Él
Él es quien con sus ojos atentos visualiza
de forma rápida si falta una o están completas todas las ovejas que están bajo
su cuidado, o si están estas dentro del redil que el Padre le confirió.
Él es
quien nos alienta a seguir adelante, a tomar por asalto cualquier obstáculo que
pueda interferir en nuestra relación con Nuestro Señor Jesucristo, no
escatimando ningún esfuerzo para arrimar al hombro todo lo que sea posible.
Porque Él es nuestro amigo incondicional. Al que está caído y sin energía le
inyecta las energías que ninguna otra vitamina por muy buena que esta sea pueda
reanimarlo. Por más vanguardista que esta pudiera ser.
Él es imparcial como todos sabemos, como lo
es Jesús, que sucumbía y se estremecía
socorriendo al desconsolado sirviéndole de apoyo y de un gran cuidado, mérito
que todos pudiéramos tener.
Él nos enseña a caminar por fe, recordándonos
que las angustias por mayores que sean
son transitorias, comparte nuestra carga haciéndola cada vez menos
pesada, ya que el peso debe ser participado, y con acuerdo sobrenatural, Él
siempre ha sabido por los siglos de los siglos sobrellevar la otra mitad de la
carga placenteramente, gustosamente, diciéndonos en cada momento: Hijo mío, tú
no estás solo, recuerda que yo estaré contigo en las buenas y en las malas.
Recuérdalo siempre.
Él nos advierte que debemos por ley divina,
implorar, saber pedir, esperar, no obviando la lectura de tu Santa Palabra que
es el verdadero alimento de todo cristiano, para poder conquistar una sensatez
integral tanto en lo físico, material y espiritual.
El nos saca de la tenebrosidad, introduciéndonos
como Él sabe hacerlo a la luz que se dispersa incomparablemente, para
peregrinar confiados sin ningún desengaño por espacios desconocidos.
Él se contenta con nuestros logros,
diariamente y a toda hora cuando nuestras complicaciones nos ahogan. Con su
intersección la calamidad es vencida, porque el Soberano oye nuestros ruegos al
rayar el alba.
Él es nuestro Padre, gime cuando vacilamos,
cuando no lo tomamos en cuenta para nada, si continuamos o no con la carrera
que nos hemos trazado. Sabe encaminarnos con paciencia por la travesía
correcta.
Él nos acoge a diario con un caluroso
apretón de manos, cuando ingresamos al templo, su sonrisa es transparente,
cálida, motivadora. Y me encanta estos excelentes detalles, haciéndonos sentir
seguros, complacidos, consentidos, corroborando una vez más que estamos en
nuestro verdadero hogar, con nuestros hermanos espirituales y con un
sorprendente, para la Honra y Gloria de Dios a un intercesor en medio nuestro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario