martes, 7 de julio de 2020




Jesús es Amor.

 Tu amor está latente cuando traes salud a los enfermos que jadean de espaldas en los lechos de sus hogares o en los centros asistenciales que existen en el mundo.
Trayendo más salud a los hombres débiles, fuertes y erguidos que claman a ti desesperadamente el perdón por los pecados cometidos. Motivando en ellos el afecto, ese cariño endeble que se expresa en sus labios, en donde antes hubo una repentina, o fugaz molestia, quebrantando lastimosamente el cuerpo, que ahora está lleno de energía y vitalidad.
      Tu sensibilidad infinita también lo demuestras cuando aparece el astro rey en el firmamento, enseñoreándose, lanzando sus haces de luz como saetas reforzadas que da calor a la tierra, después de una infatigable lluvia que acaeció.
      Me estimas, quitándome las cargas después de una tediosa jornada.
Estas vivo, y esto por supuesto sí que me alegra. Y grito un: ¡Aleluya! Por ser una realidad.
      No estás crucificado con cara de derrota como lo muestran algunas estampas que deambulan de mano en mano en los transportes públicos, por las cuales se exigen colaboraciones, dizque para que nos protejan. O en el lecho materno de algunas viviendas en donde no conocen tu verdadera historia que destilan Las Sagradas Escrituras.
      Eres mi absoluta pasión, obséquiame más ternura, más de la que puedo poseer, para brindársela a mi familia, al amigo, al que conozco, al que estoy por conocer.
      Ayúdame a imitarte para ser cada día el mejor.
      Tu afición está plasmada en la luz que alumbra los campos floridos, en el brillo viviente que engalana el rocío de la mañana. En el botón de la flor que amaneció abierto.
      Me brindas tu amistad, cuando me defiendes a capa y espada como el propio mosquetero de los que pretenden hacerme daño. Me apadrinas porque eres mi amigo inseparable. Acogiéndome  me haces valer sintiéndome el más importante en cada momento.
      Me mantienes en tus brazos como oveja, vigilándome con tus ojos atentos mi andar para no tropezar, para no salir del redil, donde las demás pastan.
      Cuando sufriste, llevando a la cruz del calvario nuestros pecados, para ser luego redimidos y limpiados por tu sangre, dándonos la oportunidad de ser salvos.
      Me inyectas el entusiasmo cuando mi aspiración y espiración están fatigadas, regulas el latido de mi corazón, el paso regular de mi sangre, atraes el aire candoroso a mis pulmones.
      Siento la sensación de tu salud, la plenitud del mediodía que se hace sentir mi piel, TE AMO, porque mi alabanza está al levantarme, oro a ti y saludo al sol pidiéndote humildemente la sabiduría, para conocer la perfecta justeza y ecuanimidad de las cosas, guardando silencio cuando los otros discuten.
      Eres mi amigo, mi sombra, el incondicional, mi confidente, el inseparable, mi compañero, mi favorito, mi camarada, valido, privado, papá, mi partidario, mi adepto.
      Jesús es Amor.  

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