Un Milagro para Mamá.
Aquí estoy Jesús observándote minuciosamente, dándome perfecta
cuenta que has dejado ya la cruz del calvario, y te has posado
sorprendentemente en un escollo al borde del camino.
Voy hacia ti, y al estar frente a tu radiante presencia me
siento humildemente colocándome cerca de tus pies, admiro tus heridas que ya
han cicatrizado gloriosamente. Solo visualizo unas pequeñas heridas que antes
fueron profundas y ahora son de menos importancia, tus ojos risueños se topan
con los míos, te estoy pidiendo Jesús que sanes a mi madre, que vengas lo más
pronto en su auxilio, para que poses tus manos sanadoras sobre su cuerpo, para
que se desprenda de toda dolencia renuente, engreída, torpe, altanera y a veces
grosera, que no está dispuesta modestamente a renunciar para dejar integro su
humanidad. Calma ese horrible y cruel sufrimiento que hasta el presente la está
desquebrajando.
Tú sabes muy bien
que yo sufro, y cómo dejar de hacerlo, si es lo único que tengo después de ti.
Me encuentro impotente por no saber qué hacer, no encuentro ninguna solución
que pueda calmar sus gemidos, cada vez van en aumento. Ayúdame Jesús, ten
piedad de mí, yo no soy médico, nunca sentí agrado hacia esta profesión, pero
si sé que hay otros que verdaderamente lo son ejerciendo la carrera con
indudable vocación. Has que uno de ellos se tope conmigo, para que me haga el
gran favor de auscultarla con efectividad.
Óyeme, óyeme,
deseo fervientemente tenerla a mi lado por muchos años más, pero con abundante
salud, tú eres un Hacedor de Milagros cuando, todos los días, a cada hora, a
cada minuto las estas cumpliendo, quiero que mi casa vuelva hacer la de antes.
A veces la duda sabotea mi fe, pero la rechazo con la
potestad que es tuya, con la sanidad y capacidad en poner en ejecución el orden
de las cosas a las circunstancias cuando estas no marchan bien.
Me sacaste de la
muerte, como a Lázaro, cuando ninguna medicina, ninguna autoridad terrenal tuvo
la valentía, la capacidad o la osadía en obrar un milagro en mí. Todos me daban
por muerto, hasta la misma ciencia y allí en medio de mi tribulación me di
cuenta que Tú eres Él que da la autorización de quien se queda o quien se va.
Dejo en tus manos
a mamá, sé por fe que sanará, confió en ti.
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