sábado, 11 de julio de 2020


  



Él
   Él es quien con sus ojos atentos visualiza de forma rápida si falta una o están completas todas las ovejas que están bajo su cuidado, o si están estas dentro del redil que el Padre le confirió.
   Él  es quien nos alienta a seguir adelante, a tomar por asalto cualquier obstáculo que pueda interferir en nuestra relación con Nuestro Señor Jesucristo, no escatimando ningún esfuerzo para arrimar al hombro todo lo que sea posible. Porque Él es nuestro amigo incondicional. Al que está caído y sin energía le inyecta las energías que ninguna otra vitamina por muy buena que esta sea pueda reanimarlo. Por más vanguardista que esta pudiera ser.
   Él es imparcial como todos sabemos, como lo es Jesús, que sucumbía  y se estremecía socorriendo al desconsolado sirviéndole de apoyo y de un gran cuidado, mérito que todos pudiéramos tener.
   Él nos enseña a caminar por fe, recordándonos que las angustias por mayores que sean  son transitorias, comparte nuestra carga haciéndola cada vez menos pesada, ya que el peso debe ser participado, y con acuerdo sobrenatural, Él siempre ha sabido por los siglos de los siglos sobrellevar la otra mitad de la carga placenteramente, gustosamente, diciéndonos en cada momento: Hijo mío, tú no estás solo, recuerda que yo estaré contigo en las buenas y en las malas. Recuérdalo siempre.
   Él nos advierte que debemos por ley divina, implorar, saber pedir, esperar, no obviando la lectura de tu Santa Palabra que es el verdadero alimento de todo cristiano, para poder conquistar una sensatez integral tanto en lo físico, material y espiritual.
   El nos saca de la tenebrosidad, introduciéndonos como Él sabe hacerlo a la luz que se dispersa incomparablemente, para peregrinar confiados sin ningún desengaño por espacios desconocidos.
   Él se contenta con nuestros logros, diariamente y a toda hora cuando nuestras complicaciones nos ahogan. Con su intersección la calamidad es vencida, porque el Soberano oye nuestros ruegos al rayar el alba.
   Él es nuestro Padre, gime cuando vacilamos, cuando no lo tomamos en cuenta para nada, si continuamos o no con la carrera que nos hemos trazado. Sabe encaminarnos con paciencia por la travesía correcta.
   Él nos acoge a diario con un caluroso apretón de manos, cuando ingresamos al templo, su sonrisa es transparente, cálida, motivadora. Y me encanta estos excelentes detalles, haciéndonos sentir seguros, complacidos, consentidos, corroborando una vez más que estamos en nuestro verdadero hogar, con nuestros hermanos espirituales y con un sorprendente, para la Honra y Gloria de Dios a un intercesor  en medio nuestro.   

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