí que me gustan. Afirmaba seducido por aquel artefacto que jugando con
el cómodamente sentado en el piso, mi padre me observaba con gran satisfacción
y muy divertido, permitiéndose acariciar la falsa ilusión que por años añejaba
en su mente.
Y
esto transcurrió día tras día hasta que llegó el momento inesperado.
Cuando
termines el bachillerato entrarás en la escuela de aviación.
Ese
período llegó, la noche en que me gradué con grandes honores, mamá y yo
entramos al hogar, ella como de costumbre le había dejado la puerta
entreabierta a papá, una costumbre adquirida en ella desde hacía años. Papá me
había dicho justo cuando entramos en el auto que con esas excelentes
calificaciones ingresaría sin ninguna dificultad a la academia.
Me daba las gracias infinidades de veces
diciendo: Estoy orgulloso de ti…Qué estoy diciendo…Estiradísimo diría yo. Entusiasmado
con Dios y con la naturaleza que me dio un hijo brillante, un auténtico genio…
Y
estando dentro del hogar, específicamente en la sala ( A mamá) Mujer esto hay
que ovacionarlo mientras busco la botella de whisky tráeme tres vasos que vamos a celebrar…Por Dios esto
hay que ovacionarlo, no todo en la vida
es grato, hay momentos malos y buenos, mientras la guerra continua en Vietnam
en esta casa respiramos paz y amor.
Terminando
la frase, mamá muy sonriente traía los vasos, caminaba muy despacio, un poco
vacilante, como si temiera caerse y fue
allí al andar, donde me di cuenta que Eloísa estaba radiante, con su blusa azul
y con encajes bien discretos que ella misma había confeccionado junto con su
falda blanca luciendo espectacularmente
bella, ambos colores creaban la combinación perfecta, mostrando a su cutis la lozanía
que con rutina y esfuerzo lograba mantener siempre, si hasta parecía una
adolescente,(su risa se asemejaba al par de mirlos que todas las mañanas en el alfeizar de mi
ventana alcanzaban y que contemplaba a diario al despertarme) Las uñas de los
dedos como los de los pies se mostraban coloridos, toda su astucia, todo su
gran conocimiento obtenido en revistas de moda le servían de mucho, y le sacaba
partido al iluminar tanto en la escuela dominical como en todas las reuniones
especiales en donde asistía.
Te
ves espectacular madre.
¿De
veras hijo?
Claro
que si…Y si te lo digo es porque es así y punto.
Brindemos.
Papá
muy eufórico llenaba los vasos cantando una canción que yo particularmente
desconocía.
Los
tres empuñando fervorosamente las copas. Y alzándolas.
Brindemos
por el futuro aviador que es mi hijo. Decía papá muy optimista. Para luego
sonreír plácidamente.
Yo
miraba a mamá con cierto dejo de tristeza, ella comprendiendo la tribulación
que cargaba por dentro, y aprovechando el momento que papá hizo su retirada,
metiéndose en algún lugar de la casa, cuyo sitio no recuerdo todavía. Me dijo
muy decidida, algo habitual en ella. Era como una señal un distintivo que nació
con ella.
Tienes
que decírselo ahora…¿Para qué esperar?, si no lo haces tú lo haré yo.
Indeciso
al cien por ciento.
Está
tan ilusionado. Esto lo matará.
Por
esa misma razón más te vale que se lo digas…No esperes hasta mañana, tu futuro
está en fuego, si se enoja ha de ser por varios días, tarde o temprano el mal humor desaparece y no
permanece en las personas para toda la vida. Imagínate si no cambiáramos de
actitud, nuestro mundo, el universo estaría torcido y no habría manera de
enderezarlo.
Yo
te voy ayudar.
Nuestras
copas ya estaban vacías.
Papá
entró y con la misma botella en mano.
Bebamos
nuevamente, no todos los días se nos gradúa un hijo.
Mamá
no dándole chance en llenar nuestras copas.
Tu
hijo te quiere decir algo…Dijo mama,- escúchalo sin alterarte y respeta su
decisión te guste o no.
Al
grano. Dijo al tomar un trago,- si es un viaje no escatimo ningún esfuerzo te
concedo tu deseo, me dices el país que quieres visitar, y te confirmo ya el vuelo de salida y el de regreso, el hotel
en donde te vas a hospedar…En fin te lo
soluciono todo. Al instante, en un abrir y cerrar de ojos…Siempre quisiste
conocer la patria de tus abuelos España. ¿Ya sabes la fecha de salida? ¿No me
digas que Eloísa ya lo sabía de antemano y no me lo dijo? (Calculando,
viéndonos a las caras muy detenidamente para descifrar lo que supuestamente
desconocía) ¿mi mujer va a viajar contigo? (A Eloísa) Al fin te decidiste mujer
y enhorabuena… Enhorabuena…Como me gustaría acompañarlos pero no puedo, las
ocupaciones, en fin las ocupaciones las
tengo aquí…Quizá lo haga en otra oportunidad y por qué no, para el próximo año…
Es lo más conveniente para la empresa y para mí.
Papá…
(Me interrumpí para pensar detenidamente en la necesidad, en la energía que
emplearía, la suficiente, que junto con el coraje, aliviarían al menos la situación que se me venía encima
como una avalancha de nieve, repitiéndome que el atrevimiento y la bravura no me faltaran nunca, y más en estos momentos que los requería
urgentemente).
No
pienso viajar. Dije tajantemente, mirándolo directamente a los ojos con una
insolencia que utilizaba por primera vez,- por los momentos no, quizá en otro tiempo
conoceré tu patria, pero no ahora, lo que yo quiero decirte… (Nuevamente me
interrumpió el temor que no quiero ver por ningún lado, ni cerca ni dentro
de mí mismo, y que quiero ambicionar lejos) Papá me sacó de mi ensimismamiento.
Dilo
rápido, por favor no quiero más rodeos.
Perdóname
por decepcionarte…No quiero ser piloto de aviación, yo lo que quiero ser es un
comunicador social, un luchador incansable, que luche por los derechos del
pueblo, por la igualdad…Manejando un avión se me acabaría la vida.
Cómo que se te acabaría la vida? Dijo comenzando a encolerizarse.
Discúlpame
padre pero no es mi vocación…
Tu
vocación… ¿Dices tú vocación? No y no… mil veces no… fue mi ilusión, mi bonito delirio que mantuve siempre en mi corazón cuando ansioso
te traía las barajitas para que las coleccionaras en tu albún que yo mismo te
compré …¿Y las aeronaves de diferentes
tipos y tamaños que coleccionaste?...Yo siempre me jactaba con mis compañeros
de la empresa al admitirme, al gritarlo a los cuatro vientos que mi hijo sería
un piloto de renombre, (Con voz apagada) y ahora tu me sales con esto, no
tienes ningún derecho a desengañarme, ninguno… por qué me ilusionaste tanto, porque me lo permitiste,
porque razón me consentiste conocer un
sendero al cual yo no tenía ni siquiera la exclusividad de echar de ver
viéndote volar, era mi sueño, mi sueño, pero cómo diablos te permitiste a
invadirlo, a robármelo, era mío, mío solamente, mío y tú sanguijuela me lo
robaste… ahora lo comprendo… esa propiedad
no era mía ya que de él brotó falsos frutos (Enérgico) Pero si me dejaste
rondarlo, por qué diablos me lo permitiste.
Perdóname.
No
lo acepto, me niego aceptarlo…Esto no está pasando, no está pasando. Es una
pesadilla. Le dijo a Eloísa.
Eloísa
nada decía, todo lo observaba con terror, ya que era la primera vez que los dos
lo veíamos en ese estado.
Es
lamentable que tú siendo mi único hijo me salgas con esto…Me decepciono de ti…
esto me duele… me duele mucho, estoy herido, sí muy herido… y escogiste el
bonito momento para decírmelo, para sincerarte con este payaso que te ha
servido de diversión. (Aplauso) Déjame decirte que el payaso no trabajará jamás
en tu circo, ha renunciado.
Y con paso resuelto subió la escalera dejando
a mamá y a mí boquiabiertos… Luego obstinadamente se oía unos ruidos en la
parte de arriba de la casa, objetos que caían al suelo, maderas rotas,
cristales rotos.
Por
Dios qué es todo esto. Dijo mamá asustadiza.
Me
temo que se está ensañando con mi habitación…El está como loco.
Ya
reaccionará. Afirmó mamá un poco más
tranquila, no creo que vaya destruir toda la casa.
Al fin armándonos de valor mamá y yo subimos
la escalera, y al estar frente a la puerta entreabierta de mi habitación
logramos ver el verdadero desastre que reinaba dentro, el estante roto con
todos mis libros desparramados por todo el piso, las sábanas dispersas fuera de
su sitio, las lámparas de mesa destrozadas, los aviones triturados, ya me
imaginaba a papá saltado descontrolado sobre ellos, con la furia inerme
aplastándolos con los tacones de sus zapatos que eran tan fuertes y gruesos. Como
su carácter impetuoso cuando estaba fuera de control, o como cuando lo hacían
exaltarse, fui yo quien lo hizo rabiar y no me arrepiento, porque en mi vida y
en mis gustos mando yo, y no otro. Los afiches de grandes peloteros de las grandes ligas, jugadores de los equipos
más famosos del mundo helos aquí en el adoquinado, desfigurados, rotos e
inservibles. La computadora rota, el regalo que me hizo la tía Elvira en la
víspera de mi cumpleaños también estaba rota, el regalo más preciado, la
máquina de las sorpresas, como yo la llamaba, por hoy dejó de ser mi juguete
preferido. Y me dolió muchísimo que se ensañara con ella, él no debió hacerlo,
no tenía ningún derecho porque no era su obsequio, no me lo regaló su dinero ni su tarjeta de
crédito.
Esto
no te lo voy a perdonar nunca. Dije, retándolo a que me diera un golpe o una
paliza, mi denuedo estaba por encima del suyo.
Me
has quitado mi instrumento de trabajo, lo que yo más amo, mi pasatiempo.
Te
me largas ahora mismo de esta casa, no quiero verte jamás. Dijo saliendo con el
entrecejo fruncido, y con una cara de pocos amigos lanzándome dos maletas que
cayeron justamente cerca de mis zapatos. Para después añadir: Todo,
absolutamente todo está allí, me percaté de recoger tus cosas, para que no
tengas ningún pretexto en volver. Así que
fuera. Desaparece lo antes posible.
Si
se va mi hijo me voy yo. Dijo sollozando mi madre. Casi respirando con
dificultad por la impresión.
Tú acabas de decir la palabra mágica tu hijo y
no él mío. Tuve uno pero murió…Hoy mismo
falleció… No vale la pena recordarlo. Por la sencilla razón que nunca fue
nadie.
Como
una corriente de viento muy raudo pasó a
un lado nuestro, obviando los gritos desesperados de mamá.
Tenemos
que hablar… Eres un idiota… Que equivocación tan grande la que cometí al
casarme contigo. Me siento hecha un asco…Te odio, maldito seas. Si lo niegas a
él me niegas a mí, yo empacaré también las maletas y me iré bien lejos de esta
casa y no volverás a verme jamás.
Yo
estaba impresionadísimo al oírla hablar así, me pareció escuchar a otra mujer,
a una desconocida que acaba de entrar para reclamar un daño que uno de nosotros
le había hecho, tanto a su propiedad privada como a ella misma, no era
mi madre la que hablaba enardecida con
papá, sus gestos duros estaban
cargadísimos de rabia, su reacción, su carácter descontrolado e inhumano, la
fuerza inagotable con que mantenía la voz. Casi cubriendo totalmente la de
papá. Por primera vez reaccionaba de
esta manera.
Déjalo
mamá, está dolido, y para que olvide la decisión de mi vocación que a él le parece absurda pasará mucho tiempo para que
la acepte.
No
te vayas, espera unos minutos más, quienquita que cambie de opinión.
No
mamá, no va a cambiar. Yo lo conozco y tú también… Debo irme lo antes posible.
No quiero que cuando regrese me vea aquí.
Desolado,
humillado y con deseos de llorar abracé a mamá.
Fue
ella la que rompió a llorar.
No
llores, estaré en comunicación contigo, te prometo que diariamente te llamaré.
Limpiándose
las lagrimas con las puntas de los dedos afirmó,- Espérate un momento, solo
tardaré un poco, te voy a proporcionar dinero, o pensándolo bien te daré mi
tarjeta de crédito.
Efectivamente,
cumplió su cometido. Apareció tan rápido que hasta me sorprendió verla, creí
que era papá… Puse las dos maletas ligeramente
en el piso. Me tocó una mano tiernamente y abriéndomela, como cuando
regresaba de viaje me plantaba en una de ellas una caja de bombones, me
facilitó el dinero y la tarjeta de crédito. Ella siempre será y seguirá siendo
la mujer más maravillosa que jamás he conocido, siempre tuve la dicha que fuera
mi madre, comprensiva, solicita, persistentemente me sentía agradecida con Dios
y con la vida porque fue ella y no otra la que me trajo al mundo…Ahora vendría
el momento más difícil, mi partida y con ella los momentos apagados el de
sentirme fuera de esta casa, solo, alejado de mis amigos, de los lugares
recorridos, a los sitios que acostumbraba ir con ellos, a la cancha de básquet,
el no ver más a la chica que tanto me gusta, la cual me es imposible decirle
adiós y para siempre, ya que vive a mucha distancia de aquí, y explicarle todo
lo acontecido sería un error, ya que no estoy acostumbrado a contarle mis cosas
a todo el que vea por allí, ni mucho
menos a mis conocidos de años, soy un ser extraño que desconfió hasta de su
propia sombra, quizá esta cualidad malsana la heredé de mi tío Julio, que recelaba
hasta de sus calzoncillos.
Dejar
todo esto no es fácil, pensé al observa el interior de la que hasta ahora era
mi casa, pero todo ocurrió ligero, no era este el preciso momento de dejarla,
yo lo haría a principios del año entrante, si apenas estamos en noviembre y es actualmente donde me doy perfecta cuenta
que la navidad está cerca, esto es desagradable
para mi, un sabor amargo para mi paladar y para mi espíritu, todas las
navidades son perfectas y muy agradables
dentro de esta casa. Como son las cosas, será la primera Nochebuena que
paso fuera de aquí…Bienvenida sea.
Hasta
pronto madre. Esto me sonó como a mentira, claro que la vería de nuevo pero
sería en otro lugar, en casa del tío Julio…Para esta casa jamás volveré,
solamente cuando papá se vaya de viaje, un viaje largo como el que acostumbra hacer de vez en vez, cuando no hay
mucha cosa por hacer en la empresa .
Después
de varios besos, y abrazos al fin cerré la portilla de entrada. Ella no tuvo
valor para despedirme bajo el umbral de la puerta siempre afirmaba que nunca estuvo hecha para las despedidas, que le
causaba un dolor mayor. Recuerdo cuando
recibíamos familiares, mi tía Marina y su esposo Orlando, a quien también
llamaba tío, por ser la esposa de mi tía, llegaban del interior para quedarse
con nosotros por una corta temporada, cuando cumplían con su estadía, ella les
decía: familia… Álvaro los acompañará al aeropuerto yo no, yo soy un mar de
lagrimas…Las despedidas me desagradan.
A
medida que avanzaba por la espaciosa carretera me detuve, y al mirar hacia atrás vi la casa alzada como
un monstruo y dentro de ella una figura negra coloreada los bordes de colores
naranjados, era papá plantado ante la ventana alargada de su habitación la del
segundo piso, dejando ver toda su persona, con la luminosidad proveniente de las dos lámparas que reposaban en sus dos
mesas de noche. Y al verse delatado descorrió la cortina. Cubriéndose por
completo. Pero conociéndolo como lo conozco, sabía que él continuaba allí.
Tomé el autobús y en el volante don Casimiro, muy
alegre y dicharachero, cualidad que siempre lo mantenía en forma, tal vez digo yo, que nació con ella, y ahora más se apoderaba de su
cuerpo y espíritu, puesto que su hijo
Reinaldo al igual que yo pasamos a la universidad con sendas calificaciones no
paraba de hablar. Lo cierto que esta manera, su forma de ser, y con su perfil al hablar agradaba a
cualquiera, vivía junto con su esposa y sus tres hijos en la misma manzana
donde nosotros teníamos nuestra residencia. Que hasta hoy dejó de serla para mí.
Lo cierto que al verme quedó muy sorprendido, y no solamente esto sino que me
hizo muchas preguntas, no sé si mis respuestas lo convencieron o no. Por qué
razón a esta hora no estaba en la fiesta, celebración que anualmente se hacía
dentro del Colegio a los alumnos destacados, y yo al igual que su hijo lo era,
que lamentaba no estar junto con su hijo pasándola bien, pero el trabajo es el
trabajo y hay que aporrearse y cuando se tiene familia hay que pensar en ellos
y la ociosidad es la maestra que invita a meternos en cosas que a la larga
puede acarrearnos problemas tremendos. Qué por qué razón me notaba triste,
apocado e insípido. Que yo no era así, que algo me pasaba. Quise decirle la
verdad, que papá me botó de su casa por no complacer sus caprichos, mi
habitación fue destruida por completo,
un saqueo total, y estoy arruinado, así como lo oye don Casimiro, destruido.
Roto. Jugué con mi imaginación, lo cierto es que quedó satisfecho con las
explicaciones que yo le daba.
El
paisaje que corría a oscuras a través de
la ventana, donde posaba mi cara y en donde el cansancio ya comenzaba hacer sus estragos yo lo conocía, podía muy bien
destacar el busto del pastor junto con una oveja, a la entrada de la iglesia
cristiana, donde suelo ir a la escuela dominical, todos los domingos junto con
mis padres, mamá si acude a casi todos los servicios, en algunas oportunidades
en donde no tenía alguna obligación escolar que desarrollar yo la acompañaba, y
ella se sentía muy contenta porque íbamos junto a la iglesia. La cancha de básquetbol, pasa a un lado de mi
como diciéndome adiós, cómo echaré de menos a mis amigos, al mismísimo
juego, sus prácticas endiabladamente
divertidas, las celebraciones que hacíamos tomando a tardes horas de la noche,
pero eran diversiones sanas y sin faltarle el respeto a nadie. Los maizales, en
donde nos ocultábamos después de haber cometido una travesura, y el riachuelo, el que está bien escondido detrás de ellos, en donde nos bañábamos…
El cielo estaba azul, y sin ninguna nube, mostrando muchísimas estrellas,
titilando como diciéndome: no te preocupes pronto estarás de vuelta.
Nueve
años después la relación padre e hijo a medida que a avanzaban los días, y corrían los años mejoraban notablemente, y
sin molestia alguna.
Y
con ello mi trabajo, siendo el más resaltante y elogiado, quizá por el
profesionalismo, o el manejo con que manipulaba
las informaciones de sucesos ya que
estas eran las más destacadas, quizá por la
veracidad, por la crudeza, o por
la seriedad con que las desarrollaba, que mi fama como buen periodista alcanzó una gran
popularidad que sorprendía cada vez más,
que no se hizo esperar, siendo
las más incididas y reconocidas, por mis colegas, o por los lectores. Que al
verme en la calle me paraban para felicitarme, yo diría que hasta me
respetaban. Todo lo que inventemos hagámoslo con pasión, solo así el éxito toca
a la puerta.
La
lengua de Ben me despertó relamiéndome toda la cara. Sorprendido y alarmado por
perder la noción del tiempo pensé que no había ido a trabajar, que eran ya casi
las diez de la mañana, y cuando miro a
mamá en la cocina preparando no sé qué cosa, y viendo mi reloj de pulsera me
doy cuenta que son las seis de la tarde, me vuelvo a costar muy complacido al
saber, al recordar todo lo que hice en el día de hoy.
Alberto
ven a cenar. Ya deja de dormir y acércate a la mesa. Me llamó mamá, luego oigo
cuando raspa la sartén y esto me produce una sonrisa.
Ya
mamá se me está poniendo vieja. Digo al levantarme del sofá.
Estabas
soñando, decías cosas incoherentes, quise despertarte pero no me atreví hacerlo
porque juzgue una imprudencia de mi parte, mi padre decía siempre… Deja dormir
al que está durmiendo.
Una
siesta no le cae mal a cualquiera. Yo nunca supe lo que fue dormir en el día.
Intervino papá,- quizá por la clase de padre que tenía me hacía levantar
temprano de la cama, reprochándome que el sosegarse suficiente y hasta altas
horas era de perezosos. Y para hacer qué, para hacer nada, absolutamente nada,
creo hasta la fecha de hoy que lo hacía
para verme despierto o para mortificarme. Qué les parece?
Mal
muy mal, demasiado mal…Esa manera de antaño de educar a los hijos no me
convence. Hay otras formas de enseñarlos.
Con
antelación había pedido permiso en el periódico porque pasado mañana se van
para el pueblo mis padres. Siempre que vienen a visitarme los conduzco a la
parroquia en mi automóvil, me quedo con ellos dos días y esto me sirve de
distracción. Esto verdaderamente es un placer para mi corazón y un regocijo
para mi alma. Ya que desde el último incidente la visita a mi casa materna
estaba postergada,
El
día de su partida llegó, era un domingo, un bonito domingo, en donde el sol
dejaba escapar una radiante y agradable luz invitando a los semejantes a
disfrutar de su plenitud y su divinidad, no había calor, pero la inseguridad
que presentaba el tiempo era dudoso, tal vez en la tarde quizá llovería, pero
lo agradable se sentía hasta en la piel. Mamá se había levantado muy temprano,
el desayuno estaba servido sobre la mesa, papá sin perder tiempo ya estaba desayunando,
y yo metido en el baño cepillándome los dientes y con la mirada puesta en el
espejo, me sentía inmensamente satisfecho por observar un buen aspecto, una
música se dejaba escuchar a lo lejos, la pude percibir ya que se dejaba filtrar
a través de la ventana abierta, justamente la que está detrás de mí. Siempre se
ha mantenido abierta y por muchísimos años, desde el primer día que ocupé este
apartamento.
Mamá
le había confiado el cuidado de la casa a la señora Hortensia, una buena vecina
que conocíamos desde hacía mucho tiempo, la limpieza la percibí al no más
entrar, a pesar del período largo que mis padres habían disfrutado en mi departamento, todo estaba ordenado y
pulcro, dándome la idea que nunca
salieron de casa. Estaban allí como siempre. Las plantas estaban verdes, la
mayoría en completo desarrollo, este lugar es perfecto para pasar la
jubilación, todo es agradable, el silencio es el dueño y señor de este sitio sagrado
y acogedor. Ben hacia de las suyas correteando como un loco de aquí para allá. Estaba emocionado como yo, más
tarde lo acompañaría a caminar más allá o por los alrededores, hay que
disfrutar de los momentos agradables
como este, de la naturaleza infinita que estoy viendo ahora, y más cuando
estamos acostumbrados a vivir en el cemento, en una jungla donde todo son
edificios, avenidas, semáforos, tráfico, velocidad, y pare de contar. Ahora que
papá y yo hemos hecho definitivamente las paces pienso volver las veces que me
sean necesarias a esta casa, la que considero mía, la que me vio nacer y crecer,
con Mónica sería estupendo, pero hay que darle tiempo al carácter inexcusable de
mamá…Permanecí en casa tres días.
Mónica reanudó las visitas al departamento
todas las veces que le fueran necesarias, al mediodía, por las tardes y otras por las noches, siempre estaba al pendiente de mí, es grato
que la mujer a quien uno ama lo consienta como lo hace Mónica conmigo. Tal como
lo hacia mi madre, como si fuera un niño
indefenso, privilegiado esto me hacía
recordar a mi madre, en este y en otro aspecto ella me tenía atado. Muy pronto me llevó a conocer
a sus padres, estos vivían al otro lado de la ciudad. Amanda y Fabián eran sus nombres. Una pareja entusiasta
que con su gracia divinamente como a mí
me forjaba a sentirme, agradablemente
bien, en todas las ocasiones posibles que Mónica y yo solíamos visitarlos
Amanda y a Fabián, nos preparaban
cualquier cosa, y teníamos que comerlo, en algunas oportunidades nos las
llevábamos al departamento. A Mónica se
le hacía tarde cuando me visitaba de noche, ya que nos poníamos a escuchar
música Gloria Gaynor, Aretha Franklin, o los Beatles, cuando dejábamos los acetatos a un lado conversábamos de cualquier eventualidad interesante, preexistiendo
en temas nuevos o viejos y más cuando el
acontecimiento, porque existen sucesos que han dejado huellas en nuestras almas,
nos entreteníamos cuando nos acordábamos de repente de cualquier eventualidad
graciosa que en su época a tanto a ella o a mí nos ocurrió, reíamos ambos a carcajadas, mucho en tanto que nos tocábamos
cada quien con los dedos de la mano el estomago, no importándonos si molestábamos al vecino o
no. Lo cierto que dormíamos juntos que hacíamos el amor dos o tres veces, que
salíamos al cine a ver la película que algún amigo nos recomendó en cierta
ocasión que por algún imprevisto no habíamos visto, una noche, día sábado
salimos a verla, enfundados en sendos abrigos. En las tardes nos íbamos también
a disfrutar de un café al aire libre, saboreábamos de un helado, o caminábamos plácidamente por
el bulevar tomados de las manos. En todo
este tiempo nuestro amor más se profundizaba, tanto llegó hacer que alcanzó un
grado inalcanzable, que hasta vino a vivir conmigo, estaba ya viviendo conmigo, compartiendo mi espacio, que
antes era solamente mío. Pero me agradaba su compañía.
Mamá
estaba renuente, y con el entrecejo fruncido señal que mostraba cuando estaba
disgustada o algo no andaba bien que la
incomodaba a diestra y siniestra hasta la coronilla, me recriminaba echándome
en cara todo lo que podía salir de su mente, generalmente eran regaños, cuando en una ocasión estando ella y yo solos
en el departamento, Mónica se encontraba en el centro de la ciudad haciendo una diligencia de sumo interés, Mi
madre me llamó asomándose en el vano de la puerta de la sala, me tomó de la
mano llevándome a la cocina diciéndome
tajantemente que ella no era la mujer de mi vida, que había algo en ella que
todavía no la convencía por completo, digamos
como mujer.
Pasaron los meses y mamá no tuvo otro camino
que escoger, aceptándola como un miembro más de la familia, papá desde un principio la admitió con agrado,
a tal punto que la consideró como una hija más, la hembrita que nunca tuvo, y dándole un abrazo este detalle me agradó muchísimo no sé por
qué jamás se me borrará de mi mente, esta escena que originó papá, los fines de
semana, los días de asueto, y aquellos permisos que esporádicamente Mónica y yo
pedíamos en nuestros respectivos trabajos las pasábamos en el pueblo, fue tanto
la penetración que tuvimos con nuestros padres llamémosle así que ellos para nosotros eran imprescindibles.
Cuando no habían aniversarios referente a nuestra patria, permisos otorgados,
creo que en esto nos sobrepintamos, no las ingeniábamos contratando el servicio
de una línea de taxi que fuera de completa confianza para que nos llevara y nos trajera a la
brevedad deseada, y cuando escaseaba el dinero, cosa que siempre ocurre nos
íbamos en autobús los viernes al mediodía después de haber cumplido con nuestra
jornada, para estar de vuelta el domingo por la tarde. En todas estas Ben no nos acompañaba, para estar a gusto
anímicamente el perro lo dejábamos con Bruno,
quien era primo hermano de Mónica. A él le encantaba los animales quizá fue
demasiado el cariño que les profesaba que escogió la profesión de veterinario.
A ella y a mí nos gustaba el campo, lidiar con los animales, despertarnos con
el cloqueo ensordecedor de las gallinas, ver a los peones ordeñar las reses,
los cerdos jugar con el lodo, meternos en el corral de las gallinas para sacar
los huevos y prepararlos para el desayuno, extasiarnos en ese mundo fantástico
que origina el agua del río con su murmullo mágico. Había delante de la casa un
árbol muy frondoso, cuando era pequeño solía montarme para divisar los carros
que por derecho, no existiendo otra vía, pasaban al frente de nuestro hogar,
este árbol me sirvió de mucho, para estudiar, para pensar, para esconderme de
las visitas no gratas, para permanecer horas escuchando las canciones de los
Beatles… Aprovechando en un momento que Mónica estaba entretenida con mamá
preparando el almuerzo me fui al cobertizo este servía como taller, aquí
guardaba papá piezas de carros, motores, tuercas, tornillos de diferentes
tamaños, neumáticos viejos y nuevos, mallas, redes para pescar y pare de
contar. Tomé un neumático viejo pero que estuviera en buenas condiciones, conseguí
una soga gruesa y muy resistente como para aguantar mi peso, y medio escondido,
la amarre al neumático fuertemente y me lo llevé al árbol, después de varios
esfuerzos, algunos en vano, pero el quinto acertó, lo até a la rama gruesa del
árbol, que alivio, ya teníamos nuestro columpio, Mónica se sorprendió al verme
por una ventana balancearme, yo reía
como loco tanto que ella no se aguantó y vino a parar en donde yo estaba
arrojándome al suelo se había apropiado del
columpio, por ahora lo cierto era que
ella volaba majestuosamente muy entusiasta y yo en el suelo desternillado de
la risa ayudándola a columpiarla.
Más tarde nos casamos en una iglesia rustica
en las afueras de la ciudad, esta capilla estaba situada al otro lado del mar, algunos veleros se veían
a lo lejos.
Este templo
siempre me había llamado la atención, quizá sería su construcción, el diseño,
con su estilo gótico del siglo XV, las cúpulas
alzándose al cielo, con el fino material con que estaba creada, más llamaba la
atención de aquel como yo solía desde
pequeño verla con extraordinario deleite, aunque nunca asistí a misa para verla
por dentro, porque nunca lo quise, siempre
que pasaba en mi auto me bajaba rápidamente, y estando a solas la miraba con
mucha curiosidad, por lo hermosa y espectacular que esta era, lo cierto es que esta ermita es viejísima,
todavía no sabía a ciencia cierta cuál pudiera
ser la razón o el misterio de mantenerse
en perfectas condiciones, a través de los tiempos, luciendo tan nueva. Siempre había pensado en
la posibilidad que al graduarme, y ya trabajando establemente en la redacción
de un periódico acreditado tomaría la gran decisión de mi vida casarme en esta misma capilla, y así como lo especulé hace años ese día se me
estaba cumpliendo mi más anhelado deseo.
Verónica lucia su traje de novia a todo dar,
el color rosado le asentaba bien, resaltando más y más el color de su piel, una
mujer con clase diría yo, o más bien parecía otra mujer, una desconocida, la
que formaría parte de mi equipo de trabajo, pero era ella, Verónica
con su sonrisa que era inigualable,
solamente suya, la única sonrisa que me agradaba mirar, enarcando su mirada enamoradiza.
Lo cierto era que Ben estaba a nuestro lado…Invariablemente como el
guardián de mi persona como siempre lo ha sido.
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