lunes, 7 de septiembre de 2020

 

 

  

 

   

                                       

 ROSA LA SOLTERONA SE VA A CASAR.

 

     Las dos mujeres aceleran el paso, ambas caminan rápido como tratando de ganarle a las horas el movimiento que solamente les pertenecen a ellas por  el solo hecho de ser damas, y llegar a tiempo al lugar pretendido.

Un humo denso y transparente se desprende por la calle como si brotara de la mismísima tierra cubriéndoles completamente las piernas, las dos mujeres doblan la esquina haciéndolas desaparecer de mi vista, todavía estoy en la ventana, el único respiradero que tiene esta buhardilla, a pesar de ser pequeña para alguien que quiera rentarla, para mi es todo lo contrario, muy  comodísima, aquí caben todas mis cosas perfectamente, quizá porque vivo solo con mi perra noche oscura, me gusta tanto este espacio que solamente al pensar que si algún día llego abandonarlo la extrañaría muchísimo.

       Claro que las conozco señor juez, una se llama Marta, muy buena mujer por cierto, precisamente ayer me regaló unas galletas de chocolate que ella misma había preparado a base de maní, como me gustan, yo las coloque en la mesita de noche, por la tarde me olvidé de ellas por completo, en la noche sirviéndome un vaso con leche me acordé de las galletas, llevándome la mal sorpresa, la noche oscura se comió mis galletas. Usted sabe que todos los animales son sabios, lo digo por mi perra, cuando yo la llamo por su nombre sale enseguida de su escondrijo enrollando y desenrollando la cola, que cosa con noche oscura. Dios me la cuide y me la proteja

Perdóneme por desviarme de este hecho bochornoso, pero lo que ocurre conmigo y esto me pasa con mucha frecuencia es que cuando hablo mucho como ahora lo estoy diciendo suelo salirme del tema, es decir de lo que se está conversando. Le prometo que no me volverá a ocurrir. La otra se llama Rosa, Rosita la solterona, la que no tuvo perro que le ladrara, o ninguno que le enjugara las lagrimas el mismo quien pudo haberle sacado el moco por la nariz las veces que quisiera, si son novios  ¿o no? Tiene todo el  derecho de enamorarse. Para mi entender tiene el derecho que tiene la humanidad entera. Usted sabe más que yo, por la barba que usted tiene que las mujeres cuando tienen sus añitos, cuando no buscan maridos por las primaveras cosidas al cuerpo se ponen insoportables considerándose feas. Considerándose que se quedaron en el aparato y no hay quien encienda el motor…¿Y por qué sonríe? Dígame el motivo de su sonrisa, ah… ya sé…ya sé porque sonríe, no me diga que usted lo sabe mejor que yo, es por eso que sonríe, ah picaron, pero por qué antes no se me ocurrió pensar eso de usted…Qué cosa señor juez, qué cosa…De nuevo discúlpeme, a la lengua yo no le pongo freno, Dios que pensará usted de mí. Discúlpeme no debí hablarme en la forma como lo hice. Por un momento pensé que estaba platicando con mi amigo Reinaldo, el mismo quien me obsequio la perra a la que puse por nombre noche oscura dentro de una caja de cartón. No sé por qué le estoy diciendo todo esto.

Sé que debo hablar del hecho concreto, fíjese que de nuevo me he vuelto a desviar del hecho concreto como lo ha mencionado usted en varias ocasiones.

Si… Como se lo comenté las dos mujeres salieron supongo que a la droguería para comprarle al hijo la medicina, si el hijo de Marta porque la otra la pobre, ya sabe usted…Recuerde que yo estaba mirándolo todo por la ventana contemplando la lluvia…quién…Pero quién carrizo me mandó a mí a colocarme en ese momento a observarla estúpidamente como si no las conociera por la ventana, pensándolo bien es mi ventana tengo el derecho de permanecer allí parado todas las veces que quiera porque es mía, aunque sea rentada pago por ella, puedo observar lo que me pueda llamar la atención…Pero uno a veces se pone nostálgico viendo el temporal  caer, deslizarse por las alcantarillas, sentir como los recuerdos acontecidos en épocas anteriores zurcidos de paz y mucha prosperidad regresan, retornan sin desestimar condiciones volviendo a posesionarse de nuestras mentes, por esas evocaciones estúpidas e inverosímiles…por más que tratemos retroceder el tiempo es imposible porque no podrán resucitar…si señor juez vuelvo al asunto que nos acontece.

Después que cruzaron la esquina, apareció en mal momento Evaristo Sotomayor, yo lo vi con estos ojos que se han de comer los gusanos, cuando miraba por todas partes aterrorizado por si alguien como yo lo estaría observando, y más cuando el individuo se introducía el arma en un bolsillo de su chaqueta.

Evaristo volvió a sacar el arma sin ninguna contemplación le disparó a Marta saliendo en feroz carrera, yo lo vi. Que más prueba que la que le estoy diciendo. Rosa no pudo darse cuenta de nada, si lo hubiera hecho estaría declarando como yo lo que le estoy refutando. Arréstenlo metiéndolo en la cárcel, Marta fue una buena mujer y su muerte no debe quedar impugne.

       Evaristo Sotomayor me miraba con odio, un odio extremadamente sangriento, sangriento en el sentido que ya me veía en mi imaginación abaleado, tirado en el suelo como un perro y con la camisa teñida de rojo, el rojo vivo el rojo mismo de la propia muerte, mi propia sangre. Lo mire a la cara pero sin ningún miedo que develara el temor que poco a poco iba recobrando fuerza en mí que pronto, muy pronto se apagaría arrastrándome, lanzándome al desierto de la desesperación. Pero lo miraba aun con desenfrenada insistencia. Esposado salió de la sala acompañado de dos guardias uno en ambos lados. Imposible si quisiera escapar ya que la sala estaba abarrotado de personas que conozco desde hace años, otras no, estas eran la primera vez que yo las veía, de dónde salieron, no lo sé, nunca lo supe.

Ya no hay más que decir o hacer así que Salí.

Por el trayecto camino a casa por todos lados veía la fotografía de Evaristo Sotomayor y a un lado la de Marta. No quise leer el titular, quería apartar por todos los medios el pérfido pensamiento que desde ayer me ha mortificado no desamparándome de día ni de noche. La avenida a pesar que era día miércoles estaba muy concurrida, el transito un poco pesado.

Quiero caminar sosegadamente sin ningún apuro, quiero disfrutar la tarde y así lo hice yéndome a la plaza, me senté en un banco a contemplar los rostros de las personas que caminaban cerca de mí, a los niños salir del colegio, a las parejas quienes tomados de la mano se sonríen mutuamente, mostrando la felicidad que se siente al estar el uno al lado del otro, otras parejas se besan, otras sentadas en la grama platican miran a los lados y también como he de suponer sonríen.

Las horas han volado sin yo darme cuenta, al estar frente a la puerta de la casa veo a Reinaldo sentado en un escalón de la estrecha escalera.

       Ya en la habitación, quitándome el suéter y colocándolo en el espaldar de una silla me siento en la cama, Reinaldo ha sacado de la nevera un refresco ofreciéndome gentilmente un trago, negué con la mano que no quería por los momentos nada que fuera batido, que prepararía café para sentirme confortable, ya que la tarde fue implacable, la infusión la compartiríamos con unas galletas.

Me levanté a prepararlo, y con la  posible tarea, la de encender la estufa, llenar la cafetera, ya con el brebaje dentro voy hacia él.

Lo denunciaste…¿Sabes lo que has hecho? ¿A lo que te has expuesto? Cavar tu propia tumba, eso es lo que estúpidamente has hecho. ¿Por qué carajo lo hiciste? Te has metido en un tremendo paquete muy  gigante muy difícil de romper el envoltorio, solamente a ti se te ocurre denunciar a un individuo que es sumamente peligroso. Ese hombre te va a comer, no quedara satisfecho hasta no verte muerto porque le has privado de la libertad. Qué cosa contigo Mateo destrozaste tu vida, así de fácil.

Le dieron diez años de prisión. Dije como tratando de apaciguarlo, de bajarle el mal animo o quizá para aliviarme a mí mismo. 

En diez años. Continúo,- en diez años pueden suceder muchas cosas que tú y yo desconocemos. Tienes el tiempo suficiente de buscarte por todos los medios otra casa.

No, qué digo no otra casa. Sentenció rápidamente,- yo te aconsejaría que te fueras del país, no sé a Nueva York, Japón, o Europa. Piénsalo Mateo. Piénsalo. Afirmó angustiadísimo. 

La cafetera comienza a silbar, apago la estufa, le ofrezco a Reinaldo una taza, me la rechaza, alegando como es lógico que acaba de tomar refresco y que puede hacerle daño al estomago, por el frío. Lo recalcó.

Aceptando que la tomaría mas tarde que por momento unas galletas le caería a gloria.

Rey disfruta de las galletas comiéndolas poco a poco, yo saboreo el café menos las galletas que prefiero dejárselas a él.

       En las afueras la lluvia vuelve hacer de las suyas, cayendo con una furia tenaz y abrumadora avalancha, como el jinete que maltrata con sobrado fanatismo al caballo que monta con la pretensión de ganar la carrera, no importándole para nada el buen estado del animal, al ver el hombre que está en la última curva, emplea con más dureza la fusta, ya conforme porque todas las molestias dirigidas al alazán no fueron en ningún momento en vano, resulta el único vencedor de la competencia, sonríe al público, los reporteros le toman fotografías, en diferentes posiciones, apabullando de caricias y de mimos al animal que acaba de darle la victoria.

       Nuestra tertulia fue a mi parecer muy larga, tanto así que ya eran casi las ocho de la noche, la lluvia aunque no había terminado del todo, se mantenía con menor intensidad, momento que Reinaldo supo aprovechar para irse prometiéndome que vendría mañana por la tarde, entre tantas cosas que hablamos me aconsejó que yo no hablara más de la cuenta, que si veía algo que bien pudiera perjudicarme que no lo contara, que me lo tragara, para que de esta manera no me viera involucrado en problemas muy semejante a este que pesa detrás de mi persona, como lo dice él, detrás de mi persona.  

Por la ventana veo a Reinaldo saliendo de la casa, parecía un verdadero esquimal con su capucha y con el impermeable que le quedaba un poco holgado, era experto al igual que yo, ora trotando, ora saltando con mucha agilidad las lagunas de agua que provenían de las adyacencias.

Cierro la ventana, una ola de frio se hace sentir ahora dentro de la habitación, rápidamente me pongo el suéter, me acuesto ajustando la almohada debajo de mi cabeza para de esta manera poder descansar, y con los ojos abiertos contemplo ensimismado el techo, llevo horas de horas en esta situación, pensando en lo sucedido, en como sacó el arma Evaristo disparándole a sangre fría a Marta, en la cara de terror que mostró que ella mostraba, en lo que me había dicho Reinaldo, en fin en tantas cosas que ahora, por ser ahora no hubiera dicho, como dice Reinaldo: uno nunca debe decir esta boca es mía siendo la nuestra que sin querer se pone en peligro.

Una rama acaba de rozar el cristal de la ventana esto como es lógico me impresiona enormemente, pensando que Evaristo montado en una escalera trataba por todos los medios colocarse por la ventana y vérselas conmigo. Me incorporo un poco, no hay nadie, solamente veo la rama en un desequilibrio total, apareciendo   y  desaparececiendo a través del cristal, movida por el pertinaz viento.

Mañana bien temprano y aprovechando que es sábado me treparé al  árbol y con la sierra cortaré la rama intrusa.

Y repasando  lo que tendría que hacer mañana temprano me quede dormido.

       A la mañana siguiente con un sol a todo dar, propicio para hacer infinidades de labores tales como: salir de viaje, ir a la playa, salir de compras, trotar, hacer ejercicios al aire libre en fin ¿qué puede hacerse en un día como hoy? Vaya usted a saber, solo la imaginación en estos casos es lo que cuenta para realizar todo lo que se nos antoje.

Me había levantado, desayunando rápidamente  dos emparedados, alternándolos con jugo de naranja, más tarde como era muy temprano me dio tiempo para prepararme una taza de café. Luego sin perder más tiempo subí al árbol y con la sierra teniendo el cuidado posible con el cable de la electricidad pude al fin cortar el vástago que tantos problemas me había ocasionado cuando el mal tiempo reinaba o cuando el viento hacia de las suyas, no debía esperar a que Reinaldo lo hiciera por mí, muchas veces él se ofreció sin yo pedírselo a cortarla, pero el problema era mío y de nadie más, por lo tanto a mi por ser el cabeza de la casa me correspondía exclusivamente remediarlo.

Cuando la rama cayó al suelo, ya decidido a bajar del techo por la escalera de metal. Escucho a Rosa decirle a Octavio un ochentón quien le doblaba en años a la pobre solterona, ella ni tonta que lo fuera debía avisparse, por lo pronto aprovechar al viejo, buscar como yo me lo estoy imaginando así sea una estatua aunque sea dañada por el tiempo es decir, agrietada porque a las autoridades de turno no tienen o no les dio la gana de limpiarla o no se preocuparon nunca de su mantenimiento, esto suele ocurrir en todas las plazas que existen en todos los países, o simplemente obstruidas prosaicamente por la caca de cualquier ave que se posa o duerme sobre ellas. Decirle sí a todo lo que el ochentón le decía a Rosa la solterona.

Debe mimarlo, abrazarlo, guiñarle aunque sea un ojo para que quede rendido a sus pies, pero todo esto tiene que salir del corazón aunque sea de mentirita pero debe demostrarse natural y no rayar en lo superficial. Dios lo que hacen algunas mujeres para no quedarse en el aparato, quedando íngrimas y solas. Bravo por ella, bravo por Rosa la solterona que se nos va a casar con velo y corona…¿Con velo y corona? Lo dudo, lo dudo mucho porque ya está un poco vieja. No Rosa no está para esas ridiculeces, yo que la conozco muy bien a pesar de lo loca que es ella sabe darse su puesto, es decir siempre evita caer en lo ridículo.

Lo que viene a continuación…Esto a mí no me causa risa porque estamos finalizando el años sesenta y cuatro, donde lo romántico con palabras trilladas que muchos conocemos solemos oír en cualquier sitio en donde hayan dos enamorados que se quieren a muerte que han leído sopotocientos poemas románticos, como es el caso, el caso que me compete el de Rosa y Octavio quienes leyeron los suficientes poemas sentimentales para realzar las palabras que se mencionan a continuación.

Octavio me haces la mujer más feliz de la tierra, o mejor dicho de este condado, tu amor que noto que es sincero también de parte mía es correspondido, desde que llegaste a este lugar mis ojos se fijaron en ti de una manera única y tú sabes que es así, no hay momentos ni siquiera uno solo que no deje de pensar en ti, mi mundo lo llenas tú.

Yo también digo lo mismo mi Julieta, mi Dulcinea del Toboso. Le responde él,- tus ojos maravillosos, tu sonrisa me enloquece tanto que a veces enfermo de delirio, y mi corazón, mi gran corazón ya no encuentra quietud, palpita al verte, a veces siento miedo, mucho temor de hablarte en este estado porque quizá corro con la mala suerte de que otros cercanos a mí lo vean tirado en el piso y comiencen a reír deliberadamente…¿Quieres ser mi esposa?

Rosa muy rápida como si fuese el propio torbellino responde: Claro que sí mi amor, encantadísima. Sonríe abiertamente mostrando una buena dentadura que a Octavio le fascina.

Un beso llevado ligeramente por el abrazo se consume bajo la delicadeza de la ternura y la verdadera pasión que se pone de manifiesto en los dos enamorados que se miran fijamente a los ojos, no poniendo reparo  en el sitio.

Permitiéndome a sí mismo la visión de los dos tortolitos que hasta hace unos instantes se han declarado su amor en la quietud de la  tarde con un sol  cuya luz resplandeciente no le hace ningún daño a quien está debajo del. Tal es la actitud que hasta se me parece que ambos estuvieran parados encima de una roca al contacto del mar, cuyas olas al temblar chocan incesantemente, mojándolos gran parte de sus vestiduras, pero los dos enamorados están bien enamorados para darse cuenta de eso y al juzgar por sus posiciones se sienten cómodos estando unidos cuerpo a cuerpo.

Ya separados y tomados de la mano salen de mi campo visual.

       A los dos meses de haber acontecido lo que acabo de declarar fue la fulminante boda, esto a mí particularmente me llenó de una gran satisfacción porque a decir verdad los dos, no porque tenga suficiente tiempo conociéndolos, ambos a mi parecer son excelentes personas.

En ese mismo lapso supe también lo de Marta quien murió de un paro respiratorio. Una noticia que me produjo un descontrol tremendo. Claro, cómo no va a morir, si vio al hombre apuntándole con el arma.

       Faltando dos semanas para salir de la cárcel Evaristo Sotomayor me fui del condado. Reinaldo me ayudó a empacar lo poco que tenia.  

Me fui lejos, bien lejos no menciono el país para que no llegue la información a oídos de Evaristo y pueda cometer conmigo un segundo asesinato, tomaré muy en cuenta la recomendación de Reinaldo que hay que mantener la boca cerrada para evitar problemas.

Dude mucho en salir de mi buhardilla, la abandonaría para siempre,   ya no volvería a verla jamás, era mi rincón favorito, el sitio más acogedor de la casa la cual había escogido desde un principio para  convertirla por así decirlo en  mi hogar como lo comenté desde el principio que ahora dejo por el temor loco de estar al asedio de un homicida que no está ni estará tranquilo hasta no ponerme la mano encima para hacerme daño.

Esto no me lo perdonaría nunca el de haberle robado diez años de su cochina vida, pero se lo tenía merecido, todo aquel que mata debe de pagar.  Al diablo con Evaristo Sotomayor, al diablo con él.  

       Abandoné mi condado en compañía de mi fiel y discreta noche oscura que siempre estará conmigo en los gratos y fallidos momentos, en cuanto a Reinaldo nos escribiremos.

       A medida que avanzo por la calzada mi rostro en un gesto melancólico, hace que vuelva a observar la ventana de cristal la cual cerré momentos antes de salir, se me salen las lagrimas al saber que hoy precisamente hoy es el último momento que también la contemplo.     

 

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