lunes, 30 de marzo de 2020

 

                                                                  EL ARMA QUE QUISE DISPARAR



      Allá está chiquita, conversando plácidamente con alguien que ni si siquiera conozco, fíjate que todavía continua vistiendo bien. Algunas personas con el correr de los años  pierden la manera de vestir .. Pero él aun lo conserva, creo que es él, mi ocurrente y sagaz enemigo, por qué nos das la espalda, no me va a temblar el pulso, lo juro por mi tía Delia que no me va a  temblar, lo quiero muerto, quiero verlo muerto con mis propios ojos...Y sí es otro el que resulte muerto?...No chiquita, no, y no, no, mil veces no, me niego aceptarlo, no puedo ni debo errar. Quiero dispararle a este y no a otro, a éste quien es mi enemigo. No quiero errar, no debo permitírmelo. Mi objetivo debo cumplirlo sin  cometer errores, de solo pensarlo jamás me lo perdonaría.
 Si lo tuviera de frente sería la gloria, es como ganarme la lotería. Por mi nombre que le disparo en estos momentos. Si tan solo me dieras el frente, te estampo la bala en la cara o en el pecho, pero es en el pecho  el sitio perfecto. El más bendecido.
Chiquita (Acaricia el arma con devoción) el muy sinvergüenza sigue conversando dándome la parte trasera. Yo no lo quiero, yo quiero la parte delantera, (vuelve a repetir)  porque es el pecho  que me interesa y no otra área.( El hombre dando un giro da el frente... El que lo apunta sorprendido) Pero si es él, el maldito desgraciado, yo lo sabía, lo sabía. Pero si se mantiene perfectamente bien, como se ve que has disfrutado la vida al máximo, muy bien por ti. Teniendo todas las mujeres, las más bellas, las más exóticas y  apetecibles, todas al alcance de tu mano, te lo aplaudo, claro que lo aplaudo, brindaría por ti, pero como ves no me apetece beber, verdaderamente yo no me entiendo. El dinero a manos llenas, que delicia!, suerte que tienen algunos, yo no lo tengo. Lastima, una gran lastima que siento, siempre la he sentido por la sencilla razón que me hizo gran falta. Tú nunca conociste como yo la necesidad. Algunos nacen con ella pues déjame decirte que  yo nací pegado a ella.
Debo controlarme chiquita porque de lo contrario echaré todo abajo, pero soy impaciente, impaciente, que le vamos hacer. Yo verdaderamente no sé porque te cuento estas cosas si tú me conoces chiquita desde años.
Tu fallecimiento pronto  llegará, chiquita disfrutaremos del espectáculo y nos sentaremos en  primera fila.
      En su desesperación el arma resbaló de su mano, cayendo  al piso. No alcanzo a verla rápidamente para ganar tiempo, ya cuando la tenia de nuevo en la misma mano, asomándose por la ventana en donde permaneció por mucho tiempo, se llevó la desatinada sorpresa,  el hombre a quien quiso matar  ya no estaba en el sitio, se había marchado.       

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